Mindworld Complex! - Capítulo 102
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 102: Capítulo 16: Sonder 0.5
Estaba por decirle que no, no sé por qué, pero claramente no acabé haciéndolo. Y si por alguna razón quisiera con toda mi alma decirle que no, dudo que lo hubiera hecho, ya que todavía estaba procesando todo lo que había dicho.
Más que lo que había dicho, me centré en por qué lo dijo. No sabía nada de su padre antes, y ahora por lo menos me ha contado algo. Parece ser alguien muy agradable, igualito a su madre. Podía entender qué él y Haruka hubieran acabado juntos. Lo único que me molestaba, que no procesaba todavía, era aquella frase, o, no… todo su discurso en general.
Estaba hablando con cierta nostalgia en su voz, como si estuviera recordando, no describiendo. Que diera la apariencia de estar tan serena…
No era tan tonto como para no saber lo que se traía entre manos, pero no sabía como sacar el tema sin herirla.
“Si, no te preocupes.”
Le dije, habiéndome calmado un poco sin haberme dado cuenta, aunque no me había movido del sitio en el que me había quedado.
“¿No te quieres sentar también? Estarás cansado de estar ahí de pie.”
“Estoy bien…”
“¿De verdad que no te quieres sentar?”
No parecía que se estuviera metiendo conmigo. Sería raro que se pusiera a hacer bromas ahora mismo. Abandoné la idea de seguir insistiendo en quedarme de pie, y me dirigí a la cama, para sentarme encima.
Dar el primer paso hizo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Sentía como mi corazón se aceleraba por cada paso que daba, me estaba mareando. Intenté aparentar que estaba bien lo mejor que pude, no sé lo efectivo que fue.
“Vete de aquí.”, decía. “No te mereces estar aquí, tu sola presencia macha la imagen de lo que esto era y es. No tienes nada que buscar aquí, así que vete.”
“Te atreves a lucir esas vendas en tus manos como si fuesen tu orgullo, pero lo único que cubren son un pecado. Manos que solo saben destruir deben de estar lo más lejos de aquí posible.”
“¿Qué va a ser lo siguiente que rompas?”
“Riku, ¿de verdad estás bien? Estás… sangrando.” Por un momento, confundí la voz de Otsuki con la de las voces, hasta que percibí la preocupación de su tono.
Siguiendo su comentario, miré la mano de la que Otsuki se había dado cuenta, dejando de apretarla para hacerlo. No era mucha, pero el vendaje estaba manchado con un poco de sangre. Obviamente estaba manchado en mis nudillos. De tanto apretar la mano se habrían abierto las heridas de nuevo.
Ver la sangre me estaba poniendo histérico, por lo que evité mirar el vendaje por más tiempo y me apresuré para sentarme en la cama. Todavía tenía que responder a Otsuki.
“Estoy bien. No se me habrán curado del todo.”
“¿Si?”
“Si.”
Otsuki, dudando un poco de mi testimonio, aceptó sin más remedio.
Se hizo el silencio de nuevo en el cuarto. Esta vez, estábamos los dos encarando el uno al otro inevitablemente, así es como estaba colocada la habitación. Yo me quedé mirando al suelo, ignorando el dolor que venía de mi mano, y la sangre que manchó el vendaje. Otsuki le prestó atención a mi herida por un momento más, antes de cambiar su mirada a la ventana, la cual estaba a su derecha.
Ante el silencio, y ansioso de que Otsuki dijera algo, alcé la mirada para verla, para ver si ella respondería a mi mirada, pero lo ella siguió mirando a la ventana. Le habría preguntado si estaba farmeando aura de no ser por la situación. Me arrepentí de haber pensado eso casi al instante.
Aun así, me hizo un poco de gracia. Parecía una modelo posando para una foto, con la luz del sol que entraba por la ventana dándola de lleno. La forma en la que su pelo brillaba bajo esa misma luz, y como sus 2 mechones de pelo descansaban en sus hombros, y su mirada… estaba llena de melancolía.
