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Mission Taimanin [ES] - Capítulo 37

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Capítulo 37: El Ultralux

El Ultralux era un templo del pecado elevado a la categoría de arte. Ubicado en la zona más exclusiva del Reino de Tokio, el club ocupaba los últimos veinte pisos de una torre de cristal negro que se alsaba sobre la bahía gracias a tecnología demoníaca robada. Desde fuera parecía un obelisco de luces púrpuras y doradas, pero desde adentro era un paraíso para quienes podían pagar el precio.

Una semana después de lo ocurrido en el Domo Central, el Ultralux organizó un evento de gala donde se reunirían los verdaderos peces más gordos del submundo. Jefes de pandillas, mercaderes de armas, representantes de la Gate Dragon, unos cuantos demonios de alto rango disfrazados de humanos y, por supuesto, el Fantasma Rojo y su séquito.

El salón principal era un océano de luces amarillas, música lenta y cuerpos semidesnudos. Mesas de cristal flotaban a diferentes alturas, servidas por camareras con uniformes de conejitas que apenas cubrían lo necesario. El aire olía a perfume caro, alcohol caro y humo de cigarrillos obviamente caro.

Sakura Igawa caminaba entre la multitud con una copa de champán en la mano. Llevaba un vestido negro largo con una abertura lateral que llegaba casi hasta la cadera, y la bufanda naranja que tanto le gustaba colgando suelta sobre sus hombros. Su cabello rubio corto estaba ligeramente revuelto, dándole un aire inocente que contrastaba con la mirada fría y posesiva que tenía esa noche.

A su lado, Hammer, el Fantasma Rojo, vestía un traje negro impecable con detalles plateados que brillaban bajo las luces. La máscara ya no estaba, pero aun así en este lugar nadie se atrevía a cuestionar su identidad. Su presencia solo bastaba para que la gente se apartara con respeto o miedo.

Sakura se acercó a él y, sin importarle quién mirara, se pegó a su costado, rozando deliberadamente su pecho contra el brazo de Hammer.

—Hermano… —susurró cerca de su oído, con una voz dulce y peligrosa al mismo tiempo —¿Ves cómo me miran? Todos están encandilados por mi belleza y esperan que les corresponda con la mirada, pero yo solo quiero que me mires tú.

Hammer bajó la mirada hacia ella, agarrando su cintura y apretándola con posesión.

—Compórtate, Sakura. Te has vuelto muy lasciva últimamente.

—Y de quién es la culpa.

Hammer tomó un sorbo de su copa de champán.

—Esta noche no es para juegos.

—Mentiroso —dijo Sakura, haciendo un puchero —Siempre es para jugar cuando estoy contigo.

Antes de que Hammer pudiera responder, una figura se acercó. Era un hombre alto, de cabello plateado y traje blanco impoluto, representante de la Gate Dragon. Detrás de él, dos guardaespaldas demoníacos intentaban disimular su aura.

—Señor Fantasma Rojo —saludó con una inclinación respetuosa —Es un honor tenerlo aquí. La subasta privada comenzará en una hora. Tenemos piezas… interesantes. Incluyendo una taimanin capturada recientemente. Pensamos que podría interesarle.

Sakura sintió cómo el brazo de Hammer se tensaba ligeramente. Ella sonrió con dulzura, pero sus ojos se oscurecieron.

—Una taimanin… —repitió Hammer con voz neutra —Interesante. ¿Quién es?

—El nombre aún no lo sabemos. Se resistió mucho. Solo sabemos que es una de las nuevas generaciones.

Sakura apretó la copa con tanta fuerza que el cristal crujió. Hammer notó el gesto y deslizó la mano por su espalda, calmándola sin palabras.

—Envíenme los detalles a mi mesa privada —dijo Hammer —Si vale la pena, hablaremos de precios

El representante sonrió, satisfecho, y se retiró. En cuanto se alejó, Sakura se giró hacia Hammer, presionando su cuerpo contra el suyo.

—¿Una taimanin? ¿Crees que sea Asuka? ¿O tal vez…?

