N.T.R. RWBY - Capítulo 15
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Capítulo 15: Nora Valkyrie
Nora Valkyrie siempre había sido una cazadora llena de energía, una chispa en la oscuridad que iluminaba los rincones más sombríos con su risa contagiosa y su actitud juguetona. Su sonrisa era tan brillante como sus puños, siempre lista para darlo todo en el campo de batalla. Pero detrás de esa fachada alegre, una tormenta interna comenzaba a gestarse. A pesar de su actitud despreocupada, las presiones del día a día comenzaban a desgastarla.
Su vida como cazadora no era fácil, y menos con los problemas que comenzaban a acumularse. El primero de todos: los contratos. Nora había caído en una rutina peligrosa. Sus bromas y su personalidad juguetona, en lugar de atraer a clientes, parecían espantar a los posibles clientes. En una industria como la de los cazadores, la profesionalidad era clave, y Nora nunca había sido conocida por ser la más seria o responsable cuando se trataba de negocios. Su tendencia a ser impredecible y desinhibida le había ganado más de un rechazo, y eso le costaba caro.
A pesar de ser una de las cazadoras más talentosas de su generación, el dinero no llegaba fácilmente. Además, su compañero de vida, Jaune Arc, no ayudaba mucho a la situación. Aquel joven, que había sido su apoyo emocional en los momentos difíciles, parecía no entender la seriedad de la situación. Jaune no solo carecía de experiencia, sino que su naturaleza impulsiva y su necesidad de ganarse el cariño de los demás lo llevaban a gastar más de lo que tenía. En un giro irónico del destino, Jaune, que había crecido con la idea de ser el héroe, no podía ni siquiera mantener sus finanzas en orden.
Una de las cosas que más frustraba a Nora era ver cómo Jaune enviaba grandes cantidades de dinero a Pyrrha Nikos. Desde que la relación entre Pyrrha y Jaune terminó en Beacon debido a una traición que Jaune nunca había podido perdonar, él había hecho todo lo posible por recuperarla. En lugar de centrarse en sus propios problemas o en la relación con Nora, Jaune había caído en la espiral de enviar regalos caros y dinero a Pyrrha, esperando que algún día ella lo perdonara y volviera a su lado. Esto no solo había afectado su relación con Nora, sino que también lo había dejado sin recursos. Jaune perdía apuestas tras apuestas, sin control sobre sus impulsos, y todo eso recaía en Nora.
A menudo, Nora se encontraba sola con su cansancio, mirando los recibos de los gastos que Jaune había hecho, sin poder entender cómo alguien tan tonto en el campo de batalla podía ser tan ciego en cuestiones tan simples como el dinero. Pero lo peor de todo era que ella no sabía cómo hablar de esto con él. Las conversaciones sobre dinero siempre terminaban en discusiones, y ella temía que, si le decía lo que realmente pensaba, perdería lo único que tenía: una relación que no sabía cómo definir, pero que no quería dejar ir.
Nora aceptó estar con Jaune en parte por su compañía, pero principalmente porque no quería quedarse sola. Sabía que ningún otro chico estaría dispuesto a soportar sus travesuras, su naturaleza explosiva y su falta de control sobre sus emociones. Jaune, aunque imperfecto y a veces inmaduro, le ofreció la posibilidad de tener a alguien a su lado. Pero, con el tiempo, esa relación se fue convirtiendo en una carga, una carga que Nora no sabía si podría seguir cargando.
“¿Qué más puedo hacer?” se preguntaba cada noche, mientras repasaba las cuentas. La frustración la consumía, y la sonrisa que había sido su escudo comenzaba a desvanecerse lentamente. Sabía que Jaune la amaba, de eso no cabía duda, pero ¿era eso suficiente para seguir adelante?
A menudo se encontraba mirando a los demás cazadores, aquellos que se mantenían firmes en sus objetivos y que trabajaban juntos como un equipo bien aceitado. La envidia se apoderaba de ella, al ver la claridad y la dirección con la que otros cazadores vivían, mientras ella luchaba por encontrar el equilibrio entre sus propios deseos y las expectativas que tenía para su vida.
Al final, lo que más le dolía no era la falta de dinero, ni las apuestas perdidas de Jaune, sino la sensación de estar atrapada en una relación que ya no le ofrecía lo que había esperado. Jaune, con su bondad y sus fallos, nunca había sido realmente lo que ella necesitaba. Y, lo peor de todo, era que Nora temía que si alguna vez se atrevía a confrontarlo, perdería todo lo que quedaba. Así que, por ahora, ella seguía con su sonrisa falsa, llevando el peso de una relación que no tenía futuro, pero que, de alguna forma, se aferraba a ella, como un reflejo de la inseguridad que sentía dentro de sí misma.
Las cosas no iban a mejorar por sí solas, y Nora lo sabía. Pero no sabía qué más hacer para salir de esa espiral.
Nora caminaba por las calles de Vale, su estómago gruñendo en protestas por el hambre que sentía. Había estado varios días sin poder comer bien, ya que su dinero se había ido en un intento fallido por mantenerse a flote, pagando la renta de su pequeño apartamento y cubriendo los gastos derivados de su vida como cazadora. A pesar de sus intentos por mantener una actitud positiva, la realidad comenzaba a pesarle más de lo que podía soportar.
Mientras caminaba absorta en sus pensamientos, se dio cuenta de que estaba pasando por la zona de la academia. El aire fresco y el bullicio habitual la hicieron sentirse aún más pequeña, como si los recuerdos de la época en que todo parecía más fácil, más divertido, comenzaran a invadirla. Todo se sentía distante, como una vida que ya no era la suya. Fue entonces cuando la vio: Pyrrha Nikos.
La ex-cazadora de Beacon estaba parada cerca de una tienda de lujo, ajustándose la chaqueta que llevaba, una prenda cara que parecía brillar bajo el sol. Su sonrisa era radiante, mucho más brillante de lo que Nora recordaba. Parecía ser la imagen misma del éxito, con la elegancia que siempre la había caracterizado, pero ahora con un aire de sofisticación que Nora nunca había visto en ella. Su presencia era tan imponente que Nora se sintió casi invisible a su lado.
“¡Pyrrha!” gritó Nora, acercándose a ella rápidamente. La mirada de Pyrrha se desvió hacia su amiga, y su sonrisa se suavizó, aunque con una pizca de sorpresa.
“Nora… Qué sorpresa verte aquí,” dijo Pyrrha, aunque su tono sonaba más a una formalidad que a una expresión genuina de afecto.
Nora sintió un nudo en el estómago. A pesar de sus esfuerzos por sonreír, una sensación de inseguridad comenzó a calar en ella. “¿Cuánto tiempo ha pasado?” preguntó, aunque la respuesta ya estaba clara en su corazón. Había sido demasiado tiempo desde que se vieron por última vez, y desde entonces, sus caminos habían tomado rumbos muy diferentes.
“Vaya, no sé, meses tal vez… Un año tal vez. La vida ha sido interesante,” respondió Pyrrha, sin perder esa sonrisa perfecta que hacía que Nora se sintiera aún más fuera de lugar. “He estado bastante ocupada… nuevas oportunidades, ya sabes, cosas que me mantuvieron ocupada. Pero no te preocupes por eso, ¿cómo te ha ido a ti?”
Nora vaciló antes de responder. En su mente, los recuerdos de las peleas con Jaune, las dificultades financieras y la lucha constante por mantener la cabeza sobre el agua la asaltaron. “Pues… no tan bien. Los contratos no llegan, y Jaune… bueno, Jaune es Jaune. Ni siquiera puede mantener un poco de dinero para nosotros. Estoy a punto de perder todo.” Nora se detuvo por un momento, sintiendo cómo las palabras, cargadas de frustración y tristeza, le salían sin querer. “Me siento como si estuviera atrapada, Pyrrha. ¿Sabes? Siempre he intentado mantener el espíritu, pero… las cosas se están poniendo difíciles.”
El brillo de la sonrisa de Pyrrha nunca desapareció, pero Nora pudo ver que sus ojos se volvieron ligeramente más atentos, como si ahora, por primera vez, prestara verdadera atención a lo que Nora estaba diciendo. Pyrrha dio un paso hacia ella, inclinando ligeramente la cabeza, como si la estuviera analizando, evaluando la situación.
“Lo siento mucho por eso, Nora,” dijo Pyrrha, en un tono mucho más suave. “No quiero que te sientas así.”
Nora apenas pudo contener una sonrisa triste, agradecida por el gesto, pero sabiendo que las palabras de Pyrrha no cambiarían su realidad. “Lo sé. Es solo que… a veces siento que estoy dando todo lo que tengo y no hay forma de salir.”
Justo en ese momento, algo en los ojos de Pyrrha brilló con una intensidad inusual. Nora no pudo evitar notar cómo sus ojos se iluminaban, como si algo estuviera ocurriendo en su mente, un cambio repentino.
“Tal vez te pueda ayudar,” dijo Pyrrha, sus palabras tomando un tono misterioso, casi como si estuviera guardando un secreto. Nora frunció el ceño, sorprendida, y la tensión en el aire se hizo palpable. “Conozco a alguien que podría estar buscando a alguien como tú. Un contratista que paga muy bien, solo por hacer un trabajo muy sencillo.”
“¿De verdad?” Nora no pudo evitar que su voz sonara un poco más emocionada. “¿Quién es? ¿Qué trabajo?”
Pyrrha miró a su alrededor, asegurándose de que no había nadie escuchando, y luego, en un susurro bajo, dijo con un brillo extraño en la mirada: “Se llama Howard P. Lovecraft.”
El nombre resonó en la mente de Nora como un eco de algo distante y desconocido, algo que no lograba comprender del todo. “¿Howard P. Lovecraft?” repitió Nora, sin saber si se trataba de un juego o de algo serio.
“Sí,” continuó Pyrrha, sonriendo, pero con un dejo de oscuridad en su voz. “Es un contratista… muy peculiar. No hace preguntas y paga muy bien. Pero el trabajo que tiene en mente es… complicado. No es para cualquiera, Nora.”
La expresión de Pyrrha se volvió más seria, y Nora comenzó a sentir que se encontraba al borde de algo que podría cambiar su vida, aunque no sabía si en una dirección buena o mala.
“¿Complicado? ¿Qué tipo de trabajo es?” preguntó Nora, sus ojos brillando de curiosidad. “¿Te lo está pidiendo a ti? ¿Tú trabajas con él?”
“No… no exactamente,” respondió Pyrrha, mirando hacia el suelo por un momento antes de volver a mirarla. “Solo le hice unos trabajos~. Pero es el tipo de oportunidad que podría cambiar todo para ti. Si estás dispuesta a tomar el riesgo.”
Nora sintió un escalofrío recorrer su espalda. Algo en la manera en que Pyrrha hablaba, con tanto misterio, le hacía sentir que no sabía en qué se estaba metiendo. Pero, a la vez, la promesa de algo mejor, la posibilidad de una salida, la tentación de dejar atrás todo el peso que llevaba, la hacía sentir una chispa de esperanza.
“¿Dónde lo encuentro?” preguntó, ya sin poder ocultar su entusiasmo. Si Howard P. Lovecraft tenía la solución a sus problemas, estaba dispuesta a arriesgarse.
Pyrrha sonrió, un poco más fría ahora. “Te lo diré, pero solo si estás segura. El trabajo no es algo sencillo, Nora. Y una vez que entres, no hay vuelta atrás.”
Nora asintió, sin dudar. “Lo que sea, Pyrrha. Estoy lista.”
Y así, la promesa de una oportunidad peligrosa se cernió sobre Nora, como una sombra que la empujaba hacia un futuro incierto y, posiblemente, oscuro.
La mansión se alzaba como un relicario de tiempos antiguos, elegante y pulcra, pero con un aire de distorsión que Nora no podía terminar de identificar. Aunque por fuera parecía una residencia normal, el ambiente se sentía… diferente.
“Recuerda, Nora,” murmuró Pyrrha, deteniéndose frente a la gran puerta de madera tallada. “Compórtate. No hagas escándalos, ni comentarios tontos. Este trabajo puede cambiar tu vida, pero él no tolera estupideces.”
