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Mis Esposas son Hermosas Demonias - Capítulo 449

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  3. Capítulo 449 - Capítulo 449: ¿Por qué fue él allí?
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Capítulo 449: ¿Por qué fue él allí?

La casa de Sapphire parecía más silenciosa de lo habitual. El sonido de unos pasos cuidadosos resonaba suavemente en el suelo barnizado, y cada pisada de Sepphirothy vibraba con una determinación contenida. Cruzó la puerta principal con la mirada atenta, su largo cabello plateado meciéndose como velos de niebla a cada movimiento.

La energía en el ambiente era anómala. No había presencia de combate, ni señal alguna de desastre, pero algo… faltaba. Como si hubieran retirado una pieza clave del tablero.

La mirada de Sepphirothy escudriñó las habitaciones en busca de alguna señal de Vergil.

Nada.

Hasta que, al entrar en la sala principal, se encontró con Viviane, recostada perezosamente en el sofá como una gata aburrida que toma el sol.

La sirvienta estaba sentada con las piernas cruzadas, jugueteando distraídamente con los dedos sobre una copa de vino flotante, mientras su escoba descansaba en el suelo, junto al sofá. Sus ojos azules se elevaron con lentitud hacia la visitante, como si la hubiera estado esperando desde el principio.

—Pareces estar muy cómoda —comentó Sepphirothy con tono neutro, cruzándose de brazos.

Viviane soltó un suspiro exagerado y dejó que su cuerpo se deslizara más abajo por el respaldo del sofá. —Me estoy tomando un descanso. Deberías probarlo. Es bueno para la piel y para el humor.

Sepphirothy no respondió de inmediato. Se limitó a mantener su mirada fija y analítica, como si esperara algo más.

Viviane enarcó una ceja. —Pero algo me dice que no has venido a verme descansar.

—Busco a Vergil —replicó Sepphirothy con firmeza—. ¿Lo has visto?

Viviane puso los ojos en blanco, como si la pregunta fuera un recordatorio molesto. —Por desgracia, no. Está en ese maldito bosque. Ya sabes…, ese que tiene una energía que hace que hasta el tiempo parezca agrio, ese laberinto de mierda en el que a nadie le gusta entrar.

—¿Ha ido solo? —preguntó Sepphirothy, aunque ya sospechaba la respuesta.

—No exactamente —dijo Viviane, haciendo girar la copa en el aire con un gesto perezoso—. Se llevó a la tropa. Ada, Roxanne, Katharina… todas siguiéndolo como sombras armadas. Una excursión grupal infernal, aunque creo que solo querían salir de casa y llevárselo con ellas.

Sepphirothy enarcó una ceja. —¿Sapphire lo sabe?

Viviane al fin se incorporó, ahora más interesada en la conversación. —Ah…, esa es la parte divertida —sonrió con picardía—. Sapphire se enteró hace poco. Y se fue de aquí hecha un huracán demoníaco furioso, directa a casa de Selene.

Sepphirothy frunció el ceño. —¿Selene?

Viviane asintió, trazando un círculo con la mano en un gesto dramático. —Quiere entender por qué demonios Vergil invadió ese lugar. Porque, seamos sinceros…, ese bosque es propiedad de esas cosas raras con las que a Lucifer le gustaba jugar. Y Selene es la única que puede saber qué hay ahí dentro; al fin y al cabo, tiene territorio allí.

—Por supuesto —dijo Sepphirothy, más para sí que para Viviane—. Vergil no pisa ningún lugar sin hacer que el suelo grite.

Viviane soltó una risita y volvió a recostarse. —Les advertí antes de que se fueran. Pero nadie escucha al espíritu demoníaco aburrido del sofá.

Sepphirothy se acercó a la ventana. El cielo estaba nublado y una ligera bruma se elevaba sobre las colinas cercanas. Podía sentir restos de la energía demoníaca de Vergil, aunque muy débiles. Estaba muy lejos, como un susurro en una cueva.

—Si está liberando poder ahí dentro, podría atraer algo peor. Mi padre selló tantas cosas en ese lugar… —murmuró.

Viviane chasqueó los dedos y la copa aterrizó con suavidad en una mesita a su lado. —Estará ahí dentro unos cuantos años. Es muy distinto a cualquier lugar demoníaco del inframundo.

—No ha sido el mismo desde que regresó —dijo Sepphirothy—. Algo en su interior es diferente. Más oscuro, pero al mismo tiempo… más tranquilo. Eso me preocupa. No se suponía que fuera a El Patio de Juegos de Lucifer tan pronto…

Viviane sonrió ligeramente. —Vergil tiene esa costumbre de parecer tranquilo antes de que comience el apocalipsis.