—No lo sé aún —respondió Hammer en voz baja —Pero si es alguien cercano a Asagi, esto podría ser útil.

Sakura bajó la mirada, mordiéndose el labio con fuerza hasta que salió una gota de sangre.

—Hermano… si es Asuka… ¿Me dejarás jugar con ella primero? Quiero darle una lección antes de que la uses para atraer a Onee-chan.

Hammer la miró en silencio un segundo, luego inclinó la cabeza y le besó la frente con una ternura peligrosa.

—Solo si te portas bien esta noche.

Sakura sonrió, pero sus ojos seguían reflejando esa oscuridad posesiva que se había vuelto cada vez más profunda en los últimos tres años. Seguía siendo la Sakura que él había conocido en la academia, la que anhelaba ser una heroína de la justicia, pero ahora, gracias a las intensas sesiones nocturnas y a sus sueños extraños, esa heroína se había vuelto más sádica y cruel, pareciendo más una antiheroína que una heroína.

La noche en el Ultralux apenas comenzaba, y el aire ya estaba cargado de lujuria, peligro y la promesa de sangre. Asagi aún no llegaba, aunque claro, aún era demasiado temprano y los invitados más importantes todavía no aparecían.

Sakura se acomodó mejor en el regazo de Hammer, moviendo las caderas con lentitud deliberada, frotándose contra la creciente dureza que sentía bajo ella. El vestido negro se deslizó un poco más por su muslo, dejando expuesta su piel suave y cálida.

—Solo un poco… —repitió ella en un susurro juguetón —Prometo portarme bien… por ahora.

Hammer deslizó una mano por debajo de la abertura del vestido, acariciando el interior de su muslo con los dedos. No era un toque suave; era posesivo y firme.

—Sakura —advirtió Hammer con voz baja, cerca de su oído —Si sigues así, voy a tener que castigarte aquí mismo.

Ella soltó una risita suave, casi inocente, pero sus ojos brillaban con esa oscuridad que se había vuelto parte de ella.

—¿Y si quiero que me castigues? —susurró, rozando sus labios contra el cuello de Hammer —Solo un poco… para que me quede callada.

Hammer apretó el muslo de Sakura, haciéndola jadear ligeramente. El placer y el leve dolor se mezclaron en su cuerpo, recordándole las noches en las que él la había marcado con su esencia.

—Compórtate —repitió él, aunque su voz ya tenía un matiz más ronco —Asagi puede llegar en cualquier momento. No quiero que te vea así… no todavía.

Sakura se quedó quieta un segundo. El nombre de su hermana provocó un pequeño temblor en su pecho. Quería a Asagi. De verdad la quería. Pero ese amor se había torcido con los años; ahora era posesivo, celoso, teñido de la necesidad de que su hermana también cayera, de que también fuera feliz al igual que ella. De que las dos pudieran estar con Hammer sin que la aldea o los demonios las separaran nunca más.

—Lo sé… —murmuró, apoyando la cabeza en el hombro de Hammer —Quiero que venga. Quiero que vea lo feliz que soy contigo. Quiero que entienda que no tiene que seguir sufriendo sola por esos ancianos. Pero… si viene y trata de llevarme… no sé si podré contenerme.

Hammer acarició su cabello con una ternura que contrastaba con la mano que aún apretaba su muslo.

—No tendrás que hacerlo sola. Esta noche solo observamos. Si Asagi aparece, veremos cómo reacciona.

Sakura asintió, pero su cuerpo seguía moviéndose muy ligeramente contra Hammer, como si no pudiera evitarlo. El calor entre sus piernas ya era evidente, y sabía que Hammer lo sentía, pero no era momento de juegos cuando el espectáculo comenzó.

En el salón principal, la música se volvió más intensa. Varias parejas comenzaron a bailar de forma cada vez más explícita. Manos que se deslizaban bajo faldas, besos que se volvían mordiscos, cuerpos que se frotaban sin vergüenza. Algunos demonios de bajo rango ya habían empezado a usar sus habilidades para crear ilusiones de privacidad alrededor de las mesas. De pronto, las luces del salón principal bajaron aún más y un foco iluminó el escenario central. El mismo joven de chaleco verde y gafas oscuras, el hijo del Primer Ministro chino, apareció con una sonrisa confiada similar a la que tuvo en el Domo Central.

