Nacido de la Niebla - Capítulo 1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: Capítulo I: El Diablo en la Niebla 1: Capítulo I: El Diablo en la Niebla Hace pocas horas me dijeron que no saliera.
Arven me sostuvo del antebrazo antes de que cruzara el portón.
—Capitán… la niebla está inquieta.
Y el Diablo no caza dos veces sin razón.
No pregunté qué quería decir con eso.
Ya sabía que no era la primera vez.
Tomé la linterna de vela.
Ajusté la espada.
Crucé el portón.
El bosque no tenía sonido.
Ni viento.
Ni insectos.
Solo el eco de mis pasos.
La empalizada quedó atrás.
Luego las luces.
Luego el recuerdo de haber estado a salvo.
La niebla no descendía.
Crecía.
Se espesaba en la negrura del bosque, devorándome como una pesadilla devora a un niño.
Se filtraba entre las raíces, reptaba sobre la tierra, trepaba por mis botas.
El aire se volvió denso.
Respirar dolía.
Seguir avanzando también.
Pero no podía retroceder.
Se lo debía a mis hermanos.
La rabia y el orgullo empujaban mi espalda y tiraban de mis pies.
Una absurda necesidad de demostrar que el Diablo no gobierna mis decisiones.
Entonces lo vi.
Entre dos árboles torcidos, inmóvil.
La niebla no lo tocaba.
Lo obedecía.
Alto.
Delgado.
Demasiado quieto para ser un ser vivo.
Sus ojos ardían como brasas hundidas en carne pálida.
Y sonreía.
El muy bastardo sonreía.
No como burla.
Como un amo.
Mi mano buscó la espada.
No respondió.
—Capitán… La voz no cruzó el aire.
Se formó dentro de mi pecho.
Di un paso hacia él.
La niebla estalló.
No fue viento.
Fue presión, como si el mundo entero se plegara sobre sí mismo.
El suelo desapareció bajo mis botas.
Caí.
Pero no hacia abajo.
Caí hacia dentro.
La bruma me atravesó la boca, los oídos, los ojos.
Sentí que algo me arrancaba de un lugar que ya conocía.
Otra vez.
Otra maldita vez.
Intenté gritar, pero la niebla entró en mi garganta.
Y de pronto… silencio.
No golpeé el suelo.
No sentí impacto.
Solo firmeza bajo las rodillas.
Conocía la sensación.
La niebla comenzó a disiparse lentamente.
No estaba en el bosque.
No estaba en ningún lugar que reconociera.
Frente a mí comenzaron a encenderse luces.
Una.
Dos.
Cinco.
Faroles suspendidos en la bruma, moviéndose con pasos humanos.
Figuras emergieron alrededor de esas luces.
Tres hombres.
Dos mujeres.
Una de ellas era apenas una niña.
Sus rostros reflejaban mi misma desorientación.
Nos observábamos como extraños en un mundo que no nos pertenecía.
Uno de ellos levantó su farol apenas unos centímetros.
Y entendí.
No eran aldeanos.
No eran cazadores.
No eran salvadores.
Eran perdidos.
Presas que el Diablo había soltado en su territorio y la niebla era nuestra jaula.
Como animales marcados antes de la cacería.
Eran aquello que Arven no se atrevió a decirme.
Eran como yo.
Otros nacidos de la niebla.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com