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Mission Taimanin [ES] - Capítulo 38

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Capítulo 38: El Precio de la Lealtad

El viento nocturno del Reino de Tokio olía a humo, sangre y metal caliente. La todopoderosa Taimanin, Asagi Igawa, corría por los tejados derruidos de la zona industrial flotante. La máscara negra con detalles rojos aún cubría su rostro, lo que era muy útil, ya que nadie debía saber que ella estaba en ese lugar.

Detrás de ella, el Ultralux ardía como una antorcha gigante. Columnas de fuego y explosiones secundarias iluminaban la noche, seguidas de las balas que cruzaban el cielo como luciérnagas veloces.

Asagi no se detuvo. Sosteniendo su espada imbuida de partículas taima y energía espiritual, cortaba el aire con precisión letal, avanzando como una flecha roja entre los tejados. Cada soldado de Nomad o de la Gate Dragon que se cruzaba en su camino caía en segundos. Cabezas rodaron, gargantas se abrieron y cuerpos partidos por la mitad adornado su rastro de sangre y muerte. Aquella mujer no sentía piedad, solo una rabia contenida que había estado acumulándose durante años.

De pronto apareció un escuadrón de cinco soldados en una azotea cercana. Todos iban armados con rifles demoníacos de alto calibre. Asagi no se detuvo. Saltó hacia la azotea y activó su arte ninja por un instante.

—Arte de Halcón, Koujinka.

El tiempo se ralentizó a su alrededor. Para ella, todo se movía a cámara lenta. Solo bastó un parpadeo para atravesar a todo el grupo de soldados en un instante, trazando un arco carmesí casi perfecto. Cinco cabezas cayeron casi al mismo tiempo; los cuerpos, aún de pie, se desplomaron cuando el tiempo volvió a la normalidad.

Asagi aterrizó en otra azotea, respirando agitada. La máscara ocultaba su identidad, pero no el torrente de emociones que la invadía. Rabia, frustración, confusión, excitación… y ese beso que aún ardía en sus labios. Todo reflejado en un rostro que nadie podía ver.

—Hammer… —murmuró para sí misma, apretando la empuñadura de su espada—. ¿Qué demonios estás haciendo? ¿Qué me estás haciendo a mí?

Se golpeó el rostro con fuerza y recuperó la compostura. Luego siguió corriendo, degollando a todo soldado de Nomad que se atrevía a seguirla. Cada corte era una liberación parcial de estrés. Cada cuerpo que caía le recordaba que seguía siendo la Todopoderosa Taimanin, aunque por dentro se sentía cada vez más perdida.

Ella no lo sabía, pero había sido envenenada con un veneno tan adictivo y tan común que era legal.

…

Mientras tanto, en la base improvisada de la Sección de Investigación Nº 3, ubicada en un edificio reforzado a varios kilómetros del Ultralux, Asuka caminaba de un lado a otro con evidente preocupación. Su uniforme táctico estaba ligeramente rasgado por el caos anterior, y su expresión mostraba una mezcla de ansiedad y determinación.

—Maestra… ¿dónde estás? —murmuró, mirando la pantalla de monitoreo que mostraba imágenes caóticas del exterior.

De pronto, una explosión lejana sacudió las ventanas. Las alarmas se activaron y un oficial entró corriendo a la sala de mando.

—¡Informe de emergencia! ¡Fuerzas de Nomad y Gate Dragon están en combate abierto en el sector central! ¡El Ultralux está bajo ataque masivo!

El Sr. Yamamoto apareció en la pantalla principal, su rostro serio.

—Asuka, la situación se ha complicado. Necesito que defiendas la posición y esperes más informes. No salgas sola. Repito, no salgas sola.

Asuka apretó los puños. No podía obedecer esas órdenes; su lealtad hacia Asagi, su maestra, era más fuerte que cualquier alto mando. Sabía que la base estaba muy lejos de la zona de combate, lo había visto en la pantalla de monitoreo, por lo que su presencia no era necesaria en ese momento.

—Lo siento, señor… —susurró para sí misma.

En cuanto la transmisión terminó, fue a la armería, tomó sus armas y herramientas ninja y salió de la base. Corrió hacia la noche, ignorando las voces que la llamaban desde atrás.

—Maestra… voy por ti.

…

Asuka corría a toda velocidad por los tejados derruidos del Reino de Tokio, saltando entre edificios medio colapsados mientras el viento nocturno le azotaba el rostro. El Ultralux seguía ardiendo en la distancia como una antorcha gigante, y el sonido lejano de disparos y explosiones llenaba la noche. Su corazón latía con fuerza, no solo por el esfuerzo físico, sino por la preocupación que la consumía.

