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Naruto : Uchiha el Ninja Maldito. - Capítulo 17

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17: 17 17: 17 17 La noche terminó de caer cuando los Uchiha volvieron a moverse, la caravana, ya integrada al flujo interno del campamento, fue desviada hacia una zona de almacenaje donde nadie hacía demasiadas preguntas, Kenzo dio la orden con un gesto casi imperceptible, se dispersarían en parejas, sin alejarse demasiado, siempre dentro del campo visual de otro miembro del equipo.

Vestidos como samuráis del clan Kurogane, caminaban con la espalda recta y el paso medido escoltando los bienes de la caravana, durante un tiempo no hablaron, no miraban de más, imitaban exactamente lo que habían observado horas antes, el comportamiento errático de un samurái funcionaba.

Al llegar a una de las puertas de acceso al campamento Kenzo observó el campamento el cual era enorme, pero lo que más inquietaba no era su tamaño… sino su naturaleza, esto parece una ciudad..

—Kenzo —susurró Yuno, caminando a su derecha —Estoy extendiendo mis sentidos… con cuidado, es cierto, aquí hay más samurais que ninjas.— —No te expongas, debemos llamar lo menos posible la atención.— —No lo haré.— respondio, Yuno mientras continuaba caminando junto con el equipo hacia la entrada la cual no parecía improvisada, dos empalizadas gruesas de madera reforzada con placas metálicas formaban un cuello estrecho por el que toda caravana debía pasar.

Sobre ellas, una pasarela elevada permitía a los vigías observar desde arriba.

Antorchas protegidas por vidrio opaco ardían con llama estable, diseñadas para no apagarse con el viento.

Frente al acceso se encontraba el puesto de control de un yoriki como los samurái lo llamaban —oficial de patrulla samurái encargado de inspecciones internas— se mantenía de pie junto a una mesa baja donde descansaban tablillas de registro.

Su armadura era más pesada que la de los escoltas comunes, con placas superpuestas y el emblema del clan Kurogane grabado en el pecho.

Sus ojos eran agudos, tal vez demasiado por lo que alzó una mano cuando la caravana se aproximó.

—Alto.— Los Uchiha detuvieron el avance con precisión milimétrica Ni demasiado rápido.

Ni demasiado lento.

Mientras el yoriki se acercó, caminando alrededor del primer carro.

Sus botas resonaban contra la tierra compactada.

—Identificación de escolta e inventario de la caravana —ordenó con voz firme.

Kenzo bajó levemente la cabeza, como lo haría un subordinado samurái.

No habló, El hombre se detuvo frente a Tajima diciendo —No reconozco tu rostro.— El aire pareció tensarse apenas un grado, Tajima levantó la vista y sus ojos giraron con Dos tomoes negros que se encendieron en rojo profundo, apenas visibles bajo la sombra del casco.

No hubo gesto exagerado.

No hubo palabra Solo una mirada directa El genjutsu se deslizó como una aguja invisible.

El yoriki parpadeó una vez… Luego otra y Sus pupilas se dilataron apenas.

En su mente, la escena cambió: la caravana había sido revisada minutos antes.

Todo en orden.

Rostros familiares.

Sin anomalías  —Procedan —dijo finalmente, con voz neutra.

Se apartó, Nadie más notó el microsegundo de tensión que había ocurrido.

Kenzo no miró a Tajima, pero sus labios se movieron apenas.

—Bien hecho.— La caravana cruzó el cuello de empalizada y entró al interior, y lo que vieron los dejó en silencio, la mirada de Kenzo recorrió el campamento y se fijó a un edificio al centro de la fortaleza en el cual el sendero estaba adornado con filas de armaduras, Zonas de entrenamiento donde el sonido era acero contra acero, no jutsus.

Torres custodiadas por arqueros con postura marcial, no por ninjas en cuclillas sobre vigas.

—Los Senju no están usando este lugar como base ninja —murmuró Kenzo—.

Es un cuartel de ocupación, posiblemente el punto de partida en una ocupación agresiva.

Tajima apretó la mandíbula.

