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Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 91

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Capítulo 91: Capítulo 91 Ecos Bajo la Luna

Merea observaba la plataforma con genuina fascinación.

Hasta ese momento, había leído sobre las distintas costumbres de las tribus, escuchado historias y visto pequeñas demostraciones aisladas, pero aquello era completamente diferente. Presenciarlo en persona le permitía comprender la verdadera riqueza cultural de los hombres bestia.

La apertura estuvo a cargo de una hermosa hembra del clan zorro, cuya danza inicial sirvió como bienvenida para todos los presentes. Sus movimientos fueron elegantes y precisos, acompañados por el suave tintinear de adornos de plata que decoraban sus muñecas y tobillos. Su actuación arrancó aplausos inmediatos, marcando el inicio de la celebración.

Merea la observó con admiración.

—Es increíble.

—Solo es la apertura —comentó Hyun Ryu con una leve sonrisa—. Aún no has visto nada.

Y tenía razón.

La primera gran presentación estuvo a cargo de la tribu del pavo real.

Varios machos avanzaron hacia el centro con movimientos elegantes y perfectamente sincronizados. Sus enormes colas se desplegaron en abanicos brillantes, reflejando la luz en tonos verdes, azules y dorados. Cada giro parecía cuidadosamente calculado, cada paso seguía el ritmo de la música con una precisión hipnótica.

Merea no pudo evitar inclinarse ligeramente hacia adelante.

—Son increíbles…

Hyun Ryu sonrió al notar el brillo en sus ojos.

—Les gusta presumir. Mientras más espectacular sea la danza, mejor.

Merea soltó una pequeña risa.

—Entonces están teniendo mucho éxito.

La siguiente actuación fue de una tribu aviar. Sus voces se elevaron en una armonía tan pura que el bullicio del recinto desapareció por completo. Las notas fluían con una naturalidad casi irreal, como si el viento mismo cantara junto a ellos.

Merea sintió un ligero escalofrío recorrerle los brazos.

—Es hermoso…

—Los hombres bestia ave tienen un talento natural para la música —explicó Hyun Ryu, inclinándose apenas hacia ella para que pudiera escucharlo entre los aplausos.

Su cercanía ya no le resultaba extraña. De hecho, comenzaba a parecerle natural.

Después llegaron los miembros de la tribu de los ciervos, quienes interpretaron una danza ceremonial acompañada de flautas de madera y tambores suaves. Sus movimientos eran fluidos, casi etéreos, evocando la serenidad de los bosques.

Luego fue el turno de la tribu de los lobos, cuya presentación combinó cantos profundos con una coreografía vigorosa que arrancó vítores y aplausos del público.

Merea observaba todo con absoluta atención, absorbiendo cada detalle.

Sus ojos brillaban con curiosidad, moviéndose de un espectáculo al siguiente.

Hyun Ryu, en cambio, alternaba entre la plataforma y ella.

Le gustaba verla así.

Tan concentrada, tan fascinada por algo nuevo.

Aunque no tardó en notar algo más.

Varias miradas comenzaban a dirigirse hacia Merea.

Algunas discretas.

Otras no tanto.

Interés, admiración, curiosidad.

Nada que le sorprendiera realmente.

Después de todo, Merea destacaba incluso en un lugar repleto de figuras extraordinarias.

Sus ojos se entrecerraron apenas al detectar a un joven halcón que observaba más de la cuenta.

Con absoluta naturalidad, Hyun Ryu deslizó su brazo por el respaldo detrás de Merea, acortando la distancia entre ambos.

No fue un gesto exagerado.

Pero sí lo bastante claro.

Una declaración silenciosa.

Las miradas más insistentes se apartaron con rapidez.

Merea, completamente ajena a ello, seguía observando la plataforma.

—Nunca imaginé algo así —dijo con sinceridad.

Hyun Ryu la miró de reojo.

—¿Te gusta?

Ella asintió sin vacilar.

—Mucho. Cada tribu tiene algo único.

Sus labios se curvaron suavemente.

—Entonces te gustará la última presentación.

Merea giró apenas el rostro hacia él.

—¿Cuál es?

La sonrisa de Hyun Ryu adquirió un matiz divertido.

—La tribu de los cisnes siempre cierra las actuaciones previas al banquete.

Como si sus palabras hubieran sido una señal, la música cambió.

Las primeras notas fueron suaves, delicadas, casi etéreas.

Varias hembras cisne ascendieron a la plataforma con una gracia impecable. Sus largos vestidos blancos se movían como agua alrededor de sus cuerpos. Cada paso, cada giro, parecía formar parte de una corriente invisible que las guiaba.

Sus movimientos eran armoniosos, elegantes, hipnóticos.

Merea quedó cautivada desde el primer instante.

—Son hermosas…

—Lo son.

Hyun Ryu mantuvo la mirada en la plataforma durante unos segundos antes de volverla hacia ella.

Y, como ya le resultaba inevitable, pensó lo mismo que tantas veces desde que la había conocido.

Ninguna de ellas se comparaba.

Ni de lejos.

Mientras las luces danzaban sobre el escenario y la música llenaba el aire, Merea continuó disfrutando de cada actuación con una emoción sincera.

Y Hyun Ryu descubrió, una vez más, que el espectáculo que más le interesaba observar no estaba sobre la plataforma, sino justo a su lado.

La última nota de la presentación se desvaneció lentamente en el aire, arrancando una nueva ronda de aplausos entre los asistentes. Las bailarinas de la tribu de los cisnes hicieron una elegante reverencia antes de retirarse de la plataforma, sus movimientos tan fluidos como el agua.