—Damas y caballeros, demonios y humanos… Bienvenidos a la subasta privada del Ultralux. Esta noche tenemos piezas excepcionales. Armas encantadas, bestias domesticadas… y, por supuesto, algo muy especial.

Hizo un gesto y dos guardias sacaron una jaula cubierta con una tela negra. Cuando la retiraron, dentro había una joven taimanin encadenada, con el uniforme rasgado y moretones visibles. Cabello corto, de color rosa y ojos amarillos.

Sakura agarró el regazo de Hammer.

—Es… —susurró, con algo parecido a lástima—. ¿Quién es ella?

—Saya —murmuró Hammer—. Creo que ese es su nombre, no lo sé, nunca fue mencionado.

Sakura no entendía las palabras de Hammer, pero no importaba.

La gran subasta de la noche sería legendaria; muchos de los presentes querían a la taimanin por el simple hecho de ser una taimanin, pero sería al final de la velada, luego de la subasta de las piezas del Ultralux.

En ese momento, las cortinas translúcidas de la entrada se movieron ligeramente y una figura familiar apareció, atrayendo las miradas de todos los hombres como abejas a la miel. Asagi Igawa había llegado, vistiendo un vestido de lujo de color rojo ultra revelador. Extremadamente elegante y provocativo al mismo tiempo. Un diseño de alta costura, pero con cortes que dejaban casi todo a la vista.

Como nunca fue capturada y obligada a pelear en la Arena del Caos, su identidad seguía siendo un secreto para los demonios, algo que usó muy bien creando una imagen semi pública de una mujer inversionista viuda de un empresario exitoso, algo muy alejado de su labor y vida de taimanin.

Los ojos de Asagi se clavaron primero en Sakura, luego en Hammer. El aire entre los tres se volvió denso, cargado de emociones contenidas, amor retorcido, rabia, nostalgia y deseo. Pero aquella taimanin de ojos turquesa era muy buena ocultando dichas emociones, especialmente cuando era invitada a bailar por múltiples caballeros con segundas intenciones. Ella los rechazó a todos, algo que les disgustó, pero no pudieron hacer nada por motivos de etiqueta.

Cuando Asagi llegó a la mesa privada de Hammer, miró a su hermana. Ella levantó la mirada hacia arriba. Por un segundo, su expresión se suavizó, mostrando un destello de la Sakura inocente de antes.

—Hermana… —susurró, con una sonrisa triste y posesiva al mismo tiempo —Por fin viniste. Te extrañé.

Asagi dio un paso adelante, pero Hammer levantó una mano, deteniéndola sin tocarla.

—Asagi —dijo con voz calmada —Esta noche no es para peleas. Siéntate y hablemos.

Asagi sonrió, mirando alternadamente a su hermana y al hombre que alguna vez consideró un hermano de armas.

—No vine a hablar —respondió Asagi, aunque su voz tembló ligeramente —Vine a llevarme a Sakura.

Sakura se mordió el labio, pero no se movió del regazo de Hammer. En cambio, extendió una mano hacia su hermana, casi suplicante.

—Hermana… no tienes que sufrir más. Ven con nosotros. Hammer puede protegerte. Yo… yo quiero que estés con nosotros. Como antes, pero mejor.

El salón seguía lleno de música y risas, pero en aquella mesa privada el mundo parecía haberse detenido. Dos fuerzas de poder abrumador se miraban fijamente, cada uno con sus propias intenciones, uno más noble que el otro. Asagi miró a su hermana, vio el brillo posesivo en sus ojos, la forma en que se aferraba a Hammer, y sintió un nudo en el pecho reconociendo que su hermana había cambiado.

—Sakura… ¿qué te han hecho?

Sakura sonrió con dulzura, aunque sus ojos seguían oscuros.

—Nada que yo no haya pedido. Ven, siéntate. Hablemos. Por favor.