—Una fuerza regular para desgaste y acoso constante, en el cual las pérdidas de los samurais son irrelevantes mientras logren matar a algunos uchiha.— —Y sus ninjas… reservados para objetivos específicos —concluyó Kenzo apoyando la teoría de su hermano mientras avanzaron hacia una zona central donde varias estructuras más sólidas se levantaban.

Al pasar por un cruce amplio, el murmullo del campamento cambió Al llegar a una de las puertas de acceso al campamento, Kenzo redujo ligeramente el paso.

Este campamento no era un simple asentamiento militar, es el motor que hará girar una futura máquina de guerra una futura ciudad que comenzará como una lanza directo al corazón de las tierras del Este pertenecientes al clan uchiha.

Filas interminables de tiendas alineadas con precisión geométrica.

Calles delimitadas con estacas y cuerdas gruesas.

Zonas designadas para forja donde enormes hornos escupían chispas anaranjadas hacia el cielo nocturno.

—“Van a desangrar al clan con bajas y heridas constantes con una guerra de desgaste, que plan tan excepcional.”— pensó para su mismo Kenzo escuchando el sonido dominante de Martillos golpeando acero Hojas chocando en entrenamiento.

Armaduras siendo ajustadas.

A la derecha, una explanada entera estaba dedicada a prácticas de combate.

Decenas de samuráis entrenaban en formación cerrada, repitiendo cortes sincronizados como si fueran una sola entidad.

A la izquierda, depósitos de armas organizados por tipo y tamaño.

Espadas largas.

Lanzas reforzadas.

Arcos de gran potencia.

Más adelante, torres de vigilancia cada cincuenta metros, con arqueros apostados permanentemente.

—Esto no cuadra, hay un individuo que tiene una cantidad de chakra exorbitante en esa dirección— dijo Yuno  —Confirmo.

La mayoría de presencias no emiten chakra activo Son… samuráis, pero yo también puedo sentirlo.— respondió Kenzo, sus nervios estaban de punta y su expresión estaba alerta cuando de pronto escuchó un par de risas en un complejo de carpas detrás de ellos por lo que ralentizó medio paso, lo suficiente para que Tajima y Yuno quedaran ligeramente más cerca.

—Escuchen —murmuró apenas mientras las voces continuaron.

—¿Viste sus caras?

—dijo uno de los samuráis entre risas bajas —Apenas pueden sostenerse en pie, vaya que son un clan de debiluchos.— —No son guerreros —respondió otro—.

Son boticarios asustados.— —El hermano del patriarca Senju sabe elegir bien sus piezas.

Sin esos Tang, el plan del río tardaría meses más.— —¿Cuántos trajeron?

—preguntó una tercera voz.

—Ciento siete.

Algunos murieron en el traslado, puede que otros no resistirán la semana.

Pero los que saben… esos vivirán, por lo menos para ayudarnos otro día.— dijo otro samurái sonriendo.

—Mientras cooperen.— Una pausa.

Luego una risa más baja.

—Y si no cooperan, los obligaremos a cooperar igual.— Silencio.

Los pasos de los samuráis se alejaron.

Kenzo dobló por una calle lateral con naturalidad, como si simplemente siguiera la ruta asignada.

Solo cuando estuvieron fuera del rango inmediato de escucha habló en un susurro firme.

—así que clan Tang, ¿que sabemos de este clan?— preguntó Tajima  —Solo que son un grupo de alquimistas y maestros de los venenos.— respondió Dan —También se dice que tienen una extraña resistencia a los venenos ya que por generaciones han trabajado con ellos, son un clan muy misterioso.— respondió Kenzo.

Al llegar a el calabozo Kenzo y su escuadrón notaron que no era solo una prisión, sino un laboratorio improvisado, con  Celdas alineadas a ambos lados de un corredor central.

En el espacio principal, mesas improvisadas con morteros, frascos, recipientes de destilación y herramientas Tang.

Algunos prisioneros trabajaban bajo vigilancia armada, otros yacían inmóviles en el suelo, los vapores tóxicos flotaban densos en el aire.

—— En los adentros del calabozo Kenzan descendió los últimos escalones sin cubrirse el rostro.—¿Cuántos más?

