Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 83
- Inicio
- Mundo Bestial Las joyas de la Sirena
- Capítulo 83 - Capítulo 83: Capítulo 83 Ecos que no se apagan
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 83: Capítulo 83 Ecos que no se apagan
Merea abrió los ojos de golpe.
Su respiración era irregular, entrecortada, como si hubiera salido de las profundidades demasiado rápido, como si su cuerpo aún no hubiera entendido que ya no estaba ahí. El sudor cubría su piel a pesar del ambiente fresco, y un leve temblor recorría sus brazos, difícil de contener. Por un instante no se movió. Permaneció así, inmóvil, con la mirada fija en el vacío, como si necesitara comprobar dónde estaba… como si temiera que aquello no hubiera terminado.
—Merea.
La voz de Hyun Ryu llegó de inmediato, baja, contenida, pero cargada de una preocupación que no intentaba ocultar. Estaba a su lado, demasiado cerca, observándola con atención, como si hubiera estado esperando ese momento exacto. Como si no se hubiera apartado ni un segundo.
Kiu también estaba ahí, acurrucado junto a ella, con las orejas ligeramente bajas y el cuerpo tenso, inquieto, percibiendo algo que no podía comprender del todo.
—¿Qué pasó? —preguntó Hyun Ryu, inclinándose un poco más hacia ella—. Tu energía… se alteró de golpe.
Merea tardó en responder. Su mano se movió lentamente hacia su pecho, como si aún sintiera ese peso, esa presión que no terminaba de desaparecer, como si algo dentro de ella siguiera atrapado en ese recuerdo.
—Yo… —su voz salió más baja de lo normal— fue un recuerdo…
No dijo más.
No podía.
O tal vez… no quería.
Sus ojos se desviaron un instante, evitando los de él, como si temiera que, si lo miraba demasiado, él pudiera ver más de lo que estaba dispuesta a mostrar.
Hyun Ryu lo notó.
Su expresión se tensó apenas. Su mano se acercó con cuidado, deteniéndose a poca distancia de ella, como si dudara, como si temiera presionar demasiado… hasta que finalmente se apoyó con suavidad sobre su brazo.
—No fue solo un recuerdo —dijo en voz baja.
No era una pregunta.
Era una afirmación.
Porque lo había sentido.
La forma en que su energía había cambiado, la forma en que su núcleo había reaccionado… no era normal. No era algo que pudiera ignorar.
Merea guardó silencio unos segundos, bajando la mirada. Su respiración aún no terminaba de estabilizarse, y aunque intentaba calmarse, algo en su interior seguía inquieto, como una grieta que no terminaba de cerrarse.
—Estoy bien… —murmuró finalmente.
Pero no sonó convincente.
Kiu se movió un poco más cerca, frotándose contra ella con suavidad, buscando tranquilizarla a su manera, como si su pequeño cuerpo pudiera contener algo de esa inquietud.
Hyun Ryu no apartó la mirada.
No le creyó del todo.
Y eso solo hizo que su inquietud aumentara.
—No tienes que ocultarlo —dijo con un tono más bajo, más firme—. Si algo está afectando tu núcleo, necesito saberlo.
No era solo preocupación.
Había tensión en sus palabras.
Ansiedad contenida.
Porque para él… no era algo que pudiera dejar pasar.
Merea levantó la vista finalmente, encontrándose con su mirada. Dudó un instante, como si estuviera decidiendo cuánto decir, cuánto podía decir sin romper algo más.
Pero al final…
Negó levemente.
—Aún no lo entiendo… —admitió en voz baja—. Solo… fue algo que vi.
Eso era cierto.
Pero no era todo.
Hyun Ryu permaneció en silencio, observándola con atención, como si intentara leer más allá de sus palabras. Su mano no se apartó, manteniéndose ahí, firme pero cuidadosa, como si ese simple contacto fuera suficiente para asegurarse de que ella estaba ahí, presente.
No insistió.
Pero tampoco se relajó.
Porque algo no estaba bien.
Y él lo sabía.
Lo sentía.
—Descansa —murmuró finalmente, aunque su tono no perdió esa ligera tensión—. No vuelvas a forzarte.
Merea asintió apenas.
Pero su mente…
Seguía en ese recuerdo.
En ese momento.
En ese rastro de sangre que no podía borrar.
Y aunque ya había despertado…
La sensación no desapareció.
______________
El día del ritual llegó con una actividad inusual en toda la ciudad del zorro. Desde temprano, las calles comenzaron a llenarse de movimiento: mensajeros que iban y venían, sirvientes preparando los salones, y delegaciones de distintas tribus instalándose en las residencias asignadas. No era una reunión cualquiera. Líderes de clanes, representantes de territorios menores y figuras influyentes se reunirían esa noche no solo para el ritual, sino también para reforzar alianzas, negociar acuerdos… y observar.
