Naruto : Uchiha el Ninja Maldito. - Capítulo 16
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16: 16 16: 16 16 Una caravana avanzaba sin prisa por el sendero de tierra compactada, en ella llevaba estandartes Senju visibles, pero los escoltas ninja lucían por su ausencia patrullando los flancos como era habitual.
En su lugar, seis figuras caminaban a ambos lados de las carretas, con armaduras ligeras de placas, cascos abiertos y katanas envainadas al costado, su paso era firme, y sincronizado, no había en ellos la menor fluctuación de chakra.
—Samuráis.— dijo Kenzo observando desde la espesura del bosque, inmóvil y tranquilo susurrando —Esto no es normal… que carajo están planeando los Senju…— Tajima a su lado entrecerró los ojos diciendo.
—Una caravana Senju sin ninjas… ¿confían demasiado o esconden algo?— Naoto negó lentamente con la cabeza—No confían.
Están seguros.— Yuno, concentrado, añadió en voz baja.
—No siento chakra ofensivo, Solo… presencia.
Son buenos, aún que tampoco son rivales para nosotros.— Kenzo reconoció la forma en que caminaban, la posición de las manos, la distancia exacta entre cada uno, ya lo había visto antes… y entonces unió los puntos diciendo.
—Estos samurais son del mismo clan que El samurái que maté… el venía de aquí.— El equipo a su alrededor se sorprendió, pero guardaron silencio mientras pensaban que significaba esto… pero Tajima habló en voz alta —Un clan del País del Hierro, el cual tiene grandes Maestros herreros y Samurais, un país que mantenía su neutralidad con el mundo ninja, por que se aliaría con los Senju…— Las palabras de Tajima solamente alarmaron más a Kenzo quien guardó silencio un segundo, evaluando la distancia, el terreno y el ritmo exacto de la caravana, unos segundos después se levantó con un movimiento fluido y cubrió su rostro con la capucha.
—Los quiero neutralizados —ordenó en un tono firme—.
—No los quiero a todos muertos, hay que dejar algunos para interrogarlos…— No hizo falta repetir la orden, el ataque comenzó en un parpadeo, los Uchiha dejaron de estar donde estaban utilizando la técnica de el Body Flicker que se activó de forma casi imperceptible para los samurais.
El primer samurái apenas alcanzó a tensar los hombros cuando Kenzo apareció frente a él.
La katana descendió con una técnica limpia, directa al cuello de Kenzo, pero este no bloqueó, en cambio giró el cuerpo, desviando el filo con el lomo de su hoja y avanzando medio paso, entrando en la guardia del samurái.
El samurái resistió el impacto que generó una vibración que recorrió todo su brazo, y de inmediato el samurái retrocedió un paso, la sorpresa se mostró en su rostro, de inmediato supo que el golpe fue sólido y seco, en el no había chakra, solo fuerza bruta y maestría de la espada.
Entonces su mirada recorrió a Kenzo, pero rápidamente sus ojos se clavó en la hoja que llevaba Kenzo.
—Esa espada… —dijo, incrédulo.
—¿Por qué tienes la katana de alguien de la familia principal de mi clan Kurogane?— El nombre cayó como una piedra en un estanque para los oídos de Kenzo quien sonrió, no una sonrisa amplia, sino una breve y siniestra lo que hizo que al samurái se le enchinara la piel cuando escuchó.
—Gracias, ahora se quienes son ustedes bastardos, me acabas de ahorrar la investigación..— respondió con calma pero el samurái frunció el ceño, confundido… y en ese instante Kenzo desapareció.
El Body Flicker explotó en una ráfaga mínima.
Kenzo reapareció detrás de él y golpeó con la empuñadura directamente en la base del cráneo.
El cuerpo se desplomó sin un solo sonido, inconsciente antes de tocar el suelo.
A su alrededor, la escena se repetía, Tajima surgía y desaparecía entre los escoltas como una sombra violenta: golpes precisos en puntos nerviosos, patadas bajas que quebraban la postura antes de rematar con impactos en la nuca.
Sai y Dan, todavía menos refinados, compensaban velocidad con brutalidad controlada, neutralizando a un samurái entre ambos antes de que pudiera reaccionar.
Yuno se movía en los flancos, apareciendo solo para golpear y desaparecer, siempre donde nadie miraba.
Los samuráis no gritaban, no entraban en pánico, pero todo solo por que no podían seguir el ritmo, en menos de treinta segundos, los seis yacían en el suelo, inconscientes, atados con cuerdas improvisadas y amordazados, el bosque volvió a quedarse en silencio, como si nada hubiese ocurrido.
El justu de parpadeo corporal se había vuelto un arma extremadamente peligrosa en manos del grupo dirigido por Kenzo, cada grupo de reconocimiento que se encontraron fue destrozado por ellos sin piedad y sobre todo sin heridas gracias a un simple Jutsu.
Kenzo sonrió y bebió algo destrozado agua de su cantimplora antes de arrojársela a Tajima para que bebiera el también.
—Gran trabajo chicos, beban algo de agua y recupérense, Sai tú revisa la caravana, Yuno, tu quítale las armaduras a los samurái, mientras tanto dan y mi hermano Tajima interrogarán conmigo a estos bastardos.— Kenzo se agachó frente al samurái que había reconocido la espada y le retiró el casco con cuidado.
