Mis Dos Esposas - Capítulo 71
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 71: Un Viejo Aliado.
El despacho ya no le pertenecía, aunque en palabras de su padre era algo temporal, en la mente de su hermana y su cuñado, esto era definitivo.
El nombre de Alejandro Belmonte Muriel seguía grabado en la placa de cristal, elegante, impecable… como si nada hubiera cambiado, pero todo había cambiado.
El eco de las palabras de Rafael Belmonte aún resonaba en su mente. La decisión había sido firme, tajante,y definitivamente equivocada.
Alejandro cerró el último cajón.
No había rabia en su gesto, había algo peor, decepción, de su propio padre por ceder ante su hermana.
Tomó su saco, echó una última mirada al despacho… y salió sin mirar atrás.
Esa noche, su casa tenía un ambiente diferente, parecía como si los golpes y problemas no tuvieran final.
Emma estaba sentada en el sofá, revisando algunos documentos en su tablet, aunque su mente claramente estaba en otro lado.
Alejandro se acercó lentamente.
—Tenemos que hablar.
Emma levantó la vista de inmediato.
—¿De la empresa?
—Sí, también de la Empresa.
Se sentó frente a ella.
—Pero esto va más allá.
Emma dejó la tablet a un lado.
—Te escucho.
Alejandro la observó unos segundos antes de hablar.
—Es sobre Nigel.
Emma no reaccionó con enojo, ni con incomodidad. Al contrario le dió toda su atención.
—¿Qué necesitas saber de él?—respondió con calma.
Alejandro asintió.
—Me leíste la mente, sabes creo que hay algo más de mi cuñado que no sabemos, ni siquiera tú o mi hermana.
Emma frunció ligeramente el ceño.
—¿A qué te refieres?
Alejandro se inclinó hacia adelante.
—A que no me parece un espectador en todo esto.
Emma no lo interrumpió, solo hizo un ademán para indicarle que tenía su atención.
—No digo que él sea el responsable de todo —continuó Alejandro—.
—Pero tampoco creo que sea ajeno, o una simple comparsa
Emma respiró hondo.
—¿Por qué lo piensas?
Alejandro la miró fijamente.
—Porque me quedé pensando en la empresa fantasma europea, llegaron Katia y Nigel y todo se desató para mal, estoy seguro que los dos están involucrados en esa empresa.
Emma cruzó los brazos, pensativa.
—Sigue hablando, te escucho.
—Y por otra parte también podría ser el artífice directo, o uno de ellos, de todo esto.
—Piensalo, una vida dividida entre Rotterdam y Amsterdam.
—Dos ciudades diferentes y en ellas dos mujeres mexicanas, y ambas relacionadas por aspectos económicos y familiares.
—Tú y Katia.
Emma bajó ligeramente la mirada.
No había dolor en su expresión, pero si algo concentración.
—¿Crees que lo hizo a propósito?
—No lo sé con certeza pero no creo en coincidencias tan perfectas.
El silencio se instaló durante varios minutos por parte de ambos, hasta que Emma finalmente habló.
—No estoy enojada con él, a pesar de que claramente me utilizó
Alejandro la miró con atención.
—No lloraré por el pasado, eso ya quedó atrás. Pero si ahora está involucrado en esto, en lo que nos están haciendo…
—Entonces quiero saberlo, y si es culpable, hacerlo pagar.
Su voz se endureció ligeramente.
—No por mí, por todos nosotros, incluidos. Nuestros padres.
Alejandro asintió.
—Eso es lo que necesitamos.
Emma lo sostuvo la mirada.
—Voy a ayudarte con toda la información que tengo amor, tal vez no sé mucho de su familia, pero sí recuerdo cosas.
—Detalles, personas y lugares que sé que frecuentaba.
Alejandro se permitió una leve sonrisa.
—Eso puede ser suficiente para empezar.
Emma también sonrió, apenas.
—Entonces vamos a averiguar quién es realmente Nigel.
A la mañana siguiente, Alejandro salió sin anunciarlo, solo Emma conocía sus planes.
Iba sin escoltas visibles.
Sin la estructura que lo había acompañado durante años, pero no estaba desprotegido, alguien de su posición nunca lo está.
Simplemente se estaba moviendo distinto a su ritmo habitual.
El lugar al que llegó no tenía el brillo del corporativo. Era una pequeña y discreta oficina. Un lugar funcional y eficiente.
Pero cuando entró al lugar su expresión cambió totalmente, por una más relajada.
Más humana.
—Pensé que ya te habías olvidado de mí cabrón.
La voz lo recibió antes de que pudiera hablar.
Alejandro sonrió, como pocas veces lo hacía.
—Eso nunca, pinche güero.
El hombre frente a él se levantó, era fuerte y muy alto, de mirada firme.
Pero cuando sonrió al verlo, se les notaba la confianza.
Su nombre Nikola Kaczinsky.
Ambos se abrazaron efusivamente, muy diferente a la formalidad acostumbrada con la gente que trataba Alejandro.
Sin distancia, como dos hombres que habían compartido más que negocios.
—Sigues igual —dijo Nikola—.
—Sí solo que con más problemas, a este paso me voy a quedar pelón.
Dijo Alejandro riendo a carcajadas.
—Pelón o no, sigo siendo más guapo que tú.
Ambos se sentaron.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó Nikola.
—Varios años, es una pena que no pudieras ir a mí boda.
—Lo lamento, aunque ya te expliqué la situación, pero bueno, parece que fue ayer cuando te ví por última vez— dijo Nikola a modo de disculpa.
Nikola continuó hablando.
—Cuando llegué de Polonia, no tenía nada.
Alejandro lo miró.
—Tenías hambre.