“… ¿Hay algo afuera?”
Di mi mejor intento en romper el hielo, y eso fue delegarle la conversación a ella. Habría preguntado si estaba bien, pero no lo creía adecuado.
“Ah, me he distraído por un momento.”
Y su respuesta fue lo que menos potencial tenía para una conversación.
“…Yo, creo que te entiendo.”
“…¿Qué es lo que entiendes?”
El momento que lo dijo sabía perfectamente a lo que se refería.
“… Yo, creo que también te entiendo… Los dos somos un poco tímidos… Nos parecemos…”
Todo mi cuerpo se tensó, y empecé a desprender cierta hostilidad, más hacia la afirmación que hacia Otsuki en sí. Pero también me molestaba que dijera eso. Que crea saber eso. No sabe nada, es una ilusa, no tiene ni puta idea. Aún sintiéndome así, me hice el tonto, no quería gritarle, no quería enfadarme. Entiende tu lugar, me decía, entiende este lugar, me suplicaba.
“…” Otsuki se quedó callada, pareciendo estar en cierto conflicto consigo misma. No sabría decir de qué exactamente, pero quizá no tenía claro si quería decirme el por qué piensa así. Solo somos conocidos, es normal que sea tan cautelosa. Lo entiendo. Después de unos 15 segundos, ella por fin empezó a hablar.
“… Fue hace un año. Yo estaba en casa, justo ese día no había quedado con Natsuki y Hina. Por la mañana, mis padres tenían pensado salir en algo parecido a una cita, y sin que me lo esperara, me invitaron a ir con ellos. Les dije que no tenía ganas, y que tenía que estudiar de todas formas. Estudiar Monster Hunter, al parecer.”
Qué Otsuki hubiese mencionado Monster Hunter me tomó desprevenido, pero no le presté mucha atención, ya que siguió hablando. Temía que, eventualmente, fuese a mencionar lo que estuve pensando hasta ese momento.
“Ellos eran relativamente jóvenes para ser padres, y con cómo eran, no me pareció extraño que se fueran a una cita aún teniendo una hija. ¿Quién era yo para reprocharles nada?”
Por como lo dijo, parecía que sí les reprochó un poco, pero podría haberlo dicho para situarme mejor. Aunque, incluirme de esa forma en su monólogo era un tanto egoísta, ya que ella no parecía considerar mi presencia mientras recordaba.
“Dejando todo eso de lado, ellos se fueron poco después de haber preguntado. Fue a la mitad de la tarde que me puse a jugar, y no fue hasta la cena que paré. Mis padres no me habían dicho cuándo iban a venir, así que me imaginé que llegarían tarde. Recuerdo que bromeé en voz alta, diciendo que se quedarían en un love hotel.
“Después de cenar, decidí llamar a Natuski y Hina. Ellas al final decidieron no quedar para estudiar, pero de las dos, solo Hina cogió la llamada, Natsuki dijo que todavía estaba estudiando. No recuerdo qué hablé con Hina, aunque no sería algo importante. Eran las 2 de la mañana cuando tuve que dejar la llamada. No fue por sueño, pero un número desconocido empezó a llamar al fijo…”
Otsuki se puso más rígida tras mencionar lo del número. También juntó sus manos, entrelazando sus dedos. Pareció calmarla.
“Estaba abajo, en el salón. Me entró mucho miedo, y le dije a Hina que me recordara como una heroína. Siempre cogía todas las llamadas que pudiera, y lo sigo haciendo. Es una costumbre que tengo desde pequeña. Bajé con la linterna del móvil al salón, encendí la luz de allí, y me dio tiempo a coger el teléfono. Cuando lo cogí, contestó una mujer, que no tardó en decirme que llamaba del hospital. Al principio pensaba que iba a hablarme sobre alguna revisión médica o algo por el estilo, pero eran las 2 de la madrugada. Era imposible… Pensé que era una broma hasta que preguntó por mi nombre. Le dije que era yo.”