Sepphirothy se giró hacia ella, con la mirada ahora decidida. —Necesito encontrarlo. Antes de que alguien más lo haga.

—¿Irás tras él sola? Es decir, Sapphire debe de estar pensando lo mismo, seguro que ya ha ido a buscarlo —preguntó Viviane, con un atisbo de agotamiento.

—No necesito compañía —replicó, formando ya un sello con los dedos. Una ligera distorsión empezó a circular alrededor de su cuerpo, como un vórtice a punto de formarse—. Y, sinceramente, no confío en que Sapphire vaya hacia él con el corazón en calma. Tengo que llegar antes.

Viviane se levantó, alisándose la falda con un gesto despreocupado. —Solo no lo olvides… cuando quiere algo no puedes detenerlo, solo mirar.

Sepphirothy no respondió. El sello estaba completo y, en un destello de luz violeta y sombra densa, desapareció, como si el propio espacio se la hubiera tragado.

Viviane se quedó quieta un momento, mirando el vacío donde había estado Sepphirothy.

Luego soltó un largo suspiro, recogió su copa de vino y susurró para sí misma:

—Estos Luciferes… siempre saben cómo convertir un día de fiesta en una pesadilla.

Las puertas de la casa de Selene se abrieron de golpe con un estruendo mágico, y una ráfaga de viento gélido invadió el salón central como una tormenta embravecida. Una grieta reverberó por el suelo de mármol negro, resquebrajándolo ligeramente por la intensidad del aura que acababa de cruzar el umbral.

Sapphire había llegado.

Sus ojos ardían con un violento brillo turquesa, como relámpagos atrapados bajo su piel. El aire a su alrededor temblaba con la energía pura de alguien que hacía tiempo que había sobrepasado los límites de la paciencia. Su capa azul marino flotaba con la misma furia que sus zancadas y, cuando cruzó el salón principal de la mansión arcana, el silencio entre las brujas presentes fue inmediato.

Selene estaba allí, como si supiera que la tormenta se avecinaba. Sentada al borde de una mesa de piedra adornada con runas antiguas, alzó la vista con un aburrimiento casi teatral…, pero no lo bastante rápido.

En un abrir y cerrar de ojos, Sapphire se abalanzó y la agarró por el cuello.

El sonido ahogado del impacto resonó por todo el salón.

Ada, Roxanne, Katharina, Stella e incluso Raphaeline —quien rara vez se involucraba en los dramas ajenos— estaban allí, observando la escena con expresiones que oscilaban entre la conmoción y la incomodidad. Ninguna se movió de inmediato.

—¡¿Por qué, Selene?! —La voz de Sapphire restalló como un látigo—. ¡¿Por qué dejaste que entrara en ese bosque?!

Selene, a pesar del apretón en su garganta, mantuvo la compostura como una diosa molesta a la que despiertan de un sueño interesante.

—Tienes… que… calmarte —dijo entre pausas; no por falta de aliento, sino por puro sarcasmo. Respiraba con normalidad, sus pulmones funcionaban como si no tuviera unos dedos hundiéndose en su tráquea.

—¡Respóndeme! —gritó Sapphire, con el rostro pegado al suyo y los ojos ardiendo como ascuas líquidas—. Sabes lo que hay ahí. ¡¿Sabes que ese lugar no es solo un bosque?!

Selene finalmente bufó.

—Suéltame, dramática —dijo, poniendo los ojos en blanco—. Yo no envié a Lucifer allí. Fue él. Por su propio pie. Con su propia y terca cabeza. Yo solo… no lo detuve.

—¡PODRÍAS HABER HECHO ALGO! —La voz de Sapphire reverberó en las paredes e hizo que algunas runas de las columnas del salón se iluminaran.

—Es el nieto del diablo, Sapphire —replicó Selene con calma—. ¿De verdad crees que podría detenerlo si quisiera pasar? ¿Piensas que una mirada severa de mi parte y una cerca de espinos habrían bastado?

Empujó ligeramente la mano de Sapphire, y esta vaciló… para luego soltarla, retroceder un paso, jadeante, pero todavía llena de rabia.

—Estáis haciendo demasiado ruido, ¿sabéis? —dijo Seppirothy, captando la atención de todas—. Ya está ahí dentro, ahora no hay vuelta atrás. Esperemos unas horas más y querré saber exactamente quién tuvo la brillante idea de enviar a mi hijo allí —añadió, mirando a Ada, Roxanne y Katharina.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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