Nora alzó una ceja, cruzándose de brazos con su habitual desparpajo. “Sí, sí, señorita Nikos. Nada de gritar, romper cosas o reventar cabezas con mi martillo. Lo tengo clarísimo.” Su voz era más sarcástica que seria, pero al ver la expresión severa de Pyrrha, se forzó a suspirar. “Vale… me portar—”
Antes de terminar la frase, ambas se sobresaltaron al escuchar ruidos extraños desde la oficina. No eran simples voces, sino jadeos, susurros, una risa baja, y un golpe suave como si alguien se hubiera estrellado contra un mueble. Ambas retrocedieron un poco por instinto, y justo en ese momento, la puerta se abrió de par en par.
Yang Xiao Long salió cojeando, su chaqueta dorada colgando apenas de un brazo y su cabello usualmente radiante, ahora enredado y húmedo de sudor. Su rostro tenía una expresión de satisfacción mal disimulada, como si acabara de ganar una pelea… o algo mucho más íntimo.
“Ah… Pyrrha. Nora.” saludó Yang, sonrojada y sin aliento. “Creo que volveré… luego. Muy luego.”
Nora parpadeó sin entender. “¿Qué rayos—?”
“¡Nada! ¡Nada que les concierna!” Yang se giró rápidamente, tambaleándose sobre sus tacones mientras huía pasillo abajo. Las risas amortiguadas por las paredes parecían seguirla, y una energía… distinta, se quedó flotando en el aire.
Pyrrha y Nora se miraron por un segundo. La primera soltó una risa nasal casi imperceptible, y la segunda simplemente alzó una ceja, claramente desconcertada. Sin más preámbulos, Pyrrha empujó la puerta y ambas entraron.
La oficina era grande, decorada con un gusto tan refinado como arcaico. Libros encuadernados en piel descansaban en estanterías que se extendían hasta el techo, mientras símbolos tallados en idiomas desconocidos adornaban los marcos de las ventanas. Una lámpara de cristal colgaba del techo, pero en lugar de emitir una luz cálida, brillaba con una tonalidad suave, azulada, casi lunar. En el centro, tras un escritorio tallado en madera oscura y con vetas rojas, estaba él.
Howard P. Lovecraft.
Estaba terminando de abotonarse una camisa blanca impecable, sus dedos largos y pálidos moviéndose con precisión El primer botón ya estaba cerrado cuando levantó la vista… y las miró.
Ambas se quedaron en silencio.
Howard era la clase de hombre que parecía sacado de un libro, pero no de un cuento de hadas: de una tragedia romántica escrita por un autor enfermo de belleza. Su cabello negro, perfectamente peinado hacia atrás, caía justo hasta los hombros, con mechones que brillaban como obsidiana bajo la luz de la lámpara. Su piel era clara como el mármol, pero no frágil: tenía la solidez del acero recubierto de porcelana. Cada músculo bajo su camisa se insinuaba con el movimiento, moldeado por una elegancia que desafiaba lo humano.
Y sus ojos… jade. No había otro modo de describirlos. Un verde profundo, húmedo, brillante, como si escondieran en su interior un jardín maldito o un abismo insondable. Te miraban como si ya supieran quién eras, quién ibas a ser y lo que ibas a perder en el proceso.
Pyrrha contuvo el aliento y, sin que Nora lo notara, se mordió el labio inferior. Apreciaba la vista. La había apreciado muchas veces antes. Más de lo que su antigua versión de sí misma se habría atrevido a admitir. Porque Howard no era solo un contratista. Era… otra cosa.
“Señorita Valkyrie,” dijo Howard, su voz grave, calmada, con un timbre que parecía arrastrar ecos de otros mundos. “Y esta debe ser… la señorita Valkyrie dos punto cero.”
Nora frunció el ceño. “¿Eh?”
“Un chiste,” murmuró Pyrrha, carraspeando. “Howard, esta es Nora Valkyrie. Es… eficiente, explosiva y está desesperada por un contrato.”
Howard la miró directamente, y Nora sintió que una corriente helada le recorría la columna, como si algo invisible hubiera comenzado a husmear dentro de ella. No era solo una mirada. Era una evaluación. Una disección. Como si su alma hubiera sido puesta sobre una bandeja de plata.
“Encantado, señorita Valkyrie,” dijo con una ligera inclinación de cabeza. “Me alegra conocer a alguien que está dispuesta a hacer lo que otros temen. Tengo un trabajo para usted. Uno que requiere… cierta predisposición.”
Nora tragó saliva. “¿De qué tipo de trabajo estamos hablando?”
Howard sonrió, apenas. Una curva de sus labios que no era del todo humana.
“Interesante”, respondió Howard y se rió entre dientes mientras una sonrisa burlona se dibujaba en los labios. “Primero, quisiera aclarar el tema del salario. Si te contratan, tu salario inicial será de $15,000,000 de vales en un plazo de tres años. Esto no incluye vuelos, manutención, cenas de empresa ni ropa”.
La pareja de Jaune abrió los ojos como platos al escuchar lo que ganaría. ¿Quince millones de vales? ¿En solo tres añoa? Eso es más de lo que ella y jaune han ganado juntos a lo largo de sus carreras de cazador.
“Ahora me gustaría hablar de tus habilidades”, continuó sonriendo mientras Pyrrha los dejaba a ambos en su sala.
“Dijiste que tienes una capacidad excepcional en ataque y recistencia. Obviamente, te capacitaré para que te adaptes a nuestro entorno, pero ¿qué harás…?”, se quedó callado al oír cerrarse la puerta de su oficina. “Ah, ahí está”.
Nora giró la cabeza y, una vez más, se quedó con los ojos abiertos como platos. Se acercaba una mujer de unos treinta y pocos años, con el pelo tan blanco platino que parecía canoso. Estaba igual como la última vez que la vio. Esta era la hermana de Weiss. Esta era la mujer que solía ser la mano derecha de Ironwood.
Winter .
“Nora”, dijo Howard. “Quiero presentarte a Winter. La contraté como mi primera secretaria y acompañante hace unas semanas. Trabajarás con ella si te contrato”.
Como se mantenía al tanto de todo lo relacionado con los cazadores, estaba al tanto de la interacción de antiguos renombres. Sin embargo, Winter le intrigaba mucho más porque creía que sería una excelente incorporación a su diversión. Cuando five se entero de que el gobierno de los reinos planeaban arruinar su juego, se dedico activamente a aligerar su estrés, siguió las recomendaciones de five y probo con la lujuria y desato una habilidad pasiva.
La Madre cabra de los mil jóvenes, esa cachonda e insoportable mujer cuyo fragmento de alma habitaba en el. El factor de lujuria se elevó a varios niveles mas de lo que esperaba.
Winter , ¿eh? Aunque Nora nunca convivió personalmente con la hermana de weiss sí supo de su existencia cuando el festival de vytal ocurrio . Sin embargo, este no era lugar para expresar o mostrar dudas. Levantándose de la silla, se acercó a la mujer y le dio un apretón de manos. «Hola, Winter».
“Mucho gusto, Nora”, respondió la mujer de ojos azules sonriendo discretamente a su jefe. Retiró la mano y comenzó a caminar hacia el rubio musculoso. “Señor, son las 4 pm”.
Nora se quedó desprevenida con la voz de Winter, pues su acento sonaba diferente por alguna razón. Lo que más le intrigaba era por qué la mujer había mencionado la hora. ¿Sería que Howard llegaba tarde a una reunión y se lo estaba recordando? Esa posibilidad se descartó rápidamente porque Winter empezó a desabrocharle la camisa al hombre.
¿No acaba el mismo de abrochársela? Y a dónde se fue Pyrrha la dejó aqui sola, no queria estar sola, no sabía comportarse y no quería arruinar esto. Imagina cuántos panqueques podria comprar con el salario que Howard mencionó.
(SUCULENCIAAAAAA ADVERTENCIAAAAAAAA)
« Dios mío… », pensó la pareja de Jaune, mientras contemplaba una vez mas el pecho desnudo de su potencial jefe. Sus pectorales sobresalían, como placas firmes grabadas en el pecho. Sus hombros sostenían bíceps enormes. Dekgado y atletico parecía de esos culturistas por los que babeaba en el gimnasio. Recorrió su cuerpo con vergüenza, respirando entrecortadamente al contemplar sus abdominales firmes y ese torso en forma de V que se estrechaba sensualmente hasta su estrecha cintura. Era un esfuerzo mantener el contacto visual cuando su campo de visión estaba consumido por la apariencia divina que tenía delante.
Antes de que pudiera recuperar la compostura, sus pantalones cayeron al suelo y se quedó atónita al verlo colgando libremente, balanceándose entre sus muslos, suspendido a más centímetros en completa flacidez. Era increíble en su grosor, su longitud, su masculinidad, su presencia, y no pudo evitar compararlo con lo que conocía. Incluso en reposo, era aproximadamente tres veces más largo que el miembro erecto de Jaune y era fácilmente más grueso.
Estaba hecho para la reproducción femenina.
Jaune era un bebé en comparación.
No encontraba las palabras, ni siquiera sabía qué palabras buscar; Era imposible que fuera un mortal. ¿Cómo podía siquiera andar por ahí con una polla tan inhumanamente asi? De repente, de forma sorprendente, un deseo tempestuoso emanó de lo más profundo de sus entrañas cuando aquella bestia empezó a agitarse. Sus bragas empezaron a humedecerse y las mariposas que habían aparecido en su vientre la primera vez que lo vio, ahora volaban como un huracán.
“Me disculpo por la lascivia, pero me gusta mezclar negocios con placer ultimamente”, dijo Howard, disfrutando la vista de la mujer cayendo víctima de su diversion.
Nora sabía que no podía salir corriendo de la oficina porque eso probablemente pondría fin a su salida de una mejor vida. Así que ahora observaba con impotencia cómo la polla se erguía hasta alcanzar su máximo esplendor, proyectando fácilmente una sombra sobre Winter, que se alzaba sobre su esbelta figura. Esa bestia solo podía describirse como un tercer brazo.
“Cada vez que veo tu polla, me hace llorar,de deseo, señor Howard”, susurró Winter Schnee mientras rodeaba con ambas manos la polla de su opulento compañero, aún lejos de alcanzar su grosor. Al perder la riqueza schnee creyó que estaría en la ruina, el ejército ya no necesitaba a un soldado rechazado. Pero con su jefe, se encontró abrazando la salvación que le ofrecio.
Escuchar a la mujer prostituirse con el magnate despertó una parte de ella que estaba dormida. Sus ojos se abrieron al ver los regueros de líquido preseminal que babeaban del glande y corrían provocativamente por el miembro erecto. Fue entonces cuando Winter se inclinó y comenzó a lamer el semen que goteaba antes del juego como si fuera la cura de todo. No perdió tiempo en bañar cada centímetro de la polla del hombre con su saliva, llegando incluso a frotar sus labios, lengua y nalgas contra el para estimularlo aún más. Cálidos gemidos emanaban continuamente de lo profundo de la garganta de la mujer, evidencia de cuánto disfrutaba lo que hacía.
“Bueno, continuamos con nuestra entrevista, Nora”, dijo Howard mientras levantaba a su secretaria por los costados ahora que su pene estaba bien húmedo. Recorriendo sensualmente las curvas de su cuerpo, llegó al final de su vestido de una pieza y muy lentamente levantó el dobladillo para revelar su coño sin bragas al público. Era una obra de arte. Su coño estaba desnudo.
La pareja de Jaune empezó a respirar con dificultad, con el corazón latiendo con fuerza mientras Howard arrancaba el vestido de Winter como un demonio en celo. Observó en completo silencio cómo la mujer colocaba las manos a ambos lados del escritorio y abría las piernas al máximo. Howard apareció detrás de ella y, obviamente, empezó a alinearse con el coño de la mujer. ¿Cómo iba a funcionar esto exactamente? ¡La polla del hombre era tan gruesa!
“¿Nora~?”
“Oh”, balbuceó la amante de panqueques, con la mente nublada al oír un ruido sordo y estentóreo que resonó por la oficina, claramente causado por el hombre intentando abrirse paso entre las puertas del coño de Winter. Deseó apartar la mirada al ver a la mujer encogiéndose de dolor. “Sí, s-s-señor Howard”.
