Mis Dos Esposas - Capítulo 72
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 72: Amistad
Alejandro estaba en la sala, apoyado contra el respaldo del sofá, mirando un punto fijo mientras organizaba sus ideas, era de noche después que había trazado los objetivos de la investigación de Nikola.
Emma estaba sentada frente a él, observándolo con atención.
—Entonces ¿Es diferente?—dijo ella finalmente—.
Alejandro levantó la mirada.
—¿Quién?
—Tu amigo Nikola.
Alejandro esbozó una leve sonrisa, distinta a las demás, una sonrisa sincera.
—Sí… es diferente, no es el tipo de persona con la que lidiamos
Emma inclinó ligeramente la cabeza.
—Quiero entender por qué confías tanto en él.
Alejandro tomó aire, para empezar a contarle las razones.
—Lo conocí en la preparatoria.
Emma lo miró con atención.
—No era de nuestro círculo, ni estaba cerca de serlo.
—Su familia llegó de Polonia, venían de muchos problemas allá y no tenían dinero acá, su padre consiguió trabajo de maestro, pero les tomó tiempo empezar su nueva vida.
—Llegaron sin nada, salvo lo que traían puesto.
Emma hizo una cara de sorpresa y abrió los ojos.
—¿Y aun así estudió contigo? Me parece la cosa más inverosímil que he escuchado.
Alejandro asintió.
—Bueno sí, gracias la trabajo de su padre, el estaba becado, no lo conoces pero era el tipo más inteligente de toda la clase… y por lejos, sin discusión.
—Maldito, aún no sé cómo lo hacía, incluso sin hablar español al inicio, tenía calificaciones perfectas— dijo Alejandro sonriendo como pocas veces lo hacía.
Emma volvió a abrir los ojos con sorpresa
—No te creo, ¿En serio no hablaba nada?
—De verdad, no hablaba nada de español, llegó sin entender una palabra.
—Lo que más me sorprende es como cambias tu forma de expresarte al hablar de él, actúas más natural.
Alejandro solo se sonrió.
—Bueno, cuando te relacionas con gente que no tiene expectativas de ti, te liberas y eso pasaba con nosotros. Simplemente volví a recordar lo que significa ser Alejandro, lejos de ser un Belmonte.
Emma podía entenderlo, ella se sintió tan libre al estar lejos de su familia en Europa, nadie le daba importancia a su apellido, tan rinbombante en México pero común en Países Bajos.
Emma comenzó a sonreír en ese momento, nunca había visto ese lado de su esposo, y definitivamente le gustó, era el primer día en que ambos estaban tranquilos y felices a pesar de la partida de Marian y todos los problemas en su vida.
Emma volvió a hablar.
—Y bueno, sígueme contando sobre tu novio— dijo riéndose muy fuerte.
Alejandro también sonrió ante la burla.
—Jaja, me vengaré de esto Emma, en fin, el maldito aprendía más rápido que cualquiera.
—Entonces era un genio.
Alejandro asintió.
—No, no creo que lo sea, pero si era brillante, a pesar de eso, era bastante tímido al principio, supongo que por los problemas de no hablar español.
—Al principio le ayudé a aprender español, con la condición de que me enseñaría polaco, él hablaba inglés y eso fue una ventaja para entendernos.
—Nunca me dijiste que sabes hablar polaco—dijo Emma más sorprendida aún de conocer algo más de su esposo.
—Emma… ¿Qué te hace pensar que aprendí a hablar polaco?
Los dos rieron muy fuerte.
—En fin, le ayudé también a adaptarse.
—No encajaba, y creo que tampoco quería hacerlo del todo.
Emma lo entendió.
—En ese sentido es como tú, eres un hombre muy rico pero también muy sencillo, como tu mamá.
Alejandro negó levemente.