—Maestra… ¿dónde estás? —murmuraba.

De pronto, al saltar a otro techo, dos figuras aparecieron frente a ella, bloqueándole el paso. Una era una elfa de piel blanca y cabello semirubio, y la otra una elfa de piel morena y cabello semiblanco. Ambas vestían el mismo traje negro ajustado que Sakura llevaba en el Domo Central. La elfa blanca tenía una expresión altiva y a la vez relajada, mientras que la elfa morena mantenía una postura más marcial y protectora.

Asuka se detuvo en seco, sacó sus cuchillas y se puso en guardia. Reconoció al instante el aura demoníaca que emanaba de aquellas dos elfas, aunque estaba contenida.

—¿Quiénes sois? —preguntó con voz fría, lista para atacar—. No tengo tiempo para esto, así que háganse a un lado.

Imari, la alta elfa, cruzó los brazos y dio una sonrisa arrogante.

—Vaya, vaya… una taimanin corriendo sola en medio del caos. Qué imprudente. ¿Buscas a alguien, pequeña?

Hinata, la elfa oscura, dio un paso adelante. Ella era la única de las dos que sabía muy bien lo que aquella joven taimanin podía hacer, por lo que sus nudilleras de hierro se mantuvieron firmes ante cualquier movimiento.

—Mi señora, no es momento para juegos. Ella es peligrosa.

Asuka no esperó más. Cargó contra ellas con una velocidad sorprendente. Sus cuchillas cortaron el aire en un arco letal. Hinata reaccionó al instante, bloqueando el ataque con sus nudilleras. El metal chocó con un sonido agudo. El impacto fue tan fuerte que Asuka retrocedió dos pasos.

—No eres mala —dijo Hinata con voz calmada—, pero no estás en condiciones de pelear contra nosotras.

Asuka apretó los dientes y volvió a atacar, esta vez combinando velocidad y su manipulación del viento. Imari levantó una mano; un bastón mágico apareció y conjuró una ráfaga de viento elemental que la empujó hacia atrás, desequilibrándola al chocar viento contra viento.

—Basta —dijo Imari con tono autoritario—. No somos tus enemigas. Somos sirvientas leales del Fantasma Rojo. Y sabemos quién eres, Asuka, la alumna de Asagi Igawa.

Asuka se detuvo, jadeando, aunque con sus cuchillas aún en alto.

—¿Fantasma Rojo? ¿Hammer? —dijo con desprecio—. Entonces sois sus perras demoníacas.

Imari frunció el ceño, pero Hinata la calmó.

—Mi señora, tenemos órdenes.

—Sí, está bien. Escucha, niña nuestro señor nos envió para darte un mensaje. Tu maestra ya no está en el Ultralux. Nuestro señor la sacó de allí antes de que el caos empeorara. No desea lastimarla a ella… ni a ti.

Asuka soltó una risa amarga.

—¿Y se supone que debo creerles? ¿A dos demonios que sirven a ese hombre?

Hinata dio un paso adelante; su aura marcial se intensificó.

—Puedes creer lo que quieras. Pero si sigues sola hacia allí, solo conseguirás morir. Nomad y Gate Dragon están convirtiendo todo en una zona de guerra. Así que regresa a tu base.

Asuka dudó. Su orgullo le gritaba que atacara, ya que no confiaba en aquellas demonias. Pero su lealtad a Asagi y su sentido común le decían que no era momento de pelear contra dos oponentes claramente superiores.

—… No —dijo, bajando ligeramente las cuchillas—. No quiero perder tiempo con vosotras. No sé si me están engañando, pero comprobaré sus palabras por mí misma. Así que no me sigan deteniendo.

—No te detendremos —interrumpió Hinata con firmeza—. Nuestro señor solo nos ordenó informarte. Sabes… él realmente quiere protegerlas, a las dos, de esa aldea que las usa como esclavas.

Asuka apretó los dientes, pero no respondió. Dio media vuelta y continuó su camino hacia el Ultralux, saltando entre los tejados con mayor cautela.

Imari y Hinata la observaron alejarse.

—Esa chica es muy terca —murmuró Imari.

—Nuestro señor ya lo sabe. Por eso nos envió.

—Sí, pero… aun así, ella podría ser un problema.

Hinata asintió.