” ¡AGHGHGH POLVO MÍO! “, gritó Winter a todo pulmón, apretando las caderas. El dolor y placer la atravesaba en cuerpo y alma mientras las lágrimas empezaban a correr por su rostro. Su cabello estaba desparramado sobre ella mientras la empujaban sobre el escritorio y ahora miraba al suelo, con las manos aferradas al borde del escritorio, los músculos de sus piernas temblando, las terminaciones nerviosas de su coño destrozado enviando pulsaciones por todo su cuerpo.
Aunque era una de las muchas veces que tuvo sexo con él, esta vez fue igual de doloroso. Su coño era diminuto, tan frágil que la primera penetración le costó puntos en su aura. No era que él no tuviera cuidado con ella. Su grosor era mucho mayor de lo que ella podía soportar con seguridad. Obviamente iba a sentir dolor con su polla.
Sin embargo, la segunda vez, logró penetrar sus pliegues. No solo le abrió el coño, sino que su útero empezó a estirarse. De alguna manera, con su aura, logró ayudarla a adaptarse y finalmente la metió casi la mitad de los centímetros de su pene antes de que todo se quedara en blanco. Ahora estaba a punto de acomodar casi un tercio de su pene y sentía como si le estuviera bifurcando el estómago. Fue entonces cuando le sujetó la cabeza con las manos y meció las caderas, introduciendo otro centímetro en su ya abultado coño.
AHHHHHHHGGGHGHGHHGHGGHHAHHHHH
Gritó, con los ojos desorbitados mientras el dolor subía desde su coño, a través del útero, hasta el estómago y la garganta. Después de lo que parecía una eternidad, el dolor comenzó a disminuir, solo para ser reemplazado por un dolor sordo en el estómago que se expandió hasta la garganta. Su fresco aroma femenino pronto llenó el aire, la seductora fragancia de un coño cubano mientras alcanzaba el clímax inesperadamente. “C-correr…”
—Shhhh Buena chica —susurró Howard. La incomodidad que sentía al ser apretado por el pequeño coño de la Schnee ahora se veía superada por los fluidos que recorrían su pasaje femenino—. Nora, ¿por casualidad empiezas a arrepentirte de haber solicitado este trabajo?
“…no es eso”, graznó la chica, mintiendo descaradamente. “Tengo que preguntar: ¿se espera que tenga sexo contigo si acepto tus contratos?”
“¿Hay algún problema?”, replicó el Sultan, observando atentamente cómo el cuerpo de su amante, que gemía, se estiraba con su miembro. Aún no estaba en condiciones de soportar ni la mitad de su fuerza sin sentir fuertes dolores en el útero y el estómago, pero lo estaba consiguiendo y él no tenía prisa.
Todas las mujeres de su séquito formaban parte de su harén, y la mayoría eran de diferentes entre faunos y humanas. Aunque prefería aparecer con mujeres de musculatura definida, no todas lo estaban. Winter no era la única que no tenía una figura voluptuosa, pero era, con diferencia, la más delgada, y eso le pareció un soplo de aire fresco. Cuando se cernía sobre ella, se sentía tan fragil escuchar sus gemidos, el como ella rogaba por un descanzo. Con razon Five era tan mezquino en esto. Le encantaba disfrutar de su tiempo con ella.
Un cremoso néctar empezó a rezumar de su coño al ver a Winter agitar las manos a ciegas como si nadara bajo el agua congelada, buscando desesperadamente algo a lo que agarrarse. Pero era evidente que la mujer se estaba poniendo intratable, ya que su cabeza colgaba del borde del escritorio. Observó cómo los ojos azules de la dama se volvían blancos como la nieve mientras giraba la vista hacia atrás.
—¡No…ahhhhh no puedo respirar! —gritó Winter, con la saliva saliéndole a borbotones de la boca y salpicando el suelo—. ¡Me revienta el uteroooooohhhhh~!
Plattttt platttttttttt
“Ahhghghhhghhhh ahhhhhhhhhh”
“Lo estás haciendo muy bien, Winter. Ahora relaja tu coño para mí. Sé que puedes aguantar un poco más”, la arrulló Howard, esperando un par de segundos antes de penetrarla otro centímetro moviendose con estocadas lentas y firmes. En ningún momento le dio embestidas brutales, solo un sensual movimiento de caderas para rozar con placer las dilatadas paredes de su vagina. Pero ahora el escritorio temblaba mientras él comenzaba a penetrarla lentamente.
Ahora su atención estaba de nuevo en la cazadora que solicito su contratacion. “Nora, creo que no te he contestado. ¿Te molesta que tenga coito contigo?”
Aunque nunca lo admitiría en voz alta, era tan excitante ver a ese hombre destrozando a la frágil secretaria. Esa mujer no estaba hecha para manejar una polla tan monstruosa. Ni una sola de sus fantasías de gimnasio habría sido así. Levantando la mano débilmente, le mostró su anillo, por si acaso olvidaba que era la Sra. Arc o algo asi ya que ese anillo se empeñaría para pagar otra factura. “…Estoy en una relacion, Sr. Howard.”
“No le veo la importancia”, respondió el sultán mientras miraba fijamente a la Valkyria. “Si quieres ser mi acompañante, entiende que te llevará cuando quiera, donde quiera y como quiera. Le estarás poniendo los cuernos a tu chico y no hay peros ni condiciones”.
Si queria fastidiar al bastardo pero merecido era, suficiente tuvo con sus aduladores.
Su voz profunda y masculina comenzó a filtrarse por la habitación como un ruido blanco, adormeciendo a la alarmada cazadora hasta dejarla en un estado de trance. ¿Quién dijo que el taikyoku no servía de nada? Al canalizar parte de la cabra (mujer irritante) para permitir que la Cazadora se sometiera a sus deseos latentes. Si era algo que el sujeto realmente deseaba, era tan fácil. Y supo por su reacción al ver su cuerpo desnudo que se sintió atraído por él.
Nora empezó a tambalearse, su cuerpo temblaba mientras el Hombre se apartaba de la secretaria apenas consciente. Y ahora él se acercaba lentamente hacia ella, su monstruosa polla golpeando sus muslos con cada paso que daba hacia ella, y cada golpe sordo le provocaba un escalofrío en la espalda. Estaba clavada en el sitio cuando él se detuvo a unos centímetros de distancia, con su enorme miembro apuntando hacia ella, reluciente con los fluidos de Winter.
“Es hora de ver cuánto deseas~”, dijo Howard, cerniéndose sobre la voluptuosa dama. “De rodillas si es tan amable, Nora”.
Su pareja nunca se había comportado así con ella, principalmente porque era decepcionante que solo aguantara un par de minutos antes de caer como un inutil. Solía tener un interés sexual similar, pero en el fondo siempre había deseado someterse a un hombre dominante como esos culturistas con los que fantaseaba. Cada fibra de su ser empezó a actuar sola y se encontró hundiéndose en cuclillas. Su pene ahora le cubría la cara. Era tan grande que la cabeza de su erección había desaparecido muy por encima de la línea del cabello. Su grosor era tal que apenas podía ver a través de él, cómodamente posado sobre su rostro.
” E-espera… ¿qué… qué estoy haciendo? “, pensó Nora, al darse cuenta de que estaba a punto de cometer adulterio. No había venido a hacer eso. ¡No debería estar Pyrrha aqui!
Enterrando la mano en el cabello de la Cazadora, comenzó a masajearle el cuero cabelludo. “Agarra mi polla”. Su ojo derecho miro a la valkyrie que abría la boca y la cerraba sin soltar palabras.
“Estás perdida, mocosa”, pensó Winter con los labios fruncidos, tras recuperarse un poco de su entrenamiento vaginal. No conoció la chica cuando fue a visitar a su hermana hace tantos inviernos atras. Francamente, quería abofetearse por haber seguido tan ciegamente al hombre que causo su ruina. Aún no sabía cómo funcionaban los poderes de Howard ni de qué era capaz, pero sabía que no había nadie en la tierra que pudiera derrotarlo.
A pesar de haberlo intentado con todas sus fuerzas, la lucha en ella se desvanecía cuando el hombre dio en el clavo al manipular su sistema nervioso. ‘ Jaune lo entenderá… Estoy ayudnado.. debo tocar la polla del Sr. Howard ‘.
Echando un vistazo fugaz a su anillo, rodeó con las manos el aterrador trozo de carne. Su cabeza estaba llena de sangre hasta el punto de que la piel era casi escarlata. Incluso con ambas manos envolviéndola, una sobre la otra, aún quedaba la mitad de su pene al descubierto. Lo sentí latir tentadoramente,su prodigiosa longitud atrayendo sus ojos como un imán. Su coño empezó a suplicarle que no lo aceptara dentro cuando sus dedos, que giraban en círculos, apenas rozaban las palmas de sus manos. El olor era abrumador, y sus fosas nasales se dilataban por el persistente aroma del coño de Winter.
“Acarícialo”, ordenó Howard, mirando a la cazadora que se convertiría en la última incorporación a su diversion. ” Ahora~ “.
Obedeciendo su orden, deslizó nerviosamente las manos arriba y abajo sobre el miembro rígido. Le temblaban las manos y le sudaban las palmas, pues era la primera vez que tocaba una polla que no era la de su pareja. Por desgracia, pensar en Jaune le recordó que podía rodear fácilmente su pene con una mano, mientras que ni siquiera dos le bastaban para tocar el grosor de Howard. ‘ Lo siento mucho, cariño ‘.
“Y ahora es hora de ver qué tan buena estás chupando pollas”, dijo Howard mientras la sujetaba tenazmente por el cabello para atraerla hacia él. Lo que le interesaba era comprobar la recistencia de esta chica.
Tras prepararse mentalmente, la mujer empezó a abrir los labios al máximo. Dio lamidas suaves probando . Decidida a ganar un poco más de tiempo, empezó a recorrer su miembro con la lengua. Le costaba similar que estaba absorbiendo los jugos residuales de otra mujer de su miembro, pero no era momento de ejercicios mentales. Sin pensarlo dos veces, volví a intentar inhalar su cabeza de su polla.
Sluuurrpppp slurrppppp slurppppp
Le dolía la mandíbula de tanto trabajo, así que decidió retirar la lengua para acomodar la cabeza de su gigantesca polla dentro de su boca. ¡ Ughhh!… ¡Esss moshoo gtandee!
Al no tener otra opción, abrió la boca mas sorbiendo haciendo ruidos obscenos, pasando por alto por completo la sonrisa que se dibujaba en los labios del Hombre. Con un sorbo, empujó la cabeza hacia adelante, forzando la punta de su pene dentro de sus cavernas orales. La saliva comenzó a acumularse en su boca hasta el punto de que no solo lubricó su pene, sino que también comenzó a gotear por la comisura de su boca.
Debería haber sentido abrumada por la culpa en ese momento, pero no. Su cabeza de hongo emitía un calor tan intenso que le quemaba la boca. Por eso, empezó a anhelar más. Así que clavó las uñas en la parte posterior de sus muslos, hundiendo la cabeza más profundamente en su entrepierna. Le llevó un tiempo metio mas centímetros, pero incluso después de todo el esfuerzo, no pudo hacerle una buena mamada.
“Kguugg Buena chica”, elogió Howard, exultante al ver que la mujer empezaba a babear sobre su polla como un animal en selo. “Sigue chupándola”.
Ni una sola vez vaciló, aunque lo lógico habría sido tirar la toalla. Llevaba tanto tiempo chupándolo que le empezaban a doler las rodillas, pero él seguía erecto y se negaba a eyacular. Le costó todo lo que tenía, pero se arriesgó y se atragantó cuando su enorme cabeza la embistió de llena en la garganta. Parecía un pez fuera del agua, con las mejillas hinchadas, las lágrimas resbalándole por la cara, los pechos apretando contra su parte superior empapada de saliva. ‘ Dios mío… ¿cómo puede un hombre ser tan grande? ¡Es una locura!’, penso Nora con algunas lágrimas saliendo de sus ojos mientras sentia que embestían su cabeza escuchándose como sorbia más de la carne en su boca cálida y húmeda.