El hombre tenía el rostro anguloso, la piel curtida por el clima frío y una cicatriz antigua que le cruzaba el pómulo izquierdo.
Sus ojos, al recuperar la conciencia, se tensaron al encontrarse con el Sharingan encendido frente a él.
—No intentes resistirte —dijo Kenzo con voz baja—.
No es una amenaza.
Es un consejo, El samurái apretó la mandíbula, pero antes de que pudiera pronunciar palabra, el mundo se quebró.
No hubo oscuridad ni dolor inmediato, frente a El bosque desapareció y El samurái se encontró de pie en una vasta explanada de acero ennegrecido, rodeado de espadas clavadas en la tierra como lápidas.
El cielo era rojo, pesado, y cada respiración quemaba.
Frente a él, Kenzo permanecía inmóvil, la katana del clan Kurogane envainada a su costado.
—Genjutsu… —murmuró el samurái, tensando el cuerpo—.
Así que los rumores eran ciertos.
—No es un genjutsu para torturarte —respondió Kenzo—.
Es uno para que no puedas mentirme.
El Sharingan giró lentamente.
—Nombre.
El samurái dudó apenas un segundo.
—Kurogane Retsu —respondió—.
Tercera rama de la familia principal.
Kenzo asintió como si ya lo supiera.
—Ahora dime, Retsu… ¿por qué tu clan abandonó el País del Hierro?
La expresión del samurái se endureció.
—Porque el País del Hierro nos estaba matando lentamente —escupió—.
Neutralidad, tradición, honor… palabras vacías.
Nuestro clan creció, nuestras bocas también.
Y mientras los daimyō se llenaban la boca hablando de equilibrio, a nosotros se nos negó tierra, expansión, futuro.
Kenzo no lo interrumpió.
—Los Senju nos ofrecieron lo que el País del Hierro jamás haría —continuó Retsu—.
Un método.
Un verdadero método para cultivar chakra en nuestros cuerpos, no solo técnicas prestadas, no solo armas… chakra propio.
Detrás de Kenzo, aunque invisible en el genjutsu, Tajima sintió un escalofrío.
—¿Samuráis usando chakra…?
—murmuró Dan en el mundo real, con incredulidad escuchando lo que salía de la boca del samurái.
—Además —siguió Retsu, con la voz cargada de resentimiento—, nos prometieron territorio.
Tierras fértiles en estas regiones, bajo su protección.
No como iguales… sino como subordinados, sí.
Pero subordinados vivos.
Kenzo dio un paso adelante.
—¿Cuántos son?
Retsu cerró los ojos un instante, como si aceptar el número fuera más doloroso que decirlo.
—Treinta mil.
El silencio fue absoluto, incluso fuera del genjutsu.
—Treinta mil… —repitió Dan, en voz baja.
—Doce mil guerreros —añadió Retsu—.
El resto son herreros, comerciantes, agricultores, familias.
Gente que necesita estabilidad, Eso relajó apenas la tensión… pero solo un poco.
Kenzo entrecerró los ojos y preguntó — ¿cuántos samurais se encuentras asignados a esta base?
Y ¿cuál es su misión?— —8,000 soldados y nuestra misión es acosar y acabar con los ninjas Uchiha jóvenes y débiles… eliminar a las nuevas generaciones del clan Uchiha.
A los niños.
A los prometedores.
Cortar las plántulas antes de que se conviertan en árboles.— El Sharingan de Kenzo se contrajo apenas y frunció el ceño molesto por las palabras que acababa de escuchar —Así que ese es el plan —murmuró—.
Acabar con el futuro del clan uchiha… despiadado incluso para los Senju.— El genjutsu se deshizo como ceniza arrastrada por el viento y Retsu cayó con la garganta cortada al suelo, respirando con dificultad.
Kenzo se puso de pie lentamente y tomó la katana que perteneció a Retsu, la tomo en sus manos y la observó….—“Es igual a la mía.”— pensó observando la hoja con el mismo patrón en el acero al igual que el símbolo que ahora pertenecía al clan Kurogane… A su alrededor, Tajima y Dan habían terminado los otros interrogatorios, No dieron detalles, no hizo falta.
Sus expresiones lo decían todo.
—Todos confirman lo mismo —dijo Tajima, con la voz tensa—.
El clan Kurogane abandonó el País del Hierro hace meses.
Se mueven como una fuerza auxiliar de los Senju.
Dan tragó saliva.
—Si los Senju quieren… pueden soltarlos como perros sobre nuestras rutas de suministro.
Una y otra vez, son guerreros desechables y reemplazables.— Kenzo observó el bosque en silencio, calculando.
—Treinta mil bocas —dijo finalmente—.
Doce mil espadas.
Y un motivo para odiar.
Envainó la katana del clan Kurogane con un sonido seco y se la lanzó a su hermano Tajima diciendo.
—Desde ahora utiliza esta espada, tiene mejor calidad siendo de chakra Steel y además al parecer dentro de poco esto ya no es solo una guerra entre dos clanes ninja, puede que la escala de la guerra se vuelva más grande…— Kenzo girando a observar a su equipo dijo.—Hay que deshacerse de los cuerpos y disfrazarnos, es momento de entrar al campamento…—
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