—preguntó con voz tranquila.

Un ninja Senju respondió —Seis murieron hoy por inhalación.

Dos más colapsaron durante las pruebas.— Kenzan asintió sin emoción.—Ineficientes.— Su mirada recorrió el recinto hasta detenerse en una celda al fondo, Allí, encadenado y cubierto de moretones, se encontraba un joven de no más de catorce años.

Cabello oscuro pegado al rostro por sudor, Ojos hundidos… pero firmes, no era otro que el hijo menor del líder del clan Tang y el último sobreviviente de la línea del patriarca del clan….Tang Shōren.

Kenzan se detuvo frente a la celdas observando al chico recostado en el suelo.

—Así que aún sobrevives.— dijo Kenzan haciendo que Shōren levante la mirada con dificultad diciendo.

—algún día te mataré, me vengaré de tu clan Senju.— Kenzan sonrió levemente.

—Eres más resistente que el resto de tu familia, me alegra ver que mantienes tu espíritu.—  El joven escupió sangre al suelo el enojo y coraje se reflejaban en su mirada mientras decía con dificultad —No somos tus herramientas.— —oh, que no te das cuenta que ya lo son —respondió Kenzan con frialdad.

—Tu clan será útil.

Y tú… eres la prueba perfecta, tu resistencia al veneno nos permitirá crear un veneno que no puedan soportar los uchiha limpiando las tierras del este de ellos.— Un ninja abrió la celda y arrastró a Shōren hacia la mesa central, en manos de un extraño alquimista una docena de frascos oscuros reposaban alineados.

—El lote final está listo, señor —informó el alquimista de piel color bronce y una barba prominente llamando la atención de Shōren, quien al verle no pudo evitar decir.

—Tío…— Tang Ryūsai lo observaba sin emoción.

—El clan estaba condenado, Shōren, con el clan Senju a nuestras espaldas, el clan uzumaki al otro lado del mar y los uchiha del otro lado del río estamos aislados, siempre dependiendo del comercio, bajo los Senju tendremos territorio, protección, Recursos y sobre todo, seré el patriarca, pero por eso habría de deshacerme de los partidarios de mi hermano, de mi hermano y por supuesto de su prole.— —¡Nos vendiste!— —Los salvé —respondió Ryūsai con frialdad—.

La evolución exige sacrificio, y yo soy el futuro del clan Tang.—  Kenzan ignoró al tío y sobrino que debatían sus problemas y tomó uno de los frascos frasco oscuros sobre la mesa, El líquido era denso, de un púrpura tan obscuro que podría pasar por negro a simple vista.

—¿Nombre?— Ryūsai respondió sin titubear —Los Mil Venenos.— Shōren comprendió al instante.

—No…— Ryūsai se acercó.

—Has sobrevivido a treinta y siete variantes más avanzadas creadas por mi en base a los venenos secretos del clan, tu resistencia genética es excepcional, me ayudaste mucho a mejorar mi arte, sin duda siempre te estaré muy agradecido.— Dos ninjas lo sujetaron mientras Shōren luchaba con las pocas fuerzas que le quedaban a su cuerpo, pero aún así el frasco fue destapado.

El olor era insoportable, y el líquido fue vertido en 20 jeringas que fueron inyectadas en todo el cuerpo de Shōren el cual se convulsionó violentamente.

Las Venas estaban marcadas, su Respiración rota y la Espuma oscura salía por su boca.

Ryūsai observaba Cronometrando y documentando cada segundo en su bloc de notas, detrás Kenzan cruzó los brazos y observó tranquilamente.

—20 minutos.— durante veinte minutos el cuerpo se convulsionó hasta que el cuerpo se arqueó… y quedó inmóvil.

—Tiempo aceptable, pero es mejorable.— Se giró hacia Ryūsai.

— en 5 días al amanecer, el río será purificado… a nuestra manera y acabaremos a los uchiha, después sostendrás esas tierras bajo protección del clan Senju y proclamaremos que el clan uchiha realizó todos estos actos.— Al escucharle Ryūsai sonrió y dijo.

— se hará lo que usted ordene Lord Kenzan.—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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