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Mundo Bestial Las joyas de la Sirena - Capítulo 90

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Capítulo 90: Capítulo 90 Miradas y lo que sigue

El ritmo de los tambores se asentó con una fuerza constante y profunda hasta que el murmullo del recinto terminó por apagarse casi por completo. Las conversaciones se cortaron a medias, como si nadie quisiera ser el último en callar, y las miradas se redirigieron sin necesidad de indicaciones hacia el altar, donde la atención se concentró de manera natural.

La sacerdotisa dio un paso al frente.

Su presencia era conocida y respetada; no necesitaba imponerse para ser escuchada. Cuando comenzó a recitar en la lengua antigua, el ambiente cambió de inmediato, volviéndose más denso, más contenido, como si cada palabra tuviera un peso propio que obligaba a todos a mantenerse atentos.

Pero no fue solo ella quien captó la atención.

A su lado estaba Merea.

Su cabello negro caía con suavidad sobre su espalda, contrastando con la claridad de su piel, y sus ojos turquesa, tranquilos y enfocados, reflejaban la luz tenue del lugar con una intensidad que no pasaba desapercibida. No llevaba adornos excesivos ni nada que buscara destacar de forma evidente, y aun así… lo hacía.

Las miradas comenzaron a acumularse sin disimulo.

En la zona elevada, Hyun Yie dejó de observar el conjunto del recinto para fijarse en un solo punto. El cambio no fue brusco, pero sí definitivo. Sus ojos se posaron en Merea con un interés que no intentó ocultar. No preguntó quién era ni buscó confirmación de nadie; primero la evaluó, como hacía con todo aquello que consideraba digno de su atención. Observó su postura, la manera en que se mantenía junto a la sacerdotisa sin invadir ni quedarse atrás, la forma en que encajaba en el ritual sin parecer forzada.

Luego su mirada descendió a detalles más simples.

A su rostro.

A su presencia como mujer.

El leve gesto en su expresión fue mínimo, pero real.

Interés.

Talvez no superficial ni pasajero.

De ese tipo que no desaparece con facilidad.

Apoyó el mentón en su mano, sin apartar la mirada.

—…interesante —murmuró apenas.

No dijo nada más, pero tampoco lo necesitaba. En alguien como él, ese tipo de atención ya marcaba una intención.

Unos asientos más allá, Bai Sheli también había fijado su atención en el altar, y en cuanto la vio, su expresión cambió lo suficiente como para no pasar desapercibida para quien supiera observarla. La reconoció de inmediato. No necesitó tiempo para hacerlo.

Sus dedos se tensaron apenas sobre la tela de su vestido mientras sus ojos se estrechaban con una frialdad contenida.

No era sorpresa.

Era rechazo.

—…ella —murmuró en voz baja.

Su sonrisa se mantuvo, pero dejó de ser natural. Se volvió más rígida, más medida, como si cada gesto estuviera calculado para no dejar ver lo que realmente sentía. Había intentado eliminarla antes, había intentado asegurarse de que desapareciera, y aun así… ahí estaba, de pie, visible, atrayendo atención sin esfuerzo.

Y eso fue lo que terminó de incomodarla.

Porque las miradas que antes recaían sobre ella comenzaron a moverse.

No todas.

Pero sí las suficientes.

Hombres bestia que la habían estado observando con interés desviaron su atención hacia el altar… hacia Merea.

—Qué oportuno… —susurró, manteniendo la compostura.

No apartó la mirada de inmediato, pero tampoco la sostuvo demasiado tiempo. No iba a mostrar más de lo necesario, no allí.

En otra sección, Frey se había recostado con naturalidad en su asiento, manteniendo ese aire relajado que parecía no cambiar incluso en situaciones formales. Su atención había estado dispersa al inicio, moviéndose entre el ambiente, la gente y el propio evento… hasta que la vio.

No fue una sorpresa completa.

Pero tampoco lo dejó indiferente.

Sus ojos se afinaron apenas y una leve sonrisa apareció en su rostro.

—Vaya… —murmuró.

Era la misma.

La joven que había visto antes.

La que había caído en sus brazos.

La que había estado con Hyun Ryu.

Y aun así… ahí estaba, acompañando a la sacerdotisa con una naturalidad que no encajaba con una simple coincidencia.

Frey no apartó la mirada.

La observó con más atención, comparando lo que recordaba con lo que tenía frente a él ahora.

Y, lejos de disminuir…

Su interés creció.

—…sí que no eras cualquiera —añadió en voz baja.

Kei, a su lado, siguió su mirada por inercia. Observó unos segundos antes de responder.

—Es bonita .

Su tono fue neutral, directo, sin carga adicional.

Frey soltó una leve risa.

—Eso es quedarse corto.

Kei negó apenas con la cabeza, volviendo la vista al frente.

—No es asunto mío.

Y lo decía en serio. Podía reconocer la belleza, pero no se detenía en ella. Tenía sus propios límites, y no los cruzaba por simple curiosidad.

