Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 55
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Capítulo 55: Capítulo 55 El despertar de los ojos dorados
El gran salón del palacio del zorro rojo estaba iluminado por lámparas de cristal tallado que colgaban del techo de madera oscura. Las paredes estaban cubiertas con paneles finamente esculpidos donde se representaban antiguas historias de la tribu: cazas legendarias, guerras territoriales y el ascenso de la familia gobernante.
En el centro del salón, sobre un trono elevado de madera negra y adornos dorados, se encontraba sentado el señor de la ciudad.
Hyun Yie.
A su lado, varios consejeros permanecían en silencio.
Frente a él, caminando con pasos elegantes sobre el suelo pulido, avanzaba una hembra.
Cuando Hyun Ryu levantó la mirada para observarla, un leve gesto de disgusto cruzó su rostro.
Sintió náuseas.
—Mi querido hijo —dijo Hyun Yie con una sonrisa satisfecha—. Debes conocer a Bai Sheli… la hembra más hermosa de nuestra ciudad.
La hembra se detuvo junto al trono.
Era, sin duda, hermosa.
Una hembra ciervo sika de figura delicada y elegante. Sus ojos negros eran grandes y brillantes, y su cabello blanco caía suavemente sobre sus hombros como seda.
Vestía una túnica blanca bordada con hilos plateados que resaltaba su figura esbelta y le daba una apariencia casi divina.
Muchos machos en la ciudad habrían perdido la cabeza por ella.
Pero Hyun Ryu no reaccionó.
Su expresión permaneció completamente indiferente.
—Mi señor… mi joven señor… —dijo Bai Sheli inclinándose con elegancia—. Mis saludos a ambos.
Su voz era suave y melodiosa.
Hyun Ryu no se movió.
Ni siquiera parpadeó.
La apariencia de la hembra no le impresionaba en lo más mínimo.
Sí… era hermosa.
Pero Hyun Ryu había visto muchas hembras hermosas.
Y sabía muy bien que una cara bonita no cambiaba el interior de una persona.
Y él conocía muy bien a Bai Sheli.
Demasiado bien.
Sabía que aquella “hermosa hembra” había vendido a su propia hermana menor por celos.
Un recuerdo desagradable cruzó su mente.
Hyun Yie continuó hablando con tono relajado.
—Mi querida Sheli… justo le comentaba a mi hijo que eres la mejor candidata para convertirte en su pareja.
Bai Sheli bajó la mirada con aparente timidez.
Un leve rubor apareció en su rostro.
—Mi señor… yo…
—No necesito que me busquen pareja.
La voz de Hyun Ryu la interrumpió.
Tranquila.
Pero firme.
El silencio cayó en el salón.
Hyun Ryu miró directamente a su padre.
—Como ya le dije antes… soy perfectamente capaz de encontrar una por mis propios medios.
Por un instante, Bai Sheli no pudo ocultar su sorpresa.
Su expresión cambió apenas un segundo.
Incredulidad.
Ella era considerada la hembra más hermosa de la ciudad del zorro rojo.
Además provenía de una familia poderosa.
Su padre era el consejero más cercano al señor de la ciudad.
Para todos era obvio.
La unión entre Hyun Ryu y Bai Sheli era el matrimonio perfecto.
Muchos creían que ya estaba decidido.
Después de todo…
Bai Sheli se había encargado personalmente de eliminar a cualquier posible rival.
Algunas hembras habían desaparecido.
Otras habían terminado en el harén del señor de la ciudad.
Pero aun así…
Hyun Ryu ni siquiera parecía interesado en mirarla.
Bai Sheli apretó los dedos dentro de sus mangas.
Pero sonrió.
—Mi joven señor… —dijo con voz dulce—. Estoy dispuesta a ser su esposa… y aceptar que en el futuro tenga otras hembras si así lo desea.
Hyun Ryu la observó unos segundos.
Luego sonrió.
Una sonrisa hermosa.
Pero fría.
—Señorita Bai Sheli…
Ella sintió que el corazón se aceleraba.
—Simplemente… no me gusta.
El silencio fue absoluto.
Bai Sheli tardó varios segundos en comprender lo que había dicho.
—Pero… mi joven señor —dijo con incredulidad—. ¿Qué otra hembra podría ser mejor para usted?
Hyun Ryu se levantó.
—Padre… si eso es todo, me retiro.
No esperó respuesta.
Simplemente se dio la vuelta y salió del salón.
La sonrisa de Bai Sheli desapareció lentamente.
El ambiente se volvió incómodo.
Hyun Yie observó la escena con calma.
—Veo que tus encantos no funcionan con mi hijo —comentó con diversión.
Bai Sheli bajó la cabeza.
—Mi señor…
Hyun Yie se levantó del trono.
Caminó lentamente hacia ella.
Luego extendió la mano.
