mi sistema de harem - Capítulo 160
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Capítulo 160: CAPÍTULO 159: LINGÜÍSTICA RUSA Y UN CONTRATO DE OTRA REALIDAD
Nobuo caminaba por los pasillos de la Academia Sobu con Mai Sakurajima pisándole los talones. Para cualquier espectador, el CEO de Yamada-Pro simplemente avanzaba con su habitual aire de superioridad, pero Mai estaba experimentando una mezcla de alivio y humillación. Alivio porque, después de semanas de ser un fantasma, alguien por fin la reconocía; humillación porque ese “alguien” la trataba como una molestia administrativa.
—¿A dónde vamos? —preguntó Mai, tratando de ajustar sus orejas de conejo que se sentían ridículamente fuera de lugar ahora que alguien la miraba—. La gente empezará a sospechar si te ven hablando solo.
—Si sospechan, que lo hagan —respondió Nobuo sin mirarla—. Mi tiempo vale demasiado como para preocuparme por los chismes de unos adolescentes con exceso de hormonas. Vamos a un lugar donde puedas explicarme por qué una actriz de primera clase ha decidido convertirse en un error del sistema.
Sin embargo, al doblar la esquina hacia el pabellón de lenguas extranjeras, el camino de Nobuo fue interceptado.
El Cameo: La Belleza de Plata
Una chica de belleza gélida, con una melena plateada que brillaba bajo las luces fluorescentes y unos ojos azules que parecían tallados en cristal, caminaba en dirección opuesta revisando unos documentos del consejo estudiantil. Era Alisa Mikhailovna Kujou, conocida por todos como “Alya”.
Nobuo no se detuvo, pero el pasillo era estrecho. Al pasar a su lado, sus hombros casi se rozaron. Alya se detuvo en seco, arrugando ligeramente el entrecejo por la interrupción de su ritmo. Se giró para mirar la espalda de Nobuo y, con un suspiro de fastidio que creía que nadie entendería, murmuró en un ruso fluido y bajo:
— “Этот идиот даже не смотрит, куда идет… хотя он довольно симпатичный, что за досада”. (Este idiota ni siquiera mira por dónde va… aunque es bastante guapo, qué fastidio).
Nobuo se detuvo. Mai, que estaba a su lado, lo miró con curiosidad. Alya, por su parte, ya se estaba dando la vuelta para seguir su camino, convencida de que sus palabras eran seguras bajo el escudo de su lengua materna.
— “Твое произношение оставляет желать лучшего, Кудзё-san” —soltó Nobuo en un ruso perfecto, profundo y sin rastro de acento extranjero.
Alya se quedó petrificada. Sus ojos azules se abrieron de par en par mientras se giraba lentamente, con el rostro empezando a teñirse de un rosa suave.
— “И я не идиот” —continuó Nobuo, girándose lo justo para que ella viera su sonrisa cínica—. “Soy el hombre que va a hacer que este instituto parezca un jardín de infancia cuando Yamada-Pro termine de absorber el mercado. Intenta que tus pensamientos internos sean más creativos la próxima vez, Kujou-san”.
Nobuo retomó su marcha sin esperar respuesta. Alya se quedó allí, en medio del pasillo, con los papeles temblando en sus manos y el corazón acelerado por la absoluta vergüenza de haber sido descubierta.
—¿Eso era ruso? —preguntó Mai, impresionada, mientras trotaba para alcanzarlo.
—Es solo una herramienta de negocios —respondió Nobuo restándole importancia—. Ahora, silencio. Tenemos una reunión privada.
La Oferta: Eriri y el Legado de los Shinobi
Nobuo no llevó a Mai a la azotea, sino a una de las salas de reuniones privadas que había alquilado permanentemente en las cercanías de la escuela bajo el nombre de su empresa. Al entrar, se encontró con que Eriri Spencer Sawamura ya lo esperaba, rodeada de bocetos y con sus características coletas rubias moviéndose nerviosamente.
Eriri, al ver entrar a Nobuo, se puso en pie de inmediato, pero su expresión cambió a una de absoluta confusión al ver que él parecía estar guiando a alguien… invisible.
—¡Nobuo! Llevo media hora esperando. ¿Con quién hablas? —preguntó Eriri, frunciendo el ceño.
Nobuo ignoró la pregunta y se sentó en el sillón principal, haciendo un gesto a Mai para que se sentara en el sofá de enfrente.
—Eriri, deja los berrinches para después. Tengo una propuesta para ti que va a definir tu carrera —Nobuo sacó una carpeta con los diseños básicos que él mismo había dibujado: un chico rubio con una marca de zorro y un ninja con un ojo rojo—. Esto se llama Naruto.
Eriri se acercó, picada por la curiosidad. Al ver los diseños, sus ojos de artista se iluminaron. Eran conceptos que nunca había visto; una mezcla de mitología tradicional y un estilo de acción que se sentía fresco, casi… de otro mundo.
—Son… impresionantes. El diseño de este “Kakashi” es brillante —admitió Eriri, olvidando su enfado—. ¿Quieres que haga las ilustraciones para una novela ligera?
—No —sentenció Nobuo—. Quiero que dibujes el manga. Yo te daré el guion completo, los storyboards principales y el diseño de los mundos. Tú serás mi mano derecha creativa. Tú pondrás el arte que hará que este mundo se vuelva una religión para los lectores.
Eriri se quedó sin habla. Era una responsabilidad masiva. —Pero… ¿por qué yo?
—Porque eres la mejor dibujante de tu generación, aunque pierdas el tiempo con doujins mediocres —Nobuo se inclinó hacia adelante—. Tómalo o déjalo. Si aceptas, te mudarás al yate con el resto del staff. Tendrás los mejores materiales del mundo y un salario que tu padre no podría igualar en la embajada.
—¡Acepto! —exclamó Eriri, casi por instinto.
—Bien. Ahora, sal. Tengo que hablar con nuestra nueva “invitada” —dijo Nobuo señalando al sofá vacío frente a él.
Eriri miró el sofá, luego a Nobuo, y finalmente soltó un bufido. —Estás loco, Nobuo Yamada. Hablar solo es el primer paso para el colapso mental. ¡Pero no me importa mientras esos guiones sean reales!
Cuando Eriri salió dando un portazo, el silencio regresó a la sala. Mai Sakurajima, que había observado toda la escena en silencio, miró a Nobuo con una nueva luz.
—Así que… realmente eres un demonio de los negocios —dijo Mai, quitándose las orejas de conejo y dejándolas sobre la mesa—. ¿Vas a usarme a mí también para tu imperio?
—El Sistema me obliga a ayudarte, Mai —confesó Nobuo, sorprendiéndola con su honestidad brutal—. Pero no pienses que es caridad. Si voy a salvar tu existencia, es porque te quiero en mi pantalla. Tu “Síndrome de la Pubertad” es solo un obstáculo logístico que voy a destruir. Ahora, cuéntame… ¿cuándo fue la última vez que alguien, además de mí, reconoció que estabas viva?
Mai bajó la mirada, y por primera vez, la máscara de actriz desapareció, dejando ver a la chica asustada que Nobuo, muy a su pesar, tendría que proteger.
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