Mindworld Complex! - Capítulo 101
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Capítulo 101: Capítulo 16: Sonder 0.4
¿Qué… está haciendo aquí?
No tenía pensado enseñarla o decirla nada de esto a Otsuki, no tenía por qué. Es más, una parte de mí quería ocultarlo por completo. Sería mucho más fácil que lo ignorara y se fuese a su casa.
Normalmente no me molestaría que husmeara un poco, incluso si se hubiera metido en mi habitación, pero en aquel momento no me podía permitir ser tan amable como para ignorar el estar disgustado.
No es como si ella estuviera haciendo algo malo. Estaba de rodillas en el suelo, en frente del altar prominente en medio de la habitación, visible desde el pasillo si la puerta estaba abierta. Dudaba si ella lo había visto de casualidad, ya que pensaba que la puerta estaba cerrada.
¿Era esto algo que quería hacer desde que vino aquí?
Otsuki lucía completamente seria. No tenía pinta de que lo hiciera por dar buena imagen, ya que la forma en la que fijaba su mirada en la foto encima del altar parecía un tanto melancólica, como si la hubiera conocido.
“Perdón por… haber pasado sin permiso. Solo, no quería hacerte sentir mal con la pregunta. Me pensaba que ibas a estar abajo.”
“Me deberías de haber preguntado.”
No me molesté en esconder mi molestia, que no era muy acentuada, pero su presencia se hizo saber. Desde que entré a la habitación, tenía la mirada apartada tanto de ella como del altar. Miré sin querer al ordenador, lo que hizo que tuviera que bajar la mirada por completo.
Empecé a sentir asco pro estar dentro de esa habitación. Hace tan solo unos días pasaba casi todo el tiempo aquí, y ahora no quería ni verlo. Era irónico.
“Lo siento mucho. Lo digo en serio.”
Se giró para verme a la cara. Su disculpa cargaba un gran peso encima, y me impactó lo suficiente como para calmarme. Sobe todo por el hecho de haberla mirado a los ojos fijamente.
“… No pasa nada.”
Aceptando que enfadarme todavía más sería algo tonto, suspiré profundamente. Eso no quitó que todavía estuviera tenso. Intentando que ella no lo viera, estaba apretando mi mano derecha lo más fuerte que pudiera, para intentar controlarme y no estar todavía más estresado.
Otsuki volvió a encarar al altar. Ella no había encendido el incienso que había en este, por lo que el olor de la habitación era un poco denso. En ningún momento quise cambiar las sábanas, ni me molesté en abrir la ventana. Por lo menos, pensaba que el olor sería denso para ella, yo no olía nada.
Ninguno de los dos hablamos por un momento. No sabía que hacer, si irme y decirle que la esperaría abajo, quedarme cerca de la puerta esperando a que acabase, o unirme a ella.
Mi cuerpo respondió por su cuenta nada más haber escuchado esa opción. Sin girarme, dí un paso hacia atrás, procurando no hacer ningún ruido. Tendría que decirla que iba a esperarla, que iba a irme.
No puedo estar aquí. Ver el suelo me hace ver estrellas. La luz que entra por la ventana resalta el escritorio, en donde yace el monitor, que me deja ciego con su profundo negro.
Ese mismo altar por el que Otsuki rezaba fue lo que me hizo ir a clase. Lo último que hice antes de irme fue “despedirme” de ella. ¿Se puede ser más imbécil?
Quería hacerme el chulo, pensar que, por actuar como una persona “madura”, como un personaje de anime que ya a tenido su debido desarrollo, iba a cambiar yo también. Pensaba que con solo obrar era suficiente. Pero no se trata solo de hacer, también necesitaba entender. Y en aquel momento no entendía nada, no quería, por eso actué de forma tan arrogante.
Y este lugar no se compara en absoluto a aquel. Siempre que no pienso en una cosa, pienso en la otra. Si la habitación, el suelo, el monitor, me recordaba a aquello, el altar me recordaba a lo otro.
