Naruto : Uchiha el Ninja Maldito. - Capítulo 22
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22: 22 22: 22 Dentro del centro de mando del campamento Senju Kenzan observaba fijamente el mapa de la tierra del fuego, pero centrándose especialmente en la tierra de los Senju.
—Desde hace pocos cientos de años nuestro clan ha comenzado a descender en poder, y ni siquiera lo habían notado los anteriores patriarcas, y como no hacerlo si los uchiha han sido muy astutos, he de reconocerlo.— mencionó Kenzan observando el mapa.
Tang Ryūsai frente a Kenzan sonrió intrigado.
— ¿A que se refiere Kenzan-Sama?
Al no descender de un clan ninja desconozco sobre la historia de los clanes, me disculpo por mi ignorancia.— —Hum, te ilustraré un poco.— dijo marcando una extensión de tierra con un círculo en la tierra del fuego.
— Está, es la tierra que pertenecía a los uchiha antes del nacimiento de Uchiha Jin y posteriormente a su muerte a los 40 años a manos de Senju Raigen, provocó que el clan Uchiha fuera uno más salvaje, sus técnicas de esgrima fueron heredadas por el clan, y en un periodo de 50 años los uchiha aprendieron sus técnicas y predominaron en el campo de batalla, se multiplicaron y comenzaron a adquirir más territorios mientras los Senju sangramos.— —Disculpe Kenzan sama, ¿eso hace cuanto ocurrió?.— preguntó Tang Ryusai con una expresión nerviosa, pero frente a él Senju Kenzan parecía muy tranquilo.
—Hace 800 años.— —Muerto el perro, no acabó la rabia suelen decir algunos sirvientes….
los Uchiha incrementaron sus números y por ende su poder, asentaron a su gente en los nuevos territorios blindando la zona, poco a poco han adquirido tanto terreno que dominan un cuarto del territorio total del país del fuego— Senju Kenzan deslizó sus dedos sobre el mapa, marcando distintas zonas con una calma casi metódica.
—El país del fuego no es un territorio unificado… es un campo de guerra disfrazado de nación.— dijo mientras trazaba líneas invisibles entre regiones —Si lo divides correctamente… entenderás por qué esta guerra nunca termina.— Su dedo se detuvo primero en el oeste.
—Aquí…— golpeó ligeramente el mapa —territorio Uchiha.— Hizo una pausa breve.
—Bosques densos, terreno irregular, múltiples rutas ocultas… perfecto para emboscadas y control territorial.— Su mirada se afiló levemente —Han convertido su tierra en una fortaleza natural, han logrado anclarse en toda la tierra que dominan.— Movió el dedo hacia el este.
— Y Aquí estamos nosotros.— continuó —territorio Senju.— Su tono no cambió, pero había algo más pesado en sus palabras.
—Ríos, llanuras, tierra fértil… fácil de defender a gran escala, pero difícil de ocultar movimientos.— Una ligera pausa.
—Nosotros construimos… ellos conquistan y destruyen.—El dedo descendió un poco más, marcando múltiples puntos dispersos.
—Estos… son los clanes menores.— Pequeños círculos fueron dibujados con precisión.
—Inuzuka, Aburame, Nara, sarutobi, Shimura, Akimichi, y el shogunato del país del fuego.— Su voz fue fría —No tienen el poder para dominar, pero sí el suficiente para inclinar la balanza en una batalla si el precio es correcto.— Finalmente, su dedo se desplazó hacia el centro del mapa… y se detuvo.
Ahí no dibujó nada al inicio.
Solo lo observó.
—Y aquí…— dijo finalmente —el corazón del país del fuego.—Con la uña trazó un gran círculo.—El Shogunato de los samurái.— Tang Ryūsai entrecerró los ojos analizando las palabras de Kenzan mientras este continua.
—Entonces… necesitamos inclinar la balanza y que mejor que aumentar los números, que otros mueran por nosotros, a cambio les daremos técnicas de extracción de chakra, si alguno puede dominar una que otra técnica y mata a algún uchiha ya es ganancia.— La mirada de Tang Ryūsai se iluminó al escuchar las palabras de Kenzan, pero cuando quiso preguntar “Si les enseñarían técnicas de extracción de chakra a él y sus insurgentes.” Pero Kenzan lo interrumpió sin mirarlo señalando el mapa —Ellos poseen la mayor extensión de territorio, mas de la mitad del país del fuego está bajo su dominio directo o indirecto.— Ahora sí lo miró.