Le quedó clarp que tendría que recurrir de nuevo a su aura para dilatar aún más su garganta. Deslizando una mano hacia atrás para sujetar la parte posterior de su muslo musculoso, recibió su pene atravesándose expandiendo su boca en una “O” más amplia, como una ardilla masticando nueces. Sintió arcadas cuando él empujó más profundo de lo que esperaba, obligándola a cerrar los ojos con fuerza y a estirar aún más el cuello.
“¡Mmmphhh!”, exclamó con un gemido ahogado cuando otra embestida suya terminó con sus labios rozando su vello púbico recortado mientras él penetraba hasta el fondo. Ahora se retorcía, con la cabeza echada hacia atrás mientras la baba le corría por las mejillas, y los ojos se le llenaban de lágrimas. Estaba completamente segura de que él estaría en sus pulmones si no hubiera extendido su cuello protegiendo con aura. A pesar de eso, su coño empezaba a dolerle, pues ser dominada así era una de sus fantasías más intensas.
¡ Polvo!, pensó Winter, con la cara de asombro. Ni siquiera unas cuantas de sus acompañantes soportarían mas de unas rondas con Howard. Sin embargo, esta recién llegada logró superarlas a todas metiéndose toda esa polla por la garganta mientras extendía el cuello. ¡Esa habilidad para estirarse es muy útil! Sabia usar aura para calmar sus dolores punzantes en su útero y cuando su vagina fuera estirada, pero usar el aura para reforzar tu cuello. esa sonaba como un excelente control de tus habilidades.
Ahora le estaba follando la cara, moviendo las caderas con fuerza, solo para darse cuenta de que ella empezaba a embestirla al ritmo de sus embestidas. Agarrándola por los lados de la cabeza, la jaló hacia abajo sobre su polla y se deleitó con sus arcadas como una mujersuela. Por mucho que intentara negarlo, la euforia en su rostro sonrojado confirmaba que estaba desperdiciando su vida en pareja con ese marido suyo. “¡Me corro!”
“¡Mmmphhh!”, exclamó Nora ahogadamente, con los ojos desorbitados al ver el chorro dispararse con fuerza hacia el fondo de su garganta. Tragó saliva con desesperación, pero entonces él disparó su segunda carga, deshaciendo todo el trabajo que acababa de hacer, dejando sus mejillas aún más llenas mientras algunos chorros brotaban del sello débil de sus labios.
Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras ella empezaba a expulsar restos de semen, solo para que él corriera por tercera vez, dejándole la bocanada directamente en la garganta y reemplazándola. Su reflejo nauseoso no supo qué hacer y, al mismo tiempo, tragó saliva, se atragantó, tuvo arcadas, escupió un poco de semen por la nariz y finalmente inhaló un poco también. Su estómago comenzó a expandirse, por la cantidad de semen que él le estaba dando. Era casi comparable a los barriles de jarabe que ella tomaba/
¡Oooohhhhh, oh, no puedo! ¡Hugghhh blurghgh, me corro!, pensó Nora frenéticamente antes de que sus ojos se quedaran en blanco, todo su cuerpo temblara, los dedos de los pies se le encogieron mientras, por primera vez en su vida, experimentaba un orgasmo sin contacto directo con su coño. Empezó a eyacular, sus fluidos desbordando fácilmente de sus bragas y rezumando por sus muslos cubiertos por ellas. Sus enormes pechos subían y bajaban mientras el calor puro de su semen la dejaba flácida. Sin embargo, no tuvo oportunidad de ahogarse en la culpa porque él seguía eyaculando, una y otra vez, inundando su boca.
Sacándose la polla de la boca, cayó de bruces y empezó a toser lo que le había entrado en los pulmones. Pero ahora que ya no estaba enterrada en su interior, era libre de colmarla de su cariño. Un latigazo resonó en el aire cuando su semen le salpicó la cara desde el puente de la nariz hasta la barbilla. Le impactó la cara, enganchándose algunos mechones de pelo en el camino. Su barbilla, nariz y boca fueron los siguientes, hasta que incluso su camisa quedó cubierta de su crema reproductiva. Al final, era un desastre gimiendo mientras se limpiaba la eyaculación de las cuencas de los ojos, sabiendo perfectamente que se vería irreconocible en el espejo. “Ahh~ ahhhh~…”
Recogiendo un poco de su crema reproductiva con un dedo, se agachó y la untó en el anillo. La levantó por los hombros, la rodeó con las manos y comenzó a deslizarlas por su espalda. El semen que cubría su rostro le impidió observar gran parte de sus expresiones faciales. Extendiendo las manos, agarró todo lo que pudo de su enorme trasero a través de sus pantalones y comenzó a darle un masaje de tejido profundo. “Debería contratarte solo por tener los muslos mas detallados que eh visto”.
La Sra. Valkyrie no tuvo valor para impedir que el joven le masajeara las mejillas con sus dedos fuertes, encontrando la resistencia de toda una vida de tensión que mantenía retenida en esos músculos. Gimió mientras él la tocaba, su trasero la traicionó por primera vez, experimentando una reacción visceral a su tacto. Había una considerable contenida en sus glúteos, atrapada como un recurso de energía cinética que buscaba liberarse. Pero con su hábil masaje y tirón, el peso de esta ansiedad contenida comenzó a filtrarse lentamente desde atrás.
—Te costará sentarte cuando termine contigo —murmuró mientras le daba un manotazo en su delicioso trasero, ganándose un chillido involuntario—. Ve a asearte si quieres, Nora. El baño está a tu derecha.
Nora casi se desploma como un saco de patatas cuando finalmente la soltó. Tenía las piernas como gelatina y las rodillas doloridas por haber estado arrodillada durante casi una hora mientras se la chupaba. Tampoco ayudaba que estuviera experimentando las secuelas de su orgasmo.
Winter exhaló suavemente, notando cómo las nalgas de la mujer rebotaban y forcejeaban contra la falda que las cubría mientras se dirigía a la puerta del baño. “Su trasero es aún más impresionante de cerca. La verdad es que me da mucha envidia.”
Tras acercarse a su secretaria, que estaba sentada en su silla, la envolvió en su cuerpo y comenzó a salpicar de besos la cremosa piel de su cuello. “Eres especial a tu manera, Winter. Ahora pon las manos sobre la mesa y abre ese trasero tan lindo. Es hora de la segunda ronda”.
Siguiendo obedientemente la orden de su amo, la esbelta mujer besó suavemente sus labios antes de asumir la posición, abriendo su trasero mientras extendía sus piernas lo más que podía.
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“Vamos… contesta… contesta…” murmuró Nora en voz baja, maldiciendo porque Pyrrha una vez más no estaba disponible para responder a su llamada.
Llamar a Jaune era imposible. No había forma de que pudiera confesarle que había hecho algo indescriptible con otro hombre. Eso lo mataría. Decidió llamar de nuevo. Tardó un par de segundos, pero para su alivio, él respondió a su llamada de auxilio. “Hola… ¿Ruby?”
“¿Nora?”, preguntó la rose por teléfono. “¿En qué puedo ayudarte?”
“Mira, estoy en serios problemas”, dijo la pareja de Jaune en voz baja. “Me meti en un desastre..”
Al darse cuenta de que la valkyrie no iba a continuar, decidió informar en el detalle que se resistía a revelar. “¿Qué pasó?”
“Yo… yo…”, dijo la chica mientras las lágrimas corrían por sus mejillas cubiertas de semen. “Tuve que hacerle una mamada a Howard para demostrarle que en serio quería sus contratos. Eyaculó dentro de mi boca y me obligó a tragar su semen. Y luego empezó a tocarme a través de la ropa”.
—¡Qué! —dijo Ruby con un tono extrañamente tranquilo—. ¿Qué pasa? ¿Dónde estás?
—Estoy en el baño —graznó Nora—. ¿Qué hago?
“Nora… aunque sé lo difícil que es esto para ti, intentar escapar será extremadamente problemático”, respondió.”Aunque por lo que dices que no ese Howard es el mayor contratista de cazadores”. No te meteria en problemas hacer algo contra el.
Precisamente por eso Nora decidió no romper una ventana para huir. Si lo hacía,sus deudas ya eran lo bastantes grandes como para buscar mas opciones. Además, su arma estaba en manos de la criada personal de Howard.
Nora no estaba segura de cómo podría rechazar al infame hombre si este quería hacer algo más con ella, ya que la había incapacitado con facilidad. Era una mujer firme y podía mandar fácilmente a todos, pero con el se sentía pequeña y vulnerable. Aunque le había confesado a Ruby sus actividades ilícitas en la entrevista, no podía admitirle que tardó poco en transformarse en una mujersuela de garganta profunda. No podía decirle que se corrió más fuerte que nunca con su pareja cuando la leche de este hombre dominante empezó a bajar por su garganta ya llenarle el estómago.
“Hablo contigo luego, Rubs”, dijo cerrando los ojos. “Por favor, no le digas a nadie lo que te he contado”.
“Tienes mi palabra”, respondió antes de que se cortara la comunicación.
El baño de Howard, al igual que su oficina y el edificio de su mansion, era, como mínimo, lujoso. Podía elegir entre bañera y una gran puerta corrediza rectangular de cristal que albergaba una ducha. En la esquina del baño había una pantalla de televisión, claramente diseñada para ser vista desde la bañera.
Quizás esto no le habría llamado la atención en otro momento, pero se emocionó al encontrar un armario lleno de productos de limpieza y varios tipos de secadoras y planchas de pelo. Con esto podía enjuagar la ropa con agua y jabón y luego secarla con uno de los secadores más potentes. Si iba a volver a enfrentar las consecuencias, lo haría con clase y dignidad. Además, no pensaba irse pronto, ya que nada le impedía darse cuenta de una ducha caliente para lavar sus pecados.
ututututututututututu
Poco más de dos horas después, por fin salió del baño. En cuanto volvió a entrar en la oficina, encontró a Winter acurrucada junto a Howard en el sofá de cuero blanco en forma de L, estratégicamente ubicado en la esquina de la habittacion, desde donde se veía claramente el ventanal que se extendía hasta la pared. En el mismo sofá estaba Kali, que parecía estar crucificada sobre la gigantesca polla del hombre. ¿Así que el hombre también se estaba follando a su criada?
“Ahhhhh Ahhhhh ahhhhh L-l-looooorrrrdddd PHiiiiLiiiipssss ahhhhhh…” gimió la madre fauno, su melodiosa voz resonando por la oficina mientras movía sus caderas, montando expertamente la polla de su amante.
Como estaba de espaldas a su pareja, le ofrecía una vista paradisíaca de su delicioso trasero mientras bailaba al ritmo de una melodía imaginaria, con los primeros centímetros de su miembro lleno. Fue gracias a esta arma de destrucción vaginal que empezó a engañar a su marido de más de quince años. Su anillo de bodas brillaba con fuerza mientras se pasaba las manos por sus pechos temblorosos. Volviendo a bajar las manos a los costados, separó su enorme y jugoso trasero, dejando al descubierto.
Encorvándose y agachando la cabeza, Winter empezó a lamer la parte baja de la polla que estaba fuera d ela vagina de la fauno, hasta que quedaron empapados de saliva.Ronroneando como una gatita satisfecha, empezó a pasar la lengua por cada parte descubierta por si acaso. Fue entonces cuando los fluidos empezaron a gotearle por un lado de la cara. Al apartarse, vio que la rica crema espumeaba por el coño de su hermana de harén, por los lados de la polla de su amante y sobre el sofá.
Fue impresionante ver a la MILF sobre la polla del profesor, con las manos deslizándose eróticamente a sus costados. “¡Guau… tienes que enseñarme a moverme así, Kali!”
“Nyaaaa~ Ahhhhhh~ ohhhhh… rahhhhhhh… Aghghghh”, jadeó la vivaz criada, con los ojos empañados mientras masajeaba con todos los músculos de su recto el enorme miembro de su amante. ” Ahhhh Ahhhhh Muuudhsooooo leeeenaaaaaa ahhhhh Ahhhh.”
La mujer antes conocida como Winter asintiendo con la cabeza en silencio, con los ojos abiertos por la nula conversación que tuvo. Obviamente, intentarlo ella misma no le daría exactamente el mismo resultado, ya que sus caderas eran mucho más pequeñas que las de Kali. Sin embargo, tenía que intentarlo. La forma en que la mujer contoneaba su trasero, literalmente ordenando el enorme miembro de Howard, era sencillamente mágica.