—No —dijo Hammer —Yo soy quien tiene que hablar con ella. A solas.

Hammer sacó un ramo de rosas rojas y se las entregó a Asagi. Esto la sorprendió e incluso se sonrojó un poco. Luego agarró su mano con una firmeza que no admitía rechazo y la guió hacia el centro del salón principal. La orquesta tocaba un vals lento y sensual, con violines que se entretejían con un bajo profundo y punzante. Las luces doradas se reflejaban en el vestido rojo de Asagi, haciendo que la tela brillara.

Asagi no se resistió. Su cuerpo se movió con gracia entrenada, pero su postura era rígida, como una espada a punto de desenvainarse. Hammer colocó una mano en su cintura baja y la otra entrelazó sus dedos con los de ella.

El contacto fue eléctrico para uno y cálido para la otra.

—Baila conmigo, Asagi —dijo Hammer en voz baja, apenas un susurro cerca de su oído —Solo por esta pieza. Nadie nos interrumpirá.

Asagi levantó la mirada. Sus ojos chocaron con los de él, oscuros y calmados. Por un segundo, vio al Hito que recordaba, el hermano de armas con quien luchó y sangró. Luego vio al hombre que tenía delante, el Fantasma Rojo, el director que había tomado la academia, el que tenía a su hermana a su lado como si fuera suya.

—No vine a bailar —respondió Asagi, aunque sus pies ya seguían el ritmo —Vine a llevarme a Sakura y también a ti.

Hammer giró con ella, guiándola con maestría. Su mano en la cintura apretó un poco más, atrayéndola contra su pecho.

—Sakura no quiere irse —dijo con voz tranquila —Ella eligió estar aquí. Conmigo.

Asagi sintió un nudo en la garganta. Su cuerpo traicionero reaccionó al calor de Hammer, al olor familiar que aún recordaba de su infancia. El resentimiento y algo más profundo, algo que se negaba a nombrar, se mezclaron en su pecho.

—¿Elegir? —susurró con amargura, mientras giraban lentamente —¿O la corrompiste hasta que ya no sabe distinguir entre amor o la adicción? He visto esto muchas veces. Mujeres rotas, enloquecidas de lujuria, arrastrándose en el suelo como si fueran perras.

—Sí, las cosas se salieron de control en Tokio y en el mundo en general. Y en ese tiempo la reputación de la Todopoderosa Taimanin se vuelve temida por muchos demonios y humanos del bajo mundo. Viste lo peor de ambos mundos, al igual que yo.

En la línea original, ella y su hermana sufrieron lo peor de ambos mundos, pero gracias a Hito y sus dedos eso nunca pasó. Ella debería estar agradecida, pero… ¿cómo agradecer un regalo que ni siquiera sabe que ha recibido? Insulso ahora se pregunta por qué está bailando, envés de cumplir con su misión.

—Tú… tú eras nuestro hermano —dijo Asagi —El héroe que salvó la aldea. ¿En qué te convertiste, Hito?

Hammer no respondió de inmediato. La hizo girar una vez más, acercándola tanto que sus pechos rozaron. Asagi sintió el calor de su cuerpo, la fuerza contenida en sus manos, lo que provocó que su respiración se acelerará ligeramente.

—Me convertí en lo que tenía que ser para sobrevivir —dijo mirándola a los ojos —y para proteger a quienes amo. Tú sigues atada a los ancianos, Asagi, a las maldiciones invisibles en Kyousuke y Kosuke que te obligan a obedecer sus órdenes. Órdenes que te obligan a cazar a tu propia hermana. ¿Esa es la vida que quieres?

Asagi apretó los labios. Sus dedos se clavaron un poco en el hombro de Hammer.

—No hables de ellos —murmuró con voz temblorosa —No tienes derecho. Tú desapareciste. Nos dejaste. Yo tuve que suplicar, matar, arrastrarme para que los ancianos aceptaran rescatarte. Y cuando por fin pude ir al mundo demoníaco… descubrí que estabas vivo, que habías construido tu propio imperio, que habías matado a un Demon Lord y destruido Gate City. ¿Sabes lo que sentí? ¿Sabes lo que me costó todo eso?