Merea observó cómo abandonaban el escenario con una admiración imposible de ocultar.

—Son realmente impresionantes.

—Los cisnes siempre destacan en este tipo de eventos —respondió Hyun Ryu—. Su gracia es difícil de igualar.

Poco a poco, la música ceremonial fue transformándose en melodías más ligeras y animadas. La atmósfera solemne del ritual terminó de disiparse, dando paso a un ambiente mucho más relajado.

Varios hombres bestia de la tribu del zorro, pertenecientes a distintas ramas y linajes, comenzaron a moverse entre los asistentes con eficiencia y cortesía. Algunos guiaban a los invitados, mientras otros ofrecían indicaciones a quienes visitaban la ciudad por primera vez.

—Parece que la parte formal ha terminado —murmuró Merea.

—Ahora empieza la verdadera reunión.

Con una inclinación respetuosa, uno de los anfitriones se acercó a ellos.

—Joven amo, Lady Merea, Sacerdotisa. El banquete ya está dispuesto.

Hyun Ryu asintió.

—Gracias.

El hombre retrocedió de inmediato, permitiéndoles avanzar.

A su alrededor, los invitados comenzaron a dirigirse hacia el gran salón interior, donde se servirían los platillos, el vino y los licores preparados especialmente para la ocasión. Las conversaciones se reanudaban con entusiasmo, y las primeras interacciones sociales ya comenzaban a florecer entre risas, saludos y discretas evaluaciones.

Merea avanzó junto a Hyun Ryu, observando el elegante flujo de personas.

El ambiente había cambiado por completo.

Menos ceremonial.

—Así que aquí es donde realmente comienzan las negociaciones —comentó con curiosidad.

Hyun Ryu soltó una leve risa.

—Negociaciones, alianzas, amistades… y una cantidad considerable de chismes.

Merea lo miró divertida.

—Eso último suena peligroso.

—Lo es —admitió él, acercándose apenas—. Por eso tendrás que quedarte cerca de mí.

El tono juguetón de su voz arrancó una pequeña sonrisa de sus labios.

Sin embargo, antes de que pudieran avanzar mucho más, Nana se detuvo.

La sacerdotisa los observó con una expresión dulce, casi divertida.

—Ustedes dos deberían cambiarse. He mandado preparar atuendos apropiados para la celebración.

Merea parpadeó.

Hyun Ryu abrió la boca para responder, pero Nana levantó una mano antes de que cualquiera de los dos pudiera protestar.

—No aceptaré negativas.

Su tono seguía siendo amable, pero dejaba claro que no era una sugerencia.

Un joven hombre bestia zorro se acercó de inmediato y realizó una profunda reverencia.

—Por aquí, por favor.

Hyun Ryu intercambió una mirada con Merea.

Ella apenas contuvo una sonrisa.

—Parece que no tenemos elección.

—Nunca la tenemos con Nana —respondió él con resignación divertida.

Fueron guiados por un corredor lateral, alejándose del flujo principal de invitados. El camino los condujo a una elegante sala privada.

Allí, varias hembras bestia ya aguardaban.

En cuanto Merea entró, se inclinaron respetuosamente.

—Lady Merea.

Hyun Ryu arqueó una ceja.

—Supongo que aquí nos separamos.

—Parece que sí.

Sus miradas se encontraron durante un instante más largo de lo necesario.

Luego, una de las asistentes condujo a Hyun Ryu hacia una habitación contigua.

Merea fue llevada a un amplio salón decorado con biombos de seda, espejos tallados y delicados arreglos florales.

Sobre una mesa central descansaba el atuendo preparado para ella.

Era exquisito.

Una túnica larga de seda negra, suave como el agua, adornada con intrincados bordados en hilo plateado y turquesa que recorrían las mangas y el borde de la falda como corrientes marinas. La tela abrazaba su figura con elegancia, mientras una capa ligera y translúcida caía desde sus hombros, reflejando la luz con destellos azulados.

El conjunto estaba acompañado por delicados adornos de plata y turquesa para su cabello.

—Es precioso —murmuró.

Las asistentes sonrieron.

Mientras tanto, en la habitación vecina, Hyun Ryu observaba su propio atuendo.

Una túnica formal de color rojo profundo, bordada con hilos negros y plateados que realzaban su porte. Los detalles en las mangas y el cuello evocaban llamas danzantes, complementando perfectamente el color rubí de sus ojos y su cabello.

La prenda estaba diseñada para armonizar con la de Merea.

No era una coincidencia.

Y eso le provocó una sonrisa inevitable.

Algún tiempo después, ambos salieron casi al mismo tiempo.

Merea fue la primera en levantar la vista.

Y se quedó quieta.

Hyun Ryu lucía imponente.

La túnica roja resaltaba sus rasgos afilados, el brillo de sus ojos y la intensidad natural de su presencia.

Por su parte, Hyun Ryu simplemente la contempló.

La seda negra contrastaba maravillosamente con su piel clara. Sus ojos turquesa brillaban bajo la luz de las lámparas, y los adornos plateados en su cabello realzaban aún más su belleza.

Durante unos segundos, ninguno habló.

No hizo falta.

Finalmente, Hyun Ryu rompió el silencio.

—Nana tiene muy buen gusto.

Merea sonrió.

—Parece que sí.

Él extendió la mano hacia ella.

—¿Vamos?

Merea colocó su mano en la suya.

—Vamos.

Y juntos regresaron al gran salón, donde la verdadera noche apenas estaba comenzando.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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