—Pero no controlan la guerra.— El silencio se volvió pesado.
—Los samurái gobiernan la tierra…— continuó —pero los ninjas deciden quién vive en ella.— Sus dedos se cerraron lentamente.
—Uchiha… un cuarto del territorio.— —Senju… un cuarto.— —Clanes menores… fragmentos dispersos.— —Y el resto… bajo un gobierno de los Hyugaademas de otros clanes insignificantes.— Tang Ryūsai tragó saliva.
—Entonces… estamos en equilibrio.— Kenzan negó lentamente.
—No.— Sus ojos se endurecieron.
—Estamos en una balanza rota.— Se giró completamente hacia el mapa.
—Los Uchiha crecen más rápido que nosotros.— —Los clanes menores cambian de lealtad constantemente.— —Y los samurái…— hizo una pausa —observan.— Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Pero eso está por cambiar.— Sus dedos golpearon suavemente el punto donde estaba marcado el campamento.
—Porque aquí…— dijo en voz baja —tenemos algo que ellos no.— Sus ojos se desplazaron hacia Ryūsai.
—Veneno.— El aire pareció enfriarse.
—Un arma que no distingue entre chakra, linaje o talento.— continuó —Un arma que convierte fortalezas en tumbas.— Una pausa.
—Y cuando este campamento cumpla su propósito…— añadió con calma —el equilibrio del país del fuego se romperá definitivamente, y nosotros los Senju prevaleceremos…— El silencio por parte de Tang Ryūsay no se sostuvo demasiado tiempo, fue abruptamente roto por un estruendo seco que resonó en la distancia, no fue lo suficientemente fuerte como para derrumbar estructuras, pero sí lo suficiente como para hacer vibrar ligeramente el suelo bajo los pies, Senju Kenzan no reaccionó de inmediato, su mirada se mantuvo fija en el mapa por una fracción de segundo más hasta que un segundo estallido, esta vez más cercano, le hizo desviar los ojos hacia la entrada del centro de mando.
Fue entonces cuando llegaron los gritos, primero uno aislado, luego varios superpuestos y finalmente una ola completa de caos que se extendía por todo el campamento.
—¡¡ATAQUE!!— —¡¡EL HUMO TIENE VENENO!!— —¡¡NO RESPIREN!!— las voces se mezclaban con tos, jadeos y el sonido de cuerpos cayendo contra la tierra y la madera.
una nube de humo púrpura comenzó a filtrarse lentamente por la entrada, arrastrándose por el suelo como una entidad viva, densa, pesada, pegajosa, Tang Ryūsai retrocedió instintivamente un paso mientras sus pupilas se contraían al ver el gas expandirse, pero Kenzan permaneció inmóvil, observando, analizando en silencio.
afuera el campamento ya no existía una estructura organizada sino un salvaje ajetreo en el ambiente, los frascos estallaban uno tras otro liberando más de ese gas venenoso que se extendía sin control, los samuráis fueron los primeros en caer, sin control de chakra sus cuerpos no resistieron, algunos apenas lograron gritar antes de desplomarse mientras se llevaban las manos al cuello, sus respiraciones se rompían en espasmos, sus venas comenzaban a marcarse bajo la piel mientras sus cuerpos se tensaban hasta colapsar.
En cambio, los ninjas reaccionaron más rápido, formando sellos, intentando controlar la circulación de su chakra para filtrar el veneno, algunos lo lograron, otros no, bastó una inhalación mal controlada para que sus cuerpos comenzaran a fallar, sus movimientos se volvieron torpes, sus piernas cedieron y terminaron en el suelo junto a los demás, los gritos de mando intentaban imponerse sobre el caos —¡¡UTILICEN JUTSUS DE VIENTO!!— —¡¡RETÍRENSE A LOS PUNTOS ALTOS!!— —¡¡PROTEJAN LOS PABELLONES!!— pero ya era tarde, los pabellones médicos, los almacenes y las zonas de descanso estaban siendo alcanzadas por las explosiones, cada detonación liberaba más veneno, más muerte, más desesperación, y entre ese caos, entre ese colapso absoluto, figuras se movían con precisión.