Hasta el momento, Otsuki había estado mirando al suelo, de vez en cuando fijándose en algún lugar de la habitación, pero a partir de ese momento su mirada se quedó pegada a la ventana de nuevo.
“No me lo dijo en su momento, pero venía de haber llamado a mi abuelo, por parte de mi padre. Me lo dijo intentando ser lo más cuidadosa posible.”
“Mis padres habían tenido un accidente en coche.”
Su mirada se tornó desolada, desapareciendo la luz de sus ojos por momentos.
“Mi madre nunca me ha dicho nada sobre lo que hizo con mi padre en la cita. Solo sé lo que me contó después. Estarían volviendo de la cita, o buscando un lugar para cenar. Mi madre estaba conduciendo, y el coche también era de mi madre. No había ningún problema con el coche, y mi madre no hizo nada mal. Y aún así, una de las ruedas explotó. Justo antes de una curva.”
“…”Ya no necesitaba oír nada más. Quería decirle que no hacía falta que siguiera. Que podía dejar de hablar. Que ya podía imaginar lo que pasó. No pude hacerlo.
“Mi madre tuvo mucha suerte, aparte de algunos raspones, solo tuvo una brecha no muy grave en su cabeza… Mi padre…….. Ya te lo puedes imaginar, ¿verdad?”
La mirada que me dirigió me rogaba imaginarlo. Al hacer contacto visual con ella, desvié mi mirada a la puerta.
“Si… y-” Intenté decirle a Otsuki que dejara de hablar, pero me corté a mi mismo, no tuve valor. Empecé a sentir culpable. ¿Acaso me estaba contando todo esto solo para justificar algo tan insignificante? No tenía por qué hacerlo, le habría creído perfectamente. Me habría disculpado por no haberla creído en primer lugar.
“… Por 3 días estuve en casa sin saber qué era lo que iba a pasar. Pude hacer todo por mi cuenta, lo único que no hice fue ir a clase. Dije que estaba mala. Ya me las apañaría luego. Al cuarto día, me llamaron de nuevo. Después de eso, no volví a coger ninguna llamada. Ni a salir de casa. Nada.”
Por muy triste que sonara su voz, no parecía estar cerca en absoluto de llorar. Yo luchaba por aguantarme las lágrimas. Me daba asco querer llorar, y no solo por hacerlo enfrente suya. Ni siquiera eran lágrimas dirigidas a su historia.
“Mi abuelo tuvo que venir a cuidar de mi, incluso después de eso. Se quedó hasta la semana que le dieron el alta a mi madre. No tardaron mucho en dársela, pero, no pudo ir al funeral. Yo acabé asistiendo, aunque mi abuelo me forzó un poco. Mi madre pudo ir a la ceremonia que hicimos después, en ese momento estaba más o menos recuperada de su herida.”
Otsuki se calló repentinamente. No siguió con su historia por un momento. Por impulso, aproveché la oportunidad para pararla.
“No hace falta que me cuentes más. Yo… lo entiendo.”
“… Perdón. Al final, te he estado tirando la chapa.”
Levantando su mirada al oírme hablar, y fijando sus ojos en mi cara, Otsuki sonrió ligeramente, de forma amable. No parecía querer decir más acerca del tema. Seguramente hice lo correcto.
No entendía por qué siguió hablando, podría haber parado si tanto le dolía. Debería de haber parado. ¿Por qué se había forzado? ¿Por qué? ¿Tanto quería hacerme saber? ¿O se pensaba que la estaba presionando? No quería creer en esa última opción.
Escuchar su historia y ver cuán gentil estaba dirigiéndose a mí me hizo sentirme todavía más culpable. Ya no lo llevaba, era la segunda vez que veía su cara sin ese parche blanco puesto en su nariz. Era como si nunca hubiera pasado, y aún así, fue en aquel momento en el que me pesó más.