—No, él no tenía opción y yo sí. También conocí a su familia y me di cuenta de todos los problemas que tenían —continuó— Su madre era una señora tan amable una vez que Nikola le enseñó a hablar español le conseguí trabajo. Pero fuera del entorno de mi padre.
Emma lo observó con más profundidad.
—Bueno, eso no lo hace cualquiera.
—Éramos amigos, de verdad, no por conveniencia ni por negocios.
—No hicimos amistad por apellido ni por guardar apariencias, por eso confío en él.
Emma asintió lentamente.
—Porque no le debe nada a tu mundo… pero sí a ti.
—Bueno, no es que le esté cobrando nada.
—Pues a mi me parece que va a corresponder.— respondió Emma.
—Entonces estamos en buenas manos —continuó Emma.
Alejandro la miró.
—Sí, y a partir de ahora, no vamos a estar solos en esto, Caiomhe y él son en extremo inteligentes, estoy seguro que los dos nos ayudarán a salir de todo esto.
Emma frunció ligeramente el ceño.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, Nikola nos brindará protección, protección profesional.
Emma se tensó apenas.
—¿Crees que es necesario?
Alejandro no dudó.
—Sí, esto ya no es solo un conflicto familiar, incluso creo que excede lo empresarial. Ya hay demasiadas cosas moviéndose, son demasiadas coincidencias, mi hermana y Valeria.
Emma respiró profundo y molesta.
—Y el idiota de Nigel…
Alejandro asintió.
—Y quién esté detrás de él, si es que hay alguien.
Emma lo miró fijamente.
—Vamos a descubrirlo.
—Pero no vamos a esperar a que nos ataquen primero.— Y es ahí donde entra Nikola, ya está moviendo a sus hombres para obtener toda la información con las bases de Caiomhe.
Emma guardó silencio, pero no era miedo.
—Marian y Caiomhe deben saberlo —dijo Emma.
Alejandro asintió.
—Lo sé.
—Aunque…
Emma lo interrumpió suavemente.
—Marian no va a reaccionar bien.
Ambos lo sabían.
—Aun así —añadió ella—Tiene que saberlo.
Alejandro tomó su teléfono.
—Claro, primero quería hablar contigo, y ahora se los diremos.
—
Caiomhe contestó casi de inmediato, en cuanto su celular sonó.
—¿Todo bien?
—Caiomhe, necesito verte, a ti y a Marian, es importante.
Caiomhe percibió el tono de urgencia.
—¿Qué pasa?
—No te lo puedo decir por teléfono.
—Está bien.
Y acto seguido ambos colgaron.
—
En el departamento, Caiomhe dejó el teléfono sobre la mesa.
Mientras Marian estaba sentada, con los brazos cruzados, claramente de mal humor.
—Era él, ¿verdad?
Caiomhe asintió.
—Sí, quiere hablar con nosotras.
Marian respondió de inmediato.
—Pues dile que no, no tengo nada que hablar con él.
Caiomhe la observó con paciencia, pero esa actitud de ella le resultaba cansada.
—Dijo que es importante.
Marian se levantó, dando la espalda.
—Ya fue suficiente, no quiero verlo.
Caiomhe suspiró suavemente, pero en tono firme.
—Marian… es un tema de seguridad.
La palabra la hizo detenerse.
—¿Seguridad?
—Sí, no sé exactamente qué pasa pero su tono no era el de siempre.
Marian no volteó a verla pero tampoco se fue de ahí.
—Por favor Marian—añadió Caiomhe—.
—Escúchalo, y después decides.
Marian se quedó en silencio, por un largo rato y finalmente habló.
—Está bien.
Pero su voz era dura.
—Solo escucharé y nada más.
Caiomhe asintió.
—Eso es suficiente.
—
Alejandro llegó minutos después.
El ambiente tenso lo golpeó desde que se abrió la puerta, Caiomhe estaba de pie, tranquila, mientras Marian estaba sentada, mirando hacia otro lado din intención alguna de disimular su rechazo.