Tomó su mentón y levantó su rostro para obligarla a mirarlo.
—Mi pequeña Sheli…
Sus ojos eran oscuros.
—Si no logras que mi hijo te acepte… siempre tendrás un lugar en mi harén.
Bai Sheli sintió un escalofrío.
—O…
La sonrisa del señor de la ciudad se volvió peligrosa.
—Puedes cumplir tu promesa.
Hyun Yie soltó su rostro con brusquedad.
Bai Sheli retrocedió un paso.
El señor de la ciudad salió del salón sin mirar atrás.
Cuando quedó sola, la expresión de Bai Sheli cambió completamente.
Su rostro dulce desapareció.
—Tendré a Hyun Ryu para mí…
Sus ojos brillaron con frialdad.
—Y me desharé de ti también… mi señor.
Hyun Ryu caminaba por los pasillos del palacio con el ceño ligeramente fruncido.
Estaba molesto.
Había esperado muchas cosas de su padre.
Pero esto…
Intentar emparejarlo con Bai Sheli.
Era repugnante.
—Despierta pronto… —murmuró en voz baja.
No especificó a quién se refería.
Pero en su mente había una sola imagen.
Antes de regresar a su habitación, Hyun Ryu decidió lavarse.
Sentía que el aroma del salón se había quedado pegado a su piel.
Después de bañarse, se colocó una túnica blanca ligera.
La tela suave dejaba parte de su pecho descubierto.
Su cabello rojo caía libremente sobre su espalda.
Cuando finalmente regresó a su habitación, Nana lo recibió con su expresión habitual.
—Joven maestro.
Hyun Ryu respondió con un leve gesto.
Luego se sentó en el suelo.
—Kiu.
Un pequeño zorro rojo apareció rápidamente.
Hyun Ryu sonrió ligeramente.
Pasó algunos minutos jugando con él.
Pero entonces su expresión cambió.
Había notado algo.
—Kiu…
El pequeño zorro levantó las orejas.
—Parece que algunas serpientes entraron a nuestro territorio.
Su voz tenía un tono juguetón.
—Mátalas.
Kiu asintió.
En un instante su cuerpo comenzó a cambiar.
Su tamaño creció rápidamente.
Su pelaje se volvió más espeso.
En pocos segundos, el pequeño zorrito se había convertido en un zorro rojo gigante, tan grande como una pantera salvaje.
Kiu gruñó suavemente.
Luego saltó por la ventana y desapareció en la noche.
Hyun Ryu se levantó.
Caminó hacia la gran cama que ocupaba el centro de la habitación.
Allí…
Dormía una hembra.
Hyun Ryu se sentó en el borde.
Con cuidado tomó un mechón de su largo cabello entre los dedos.
—Pequeña hembra…
Su voz era más suave ahora.
—Hoy estoy muy molesto.
La observó en silencio.
—Pero mirarte… calma mi estado de ánimo.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Es tonto… pero creo que me gustas.
Se inclinó ligeramente hacia ella.
—Despierta pronto.
Su voz era casi un susurro.
—Quiero conocerte… y que me conozcas.
Hyun Ryu.
Por un momento pareció olvidar quién era.
Subió lentamente a la cama.
Su rostro quedó a pocos centímetros del de ella.
La observó con atención.
—No debería hacer esto…
Su voz era baja.
—Pero tienes algo que me atrae.
Extendió la mano y apartó un mechón de cabello de su rostro.
—Y hace que deje de ser yo mismo.
En ese momento…
Los dedos de la hembra se movieron ligeramente.
Hyun Ryu no lo notó.
Estaba demasiado concentrado en su rostro.
Se inclinó un poco más.
Estuvo a punto de besarla.
Entonces…
Los ojos de la hembra se abrieron lentamente.
Hyun Ryu se quedó inmóvil.
Completamente sorprendido.
Sus ojos…
Eran dorados.
Un dorado brillante y profundo que él jamás había visto.
Durante varios segundos ninguno se movió.
La hembra parpadeó.
Luego lo miró fijamente.
—Mmm… ¿hola?
Su voz era suave.
Melódica.
Hermosa.
Hyun Ryu tardó varios segundos en reaccionar.
—Ho… hola…
Respondió con un pequeño tartamudeo.
La hembra inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Podrías… alejarte un poco?
Hyun Ryu finalmente se dio cuenta de su posición.
Su rostro estaba demasiado cerca del de ella.
Retrocedió rápidamente.
Por primera vez en mucho tiempo…
El orgulloso joven señor de la ciudad del zorro rojo se sentía completamente avergonzado.
Gracias de corazón, Fellre, por tus piedras de poder y tus palabras tan lindas. Tu apoyo me hace muy feliz y me anima a seguir. ૮₍˶ᵔ ᵕ ᵔ˶ ₎ა
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