Habiendo pasado por todo eso, y que luego venga un niño y te pegue en toda la cara. ¿Qué me habría dicho su padre? Seguramente me habría odiado, nunca me habría perdonado.
Nunca voy a poder disculparme con él.
“…” Fue entonces cuando creí haber escuchado algo parecido a una risa. O no, ni siquiera eso, era más parecido al resoplido que hacía alguien cuando encuentra algo gracioso.
Pensé que había hecho algún tipo de cara graciosa al angustiarme, así que bajé la mirada. No pude sentir vergüenza, me sentía decepcionado de mi mismo. Pensé que ella seguiría hablando con aquel tono perdido. Esto fue lo único que realmente no entendí.
“Papá se estaría riendo de mí si me viera.”
Otsuki se llevó su mano izquierda a la frente, apoyando su codo con el reposabrazos de la silla. La melancolía de antes no desapareció, pero estaba cubierta de una voz más alegre.
“Él no habría querido verme así, nunca. Me habría agarrado de la manos, y me habría dicho ‘¡Eres tonta!’”
Cuando entendí que no era yo delirando, sino ella hablando, no supe que pensar. Estaba completamente perdido. Por mucho que quisiera entender por qué estaba diciendo eso, no podía. No estaba evitando entenderlo, como hasta hace poco, genuinamente no le encontraba el sentido.
Por su parte, Otsuki respiró profundamente, antes de quitar su mano de su frente, y reposar ambas manos en su regazo. Poco después, una de ellas empezó a agarrar parte de su pantalón, mientras miraba al suelo, y continuó hablando.
“… Quiero creer que no fue mi culpa, ni la de mi madre, ni de nadie. Pero, por mucho que quiera, siempre va a haber una parte de mí que eche la culpa a todo lo que pueda relacionar con eso. ‘Tengo que echarle la culpa a algo, lo que sea’, eso es lo que creía. Pensaba que, si paraba de hacerlo, si nadie tenía la culpa, entonces no tendría sentido.”
Poco a poco, fue dejando ir su pantalón, y aquella mano pasó a jugar con uno de sus largos mechones de pelo.
“¿Y qué es una acción sin sentido? Lo irracional priva de valor a todo lo que llega, y eso me hizo pensar que nada de lo que había pasado tenía peso. Cada vez que, pensaba en qué me diría él, lo usaba en mi contra.”
Su mirada se movió por un momento a la foto en el altar, y la apartó de este, como si le recordara a alguien fuera de la imagen, o como si esa misma persona estuviera en la foto.
“Lo usaba en mi contra” fue lo que más entendí de todo lo que dijo. Estaba claro que no podría saber qué era lo que pensaba ella ahora, pero seguramente sea lo que ha dicho al principio.
Su padre no la culparía, la motivaría a su manera. O eso es lo que ella quiere pensar ahora. Lo que más le conviene, mejor dicho.
Meter en tu cabeza lo que a ti te dé la gana solo para tener un poco de paz es egoísta. Estás huyendo del tema principal, hundiéndote con una versión idílica de lo que podría ser o no ser, de lo que te haría más feliz.
Le faltas al respeto a toda esa gente que tiene que lidiar con los hechos verdaderos. Es la misma ofensa que decir ‘lo entiendo’, o… cualquier cosa. Piden perdón, te motivan, te dan sus más profundos respetos, cuando no tienen derecho a hacerlo.
Para ellos era solo una persona más, alguien que una persona cercana conocía, la cual solo se interesaba por ella porque otra persona la conocía, y así hasta llegar al único que le importaba de verdad. Todo por una formalidad de mierda.
Con lo que me ha dicho Otsuki, seguramente su padre pensaría igual. No le importaría quién estuviera en su funeral, ya que sabe quién y quién no se preocupa por él. Esas cosas no se muestran yendo a un entierro.
