Night Shadow - Capítulo 27
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27: Jackpot 27: Jackpot Él aparta la mirada y se pone de espaldas para no verla.
Ella se cambia, poniéndose un ajustado vestido negro que no le llega a las rodillas.
—Ya está, puedes mirar— sale del vestidor con un notable rubor en las mejillas.
—¿Qué he hecho?
¿Me pasé demasiado?
Él sale tras ella y mira su vestido.
—Te queda bastante bien— ella se alegra al escuchar sus palabras.
Salen de la tienda tras pagar y entran en una tienda de teléfonos para comprar uno.
Al salir, él le manda un mensaje a Hats y espera unos segundos pero no tiene respuesta.
—Oh, ¿estás escribiendo a Hats?— pregunta ella, asomándose sobre su hombro.
—No sé cuánto tiempo llevo sin verlo, espero que no esté en problemas.
—No creo que se atrevan ha hacerle nada— mira la ropa que llevan los dos.
—¿No crees que deberías cambiarte?
Tenes la ropa destrozada y ensangrentada.
—Tienes razón, debería cambiarme— ve a un hombre en smoking corriendo a unos arbustos.
—Creo que ya encontré la ropa.
El hombre llega a los arbustos e inspeccionar que no haya nadie cerca.
Desabrocha su cinturón y se dispone a orinar pero Andrew aparece detrás suyo y le deja inconsciente.
Antes de que él caiga, le sujeta y le arrastra tras los arbustos.
Vuelve con ella, teniendo puesto los pantalones y la camisa con algunos botones desabrochados mientras lleva la chaqueta en la mano.
—¿Por qué no te pones la chaqueta?
—Me queda muy ajustada— se remanga los brazos.
—¿Y si disfrutamos del lugar?
Él sonríe maliciosamente y ella le observa de abajo arriba hasta que sus miradas se encuentran, haciendo que ella sonría también.
Minutos después, entran en el casino.
Las luces del lugar y el sonido de los juegos envuelve el lugar.
Un jugador nota su presencia y le observa con curiosidad mientras sonríe maliciosamente.
Andrew nota su mirada y se acerca a su mesa.
—¿Hay hueco para jugar?— pregunta al crupier (la persona que baraja y entrega las cartas).
—Quedan asientos libres, siéntense donde quieran.
—Perfecto.
Se sientan en las sillas vacías y el crupier reparte las cartas.
—Hagan sus apuestas— dice al terminar de repartir.
—Disculpe, ¿a qué estamos jugando?
—Esto es póker, señor.
—Bien, entonces apuesto esto— saca un fajo de billetes del bolsillo.
—Aquí tiene quinientos millones.
Todos se impactan al escuchar la cifra de dinero.
—Creo que es demasiado para la primera partida— dice el crupier.
—Está bien, cogeré cincuenta mil— le da algunos billetes a Alex y apuesta la cifra nombrada.
El hombre le ve con entusiasmo y apuesta también.
—Espero que Mammon no se enfade por cogerle un poco de dinero— piensa.
Todos hacen sus apuestas.
—No hay más apuestas— dice el crupier.
Todos enseñan sus cartas.
El hombre se siente confiado al ver el resto de cartas y muestra las suyas, teniendo cuatro ases (la tercera mejor jugada del póker).
—Bien, la suma de ganancias es bastante elevada.
Con esos dos novatos podría ganar millones— piensa.
—No sé mucho como se juega esto, espero que sean buenas mis cartas—dice Andrew.
Muestra sus cartas y todos se quedan boquiabiertos al verlas.
Él muestra una “escalera real”, teniendo la jugada más alta y el crupier le entrega todo el dinero.
—Vaya, he ganado.
—No tenía eso previsto— piensa el hombre.
—Veo que tienes suerte, me gustaría jugar contigo a otra cosa.
¿Sabes jugar al “Memory”?
—He jugado algunas veces.
Se levantan de sus sitios y van a una mesa vacía.
—Usaremos tres barajas de póker para jugar, tendremos que elegir las tres cartas iguales— dice poniendo las cartas en la mesa.
Ella empieza jugando pero pierde considerablemente.
Él juega en su lugar y pierde contra el hombre con una gran diferencia.
—Toma, un millón— dice Andrew, dándole el dinero.
—Quiero otra partida pero sesta vez apostemos todo.
El hombre duda por un momento pero ve la cantidad de dinero ganada y acepta.
Se colocan las cartas sobre la mesa y empiezan a jugar.
Él empieza cogiendo dos tríos, dejando 150 cartas.
Andrew examina las cartas por un momento y coge 30 tríos, siendo 90 cartas.
—Creo que no hace falta seguir.
—E-Eres un tramposo.
—No fui yo quien amañó las cartas modificando ligeramente el diseño— le mira fijamente a los ojos.
—Vaya, te ha pillado— añade ella.
—Me voy, no seguiré jugando— se va.
Ambos miran la cantidad de dinero ganado.
—¿Cómo descubriste que hizo trampas?
—No sé mucho de apuestas pero no hay que mostrar tus emociones reales para no ser una presa más.
Bueno, vayamos a por el jackpot.
Recogen el dinero y van a la sala de máquinas, ganando en todas las máquinas que juegan.
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