Frey, en cambio, no tenía ese tipo de restricción.

—Esto se pone mejor… —murmuró, sin apartar la vista.

En el centro, la voz de la sacerdotisa continuaba, marcando el cierre del ritual con la misma firmeza con la que lo había iniciado. El ambiente se mantuvo solemne hasta el último momento, hasta que el último eco de los tambores se desvaneció y la tensión acumulada comenzó a disiparse poco a poco.

El ritual había terminado.

La sacerdotisa descendió del altar con pasos tranquilos, seguros, y Merea la siguió a corta distancia. Su mente aún procesaba lo ocurrido, los fragmentos de memoria que intentaban tomar forma, las sensaciones que no terminaban de ordenarse del todo. Pero no se sentía perdida.

Porque había algo más claro.

Más cercano.

Hyun Ryu.

Cuando alcanzaron el último tramo, él ya estaba allí. No se movió apresurado, ni llamó la atención, pero era evidente que había estado esperando. Primero ayudó a la Nana con respeto, ofreciéndole apoyo sin exagerar el gesto, asegurándose de que descendiera con estabilidad.

—Con cuidado, Nana—dijo con calma.

Luego su atención cambió.

Se dirigió a Merea.

No hubo prisa.

Solo ese breve espacio donde sus miradas coincidieron.

Cuando ella dio el último paso, él sostuvo su mano con firmeza. No era necesario, pero tampoco era un gesto vacío. Sus dedos permanecieron unidos un instante más de lo que requería la situación, y en ese pequeño detalle se sostuvo algo más.

Una sonrisa leve apareció en Merea.

Hyun Ryu respondió de la misma forma.

Sin palabras.

No hacían falta.

Al soltarla, su mano se deslizó apenas hacia su espalda baja, guiándola con naturalidad mientras comenzaban a avanzar. No era posesivo, pero tampoco distante. Era cercano de una forma que ya no parecía nueva entre ellos.

Nana caminó delante, sin intervenir, permitiendo ese espacio sin necesidad de marcarlo. Feliz en su interior por el avance de los pequeños .

Cuando llegaron a sus asientos, Hyun Ryu acomodó primero el lugar de Nana con la misma consideración de antes.

—Desde aquí tendrán mejor vista.

Luego miró a Merea, señalando su asiento de forma sutil.

Ella se sentó sin incomodidad.

Él tomó lugar a su lado.

El ambiente comenzaba a transformarse. La solemnidad daba paso a algo más ligero, más social, mientras las delegaciones se preparaban para las demostraciones y la bienvenida formal.

Merea giró ligeramente hacia él.

—¿Siempre es así después del ritual?

Hyun Ryu inclinó apenas la cabeza.

—Depende de quién esté presente… y de lo que quieran mostrar.

—¿Hoy quieren impresionar? —preguntó ella con una leve curiosidad.

—Hoy quieren ser recordados —respondió él, con un matiz tranquilo.

Merea dejó escapar una pequeña exhalación, observando el lugar.

—Tiene sentido.

Hubo un breve silencio, cómodo.

—¿Te incomoda? —preguntó Hyun Ryu, bajando un poco la voz.

Merea negó suavemente.

—No… es diferente. Pero no es desagradable.

Él asintió, aceptando la respuesta sin presionarla.

Su brazo descansó en el respaldo detrás de ella, lo bastante cerca como para acortar la distancia sin invadirla.

Merea no se apartó.

Al contrario, su postura se inclinó apenas hacia él, lo suficiente para que el gesto no pasara desapercibido.

—Me gusta más así —murmuró.

—¿Así cómo? —preguntó él, con una leve intención de broma.

Ella no lo miró directamente.

—Más tranquilo… aunque haya gente.

Hyun Ryu la observó un segundo más, y su expresión se suavizó apenas.

—Entonces quédate aquí.

No fue una orden.

Fue una invitación.

En ese momento, la atención del recinto cambió nuevamente cuando varias figuras comenzaron a moverse hacia la plataforma central. La música volvió, distinta esta vez, más rítmica, más pensada para entretener.

Una joven bestia zorro apareció en escena, moviéndose con gracia y precisión. Su danza era elegante, llamativa, diseñada para captar miradas y mantenerlas. Su vestimenta acompañaba cada giro, cada paso, resaltando su figura y su presencia.

Los espectadores reaccionaron.

Algunos con interés.

Otros con aprobación.

Era una presentación bien ejecutada.

Pero no todos estaban igual de atentos.

Porque incluso con el espectáculo en marcha…

Había quienes seguían mirando en otra dirección.

Y entre ellos, sin necesidad de palabras ni gestos evidentes…

La cercanía entre Merea y Hyun Ryu no pasaba desapercibida.

—

Gracias por acompañarme en esta historia

Cada lectura, comentario y regalo significa mucho más de lo que imaginan.

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Nos vemos en el siguiente

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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