Poco a poco, fui perdiéndome en mi propio discurso, cosa que Otsuki no notó, ya que yo seguía teniendo la misma expresión, neutral, mirando al suelo por no poder mirarla a ella.
“… Me preguntaba si hice bien en ir a su funeral. No creo que pueda quitármelo de mi cabeza por mucho tiempo que pase. Aparte de mi abuelo, no había nadie que me importara allí. Eran unas 11 personas, quizá, me estoy inventando el número un poco. Pero, lo que quiero decir es que, no, no importaba que hubiera gente allí. No era papá el que estaba dentro, nadie estaba dentro. Me obligué a pensarlo, que su espíritu me maldijo hasta el último momento de la ceremonia por no haber salido con ellos.”
¿Qué sentido tienen? No es el ir la formalidad, es el hacerlo. Pueden decir todo lo que quieran que ‘hay que mostrar respeto’, que ‘es tradición’, pero lo único que consiguen con ello es que la herida duela todavía más. No se piensa en la gente realmente afectada por ello, es todo tradición, tradición, y tradición.
Te dirán que estás loco si pones flores que no sean azules o blancas en una tumba. ¿Y si preferían un color más vivaz? Que marque su vida como lo que era, un verdadero resplandor, llamativa, viva, joder. Toda esa blandura y calma solo consigue que se le quite más vida a los que han fallecido.
“También pensaba que no tenía derecho a hablar por mi madre. El siguiente mes estuve todo el rato haciendo las tareas de casa. Limpiar la casa, hacer la colada, y casi siempre hacía la comida. Dejé de estudiar. Y si llegaba a estudiar, lo hacía para aprobar y ya, las notas dejaron de importarme. Todo lo que quería era que mi madre se sintiera bien. Cada vez que, me iba a dormir, no podría. Yo…”
Y pasa lo mismo con los altares. Las almas no existen, lo sé de sobra. Cómo voy a creer en ellas si no creo en Dios. Odio la idea de que Dios exista, más que conveniente, me molesta. Me molesta pensar que esté viendo todo lo que ocurre, que todo el dolor que sentimos sea, o parte de su ‘grandioso plan divino’, o que le eche la culpa a nuestro pecado, a nuestro ser.
Los altares no sirven otro propósito más que recordar a la gente cercana una y otra vez quién es aquella persona que falta en sus vidas. Hablan a la tumba, al altar, como si fuese esa persona, es humillante. No es ni escapismo, es patético.
“… Es por eso que, quise dejar de pensar así. Entendí que no podía quedarme así. Da igual lo mucho que madures, no vas a superar algo así, pero por lo menos, puedes conciliarte con ello. No es como si ahora sea alguien supermadura o cualquier cosa por el estilo, pero, puedo vivir. Puedo y quiero hacerlo. Cuando, pongo a pensarme que hay más cosas, que, hay un futuro, quiero seguir. Quiero ver si ese futuro es bueno o no.”
Lo mejor sería pasar página, madurar ya de una puta vez. Todo el que no pueda olvidar a alguien es débil, y no es capaz de superar esa debilidad. Sería mejor si olvidaras, si pudieras vivir sin ello. Sería mucho más fácil. Debería de serlo. La vida ya es demasiado complicada como para tener que soportar cosas así….
Su expresión se volvió demasiado complicada como para entenderla. Tras haber hablado sobre el futuro, ella se levantó de la silla, y me miró a la cara. Claro que yo estaba mirando al suelo, pero no lo suficiente como para no verse mi rostro. Y no solo por eso evitaba su mirada, ni siquiera había prestado atención a lo que me dijo, y si lo hice, seguramente lo habría ignorado y seguido a mi rollo. Lo siguiente que Otsuki dijo me sacó de mi laguna de pensamientos.
“Claro, no hice nada de eso sola. No habría podido.”
“En tiempos difíciles, lo mejor es estar unidos…”
“¡!”