Kenzo avanzaba al frente sin apresurarse, su mirada recorría cada rincón del campo, cada reacción, cada error, a su lado Tajima mantenía una sonrisa contenida mientras observaba cómo el campamento se desmoronaba desde dentro, detrás de ellos Dan y Yuno se desplazaban lanzando más frascos hacia puntos estratégicos, asegurándose de que el humo no dejara espacios limpios, mientras que los miembros del clan Tang se movían con una manera silenciosa.
Sus expresiones mostraban alivio al observar a los ninjas y samurais sufriendo por respirar, complacidos y sonrientes como si todo el sufrimiento acumulado durante meses se estuviera liberando en ese momento, dentro del centro de mando el humo ya comenzaba a invadir el espacio con mayor densidad, Ryūsai llevó una mano a su rostro cubriéndose instintivamente mientras miraba a Kenzan buscando una reacción, pero el líder Senju dio un paso al frente en dirección a la entrada, sus ojos entrecerrados observando la nube púrpura que avanzaba, escuchando los gritos, midiendo la magnitud del desastre, comprendiendo en silencio lo que estaba ocurriendo.
—…nos atacan.— murmuró finalmente con una calma que contrastaba con el caos exterior, poniéndose de pie comenzó a realizar signos con una mano —¡¡Jutsu torbellino de Viento!!.— Frente a sus ojos otro cuerpo cayó en la entrada convulsionando, sus dedos arañaban la tierra en un intento inútil por avanzar mientras su respiración se quebraba hasta detenerse por completo, Kenzan lo observó apenas un instante antes de alzar la mirada nuevamente hacia el campamento que se desmoronaba bajo una niebla venenosa que no distinguía rango ni habilidad.
—¿Que carajos es esto?.—preguntó en un tono enojado tomando a Ryusai del cuello.
—Dime Viejo, ¿Qué carajos es eso?— Tang Ryūsai no pudo responder de inmediato, sus manos se aferraron a la muñeca de Kenzan mientras el agarre en su cuello se tensaba, su respiración se volvió irregular no solo por la presión sino por el aire que comenzaba a contaminarse incluso dentro del centro de mando, sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y comprensión tardía mientras observaba el humo púrpura que avanzaba como si tuviera voluntad propia, denso, pesado, imposible de ignorar.
—e-es…— intentó hablar pero tosió, una tos seca que le sacudió el cuerpo —es veneno…— logró decir con dificultad, Kenzan entrecerró los ojos sin soltarlo, su mirada se endureció al instante en que esas palabras encajaron, pero no lo soltó de inmediato, sus dedos apretaron un poco más como si quisiera arrancarle una explicación completa en ese mismo instante entrecerró los ojos sin soltarlo, su mirada se endureció al instante en que esas palabras encajaron, pero no lo soltó de inmediato, sus dedos apretaron un poco más como si quisiera arrancarle una explicación completa en ese mismo instante, —no…— murmuró con frialdad —esto no es dispersión normal… esto está diseñado…— su mirada se desplazó hacia la entrada donde el torbellino de viento que había liberado apenas lograba abrir un espacio momentáneo antes de que el humo volviera a cerrarse como una marea.
afuera los gritos no cesaban los ninjas fueron tomados por sorpresa por un ataque mortal, que apenas les dejó reaccionar pero aquellos nerviosos ni siquiera lograron hacer señas antes de perecer.
el sonido de cuerpos cayendo seguía repitiéndose como un patrón constante, como si el campamento entero estuviera siendo triturado desde dentro, Kenzan finalmente soltó a Ryūsai empujándolo contra el suelo sin cuidado, sus pensamientos se movían con rapidez, conectando piezas, reconstruyendo lo que estaba ocurriendo, —los prisioneros…— murmuró en voz baja —los alquimistas…— sus ojos se afilaron de golpe —los Uchiha.— —Llama a mi guardia personal, yo mismo los cazaré.—.
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