Asuka siguió corriendo con el corazón latiendo con fuerza. El Ultralux estaba cerca; las llamas ya se podían notar y los disparos se hacían más intensos. Hasta que saltó a un techo y entonces lo sintió, una emboscada. Desde las sombras de los edificios cercanos surgieron docenas de soldados de Nomad armados con rifles calibrados. El líder, el único con una banda de color roja, levantó la mano.

—¡Taimanin detectada! ¡Capturadla viva!

Asuka maldijo en voz baja y se preparó para pelear. Sus cuchillas giraron en sus manos, creando un mini torbellino.

—No tengo tiempo para esto…

Asuka estaba rodeada por más de treinta soldados de Nomad, todos apuntando directamente hacia ella. Ante tal situación, no tuvo otra alternativa que activar su arte ninja al instante.

—Arte del Dios del Viento. Ciclón de Polvo.

Asuka dio una patada giratoria, generando un tornado invertido que barrió a los primeros soldados, lanzándolos por los aires como muñecos. Aprovechando la oportunidad, atacó con sus mortíferas cuchillas, cortando carne y metal como si fuera mantequilla. La sangre le salpicó a ella y al suelo agrietado, pero no parecía importarle, ya que aún quedaban soldados vivos.

Eran demasiados. Uno logró acercarse por detrás y dispararle a quemarropa con su potente escopeta de cuatro cañones. Asuka logró girar a tiempo y utilizó sus cuchillas como escudos. Esto absorbió el daño, pero el impacto fue tan potente que la lanzó contra una pared. Los soldados vieron con asombro cómo aquella taimanin se volvía a levantar, pese a tener el hombro izquierdo dislocado y el brazo completamente rasgado. Asuka sentía mucho dolor y tensión en sus extremidades, hasta que un soldado le lanzó una red eléctrica que se enredó en sus piernas, provocando una descarga que finalmente la derribó.

—¡Malditos…! —gruñó, tratando de levantar sus cuchillas.

—Jajaja —se rieron los soldados—. Bien hecho, muchachos. Al parecer las taimanin no son tan fuertes como nos hicieron creer. Ahora sí que nos darán un jugoso premio por su captura.

—Pero, señor, no es muy joven. La jefa no dijo que quería a una mujer adulta.

—Bueno, sí, pero aun así nos podemos divertir con ella… Jajaja…

En ese momento, una figura enmascarada descendió desde el cielo como un relámpago morado, alertando a todos los soldados, quienes rápidamente levantaron sus armas. La presencia de aquella figura era tan aterradora que los soldados dispararon inmediatamente, pero ella era tan rápida que, de un solo corte de su espada, ya había decapitado a tres soldados y destripado a cuatro.

Uno de los soldados lanzó una bomba de humo e intentó escapar, pero la figura lo encontró y lo cogió del cuello, usando su cuerpo como señuelo para que todos los soldados restantes le dispararan a traición. Cuando el humo se disipó, los soldados se dieron cuenta de que habían matado a su compañero. Para cuando miraron a su costado, todos ya estaban muertos.

La energía espiritual de la hoja de la espada les había quemado la carne, revelando que aquellos soldados eran en realidad demonios de bajo nivel.

La figura aterrizó frente a Asuka. Ella se alarmó, ya que no reconoció a la mujer detrás de la máscara. Solo cuando se la quitó se dio cuenta de que era su maestra Asagi.

—Asuka —dijo Asagi con voz firme—. ¿Qué haces aquí? Tenías órdenes de esperarme en la base.

Asuka sonrió a pesar del dolor, levantándose con dificultad.

—Lo siento, maestra… pero no podía dejarte sola.

Asuka cubrió las heridas de sus brazos y se acomodó el hombro, aunque aún sentía mucho dolor. Se mantuvo firme.

En ese momento aparecieron más soldados, seguramente alertados por todo el escándalo. Las dos taimanin se colocaron espalda contra espalda, listas para eliminar a todos estos soldados.

Asagi activó su Koujinka por un instante, ralentizando el tiempo a su alrededor, y cortó a través de los enemigos como si fueran papel. Asuka usó su ciclón para lanzar a los que quedaban contra las paredes, rematándolos con sus cuchillas. En menos de un minuto, el techo quedó cubierto de cadáveres y sangre.

Cuando el último soldado cayó, Asagi jadeó un poco, cansada de todo el esfuerzo que había realizado esa noche.

—Maestra… —dijo Asuka—. ¿Estás bien?

Asagi se acercó y la abrazó brevemente, un gesto raro en ella.

—Estúpida —murmuró—. Podrían haberte matado.

Asuka sonrió débilmente.