Alcé mi cabeza, chocando mis ojos con los suyos de lleno. Había cambiado completamente. No era alguien desesperada, ni deprimida, ni nostálgica. Me miraba de vuelta con… algo, en sus ojos. ¿Por qué?
Manteniendo su expresión más o menos neutral, y con ambas manos detrás de su espalda “¿Te puedes levantar un momento?”, me pidió de una forma un poco misteriosa. Yo, al haber vuelto a mis sentidos, oculté mi mano derecha, la que había estado sangrando hace poco. No tenía razón alguna por la que hacerlo, solo sé que lo hice. Tampoco le hice caso al instante, pero no porque su demanda me molestara.
“¿Para?”, dije, un poco bajo.
“Para que no me arruines el momento.”, y me respondió un poco molesta.
Siguiendo sus órdenes, me levanté. Normalmente, soy yo el que ordena levantarse de la cama. Ya levantado, esperé a que hiciera algo. Ella dejó de ‘esconder’ sus manos en su espalda, y por un momento pensé que iba a sacar algo, pero no lo hizo.
Se acercó a mi. Y se acercó. Me eché un poco para atrás, sin saber como reaccionar, pero toqué el borde de la cama. Me fijé solo en una de sus manos, que empezó a levantarse, y en un segundo pensé que iba a pegarme.
Intenté buscarle una razón, y lo único que podía pensar era que ella pensaría que, si me pegaba un tortazo en la cara, dejaría de sentirme mal por lo que hice. No me creí la idea porque dudaba que Otsuki estuviera pensando en algo tan irrelevante en aquel momento. Seguramente iba a pegarme para aliviarse, para dejar un poco de esa frustración ir.
Como era costumbre, cerré los ojos, apreté mis manos, y mordí fuerte, y esperé. Un paso, dos pasos, y… ¡zá-
“”
“… No sé si ayudará que diga esto, pero, vas a estar bien.”
Otsuki me abrazó.
“Yo no lo sabía, pero que me abrazaran me ayudaba mucho. Mi madre lo hace siempre que vuelvo de clase. Los exageraba demasiado porque veía muchas series de romance, pero no es para tanto.”
Podía sentir el latido de su corazón a través de su pecho. Estaba un poco alterado, pero mucho más calmado de lo que me podría imaginar. Olía igual que a cualquier champú. Por lo menos no era colonia, suele tener un olor muy fuerte. Podría notar su pelo un poco en mi mejilla izquierda, y por la diferencia de altura que teníamos, por poco se estaría apoyando en mi hombro. Sus manos sujetaban de forma suave mi espalda, sin hacer realmente mucho contacto, pero el suficiente como para notar que estaban allí. Otsuki me estaba abrazando.
Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. En vez de enrojecer o empujarla, me quedé quieto. Me tomó desprevenido que me abrazara, pero no fue por eso que no hice nada. Solo era porque no podía devolverle el abrazo, ni rechazarlo. Por su parte, era algo mundano. Desde la semana pasada, había forjado una imagen de Otsuki como una Tsundere, pero su comportamiento ahora no era nada parecido. Ni siquiera un ápice de vergüenza, o una amabilidad cálida, nada. Era solo una chica que decidió abrazarme. Quizá, por mi bien.
No puede ser por mi bien, después de todo lo que ha dicho. Tendría que estar pensando en su padre, en, quien sea que la haya ayudado. No tiene sentido alguno que ella esté pensando en mí. Lo dijo antes, que lo irracional carecía de valor. Entonces esto no tiene valor, no tiene sentido.
No debería de ser alguien para ella. Nos hemos visto 3 veces, y la primera fue una horrible impresión. No tengo que importarle nada. Solo somos desconocidos que no han hablado casi, y de lo poco que si hemos hablado son solo malos recuerdos. Entonces…
“…¿Por qué me abrazas?”
“Porque eres mi amigo.”