“Es una maestra en su oficio, Winter”, dijo Howard, observando cómo la crema de la Fauno casada se derramaba alrededor de su coño. “Y no te preocupes, porque esta noche por fin voy a quitarte la virginidad anal. Ahora date la vuelta para que pueda aflojarte aún más”.
Eufórica ante la idea de entregar su orificio prohibido a su líder, la secretaría se incorporó y se dio la vuelta, revelando un círculo azul con un diamante en el centro que le mantenía el trasero abierto. Que se lo hubiera metido antes sí que fue un problema, pero logró adaptarse. La verdadera dificultad fue intentar sentarse con el pene hundido en su interior.
—Ah, veo que por fin saliste del baño, Nora —dijo el Sultan, mirando a la inquieta chica—. Por favor, ven aquí. Únete a nosotros.
Lo que sea que haya hecho o dicho para convencerla de que le haría una mamada, la atormentaba de nuevo por lo excitada que estaba al ver a la esposa Fauno bailando la sobre la polla del Hombre. Su voz era la de un comandante, pero también sonaba acogedora, tanto que le palpitó el corazón. No estaba segura de cuándo empezó a caminar hacia él, ni de cuánto tardó en acercarse, pero ahora se encontraba sentado a su lado. “Señor Howard… tenemos que hablar”.
“Primero mira a mi sexy criada en acción”, ronroneó, rodeando con su mano libre a la vulnerable mujer ex casada.
Lo que Kali estaba haciendo ahora era lo que solía hacer en sus días de gimnasio cuando quería que los cachas musculosos la miraran: estaba en cuclillas. Como el era tan descomunal, la penetración solo era posible si la milf fauno se apoyaba en sus muslos. Los pies de la mujer seguían apoyados en los muslos del hombre, lo que claramente le permitía usar sus cuádriceps musculosos como suelo improvisado. El sudor corría por la espalda de la mujer mientras se hundía en la polla antes de levantar las caderas, repitiendo todo el trabajo duro que su recto acababa de realizar. Luego arqueaba la espalda sensualmente antes de repetir otra vez.
Se le hizo un nudo en la garganta, pues nunca había visto algo tan sexy. Aunque la mujer solo podía acomodar dos tercios de la polla del hombre, le desconcertaba cómo esa enorme y aterradora punta podía penetrar un agujero tan pequeño. Se estremeció ante la sola idea, pues era una novata.
—¡Ahhhhh M-mi señor… voy a… voy a correrme aghhhhh! —siseó Kali, abriendo su boca mostrando sus colmillos de felino y sus ojos amarillos con las pupilas encogidas mientras su vagina se agitaba por las señales que su orgasmo era alcanzado. Sus manos se abrieron en abanico, sus antebrazos vibraron con tanta fuerza que incluso sus dedos empezaron a temblar.
Winter se acarició distraídamente sus pechos y vagina.
Nora jadeó al ver cómo un copioso chorro de fluidos salía a borbotones de la esposa fauno, bailando con destreza en el aire por un instante antes de caer al suelo. Algunos de estos chorros creaban salpicaduras tan potentes que la mayoría de sus fluidos rebotaban en el mármol. Le desconcertaba cómo un hombre podía ser tan insaciable. Al darme cuenta de que tenía que salir, y salir ya, intentó separarse de él, pero él empezó a hundir una mano en las profundidades de su cabello Naranja. Su rostro estaba ahora tan cerca del suyo que sentía su aliento abrasador en los labios. Sus pechos se agitaron al respirar por la nariz. Y entonces él frotó sus labios contra los de ella.
“Mmm…”, lo que fuera que quería decir terminó sonando confuso cuando el beso impactó su plexo solar y se quedó sin aire, como si una risa escandalosa la hiciera sonreír por puro reflejo. Era como si el mundo se hubiera desvanecido porque aquello que no era ella ni él se había convertido en un producto de su imaginación.
Para su desgracia, su lengua se adentró en su boca y la llenó por completo con una crepitante y aterciopelada suavidad. La extraña sensación de que se centraba en su boca mientras la besaba ya no se limitaba a ella; se extendía como un virus. Empezó a respirar por la nariz, su olfato inundado por su aroma. La mano de él rodeó su nuca, apretando con la presión justa; su piel se sentía sedosa contra la suya mientras sus enormes pechos se hundían en su hombro. Sus pezones estaban tan duros en ese momento que intentaban perforar su camisa.
Por mucho que lo intentara, la enormidad de lo que sentía la abrumaba tanto que no podía hacer nada más que dejarse llevar. Con solo un beso, él la hacía sentir sensaciones que hasta entonces le eran desconocidas. Su lengua abrasadora seguía lamiendo su boca con suavidad pero con fuerza, saboreándola, casi asfixiándola con su insistencia.
—Q -qué… ¿qué me pasa? —gimió Nora mientras su mente la apremiaba a separarse, pero su corazón, cuerpo y alma se negaban a atender razones. Sabía que era injusto, pero en muchos sentidos se sintió como su primer beso, esa sensación eléctrica que la gente recuerda con nostalgia el resto de sus vidas. Un gemido se le escapó cuando de repente sintió que su lengua se deslizaba de su boca, tirando entre sus dientes y labios. Pero entonces, cuando su cuerpo empezó a alejarse del suyo y el sabor de la lengua empezó a enfriarse en su boca, sintió como si un hechizo se hubiera roto. No del todo, claro, porque aún sentía las secuelas de su perpetua energía sexual.
Ahora jadeaba como un perro exhausto, con un rojo intenso que le cubría la parte superior del cuerpo. Aunque estaba aturdida, era consciente de que se había corrido por las bragas. La sensación de su beso pronto comenzó a desvanecerse y ahora podía recordar quién era y qué hacía. Era una mujer casada que había estado besuqueándose con un hombre que no era su esposo.
“…No puedo… esto está mal”, gimió Nora mientras giraba la cabeza, solo para ser atraída de nuevo por los brazos del rubio. “Por favor, Sr. Howard. Debo regresar. Debo regresar a casa”.
De repente, Winter apareció a su lado y empezó a bajarle la manga de la camisa por debajo del codo, sacando la mano. Todos sus intentos por detenerla eran en vano, pues la rubia la sujetaba por las muñecas. Se horrorizó cuando la parte superior de la camisa se le cayó hacia adelante, dejando al descubierto sus enormes pechos al rubio ya sus dos amantes.
“Estás en casa, Nora”, corrigió Howard, soltando las manos de la mujer, sin darle más tiempo para sentirse culpable mientras estrellaba sus labios contra los de ella nuevamente, su lengua enroscándose alrededor de la de ella como una serpiente en apareamiento.
Se quedó sin aliento, tan desconcertada por su intensidad que lo abrazó con desesperación, hundiendo los dedos en su cabello, abrazándolo con fuerza. Este beso fue aún más poderoso que el primero —si es que eso era posible— y la hacía sentir como si hubiera dormido toda su vida y acabaría de despertar por primera vez.
Kali acarició suavemente el cabello de la mujer. “Eres perfecta para Lord Howard”.
Ahora presionaba sus labios contra la deliciosa curva en la parte inferior del pecho derecho de la pareja de Jaune. Su lengua se deslizó, recorriendo la carne desnuda y pudo sentir la sensación aterciopelada de su piel y saborear su dulce sabor natural. Mientras la succionaba suavemente, levantó la mano derecha hasta su pecho libre, sintiendo de inmediato su pezón endurecido presionando contra su palma. “Tienes unas tetas increíbles. Tan grandes ya la vez tan suaves. Me encantan.”
“No es justo que sus pechos sean más grandes que los míos”, comentó Winter cruzando los brazos. “Soy más pequeña que todas”.
Kali le dio un suave golpe en la cabeza a la mujer, lo que le valió una mirada ceñuda. Como suele decirle su amante, todas eran especiales a su manera.
Mientras tanto, la cazadora , que protestaba, sufría pequeñas convulsiones cuando sintió el ligero cambio de textura al rozar los labios del magnate con su areola. Ahora, él recorría con los labios la parte inferior de su pecho mientras amasaba el otro suavemente. En un instante, comenzó a devorar su pezón, canalizando chakra hacia su lengua para intensificar la sensación hasta el punto de arrebatarle el recuerdo de su marido.
Howard gimió profundamente, encontrando la firme textura del pezón de la mujer aún más placentera que sus deliciosos pechos. Empezó a succionar con más fuerza, apoyando el pezón en su lengua, la piel tensándose. Cada vez que ella intentaba apartarlo, él la rozaba con la lengua, sintiéndola rebotar y vibrar, haciéndola callar. Con las manos, aceleró el ritmo y comenzó a apretar sus pechos con impetuosidad, deleitándose con la sensación de su carne mientras exploraba sus vastas profundidades. « Eras un idiota afortunado, Jaune ».
“P-por favor…”, gimió Nora, con la vagina tan cerca de eyacular que se vio obligada a apretar los muslos. Él adoraba su pecho incansablemente, succionando y acariciando su pezón mientras amasaba y masajeaba sus enormes masas de carne. Su pareja nunca le había prestado tanta atención. Echó la cabeza hacia atrás, pero no pudo moverse mucho porque él le mordisqueaba las tetas.
“Realmente has sido bendecida”, susurró el Hadou. Un chasquido llenó la habitación al apartar la boca del pezón de su esposa. Era tentador ver el pezón rosado brillar con su saliva.
Nora se estremeció, y sus ojos comenzaron a cerrarse instintivamente al ver que él la miraba como si quisiera enterrarla viva. Para su horror, Kali e Winter la agarraron de las manos y la levantaron del sofá. Luchó para zafarse, pero ellas, indiferentes, la sentaron en el suelo.
“¡¿A ninguno de los dos le importa que esté asi?!”, gritó Nora desesperada, esperando que alguno de ellos viera la luz. “¡No puedo engañar a mi pareja!”
“Yo también era casada”, respondió Kali mientras jugueteaba con su anillo de bodas. “Pero claro, el nunca estuvo tan presente. Tenemos sexo abiertamente delante de él y solo puede mirar y disfrutar”.
La Valkyrie se horrorizó al oír esas palabras. ¿Iba a pasar lo mismo con Jaune? ¿Howard lo convertiría en un cornudo obediente después de que la domara ?. Fue entonces cuando un calor inconmensurable empezó a correr por sus venas, y su mente empezó a quedarse en blanco. Howard le tocaba la espalda desnuda, pero su tacto, de alguna manera, obligaba a sus neuronas a dispersarse, dejándola inconsciente.
Desde que se inició la diversión de Howard hace unas semanas , Winter siguió aprendiendo y familiarizándose con las otras mujeres con las que se apareaba su amante.Con el rostro sonrojado, empezó a levantar el trasero de la morena mientras Kali le agarraba las manos. “¡ahhh ahhh ahhhh ahhhh Aquí tienes, mi amor!”
Con la energía que el hombre intolerante emitía al aire, Nora no se dio cuenta de que su cuerpo comenzaba a reaccionar positivamente. Extendía los brazos y arqueaba la columna. Esto hizo que sus enormes pechos se aplastaran bajo su cuerpo y su trasero respingón sobresaliera, acentuando al máximo su volumen.
“Ahh Que gloriosa sensación~”, susurró Howard, absorto en la visión del enorme trasero de la mujer, con sus enormes a la altura de los ojos. Contempló la exquisitez ante él, tocándola y moviéndola entre sus manos. “Ahora veamos qué escondes de verdad aquí atrás”.
Tirando de su cintura, él, muy lenta y sensualmente, comenzó a bajarle los pantalones. Su trasero sobresalía, revelando parte de su profunda raja. Con otro tirón, se expandió aún más ante él hasta que su enorme y rollizo trasero se tambaleó al subir la parte superior de su tanga bajo su copa. Levantó la mano y le dio un manotazo a su enorme trasero gelatinoso, que se estremeció unos segundos antes de acomodarse en su lugar.
“Urggh…” gimió Nora, con una combinación de dolor y una sensación hasta entonces extraña recorriendo su tambaleante trasero.
—Polvo —comentó Winter, tras volver al lado de su amante para ver a qué venía tanto alboroto—. No soy del otro equipo, pero ese cuerpo me pone muy cachonda.
