Mis Dos Esposas - Capítulo 1
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1: Emma y yo 1: Emma y yo Emma y yo nos conocimos cuando éramos niños, sus padres y los míos decidieron que debíamos casarnos, tal y como se acostumbraba en sus épocas, con tal de no perder poder y hacer crecer los activos de ambas familias.
Cuando éramos pequeños no entendíamos de qué se trataba el matrimonio, la verdad no le dimos importancia y lo tomábamos a la ligera, llamándonos esposos desde que teníamos 8 años.
Al llegar a la adolescencia ambos llegamos a un acuerdo, dado que, no había manera de deshacer el trato, si lo hacíamos nos veríamos expulsados de nuestras familias sin derecho a heredar, y tampoco podíamos permitirnos el lujo de perder el patrimonio de dos de las familias más acaudaladas de nuestro país.
De modo que ambos decidimos que sí nuestros destinos estaban unidos al final, ambos deberíamos conocer por lo pronto otras personas, sería aburrida la vida con una sola persona para siempre, así que sí pasaríamos el resto de nuestras vidas atados ambos por lo menos buscaríamos relacionarnos con todas las personas posibles durante nuestra soltería.
Ya habrá tiempo para contarles acerca de ellas, sin embargo, ya es un buen momento para hablar de Emma.
Cuando volvimos a encontrarnos para cumplir con el compromiso que nuestros padres pactaron, regresamos a regañadientes, sin saber que sería grandioso encontrarnos de nuevo, fuimos buenos amigos, eso nunca cambió.
Y que puedo decir, Emma era hermosa, tenía 24 años cuando volvió a México desde Europa, la dejé de ver desde los 14 años que fue a estudiar a aquel continente.
Sin embargo sabía que el compromiso no se rompería.
Al verla ahí parada junto a su madre acepté mi destino, y lo celebré sin problema, era una mujer como de 1.67 m, de piel muy clara, unos ojos grandes color miel, una nariz y boca muy lindas, acorde a la forma de su rostro, su cabello castaño claro largo la enmarcaba perfectamente, mientras ondulaba de manera seductora, aún sin proponérselo.
Su cuerpo era también ardiente, delgada, senos relativamente pequeños pero firmes, una cintura pronunciada, y unas caderas perfectamente contorneadas, al igual que sus piernas, bien formadas, tanto por genética como por ejercicio, y por Dios, unas nalgas, de infarto, sin duda era todo lo que pude desear, y mi pene lo sintió, fue inevitable tener una reacción involuntaria al mirarla, afortunadamente mi ropa estuvo perfectamente elegida, y nadie se dió cuenta del incidente.
Me acerqué a su padre, y lo saludé cálidamente, los Van Dyke siempre fueron muy cercanos a mis padres y a mí.
Él reintrodujo a Emma conmigo, pero no había necesidad de hacerlo, nos reconocimos de inmediato.
-Hola hermoso- me dijo en un gesto, que sinceramente no esperaba de ella, mientras me propinó un cálido beso en la mejilla y un abrazo, un abrazo que parecía inocente, pero todo lo contrario, creo que notó perfectamente el incidente en mis pantalones.
Cuando me abrazó pude sentir sus lindos pechos, aunque relativamente pequeños, pero se sentían firmes apostados en mi torso.
Pude sentir como tallaba sus muslos contra mí, y me lo confirmó con su risa y palabras.
-Vaya mi amor, parece que te da mucho gusto verme, podría medir tu alegría por metro- dijo Emma.
Diablos, esas simples palabras me dejaron ardiendo por dentro.
Si ya con haberla visto en aquel ajustado vestido me había puesto a punto de ebullición, ese roce y esas palabras me hicieron proponerle algo indecente.
-Oye Emma, ya que pronto vamos a casarnos, te parecería que pudiéramos hablar de manera más privada, después de todo necesitamos conocernos mejor- Fue todo lo que torpemente se me ocurrió decirle.
Vaya que estaba nervioso pues nunca me costaba trabajo hacerle una proposición sexual a alguna mujer, mucho menos debía serlo para mí futura esposa.