No podía mirar a las flores que lo adornaban. No podía fijarme en los detalles que tenía la madera grabados en ella. No quería mirar la foto que yacía encerrada en aquel marco. No podía ver a Otsuki en absoluto.
Estaba colocada en el mismo sitio en donde la encontré. Es como si la estuviera tapando. Como si me estuviera protegiendo. Pero seguramente, solo lo esté haciendo porque quiere. Eso fue lo que me dijo antes de empezar a estudiar.
Quiere dar la impresión de que es egoísta, de que no le importa el resto, de que es una chica rebelde simplona y poco más. Pero esa impresión se cae a pedazos en el momento que deja de poner excusas, que deja de pensar.
Somos desconocidos completamente opuestos.
Era incapaz de recoger el valor de hablar, quería irme pero no podía, como si alguien me estuviera cubriendo la boca con sus manos. Creí haber escuchado a Otsuki asentir, tras lo que ella empezó a hablar, con su mirada aún fija en la foto.
“Desde hace casi un año, he cogido la costumbre de rezar después de dejar todas mis cosas en mi habitación. No me acuerdo de cual fue el día en el que empecé a hacerlo, pero ya se me ha quedado la costumbre.”
Sus manos descansaban de forma serena en su regazo, habiendo bajado un poco su cabeza, mirando ahora a las flores a los laterales del altar.
“Yo no creo en Dios. Dejé de creer en Él. De pequeña me gustaba imaginármelo como un dios griego, como Apolo o Hermes. Un ser perfectamente bello, por lo menos para lo que me gustaba con la edad que tenía, y que, más que un dios, se viese como un héroe. Ahora sé que todo eso es una tontería, ya no me lo trago.”
Mientras ella seguía hablando, yo seguía estando dubitativo. Me sabría mal cortarla, pero no podía estar allí más tiempo. Siquiera, ¿por qué me estaba contando todo eso?, me hice esa pregunta. Solo por hacerla me decidí.
Dí un paso hacia delante, deshaciendo mi progreso en huir de allí. Pero ahora ese ya no era mi objetivo. No quería acercarme más de esa distancia, pero tenía claro que no iba a irme hasta haberla escuchado por completo.
“No sé si mi madre cree en Él o no. Me seguía el rollo de pequeña, pero nunca me lo ha dejado en claro. Seguramente me diría alguna tontería cómo ‘el único dios que existe es el dios de las rebajas’ para hacerme reír.” Dejando escapar una risita un tanto apagada de su boca, su voz se tornó más pesada, tras haber hecho una breve pausa.
“Estoy segura de que mi padre no se lo tragaba.”
A pesar de haber cambiado de tono, empezó a sonreír ligeramente con la mención de su padre. Ahí fue cuando me dí cuenta de algo sobre ella. No sabía nada sobre su padre. Tenía la sensación de haberla oído decir algo sobre él en algún momento, pero pensé que sería dejá vu.
“También me seguía el rollo con lo de mis dioses, pero él no creía en absoluto. Un día me contó mientras cenábamos cómo mi abuelo le daba la tabarra con Dios. Mi abuelo era muy creyente, a tal punto de que se lo imponía de forma exagerada a mi padre. El pobre no tenía ningún hermano, por lo que se lo tenía que tragar todo. Bueno, mi abuelo dejó de atizarle cuando adoptó todas las costumbres que él quería que tuviera. Luego, mi madre se puso a fardar de cómo él estaría perdido de no haber salido juntos. No lo negó.”
Por mucho que oyera su monólogo, no podía introducirme del todo en su historia, imaginarme a su abuelo, a su padre, ni la charla en la que su padre le contó todo aquello. Ella lo estaría viendo todo como un cortometraje.
“Cuando se fue a vivir con mi madre, se deshizo de toda esa costumbre. No estaba enfadado con mi abuelo porque él creyera, pero a mi padre le parecía una tontería muy grande. Me lo decía muchas veces, que en quien tengo que creer no es en Dios, sino en mí misma. Me daba mucha vergüenza cuando me lo decía, no porque se preocupara por mí, pero por lo bochornosa que era. Sé que lo decía con la mejor intención del mundo, pero no podía dejar de pensar que lo decía por hacerse el chulo.”