Kali recorrió suavemente la espalda de Nora con la mano, con los ojos brillantes mientras miraba al hombre. “Señor Howard, creo que va a ser la mejor acompañante”.
“Estoy totalmente de acuerdo”, respondió Howard con un gruñido tan profundo y voraz que no solo provocó un escalofrío en sus amantes, sino que también provocó un temblor en todo el cuerpo de su diversión. Hundiendo las manos en sus nalgas, las separó, dejando al descubierto con sus dedos su capullo de rosa en todo su esplendor rosado, suave y redondo.
La Valkyrie intentó no darle esa satisfacción, pero cuando él empezó a besar su imponente trasero, mejilla con mejilla, en su hendidura, lamiendo su carne con tierno cariño, una sensación sobrenatural comenzó a crecer en su estómago. Su labio inferior rozaba su clítoris con el más mínimo contacto, mientras su nariz envolvía su año con continuos baños de aire caliente, provocándole escalofríos. Arqueó la espalda contra él involuntariamente, pero entonces su mundo se derrumbó. “¡ Urkk ! ¡No, ahí no! ¡Ahhhh ahhhhh!”
Amante de los desafíos, Howard optó por un enfoque mas contundente.
Ahora la penetraba con la lengua centímetro a centímetro, sumiéndose en una oscuridad total mientras hundía la cara en la colosal masa de su trasero. Finalmente, le metió la lengua en el centro de su vagina. Como ella no esperaba una penetración tan profunda, sobre todo con su lengua, su vagina se apretó instintivamente a su alrededor.
” ¡AGGHHHH AHHHHH! “, gritó Nora mientras algo aterrador e inmenso se desplegaba en su interior cuando el hadou empezó a bañar sus oscuras cámaras con su saliva. Pero entonces empezó a consumir religiosamente sus entrañas, y la tensión explotó desde su interior en todas direcciones. En su mente, sentía asco, pero la naturaleza adúltera, perversa y tabú de la situación en la que se encontraba era como adrenalina y endorfinas mezclando hielo y fuego. ¿Cómo podía sentirme tan bien ser estimulada?
Kali rió entre dientes mientras le daba una palmadita en la cabeza a la cazadora. “Yo lo dije.relajate y disfruta”.
“Bien hecho, chica”, intervino Winter, animandola. “¿Qué se siente la primera vez?”
Con la mirada fija en el techo, la Sra. Increíble echaba espuma por la vagina mientras emitía sonidos indescifrables, mientras sus nervios cantaban de un placer tan intenso que dolía, todo pensamiento se consumía, dejándola en blanco, incapaz de pensar, por lo que parecía una eternidad. Por instinto primario, se abrazó a sí misma y las hundió en su pelo rubio y puntiagudo. Con cada embestida, él forzaba su rostro en su grieta hasta el fondo mientras su lengua se arremolinaba en su interior, buscando, alcanzando, volviéndola loca. La llevó al límite y la retuvo allí en una deliciosa tortura, sin saborear ya la geAtlesiana de su oscuro nexo.
Empezó a frotar su trasero contra su cara con un éxtasis desenfrenado, profanando por primera vez voluntariamente . Y entonces, un punto de luz blanca y brillante se abrió paso entre la carne que separaba su ano de su vagina, explotó hacia afuera y se hundió en su abdomen, partiéndola en dos, enterrándose en su interior, dejándola temblando, maullando, temblando en el suelo de mármol. ” ¡ME VOY A CORRER! ”
Una oleada de jugos, como un tsunami, brotó de lo más profundo de su coño, que se apretaba alrededor de la lengua de De Howard. Tan ridícula fue su liberación que cada salpicadura salpicaba estrepitosamente el suelo, rebotando en varias direcciones. Sus bramidos se convirtieron gradualmente en gemidos sumisos mientras apretaba la cara contra el suelo. Era la primera vez que le comían el culo y se sentía como el paraíso terrenal.
una sonrisa astuta se curvó en sus labios cuando se dio cuenta, desde el suelo, de lo escandalosamente que había llegado al clímax.
“Creo que has encontrado a la horma de tu zapato, Winter”, susurró Kali. “Puede que no seas la favorita vigente por mucho más tiempo”.
La mujer antes conocida como Winter resopló mientras se cruzaba de brazos. Lo que le faltaba de pechos y trasero, lo compensaba siendo la mejor en trabajo manual y sus muslos.
Mientras tanto, Howard se lamió los labios, contemplando la vagina de su última conquista. Los labios exteriores estaban bastante hinchados y los interiores, una tensa línea de carne rosada del mismo color que sus pezones. Encima estaba su clítoris hinchado, y allí vio toda su piel brillando de excitación. Era la imagen por excelencia del encanto y el deseo femenino. ‘Tu pareja es un cabrón con suerte’.
Había estado jugando con ella, provocándola, haciéndole cosas imperdonables, y ella no podía hacer nada para evitarlo. Y ahora dejaba una cadena ininterrumpida de besos por la parte inferior de sus pechos, su estómago, su ombligo y luego, lentamente, entre sus piernas. No estaba segura de cuánto tiempo le había llevado hacer este viaje, pero parecían horas, pues cada lugar que sus labios tocaban era como fuego. Su cabello se deslizaba por su piel brillante, haciéndole cosquillas suavemente y apaciguando la llama de sus besos.
“Oh… no…”, gimió Nora mientras el hombre con el que engañaba a su pareja rozaba con suavidad el centro de su vulva, con la nariz a escasos centímetros de su clítoris. Sus labios se hundieron en ella con suavidad y ella sintió cómo acariciaban su piel sobreestimulada. Continuó así con asiduidad, demorándose mientras llovía besos a lo largo de su coño, sin presionar nunca con fuerza.
Una vez más, él estaba forzando los límites y, una vez más, solo salió un gemido de su boca. Pensó en su marido. Se destrozaría si se enterara, sobre todo porque ya se había puesto celoso por el comentario que hizo sobre la apariencia de De Howard. De repente, su lengua cálida y retorcida salió pesadamente de su boca y se precipitó con toda su fuerza contra su clítoris, envolviéndolo al instante en una masa espesa y suave, empapándolo.
¡Arggghhhh! —gritó Nora a gritos, con una oleada de sensaciones brotando de su zona íntima. Con ojos avergonzados, siguió el largo del brazo del musculoso rubio hasta su ancho hombro. La adrenalina la recorrió al darse cuenta de que la miraba directamente desde entre sus piernas.
Su coño estaba completamente abierto y su lengua cálida y gorda lo rozaba. También podía ver su clítoris erecto apoyado en su lengua como una perla rosa. No tenía ni la más remota idea de cómo lo hacía, pero él lograba empujarla cada vez más hasta el delirio, su coño prácticamente goteando sobre su barbilla, mientras se las arreglaba para retroceder siempre antes de que ella pudiera alcanzar el clímax. Por mucho que le doliera lo admitiera, su marido no era ni de lejos tan hábil como este joven; la estaba volviendo loca.
Durante lo que parecieron horas, la siguió torturando rozando lánguidamente su coño con la lengua como si pintara una obra maestra. Ella gimió mientras él bajaba la mano libre hacia su muslo, hundiendo los dedos en su carne. Al mismo tiempo, sintió cómo su cuerpo se deslizaba de su otra pierna, sus gigantescos testículos resbalaban de su espinilla, dejando tras de sí una calidez que, por desgracia, empezaba a extrañar. Ahora azotaba sus labios vaginales con su lengua ágil y giratoria, empujándolos y empujándolos, mientras masajeaba su clítoris con el pulgar para que manara aún más sangre de esa canica hinchada.
—¡P-por favor aghghghhg! —suplicó Nora, retorciéndose de culpa al ver su anillo brillar con el rabillo del ojo—. Voy… no puedo… por favor, para ahhhhhhh… ¡Me voy a correr otra vez!
“Dioses hermanos, eso es tan mmmmm~ caliente”, comentó Winter, jugando ardientemente con sus dedos dentro de ella, empujando su eje dentro y fuera de su vagina extremadamente pequeño.
Kali suena con dulzura, masajeándose el clítoris con la palma de la mano libre. “Me recuerda a cuando el Señor Howard me sedujo por primera vez. Cuando empezó a comerme, supe en ese mismo instante que mi marido nunca volvería a satisfacerme. Parece que la Sra. Valkyrie también está teniendo una revelación similar”.
La mujer meneaba las caderas; la cazadora devota que llevaba dentro seguía sin querer complacer a su posible jefe, pero, por desgracia, los gemidos que se le escapaban no sonaban propios de ella en absoluto: sonaban como los de una mujerzuela lasciva. Su cuerpo empezó a contraerse, a agitarse, a contorsionarse una y otra vez mientras agarraba su cabeza, clavándole las uñas en el cráneo. Cada recuerdo de su marido terminaba con el rubio arrastrándola hasta los pies.
” ¡AAAAHHHHH AHHHHHH ME VOY A CORRER! ” gritó la Sra. Valkyrie a todo mientras cada terminación nerviosa, cada músculo, cada pensamiento y cada elemento que la hacía mujer se unían en una milagrosa y fantástica avalancha de orgasmos pulmonares.
Sus manos se hundieron profundamente en la cabeza del hombre, sus nalgas golpeando el suelo, con espasmos como los de un paciente de trauma. Lenta pero segura, se armó de valor para abrir los ojos y vio al hombre retirarse de sus pliegues. Este fue, por mucho, el orgasmo más intenso que ha experimentado en su vida. De hecho, fue tan intenso que, a pesar de saber que la estaba obligando a engañar a su marido, empezó a verlo con otros ojos.
“S-Señor Howard”, murmuró Nora mientras la baba le resbalaba por la comisura de la boca. “Eso… yo… cómo…”
“Tu pareja ni se acerca, ¿verdad?”, se rió entre los dientes mientras ella giraba la cabeza, con una respuesta obvia. “Y ahora me toca arruinarte por completo, pobre idiota”.
La cazadora era una muñeca de trapo bajo las garras del magnate, quien la manoseó hasta ponerla a cuatro patas, con claras ganas de que la tomara a cuatro patas. Tragó saliva nerviosa al sentir su enorme aterrizaje pollar en su nalga izquierda; su peso demencial la hacía delirar. Iba a partirla en dos y no podía hacer nada al respecto. « Jaune… lo siento mucho ».
Apretando las enormes esferas del trasero de la cazadora, haciéndolas encajar alrededor de su circunferencia, comenzó a mecer las caderas adelante y atrás, follando la hendidura de su culo. Las nalgas golpeaban sus abdominales, produciendo fuertes aplausos. Una vez alineado, comenzó a empujar hacia adelante, solo para que le negaran la entrada. Era irónico que para una mujer tan gruesa como ella tuviera un coñito tan bonito. Por otra parte, penetrar mujeres por primera vez siempre le ha resultado demasiado pesado. “Mantén las piernas abiertas lo más posible”.
Las lágrimas le inundaban los ojos al sentir cómo se le desgarraba el interior del coño. Estaba tan asustada del daño que él pudiera hacerle que no podía dejar de apretar las nalgas. Finalmente, se calmó, obedeció su orden y se abrió más. En un instante, sus labios vaginales empezaron a contraerse, a temblar y luego a ceder, dilatándose a su alrededor. Caía en espiral a velocidad terminal solo por el intento de penetrarla. La baba empezó a salir por la comisura de la boca mientras él arrollaba sus débiles defensas.
Para cuando su cabeza de hongo la atravesó por completo, quedó inservible para siempre, pues él estaba rediseñando la pagoda que solo su esposo había explorado. Gritó, arqueando la espalda mientras el dolor la quemaba en mente, cuerpo y alma. Sus piernas cedieron y su cara aterrizó en el frío suelo, forzando su monstruosa polla a penetrarla aún más. Su pequeño y lindo año se contrajo de miedo ante el infierno que se desataba sobre su hermana. A pesar de su forcejeo, él continuó alimentando su infiel coño. Miró por encima del hombro; su rostro contorsionado mostraba claramente el caos que se desataba en su interior. “YAhghhgghhg Yo… no puedo…ahhhhhhhhh mi coño no lo aguanta… ¡ Eres demasiado grandeehhehehhhhh! ”
Solo tenía unos centímetros dentro, lo que no debería haberle supuesto un problema dado a su aura, pero se adaptaba a la inmensa circunferencia de este hombre la hacía temer por la seguridad de su vagina. Otro empujón suyo provocó olas gigantescas que se estrellaron contra su trasero, oficialmente en territorio desconocido. Con la lengua fuera, rozó el suelo con su mejilla, azotada por las lágrimas. Ya había superado el punto más profundo que su marido había alcanzado jamás, y ella sabía con certeza que apenas estaba arañando la superficie de su voluminosa polla. Ahora podía identificarse con la difícil situación de Winter de antes. ¿Cómo podría aguantar más cuando él estaba a punto de tocarle el cuello uterino?