-Vamos a hacer algo, disfrutemos la fiesta, compartamos con la familia, y más tarde, ya veremos mi amor – Me lo dijo mientras me daba un pequeño beso en la boca.
Mis papás llegaron con nosotros, platicaron un poco con ella, le preguntaron sobre su estancia en Europa, Francia, Inglaterra, Alemania, Países Bajos (dónde se asentó definitivamente, aprovechando su ascendencia).
-Jan, entiendo que no has visto a Emma en bastante tiempo, pero ¿Tendrían inconveniente en que Emma y yo salgamos a cenar?- le dije al padre de Emma.
Su madre, Claudia, fue la que me respondió -No muchachos, después de todo deben tener mucho de qué hablar, tómense su tiempo-.
Salimos a toda prisa de ahí, nos dirigimos a mi departamento, no creí que ella tuviera el mismo deseo que yo, habría dado lo que fuera por no tener que manejar todo el trayecto, esos 20 minutos me parecieron eternos entre la casa de sus padres y la mía.
Todo el trayecto lo recorrimos con nuestras respectivas manos en la zona íntima del otro, acariciándonos suavemente por encima de la ropa, eso solo incremento el deseo entre ambos.
Dejamos el auto y subimos corriendo a casa, comenzamos a besarnos intensamente en el elevador, aunque con cierto recato pues las cámaras habrían revelado algo más íntimo.
Dos minutos, solo dos minutos pasaron entre el estacionamiento, el elevador y la entrada al apartamento.
Se sintieron una eternidad.
Tenía ya una tremenda erección, sentia los testículos inflamados de la exitación que me producía tener cerca a Emma.
-Quítame el vestido- me ordenó Emma.
-Lo que ordene mi esposa- dije mientras nos reíamos en un acto de plena complicidad, era increíble como un matrimonio arreglado pudo desatar tremenda pasión entre nosotros.
Ella estaba por fin completamente desnuda, pude ver por fin su cuerpo completo, esos hermosos senos, tan bien formados, pezones rosados, los lamí con ansiedad, la apreté por la cintura, contra mí mientras chupaba sus senos, no podia ni queria contenerme.
Me alejó, me quitó la camisa y me bajó los pantalones, ella comenzó a tocarme.
-Hazlo- le dije directamente.
-No mi amor, lo que quieras pero eso no- fue su respuesta.
Demonios, sentí como si me dieran una tremenda patada en los testículos con sus palabras, pero no insistí, o podría mandarme al diablo y me quedaría con este deseo para mí solo.
Aunque debo decir que me acariciaba de manera tierna y sensual a la vez, estaba en éxtasis.
-Acuestate y cierra los ojos un momento- me dijo.
Le hice caso, y solo pude sentir como se sentaba en mi cara, qué puedo decir, era el paraíso, Emma tiene un cuerpo digno de los dioses, torneado, muy bien formado, es simplemente hermosa.
-Hazme tuya- la Emma sería y en extremo tranquila en público, me sorprendía, era una fiera en la cama, yo obedecía, no podía detenerme.
-Ay por Dios, que delicia- exclamaba al tiempo que se movía frenéticamente.
Yo la sujetaba fuertemente de las caderas, quería llegar lo más adentro posible de ella, acercó su pecho a mi cara, y yo ya sabía lo que tenía que hacer.
Cambiamos varias veces de posición, estuvimos largo tiempo así, no podría precisar cuánto, no me interesó ver el reloj, hasta que él cansancio simplemente nos venció.
Fue increíble; y pensar que solo fue nuestra primera noche juntos, aunque no terminó en ese momento, pues ella era tan sexual como yo, sin embargo, eso no fue la mejor parte de la noche.
-Ay mi amor, te tengo un regalo listo para nuestra noche de bodas, te aseguro que te va a encantar-.
No quise preguntar, pero sabía que debería ser algo extraordinario para decírmelo faltando algunos meses.
Solo pudo asegurarme que está noche no era nada comparado a lo que me esperaba una vez que fueramos esposos.
Y aún no conocíamos a la hermosa Marian.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Lena_Blackwood Hola, está es mi primera novela, espero la disfruten tanto al leerla como yo al escribirla.
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