“Y es que en parte lo hacía por eso. Él fue quien propuso tener hijos. Tanto mi padre como mi madre preferían más tener una hija, y aunque fuese algo que me hizo feliz escuchar en su momento, me sentí mal por aquel chico al que podría perfectamente haber sustituido. Quién sabe quién habría salido si no hubiera sido yo la afortunada… Bueno, a lo que iba.”
Poco a poco, ella se fue alejando del tema principal, y antes de seguir diciendo más cosas, se recompuso.
“Como le hacía tanta ilusión ser padre, era normal que quisiera hacerse el chulo. Hasta él me lo decía cuando le criticaba por algo. Mi madre me ha dicho varias veces que cuando él actuaba como un monstruo o como un héroe cuando tenía unos 4 o 5 años, yo siempre le decía algo parecido a ‘Papá parece tonto’, y él siempre me contestaba con algo como ‘¡Déjame hacerme el chulo!’”
“Estaba lleno de energía por aquel entonces. Lo sé sobre todo por los videos que ellos grababan cuando jugaban conmigo. Parece que lo diga como si luego hubiera cambiado, pero nunca dejó de ser así, solo que cuando crecí, ya empezó a tratarme de forma menos infantil. Totalmente opuesto a mi madre.”
Con esa última frase, ella no buscaba nada más que criticar a su madre. No por algo que le molestara o no le gustara, pero más por resaltar algo tan surrealista. De igual forma, Otsuki sabía que su madre la veía por quién era.
Esa misma frase fue la que me distrajo de algo que dijo segundos antes.
… nunca dejó de ser así…
Por el momento, decidí mantenerme callado.
“Si me pillaba de mal humor, que se pusiera así me molestaba mucho, y pues, claro, reaccionaba como cualquier niño lo haría. Ni él ni mi madre se enfadaban cuando me ponía así, o cuando hacía algo malo, o cuando sacaba malas notas. Aunque, lo de las notas era solo para mi madre, mi padre sí se ponía un poco pesado con ellas. No era el típico que se volvía loco y me pedía sacar todo nueves y dieces, pero tampoco era tan despreocupado como para no saber cómo me iba en el colegio. Diría que lo mínimo que me pedía era entre un 7 o un 6, si sacaba más, pues se ponía más contento, y si sacaba menos, no me regañaba, pero si me insistía en que tenía que estudiar. Me sentía mal con haber sacado mala nota de por sí, así que nunca necesité que me castigara por eso.”
Aún estando de rodillas, Otsuki comenzó a mirar a la ventana de la habitación, justo a la derecha del altar. Estaba mirando al cielo, a ningún punto en especifico.
“Es verdad que nunca me regañaron en general, pero lo que más resaltaba era que no me regañara él por mis notas. Lo único que hacían era insistir en cómo debía de hacer las cosas para la próxima vez, qué cosas tenía y no tenía que hacer. Y agradezco nunca haber necesitado más que eso.”
“Nunca he visto a mi padre enfadado, y según mi madre, la única vez que lloró enfrente mía fue cuando me cogió en brazos por primera vez. Desde entonces, ni siquiera mi madre le ha visto llorar. No sé si tendrá que ver con eso de hacerse el chulo, o es que de verdad no ha necesitado hacerlo.”
Otsuki respiró profundamente después de terminar de hablar, y después de haber estado tanto tiempo arrodillada en el suelo, se levantó. Estiró un poco sus piernas, que indudablemente estarían medio dormidas, para luego suspirar de nuevo. Se giró para preguntarme algo.
“¿Puedo sentarme en la silla un momento? Me duelen las piernas…”
Llevo ya unos 100 “capítulos”… wow. Me pregunto si algún día llegaré a 100 capítulos de verdad. Espero no dejarlo. No quiero dejarlo…
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