Otro escalofrío pasó por mi columna vertebral. Menos mal que Otsuki no podría ver la cara patidifusa que tenía. Me quedé sin voz alguna.
“Lo consideres o no, ya eres mi amigo. Vamos, no suelo hacer esto con desconocidos. No creo que nadie lo haga.”
Ella se tomó un breve momento de silencio, tras el que dejó de abrazarme. Desde luego, fue un abrazo largo, aunque no lo noté en su momento.
Solo me centré en lo que había pasado, ignorando todo lo demás, pues la estaba mirando a los ojos, aún confundido. O más que nada, impactado. Incrédulo. El oír esa palabra.
Otsuki se aclaró la garganta, y con el mismo tono que tuvo antes, cuando estábamos abajo, “Y, ya la última cosa con la que te molesto.”
“”
“No estás solo, Riku.”
“”
No estás solo. No estás solo, no estás solo… Hacía eco en mi cabeza. Tantas cosas chocaban dentro de mi cabeza a la vez, no tenía tiempo de pensar en ello. Y por eso es que no lo hice. Si lo hacía ahora, quién sabe lo que podía pasar.
No quería llorar enfrente suya.
“Gracias.”
Estaba intentando ocultar mi temblor. Estaba demasiado agitado, me estaba poniendo nervioso. Después de esto, tenía claro que iba a despedirme de ella. Intenté poner la mejor cara que pude cuando la agradecí. “De nada”, respondió.
Supongo que después de eso, ella entendió que ya tocaba bajar al salón. Me giré hacia la puerta, “De verdad, muchas gracias.” La segunda vez que lo dije, se sintió más genuino.
“Ya lo sé.” Para esta vez, se noto un pequeño rubor en sus mejillas. O bueno, en su cara en general. Dándome cuenta del tiempo que habíamos pasado allí, saqué mi móvil del bolsillo para ver la hora. Eran las 2PM. Entre que perdimos el tiempo, nos pusimos con los deberes, y hablamos, echamos toda la mañana. Si se iba a su casa ahora, iba a comer tarde. Mientras me acercaba a la puerta para salir, le pregunté a Otsuki.
“¿Quieres quedarte a comer?”
“No, no te molestes. Ya tengo comida en mi casa. Si es que mi madre no se pasa de lista.”
Fue una propuesta vacía. En el fondo, me merecía más la pena que se fuera, pero no quería tener un silencio incómodo mientras me iba de la habitación. Y ahí lo noté. Que yo era el único que se estaba yendo.
“…¿Pasa algo?”
“Espérame abajo. Ahora en un momento te sigo. Ah, y, si puedes cerrar la puerta también…”
Algo en su expresión me pareció raro, fuera de lo normal. Más que normal, de la actitud que había tenido desde que se levantó. Pude entender qué era lo que quería hacer, y no perdí tiempo jodiendo el momento.
Asentí.
“Entonces, te espero abajo.”
‘¡Click!’ Me aseguré de cerrar bien la puerta. Bajé al salón justo después, no tenía pensado quedarme espiando como un desgraciado. Aunque eso no quitara que lo fueras.
Ya en el salón, me senté en el sofá, dejando caer todo mi peso en él. Aunque no me tumbé, si me puse lo más cómodo que pude, ahora que no tenía que guardar las apariencias.
En aquel momento, no lloré también por dos razones.
No quería llorar justo cuando ella también estaba llorando, hasta podría escucharme. Si ella no es muy ruidosa, no debería de escucharla. Y aunque lo haga, no se lo voy a decir. Ella sabrá que yo sé lo que va a hacer.
Luego, la segunda razón, era porque no podía llorar enfrente suya. Me miraba desde la televisión con desdén. Como si mirase a un perro callejero. No decía nada. Solo miraba. Miraba. Miraba. A mis ojos. Con los suyos. No me dejaba llorar. No me lo iba a permitir. No me iba a dejar olvidar. A dejar aceptar. Nada.
Nada de lo que me dijo sirvió.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com