Porque en ese tipo de encuentros, todo tenía un propósito.
Incluso lo que no se decía.
En la residencia, el ambiente no era menos ocupado.
Nana se movía con rapidez contenida, revisando cada detalle con la precisión que la caracterizaba. Como sacerdotisa del clan Gato de las Nieves, su papel en el ritual no era menor. Ella sería la encargada de preparar el altar del dios bestia, supervisar las ofrendas y asegurarse de que todo se realizara sin errores.
Y Merea estaba con ella.
Mucho más tranquila .
El recuerdo que había alterado su mar espiritual seguía presente, pero ya no sacudía su interior con la misma intensidad. Había logrado estabilizarse. Al menos lo suficiente como para no mostrarlo.
Ahora, su atención estaba en lo que tenía delante.
—Nana, ¿esto va aquí? —preguntó, sosteniendo un pequeño recipiente con cuidado.
—Más a la izquierda —respondió ella sin girarse—. No tan cerca del centro.
Merea corrigió la posición sin quejarse. Sus movimientos eran cuidadosos, precisos, siguiendo cada indicación con atención. Había aprendido rápido.
Y también… quería hacerlo bien.
—Hoy vendrán muchos —añadió Nana después de un momento, revisando los rollos ceremoniales—. No solo líderes grandes. También clanes pequeños que buscan establecer vínculos.
Merea asintió levemente. Ya había escuchado algo de eso. Uniones, acuerdos… incluso vínculos más personales.
No era algo que le interesara demasiado.
Pero entendía que era importante.
Kiu se movía entre ellas con curiosidad, observando todo como si fuera un juego, pero sin alejarse demasiado.
Nana se detuvo de pronto.
Frunció ligeramente el ceño.
—…los inciensos.
Merea alzó la mirada.
—¿Qué pasa?
—Olvidé comprarlos —admitió Nana con un leve suspiro—. Sin eso, el altar no estará completo.
Hubo un pequeño silencio.
Merea miró a Kiu un instante, luego volvió a Nana.
—Puedo ir —dijo con naturalidad.
Nana dudó apenas un segundo.
—No te alejes demasiado —respondió finalmente—. Y vuelve rápido. El tiempo se nos viene encima.
—Sí.
Merea salió sin hacer ruido, con Kiu siguiéndola de inmediato.
A esa hora, el día ya estaba avanzado. La ciudad estaba más activa de lo habitual, pero aún mantenía cierto orden. Se sentía la preparación, la expectativa… algo en el ambiente que anunciaba lo que vendría.
Mientras tanto, Hyun Ryu no estaba en la residencia.
Había salido desde temprano.
Coordinaciones, reuniones, ajustes finales. Como anfitrión indirecto, no podía ignorar esas responsabilidades.
Pero su mente no estaba completamente ahí.
Una parte de él seguía con ella.
En ese momento.
En lo que no le había dicho.
Su expresión se mantenía calmada mientras respondía lo necesario, mientras escuchaba lo justo.
___
Mientras tanto, ajena a todo eso, Merea caminaba por las calles con Kiu a su lado, buscando los inciensos.
Sin saber que ese pequeño desvío…
No era tan insignificante como parecía.
—
Lago caminaba de un lado a otro frente a la entrada principal del territorio, con los brazos cruzados y una expresión que mezclaba impaciencia con resignación.
—Ya debió volver… —murmuró, mirando al horizonte—. Fue a “ayudar”.
Se detuvo.
Pensó un segundo.
Y luego resopló.
—No, mentira. No va a volver pronto.
Se llevó una mano al rostro.
—Seguro ya se desvió.
Porque conocía demasiado bien a su líder.
Frey no era irresponsable… pero tenía una tendencia muy clara a tomar “pequeños desvíos” cuando algo le parecía más interesante.
Y eso casi siempre pasaba.
Lago entrecerró los ojos.
—Apuesto lo que sea a que ahora mismo está en otro lugar, divirtiéndose, mientras yo estoy aquí haciendo su trabajo…
Pausa.
—…otra vez.
Y aun así, no se movió.
Porque alguien tenía que ser responsable.
—
Mientras tanto, muy lejos de ahí…
En la ciudad del zorro—
Frey caminaba con total tranquilidad, completamente relajado.
—Mmm… sí, valió la pena el desvío…
Sin prisa.
Sin culpa.
Después de todo…
Lago estaba a cargo.
Y eso, para él, lo solucionaba todo.
Tu regalo es la motivación para mi creación. ¡Dame más motivación!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com