Su voz se quebró ligeramente al final. Hammer la atrajo más cerca, casi en un abrazo mientras seguían bailando. El salón a su alrededor parecía lejano, como si solo existieran ellos dos.

—Sé lo que te costó —respondió con voz baja y grave —Y lo siento. Pero los ancianos nunca te dejaron elegir, Asagi. Te convirtieron en su arma. En su esclava. Pero… yo puedo darte otra cosa. Libertad. Seguridad. Un lugar donde no tengas que sacrificar a tu familia para sobrevivir.

Asagi levantó la mirada. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas y un resentimiento profundo.

—¿Libertad? —repitió con amargura —¿Como la que le diste a Sakura? Sabes que la vi sentada en tu regazo, frotándose contra ti como si fuera tu mascota. ¿Eso es libertad para ti? ¿Convertirla en una pervertida?

Hammer no negó nada. Su mano subió lentamente por la espalda de Asagi, deteniéndose en la nuca.

—Sakura es feliz —dijo con calma —Ella eligió esto. Y sí, la deseo. La quiero. Pero también quiero que tú estés a salvo. Que dejes de ser la marioneta de los ancianos. Que puedas sonreír de verdad, como cuando éramos niños.

Asagi sintió un escalofrío recorrer su columna. El contacto de Hammer era firme, cálido, familiar. Por un segundo, su cuerpo traicionero se inclinó hacia él, recordando el abrazo que le había dado años atrás en la academia, cuando derrotaron aquel behemot gigante en el entrenamiento de combate. En ese tiempo un simple abrazo consoló su corazón y al mismo tiempo la había desarmado.

—No… —susurró, aunque su voz carecía de convicción —No puedes simplemente aparecer después de años y pretender que todo se arregla con palabras bonitas y un baile. Tú cambiaste. Yo cambié. Y Sakura… Sakura ya no es la misma.

Hammer la miró fijamente.

—Entonces dime, Asagi. ¿Qué sientes realmente cuando me miras? ¿Solo odio? ¿O hay algo más? ¿Resentimiento porque te dejé? ¿O porque, en el fondo, aún sientes algo por el compañero con quien entrenabas?

Asagi se tensó entre sus brazos. Su respiración se aceleró. Por un instante, su máscara de taimanin implacable se resquebrajó y dejó ver el dolor, la rabia y un deseo enterrado que nunca había admitido del todo.

—No tienes derecho a preguntarme eso —respondió con voz temblorosa —No después de todo lo que tuve que hacer por ti. No después de que me abandonaste cuando más te necesitaba.

Hammer no apartó la mirada. Su mano en la nuca de Asagi era suave, casi cariñosa.

—Tal vez no tenga derecho —admitió —Pero sigo queriendote, queriendo protegerte de todo… incluso de ti misma.

El vals llegó a su clímax más lento. Las luces se volvieron casi rojas. Asagi sintió su corazón latir con fuerza contra el pecho de Hammer. Por un segundo, su cuerpo traicionero cedió y entonces Hammer actuó por impulso.

Él la agarró con fuerza, inclinó la cabeza y la besó. No fue un beso suave. Fue intenso, posesivo, lleno de años de distancia y emociones reprimidas. Su mano libre subió y tomó uno de sus pechos con firmeza, tocándola a través de la tela roja del vestido, sintiendo cómo los pezones de Asagi endurecerse bajo sus dedos.

Asagi se tensó, pero no se resistió, sus labios respondieron al beso por un instante, hasta que un gemido ahogado escapó de su garganta proclamando su derrota. El calor de la mano de Hammer en su pecho le provocó un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, por un segundo, su mente se quedó en blanco. Solo existía el beso, el contacto, el olor familiar y un deseo liberador como desestresante.

Un bonito momento, que fue arruinado cuando la entradas del Ultralux explotó.