Empujándose hacia adelante, se cernió sobre ella hasta que se inclinó hacia su oído, con una voz ronca. “Abre tu coño. Quiero poner a prueba los límites de Nora”.
Howard, acariciando los lados del trasero de la mujer. El calor que emanaba del miembro del Profesor era ahora infernal, pero él seguía penetrando más profundamente, penetrando obedientemente el elástico agujero de su vagina. El cambio de temperatura en su interior le impide controlar la capacidad de expandir su túnel sagrado.
Con una penetrante embestida pélvica, se deleitó con sus atronadores aullidos, resultantes de su penetración con casi dos tercios de su pene. No había mayor sensación de que reorganizar las entrañas de una mujer. Por suerte, su oficina estaba protegida con una barrera. Ningún sonido podría impactar las paredes ni las ventanas, ya que un campo de fuerza invisible lo obligaría a rebotar una vez que la onda se acercara a unos centímetros de los límites establecidos.
Abrió los ojos de par en par e intenté gritar de nuevo, pero no salió nada más que baba que rezumaba a raudales. Estaba segura de que había un montículo visible donde estaba la cabeza del pene del dentro de su coño, y el dolor subía desde allí hasta su útero, su estómago y su garganta. Cuando él agarró un mechón de su cabello y lo hizo girar en su mano, supo en ese momento que tenía que actuar… rápido .
Por suerte, logró estirar las paredes internas de su coño justo antes de que él le tirara del pelo como si fueran las riendas de un caballo en estampida y empezara a follársela a fondo. Un buen chorro de saliva salió disparado de su boca mientras su trasero épico golpeaba contra su abdomen, creando un fuerte y húmedo aplauso. Al darse cuenta de que estaba a punto de tocar fondo dentro de ella, ganó la derrota y abrió más las piernas, agachándose para crear el arco de trasero perfecto que le permitiría hacer con ella lo que quisiera.
“Shhhh relájese Sra. Valkyrie”, murmuro Howard mientras mecía las caderas con tanta fuerza y rapidez que el aire se partió en dos. El coño pegajoso de la mujer se sentía demaciado bien acariciando su pene, apretándolo y tirando de él mientras la penetraba con cada centímetro de su miembro. Finalmente, la base de su miembro rozó su clítoris hinchado.
Las enormes tetas de Kali se sacudieron mientras se tapaba la boca con las manos. “E-je… lo logró. El Señor Howard logró meterle todo en la vagina.”
—…es increíble —susurró Winter, mientras se formaba un charco bajo ella por lo mucho que goteaba—. Supongo que de verdad le gusta.
” ¡UUNNNGGHH! ¡CAAAAA-RAAAAAA-JOOOOOO! “, balbuceó la Sra. Valkyrie con el rostro contorsionado hasta proporciones dolorosas mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Ya no era ama de casa. Ya no era madre. Todo lo mundano le era irrelevante, pues el hombre con el que engañaba a su marido estaba invadiendo un lugar que ninguna mente mortal podría imaginar: su cérvix.
Al estirar las paredes vaginales con sus poderes, calculó mal su longitud, y ahora él penetraba la incómoda frontera de las profundidades femeninas y su útero comenzó a agitarse en agonía. Su trasero golpeaba y azotaba su ingle con cada embestida, cada nalga rebotando sin control. De alguna manera, la incomodidad y el dolor puro comenzaron a transformarse en algo mejor, más cálido y embriagador, provocando temblores de placer carnal que irradiaban desde su vagina y se propagaban hasta el alma. “¡aghghghgh Me corrooooooo!”
¡Qué maravillosa chica! —exclamó Howard, con sus ojos jade brillando de placer al sentir su espesa y rica crema cubriendo su polla. Con la mano libre, la abofeteó en sus nalgas temblorosas una y otra vez. Para entonces, podía ver Múltiples huellas rojas de manos delineadas en su piel, antes de cremosa.
Una descarga eléctrica impactó sus terminaciones nerviosas mientras una presión creciente comenzaba a crecer en su interior. Primero, su coño empezó a hormiguear. Luego, la sensación se expande al resto de su cuerpo. Un millón de estrellas invadieron su campo de visión. Nunca en su vida su marido había follado así. Y ahora el hombre con el que le ponía los cuernos le había roto el coño hasta el punto de que eyaculaba con cada embestida. « No puedo volver atrás… No puedo… Lo siento, Jaune».
Mientras su cuerpo experimentaba un placer insondable, se dio cuenta de que se había convertido en una extensión de su pene, como un hermoso adorno que lucía como testimonio de su grandeza masculina. Sintió miedo, un miedo intenso de no volver a experimentarlo, y entonces ese miedo se transformó en un abismo de rabia. Pensó en su epareja. Lo amaba y le había prometido estar a su lado en las buenas y en las malas, pero él no tenía esperanzas de darle ese placer sexual. Aunque esto sea un error, el corazón sabe lo que quiere, y el suyo ha decidido que le pertenece a su amante.
“¡Por ahhhhhh favor, contrátame, Sr. Howard! ¡Ahhhhhhh!”, gritó la cazadora, embistiéndolo con fuerza, sin importarle ya el destino. “¡Me encanta ahhhhh polla… es tan buena… es tan aghghhhgghh buena! ¡Por favor, noooohhhhhhh dejes de follarme!”
“Y ahí está”, susurró Winter, atónita por el hecho de que esta mujer realmente pudiera aguantar esa paliza inhumana. “Está arruinada para siempre”.
Kali rió mientras jugueteaba con su cabello.”Bienvenida a la familia, awww a Blake le encantara”.
Una sonrisa sombría se dibujó en sus labios mientras comenzaba a golpear la vagina de la mujer que lloraba histéricamente. Sus ojos se centraron en su ano, que inhalaba y exhalaba cada vez que su bajo vientre tocaba su gordo trasero. Interpretando esto como una invitación, le metió dos dedos en el trasero y luego movió las caderas con todas sus fuerzas.
“¡ CCCCUMMMINGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG AHHHHHHH AHHHHHHHH ! “, chilló Nora a un nivel de decibelios tan escandaloso que casi le destroza las cuerdas vocales. Apenas podía respirar mientras su aterrador orgasmo comenzaba a limpiarla de la poca culpa que le quedaba por pisotear sus votos matrimoniales. Casi en señal de asentimiento, su anillo de bodas resplandeció bajo los focos de la oficina.
Toda la oficina apestaba a sexo, pero él seguía, seguía follando a la cazadora infiel como el animal que le daba nombre a esta postura. No le sorprendió que ella hubiera canalizado a su lujuria interior y hubiera empezado a sacudir las caderas. Entonces sus piernas empezaron a empujarlo, todo su cuerpo se tensaba con cada embestida profunda y dolorosa. Estiró los brazos mientras sus dedos se crispaban. Tenía la cabeza aplastada contra el suelo, pero tenía los ojos en blanco, y solo se le veía el blanco.
Ahora era el momento de marcar realmente su territorio.
“Kghhh es b-bastante estrecha “, Howard mientras gruesas y cremosas gotas de semen salían disparadas de su uretra y la atravesaban. Otro chorro de leche se disparó, luego otro, y otro, hasta que desató un infierno en su interior.
Estaba completamente consciente del primer chorro de semen, que fue monumental en sí mismo al desatar su furia sobre su canal de parto, expandiendo su orificio caliente y luego salpicando contra la puerta de su cérvix con tanta fuerza que pasó. La siguiente descarga fue tan inmensa que desencadenó un pequeño orgasmo en su interior. Para cuando llegó el tercero, le siguió un orgasmo completo, y comenzó a perder la conciencia de forma intermitente, viendo cometas flotando a su alrededor, su coño casado palpitando con pulsaciones lujosas mientras ella eyaculaba con todas sus fuerzas. Pero él siguió eyaculando, y ella terminó desmayándose con una sonrisa tonta curvada en sus labios mientras su lengua colgaba fuera de su boca, follada sin sentido por primera vez en su vida.
Retirándose de su última conquista, Howard se deleitó con la pecaminosa visión de su vagina abierta expulsando su semen. “Vengan, Kali, Winter”.
Las dos mujeres mayores obedecieron y ahora estaban a ambos lados de su cuerpo reclinado. Reuniendo toda la saliva que pudo, Kali procedió a darle una felación descuidada a su amante. Ahora recorría con la lengua el lado derecho de su miembro.
“Mmm…” gimió Winter, lamiendo el lado desocupado de la polla de De Howard, con la mente en llamas al probar el delicioso cóctel de jugo de coño de su nueva hermana del harén, sudor, eyaculación de su amante y pecado desagradable, sucio y depravado.
Howard exhaló profundamente, disfrutando del homenaje que la pareja Fauno y Atlesiana le rendían a su pene. Rodeando sus cuerpos arrodillados, giró la mano izquierda en pronación y comenzó a jalar y luego a empujar el consolador anal de Winter. Su mano derecha también estaba ocupada, usándola para meter tres dedos en el coño de Kali. Gemidos femeninos y suaves gemidos llenaron su oficina mientras esperaba a que la cazadora despertara de su coma inducido para poder volver a tener sexo con ella.
(fin de la suculencia)
La puerta se cerró con un susurro metálico detrás de ella.
Nora salió tambaleándose como si hubiera corrido una maratón… o sobrevivido a una tormenta. Su cabello estaba desordenado, su respiración entrecortada y sus mejillas teñidas de un color rosa saludable, casi infantil. Pero lo más notable era su sonrisa. No una sonrisa de burla ni la típica travesura… sino una sonrisa completa, genuina, de quien había conseguido lo que buscaba.
La sensación de victoria, de seguridad financiera, de futuro… era tan cálida que le recorría la columna como una descarga de adrenalina templada.
“¿Entonces?” preguntó Pyrrha desde donde la esperaba sentada en una de las elegantes butacas del recibidor, cruzando las piernas con elegancia. Tenía una expresión casi maternal, pero con un deje juguetón, como quien ya sabe la respuesta.
Nora se dejó caer al lado de ella con un suspiro satisfecho. Se estiró como un gato al sol, cerrando los ojos por un instante mientras dejaba que el peso del momento cayera completo sobre sus hombros.
“Lo disfruté,” murmuró, casi como si le costara admitirlo. Luego se rió suavemente, con una chispa traviesa. “Pero… ¿qué pasará con Jaune?”
El nombre flotó en el aire como una nota disonante en medio de una sinfonía perfecta.
Pyrrha dejó de sonreír. Su mandíbula se tensó levemente, y su mirada se tornó más oscura. No con odio… sino con un desprecio cuidadosamente cultivado.
“¿Jaune?” repitió con frialdad. “Ese cobarde solo me mandaba dinero cuando se sentía culpable. Como si yo fuera una caridad. Como si pagarme por desaparecer fuera su forma de resolver el pasado.”
Nora alzó la mirada hacia su amiga. No había visto esa expresión en años. La Pyrrha que tenía delante no era la campeona de antaño. Era una mujer que había aprendido a ver la verdad detrás de las sonrisas, que había vivido lo suficiente para entender que la lealtad mal dirigida es otra forma de cadenas.
“Nunca me importó su dinero,” continuó Pyrrha, suavizando el tono pero sin soltar la intensidad. “Pero me cansé de fingir que debía agradecérselo.”
Nora, aún cansada, solo gimió un poco mientras se levantaba, con la espalda dolorida y los músculos tensos. “Me voy a dar la ducha más larga de la historia,” murmuró, arrastrando los pies hacia la puerta.
Fue entonces cuando su pergamino vibró.