—Tenía que encontrarte.

Asagi la soltó y su expresión se volvió seria nuevamente.

—Escúchame con atención. Interrogué a varios soldados antes de llegar aquí. Quien lidera este ataque de Nomad es… Oboro.

Asuka se quedó helada. El nombre golpeó como un puñetazo.

—¿Oboro…? ¿Pero ella…?

—Sí —Asagi asintió, voz grave—. La misma que hace tres años ocasionó la Masacre de Koukawa. Está al mando de una facción de Nomad llamada Las Tropas Ninja de Oboro. Esto es más grande de lo que pensábamos. No solo hay soldados, sino también ninjas luchando en esta ciudad, y creo saber por qué…

Asagi siguió hablando, pero Asuka ya no la escuchaba. Luego de oír el nombre de Oboro, sintió que el mundo se le venía encima. Sus rodillas flaquearon, recordando el trauma de hace tres años. En su mente, las imágenes de la Masacre de Koukawa volvieron a repetirse.

—Maestra… yo… —susurró, con la voz quebrándose.

Los ojos de Asuka se pusieron en blanco y su cuerpo se aflojó, provocando que cayera hacia adelante. Asagi la atrapó antes de que se golpeara y la puso sobre el suelo. De un momento a otro, Asuka se desmayó, preocupando enormemente a Asagi, que no sabía lo que estaba pasando.

—Asuka… —susurró, mirando el rostro pálido de su alumna—. ¿Qué te pasa? ¿Asuka?

Fue en ese momento que Asagi se dio cuenta de su error. Había olvidado por completo que Asuka aún no superaba el trauma que le dejó la Masacre de Koukawa, cuando perdió a toda su familia a manos de su querida tía Oboro.

La intervención de Hito evitó muchas tragedias en el mundo de Taimanin, pero la Masacre de Koukawa no fue una de ellas. Canónicamente, el clan de los Koukawa fue atacado por un escuadrón completo de demonios liderados y enviados por Edwin Black, ocasionando la muerte de todos los miembros del clan a excepción de Asuka y de Oboro, que fue secuestrada y convertida en villana.

Pero en esta línea temporal, algunos eventos se adelantaron. Debido a que los ancianos se negaron a enviar un equipo de rescate al mundo de los demonios, Asagi y sus compañeros fueron a rescatar a Hito por su cuenta. En su camino, Oboro fue capturada y asesinada por Teutates y convertida en uno de sus Caballeros Revenant.

Esto lo supo Hito cuando revivió la memoria de Teutates, al enterarse de que Oboro se infiltró en Nomad como agente doble y que, para demostrar su lealtad, entregó a todo su clan en la Masacre de Koukawa. Si no fuera por la intervención de Asagi y de los Fuma que Hito perdonó, Asuka habría sido asesinada a manos de Oboro.

Este evento trágico marcó a Asagi, culpando a Hito como principal responsable, pero también a los ancianos, quienes, sospechosamente, tomaron más poder en la aldea al punto de lograr la muerte del líder de los Igawa.

—Lo siento, Asuka —dijo, cargándola entre sus brazos—. Pero te prometo que la detendré.

El peso de todo lo que estaba ocurriendo cayó sobre Asagi nuevamente, recordando todo lo que tenía que soportar, las maldiciones sobre Kyousuke y Kosuke que la obligaban a obedecer a los ancianos de la aldea, la negativa de Sakura a regresar con ella, producto de sus decisiones del pasado, el beso con Hammer que aún ardía en sus labios y ahora Oboro, su antigua mejor amiga, reaparecida como enemiga.

Asagi ya no lo soportaba. Odiaba la aldea, odiaba a los ancianos e incluso comenzó a odiar a Kyousuke y Kosuke, pero luego se tranquilizaba y reconsideraba su situación.

—Si los ancianos desaparecieran… tal vez todo cambiaría —dijo, cargando a Asuka con cuidado. Luego miró hacia el horizonte donde el Ultralux seguía ardiendo—. Esto no termina aquí. Ni para mí… ni para ti, hermano. Porque a ti también te odio.

El viento nocturno agitó su cabello mientras se alejaba del caos, llevando a su alumna hacia la base. El precio de seguir las órdenes de los ancianos se volvía cada vez más alto, pero, por primera vez en mucho tiempo, Asagi se permitió dudar de verdad.

Reconsideró su relación con Hito, que solo podía terminar en dos caminos, con su muerte o su reconciliación.

¿Debería escribir capitulos cortos semanales, o largos mensuales?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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