Una fuerte detonación sacudió todo el edificio. Las luces parpadearon y se apagaron. Gritos y disparos resonaron por los pasillos. Soldados de uniformes negros con binas negras irrumpieron desde múltiples entradas, abriendo fuego contra todo lo que se movía. La Gate Dragon respondió con furia, abriendo fuego contra los invasores, convirtiendo todo el salón en una zona de guerra en cuestión de segundos.

Asagi se separó del beso, jadeando, con los ojos muy abiertos y confusos.

—¿Qué…?

Hammer reaccionó al instante. Agarró a Asagi por la cintura y la empujó hacia atrás esquivando una ráfaga de balas y fragmentos de metralla.

—¡Sakura! —gritó.

Desde la mesa privada, Sakura corrio con gran velocidad, extendio sus sombras como un río negro envolviendo a Asagi y a Hammer. En un parpadeo, los tres fueron arrastrados fuera del Ultralux a través de un portal de sombras, apareciendo en una azotea cercana. Desde allí, Hammer, Sakura y Asagi vieron cómo la torre del Ultralux se convertía en un infierno. Explosiones secundarias iluminaban la noche. Soldados de boinas negras y las fuerzas de la Gate Dragon se enfrentaban en las calles, convirtiendo esta zona más exclusiva del Reino de Tokio en una zona de guerra abierta.

Hammer soltó a Asagi y sacó una máscara negra con detalles rojos del interior de su chaqueta.

—Toma esta máscara y póntela —ordenó —O tu identidad será descubierta. No puedes permitir que te vean aquí.

—¿Quiénes?

—Nomad.

Asagi agarró la máscara, dudó por un segundo, pero el instinto de supervivencia ganó y se la puso rápidamente.

Hammer desenvainó su espada de la nada y se transformó en el Fantasma Rojo en un instante. La capa blanca apareció, la máscara completa cubrió su rostro, y su aura demoníaca se intensificó. Sakura, a su lado, ya vestía su traje negro ajustado con la bufanda naranja ondeando la mitad de su cara, creando una máscara natural debido a su cabello del mismo color.

—Algo grande está por pasar —dijo Hammer, mirando la torre en llamas —Esto es solo el comienzo. Nomad y la Gate Dragon acaban de declarar la guerra abierta. La Unión China no perderá esta isla sin luchar.

Sakura se acercó a Asagi, tomándola del brazo con suavidad pero con firmeza.

—Hermana… ven con nosotros. Por favor. No tienes que seguir sola.

Asagi miró a su hermana, luego a Hammer. En su mente, la confusión, la rabia y un deseo que aún no podía nombrar entraron en conflicto.

—No… todavía no —susurró —Pero esto no termina aquí. Hoy no los capturé, pero nos volveremos a encontrar, y esta vez no dudaré.

Hammer asintió. Extendió la mano y abrió un portal de sombras.

—Entonces nos vamos, pero recuerda esto, Asagi Cuando estés cansada de ser su arma, yo seguiré aquí. Siempre estaré aquí para ti, mi querida compañera de armas.

Sakura y Hammer entraron en el portal. Antes de que se cerrará, Sakura miró atrás una última vez, con una sonrisa triste y posesiva.

—Te quiero, hermana… por favor ven pronto.

El portal se cerró.

Asagi se quedó sola en la azotea, con la máscara puesta, viendo cómo el Ultralux ardía en la distancia. Soldados aparecieron detrás de ella y la apuntaron con sus armas, pero en cuestión de segundos todos fueron cortados, quedando solo carne picada y manchas de sangre.

El viento nocturno agitó su cabello mientras una presencia asesina comenzaba a liberarse. El estrés contenido es malo para la salud, en especial para una chica llena de dudas y complejos, que por primera vez en mucho tiempo se sintió… feliz. Asagi se tocó los labios y, con una sonrisa en el centro, comenzó a masacrar a cuantos soldados se le cruzaran en su camino.

Sí, modificar el destino de alguien trae consecuencias, algunas un tanto peculiares. Aun así, y aunque el resultado de este conflicto puede que sea predecible, los motivos no lo son y tampoco lo serán las consecuencias.

¿Tienes alguna idea sobre mi historia? Coméntala y házmelo saber.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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