—Gracias por recibirme—dijo él.
Caiomhe asintió.
—Dinos, no nos tengas con la duda.
Marian no habló, ni siquiera lo miró, y Alejandro se dió cuenta, aunque no quiso hacer nada al respecto.
—Voy a ser directo.
Se colocó frente a ellas.
—Esto no es solo sobre la empresa, ni sobre Katia y las publicaciones.
—Creo que hay algo más grande detrás.
Caiomhe levantó la mirada con intriga
—¿A qué te refieres?
—A que alguien está moviendo esto de forma estructurada y con recursos para afectarnos.
Marian soltó un leve suspiro, molesta.
—¿Ya terminaste?
Caiomhe por primera vez se mostraba harta de la actitud infantil de Marian.
—Déjalo hablar.
Alejandro continuó, ignorando la interrupción.
—Mandé investigar a Katia y a Nigel.
—Y a quien esté detrás de las publicaciones, tomando como base la información que nos diste antes Caoimhe.
Eso sí captó su atención, Marian dejó de moverse por un segundo.
—También contraté protección, para todas.
Caiomhe se tensó apenas.
—¿Protección?
—Sí. Guardaespaldas profesionales.
—Para ustedes tres y para mí, no sabemos hasta dónde puede escalar esto.
—Y no voy a arriesgarme, espero solo estar paranoico, pero no quiero lamentarme por nada.
Caiomhe cruzó los brazos, se quedó pensativa.
—Pero ese personal ¿Será de fiar?
—Sí, es de total confianza, gente mía que no tiene ninguna relación con él.mundo empresarial, ni con mi padre.
Caiomhe lo observó unos segundos.
Luego asintió.
—Estoy de acuerdo contigo. Gracias por considerarme.
Marian giró ligeramente la cabeza, sorprendida.
—En serio ¿Esto es necesario Alejandro?
—Sí, prefiero estar seguro.
Caiomhe lo interrumpió.
—Quiero conocerlos.
Alejandro asintió.
—Lo harán, todas, nada será oculto.
Caiomhe sonrió.
—Entonces cuenta conmigo.
El ambiente se estabilizó un poco.
Pero Marian seguía en silencio.
—¿Y tú? —preguntó Alejandro.
Ella no respondió, y seguía sin mirarlo.
Caiomhe intervino suavemente.
—Voy a dejarlos.
Ambos la miraron
—Creo que necesitan hablar a solas.
Se dirigió a Marian.
—Voy a mi habitación, por si me necesitas…
Marian no respondió pero tampoco se opuso.
Caiomhe entró a su recámara y cerró la puerta.
Alejandro dio un paso al frente.
—Marian…
Ella se levantó de inmediato.
—No Alejandro.
—Solo escúchame.
—No quiero hacerlo — Aunque por primera vez, lo miró, pero no había calidez en su mirada.
—Ya escuché suficiente en días pasados de tu y de Emma.
Alejandro apretó ligeramente la mandíbula.
—¿Por qué me ignoras?
La pregunta fue directa y sin rodeos
Marian se quedó inmóvil.
Sus ojos se endurecieron pero había algo más.
—No es eso.
—Entonces, ¿Qué es Marian?
—Es que no sé qué hacer contigo.
La confesión salió más fuerte de lo que esperaba, y eso la desarmó… apenas.
Alejandro la observó sin moverse.
—¿Conmigo?
—Con ustedes.
Su voz bajó.
—No sé qué siento, ni sé qué está bien, y no sé qué quiero hacer.
Alejandro no respondió, mientras Marian apretaba los puños.
—Y tú vienes aquí como si nada… hablando de seguridad, de planes y decisiones unilterales.
Lo miró directo con expresión dolida y confundida.
—¿Y lo nuestro qué?
Ninguno de los dos hablo en ese momento, porque esa pregunta lo cambiaba todo.
Y la respuesta no la tenía ninguno de los dos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com