Con un gesto automático, lo sacó del bolsillo y lo miró.
Un ¡ding! suave resonó por la estancia.
“Transferencia recibida: 5,000,000 valis”
Nora parpadeó. Su sonrisa se congeló, luego se amplió. “¿¡Cinco millones!?” exclamó, con un brillo nuevo en los ojos.
Pyrrha soltó una risa elegante, cubriéndose apenas la boca. “Howard es… bastante caritativo cuando alguien lo complace de verdad.” Se puso de pie también, estirando sus largos brazos con gracia . **”Y créeme, eso fue solo el primer contrato. Si decides quedarte bajo su ala… podrías convertirte en algo mucho más que una simple cazadora.”
Nora aún tenía la mirada fija en el saldo de su cuenta, como si no pudiera creerlo. La cifra parpadeaba como un faro de esperanza, como un billete de salida de la miseria que la había perseguido durante años. Y, en el fondo, como una señal de advertencia.
Porque si un solo trabajo había valido cinco millones…
Dolio
pero aura curo bastante bien y en el segundo round ella tomo la iniciativa.
…¿cuánto valía realmente su alma?
Pyrrha se acercó, le acomodó un poco el cabello a Nora con una dulzura protectora. “Tómate tu tiempo. Dúchate, descansa. Pero si mañana recibes una invitación para cenar con él… no la rechaces. La cena de Howard nunca es solo comida. Es una puerta a otro mundo.”
Nora tragó saliva, sintiendo por primera vez que algo más se movía tras las cortinas de su fortuna. Algo antiguo. Algo hambriento.
Pero por ahora… Una ducha caliente y cinco millones en su cuenta no sonaban nada mal.
Nada mal, en absoluto.
La noche había caído como una sábana pesada sobre Vale. Las luces débiles del barrio obrero parpadeaban, el aire olía a smog y cansancio, y en una pequeña vivienda compartida, Nora Valkyrie abrió la puerta con un suspiro que parecía arrancado del fondo de su alma.
Sus pasos eran lentos, y aunque su aura se esforzaba por cerrar las microfracturas y aliviar los moretones ocultos, aún sentía el cuerpo vibrar con los ecos del día . Cada paso dolía, pero en el fondo… también había placer, una sensación inquietante de haber hecho algo que importaba.
Al cerrar la puerta tras ella, dejó caer su bolso y apoyó una mano sobre su vientre. Una punzada la recorrió.
—¿Te imaginas…? —murmuró, hablando sola—. ¿Un mini yo…? Nah.
Se rió suavemente, con ese tono casi desquiciado que solo aparece cuando la posibilidad es real y demasiado cercana. Decidió ignorar la idea. Tenía asuntos más urgentes que pensar.
La ducha fue una bendición. El agua caliente la recibió como un amante mudo, abrazándola mientras cerraba los ojos y dejaba que el vapor se llevara sus dudas. Las marcas en su piel comenzaban a desvanecerse, pero en su interior algo más profundo no sanaba tan fácil.
Cuando salió envuelta en una toalla, lo vio.
Jaune.
Sentado en el sillón, rodeado de envoltorios vacíos de comida rápida, con su chaqueta vieja tirada sobre el respaldo. Miraba una pantalla con expresión vacía, pero al verla entrar alzó una ceja.
—¿Dónde estabas?
—Conseguí unos contratos —dijo ella, tragando saliva mientras forzaba una sonrisa—. Bastante buenos, de hecho. Podremos pagar las deudas. Tal vez hasta renovar este cuchitril.
Jaune bufó.
—No me interesa eso ahora. Tengo hambre. ¿Cocinaste?
Nora lo miró en silencio por unos segundos. Algo dentro de ella se rompió lentamente, sin hacer ruido, como una grieta en el vidrio. Asintió con suavidad, pero no respondió. En su cabeza, las palabras de Pyrrha seguían resonando.
“La cena con Howard nunca es solo comida…”
Alzó su pergamino. Una nueva notificación.
“Invitación confirmada: Cena privada, 20:00 hrs. Lugar: Rose d’Éridu.”
Suspiró.
—Voy a salir. Cena de negocios —dijo, vistiéndose rápido con un vestido sencillo pero elegante, el único decente que tenía. Antes de que Jaune pudiera protestar, ya estaba saliendo por la puerta.
La limusina enviada por Howard la esperaba en la esquina, con vidrios polarizados y un chófer que apenas habló.
El trayecto fue silencioso.
El restaurante era un lugar exclusivo, uno de esos donde incluso los cubiertos parecían valer más que una casa. Pero lo que atrapó su atención fue ella.
Willow Schnee.
Una mujer elegante, madura, con un abrigo de piel blanco y perfume caro. Estaba justo en la entrada del lugar, de pie junto a Howard.
Pero no era una reunión formal.
Willow sonreía… de verdad. Sus ojos tenían brillo, y su mano acariciaba el rostro de Howard con una ternura que no encajaba con su usual imagen fría. Él la sostenía por la cintura con suavidad, inclinándose apenas para susurrarle algo al oído.
Nora se detuvo unos metros antes de que la notaran.
Willow rió, una risa suave pero picara, y luego se puso de puntillas para besar la mejilla de Howard con afecto. Era una despedida cariñosa, casi íntima. Luego subió a su auto con elegancia y se alejó entre las luces de la noche.
Howard se giró lentamente, como si ya supiera que Nora estaba allí.
Sus ojos verdes jade la encontraron con naturalidad. Esa sonrisa suya… no era arrogante, ni forzada. Era la sonrisa de un cazador que sabe que su presa vuelve por voluntad propia.
—Llegas justo a tiempo —dijo, extendiéndole la mano—. Espero que tengas apetito, Nora. Esta noche… no hablamos de contratos.
Nora sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Y sin embargo… tomó su mano.
Y entró.
El Rose d’Éridu era un lugar donde la elegancia no se negociaba. Los manteles eran de lino auténtico, la vajilla de plata pulida y los camareros vestían mejor que algunos nobles. Nora Valkyrie se sentía como un engranaje oxidado en medio de un reloj de oro.
Su vestido era bonito, sí, pero no podía ocultar del todo la dureza de sus músculos curtidos en combate. Sus brazos, esculpidos por años de entrenamiento, sobresalían más de lo que el diseño permitía. Y aunque su rostro tenía una belleza salvaje y genuina, había una energía incontrolable en ella que desentonaba con la quietud de los demás comensales.
Las miradas no tardaron en clavarse.
Algunos eran curiosos. Otros, despectivos. Uno que otro, lujuriosos.
Pero nadie se atrevía a hablar. No con Howard allí.
Él estaba completamente tranquilo, como un león rodeado de ciervos. Llevaba su habitual camisa blanca, ahora perfectamente abotonada, un reloj de diseño extraño colgando de su muñeca izquierda. Su rostro, sereno, tenía esa expresión críptica que parecía mezclar cortesía con dominio. Las palabras fluían de su boca como vino añejo.
—El trabajo que hiciste en la oficina fue excepcional, Nora —comentó mientras tomaba un sorbo de vino tinto oscuro como la noche—. Me pareció… endemoniadamente divertido.
Nora bajó la mirada, las mejillas encendidas. Sus dedos jugaban con la copa de agua, pero su atención no estaba del todo en la bebida.
—Solo hice lo que dijiste —respondió con una voz más suave de lo habitual.
—Justo por eso quiero seguir contratándote. Me gusta la obediencia instintiva. Pero más aún… el fuego bajo la superficie.
Debajo de la mesa, el pie descalzo de Nora se movía lentamente.
Al principio había sido un simple roce, tal vez accidental, pero luego se volvió deliberado. La planta suave de su pie rozó la entrepierna de Howard, subiendo levemente por el pantalón. El gesto era torpe, inseguro… pero cargado de intención.
Howard no se inmutó, pero una chispa brilló en sus ojos.
—¿Entretenida? —preguntó sin mirarla directamente.
—Depende —susurró ella, bajando la mirada, con una media sonrisa que ocultaba su creciente nerviosismo—. ¿Lo estás tú?
—Lo estoy ahora.
El silencio se mantuvo unos segundos.
Luego, Howard hizo un leve gesto con la mano y el camarero, que se acercaba con una botella, se detuvo en seco. Bastó una mirada. El joven hizo una rápida reverencia y desapareció entre las sombras del restaurante.
Howard inclinó su cuerpo ligeramente hacia ella.
—¿Sabes lo que más me gusta de ti, Nora?
—¿Mi martillo? —intentó bromear, más por costumbre que por sinceridad.
Howard rió suavemente. Fue un sonido bajo, contenido, pero genuino.
—No. Me gusta que no tienes máscara. No finges elegancia. No pretendes encajar. Eres auténtica. Y en este mundo… eso es raro.
Nora tragó saliva. Las palabras la golpearon de forma extraña, entre halago y advertencia. Debajo de la mesa, su pie se retiró lentamente, nerviosa.
Howard notó el gesto, pero no lo detuvo.
—Puedes seguir, si quieres —añadió—. Nadie aquí se atrevería a juzgarte. No estando conmigo.
La cazadora no supo si sentirse halagada o poseída por esas palabras. Todo en Howard tenía un peso que no parecía humano. No era solo su belleza ni su dinero. Era algo en su voz. En cómo la habitación entera se adaptaba a él sin que hiciera el más mínimo esfuerzo.
La cena continuó entre silencios densos y frases cargadas de significado. Howard hablaba de trabajo como si hablara de un juego. Y cada vez que mencionaba futuros “contratos”, Nora no sabía si refería a combates o a noches parecidas a la que vivieron en su oficina.
Cuando el postre llegó, un mousse de chocolate amargo con pétalos de rosa cristalizados, Howard la miró de nuevo, sin rodeos.
—¿Estás dispuesta a seguir trabajando para mí, Nora?
Ella asintió, sin dudar.
—Sí… mientras pueda seguir pagando mis cuentas.
Howard sonrió.
—Oh, pagarás mucho más que eso.
Y en ese instante, supo que no hablaban solo de dinero.
La cena había terminado hace ya varios días, pero su efecto seguía latiendo dentro de Nora como una fiebre silenciosa. Aquella noche, Howard la envió a casa en un transporte privado, con una pequeña sonrisa y la promesa de que “habría más oportunidades”. Y así fue.
Los días comenzaron a fluir con una nueva cadencia. Nora se acostumbró al ritmo de la vida que Howard le ofrecía: contratos generosos, encuentros privados, una rutina de lujo cuidadosamente disimulada. Los rincones grises de su antigua vida fueron siendo reemplazados por tonos dorados, aunque no sin una sensación de vértigo constante.
Su cuerpo, aunque fortalecido por años de entrenamiento como cazadora, comenzaba a mostrar señales del desgaste. No por combates, sino por otro tipo de exigencias. Aun así, Nora siempre salía de los encuentros con una sonrisa vaga, los músculos tensos y el pergamino vibrando con nuevas cifras en su cuenta. Le dolía en sitios que no podía nombrar… pero no decía nada.
A veces, en mitad de todo, sonaba su pergamino.
Era Jaune.
—¿Dónde estás? —preguntaba él con voz soñolienta o frustrada.
—¿Yo? Ah… me tocó una patrulla nocturna —decía ella, conteniendo una risa mientras el eco de otra voz, lejana pero clara, hablaba con tono educado a su espalda.
—¿Otra vez? Pero pensé que ibas a cocinar hoy —decía Jaune, sin entender nada.
—Sí, sí. Pero surgió algo urgente. Ya sabes, contratos nuevos. Por fin estoy trayendo dinero a casa —respondía Nora, caminando con paso firme por los pasillos de mármol de algún lugar que Jaune jamás conocería.
Colgaba. Y volvía a sumergirse.
Lo extraño era lo fácil que resultaba fingir. A veces, mientras escuchaba a Jaune hablar de Pyrrha o de sus planes sin futuro, Nora se preguntaba por qué no lo había hecho antes. ¿Qué le debía? ¿Lealtad? ¿Lástima? ¿Rutina?
Cada vez que salía de una reunión con Howard, más segura, más hábil en ese mundo elegante y ambiguo, sentía que la versión anterior de sí misma se marchitaba un poco más.
Y en el fondo… no le importaba.
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