—Nikola rió muy fuerte, Alejandro actuaba con él como no lo haga con nadie sin apariencias.
Nikola negó.
—Tenía hambre, pobreza y problemas, y tú fuiste el único que me dio una oportunidad.
Alejandro se sonrió y hablo serio por primera vez.
—Solo hice lo correcto.
—No.
Nikola lo miró con seriedad.
—Hiciste más que eso, y te lo debo.
—Y por eso estoy aquí.
—Ya decía yo… en fin, dime qué necesitas —añadió Nikola, y no me hables de dinero.
Alejandro sonrió levemente.
—Lo sé, pero sabes qué eso no es problema para lo que necesites.
Acto seguido, Alejandro sacó una carpeta y la colocó sobre la mesa.
—Necesito protección e inteligencia.
Nikola no dudó.
—¿Para quién?
—Para mí, para mí esposa Emma, mi chef Marian. Y para Caiomhe O’Leary, ni socia).
Nikola abrió la carpeta, revisó las fotografías y analizó los datos de todas soy sus rutinas.
—¿Hay alguna amenaza directa?
—No aún, pero no pienso esperar a que exista.
Nikola asintió.
—Entonces es prevención.
—Exacto.
—Hecho, ¿Tienes sospechas de quién pueda amenazarlos?
—No, eso es parte del trabajo ¿O eso también vas a querer que yo lo haga?—Dijo Alejandro, bromeando ante un asunto delicado.
Nikola pasó a la siguiente hoja sin darle importancia.
—¿Qué más?
Alejandro apoyó los codos en la mesa.
—Quiero saber quién está detrás de las publicaciones que están en las últimas páginas.
—Necesito saberlo todo.
—Quién pagó, quién ejecutó, y quién lo planeó todo.
Nikola sonrió ligeramente.
—Eso sí me gusta, de verdad me vas a poner a trabajar.
—Solo sé que esto no es improvisado Niko, y quiero encargarme de los responsables.
—Entiendo, esto se siente armado.
Nikola levantó la mirada.
—Entonces alguien inteligente está detrás, o alguien que de verdad los odia.
—Creo sinceramente que se trata de mi hermana, de Valeria y de mi cuñado.
—Ay Katia, seguro se puso más buena— Dijo Nikola.
—No lo sé, pero se volvió más insoportable, mi hermana nunca fue buena opción para ti.
Nikola cerró la carpeta lentamente.
—Bueno, vas a tener los nombres de todos.
Alejandro dudó un segundo antes de continuar.
—Y hay algo más.
—Creo que sí te voy a cobrar…
—Jajaja, lo sabía, se trata de algo en Europa.
Nikola levantó una ceja.
—Interesante, y complicado.
—Es en Países Bajos.
—Suena más interesante, nunca he ido a Holanda.
Alejandro sostuvo su mirada.
—Quiero que investigues a alguien.
—Ok, su nombre.
—Nigel De Bruijn.
Nikola no reaccionó de inmediato.
Solo lo observó.
—¿Confías en él?
—No.
—¿Es peligroso?
—No lo sé aún.
—¿Quién es él?
—Él es mi cuñado…
—Ok, investigaré a mi competencia.
Alejandro se llevó una mano al rostro ante la broma de Nikola, y continuó explicando la situación.
—Quiero saberlo todo de él, su pasado, sus contactos, su dinero y de dónde lo obtuvo.
—Sus relaciones, y su origen familiar.
Nikola se recargó en la silla.
—Tengo gente en Europa, en Polonia obviamente.
—Pero también algunos contactos en Ámsterdam.
—Puedo moverlos sin levantar ruido.
Alejandro sintió algo que no había sentido en días.
Ventaja.
—Hazlo entonces.
Nikola sonrió.
—Ya está hecho “carnal”— dijo Nikola en un rato acento mexicopolaco.
Se inclinó hacia adelante.
—Alejandro, entiendo que esto no es solo un problema familiar, es algo más grande.
Alejandro le respondió serio, por primera vez desde que llegó.
—Sí, y por eso vine contigo.
Nikola asintió.
—Entonces vamos a encontrar a los responsables.
Horas después, los movimientos de la gente de Nikola comenzaron, sin anuncios ni alboroto.
Todos eran hombres discretos, pero efectivos.
Rutinas observadas, puntos cubiertos, empezando por la casa de Emma y Alejandro, y el condominio donde estaban Marian y Caiomhe.
Emma salió de casa sin notar la presencia a distancia.
Marian caminó hacia su trabajo sin percibir que alguien vigilaba los alrededores.
Caiomhe llegó al corporativo sin saber que ya no estaba sola.
Y Alejandro, por primera vez en mucho tiempo, ya no dependía de la seguridad de su padre.
Ahora tenía la suya, y era de toda su confianza.
Esa noche, Alejandro regresó a casa.
Emma lo esperaba.
—¿Lo hiciste?
—Sí.
—¿Confías en él?
Alejandro sonrió apenas.
—Es la única persona en la que confío fuera de nosotros 4 (refiriéndose a ellos dos, Marian y Caiomhe).
Emma asintió.
—Perfecto, si tú confías, yo también.
Ambos se abrazaron, sin necesidad de más palabras.
Ambos sabían que lo que venía no sería fácil.
Pero también sabían algo más.
Ya no estaban reaccionando, ahora estaban cazando al que le había puesto precio a sus cabezas.
Y en algún lugar de Europa, sin saberlo aún…
alguien había comenzado a ser observado.
Porque cuando Alejandro Belmonte dejaba de jugar dentro del sistema, se volvía mucho más peligroso.
Y esta vez, no pensaba detenerse.
Hasta descubrir la verdad.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com