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Night Shadow - Capítulo 28

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Capítulo 28: Devil House

Andrew y Alex pasan horas en el casino, jugando a diversos juegos y ganando una gran cantidad de dinero. Las cámaras de seguridad se fijan en ellos. Tres guardias de seguridad bastante musculosos se acercan y uno sujeta a Andrew por la muñeca.

—Oye, ¿qué haces?

—Señor, le pido que venga conmigo— tira de él.

Uno de ellos sujeta a Alex por la espalda y ella forcejea, intentando liberarse.

—Suéltala— lanza al guardia que le sujeta la muñeca hacia una pared.

Le da un empujón a quien está detrás de ella, lanzándole por los aires, haciendo que vuele por todo el pasillo. Lanza una fría mirada al tercero pero éste se echa atrás.

—Mira, no quiero problemas, solo hago mi trabajo.

—Toma— ella rompe una silla en su espalda.

Él queda aturdido por un momento y Andrew le da un ligero golpecito con un dedo en la frente, dejándolo inconsciente.

—Bueno… ¿nos vamos?— pregunta él.

—Sí, vayámonos, el ambiente está algo muerto.

Salen del casino mientras todos se quedan mirándoles. Al llegar al exterior, contemplan la noche estrellada.

—Alex, ¿te apetecen unas copas?— pregunta él.

—¿Dónde iremos a estas horas? No nos dejarán por lo de antes.

—Tengo un lugar donde podemos ir— su mano se prende en llamas y aparecen unas llaves de coche en su palma.

—No sabía sobre ese truco— se asombra al ver lo que hizo.

—He aprendido unas cuantas cositas— le guiña el ojo.

Aprieta el botón de las llaves y se escucha un rugido de motor a lo lejos. Un deportivo negro sin conductor se acerca a ellos y se detiene justo enfrente, estando a centímetros de distancia.

—¿Y este coche?

—Ya te dije que cambiaron unas cuantas cositas.

Suben al vehículo y él arranca el motor, inserta la llave y conduce a gran velocidad por la autopista. Se alejan varios kilómetros de Las Vegas y se abre un portal frente a ellos. Lo atraviesan, acabando en medio del océano pero no se sumergen en el agua, sino que sigue conduciendo. Ella se queda alucinada al ver lo sucedido.

—Estamos llegando, es ahí— señala a una isla.

—Y también una isla. Eres una caja de sorpresas— dice con tono juguetón.

Llegan a la isla, aparcando arlado de una casa allí instalada. Salen del coche y entran en la casa.

Dentro de la casa primero se ve el gran salón con un sofá blanco y una mesa baja de madera recubiertos por un plástico; bajo la mesa hay una alfombra ovalada; en el fondo del salón se aprecia a ver un ventanal que remplaza toda la pared, teniendo vistas de la playa.

—¿Cuánto tiempo estuviste con este casoplón?

—Más o menos cuando cumpliste los treinta— responde con tono burlón.

—Ay, no me recuerdes lo vieja que estoy— se sienta en el sofá, sobre el plástico. —Ahora que lo pienso, ¿cuándo era tu cumpleaños?

Él se sienta junto ella.

—Sabes que técnicamente no tengo cumple, aunque recientemente he hecho un descubrimiento— ella escucha atentamente. —Al parecer antes era un dios, ¿no suena algo loco? Yo, ¿un dios?

—¿Y de qué era dios su excelencia?— se burla de él.

—¿No es obvio? Soy el dios de la juerga.

—Mentiroso.

—Qué sabrás.

Ambos empiezan a reírse. Él la mira a los ojos y se acerca un poco. Ella ve cómo se acerca y trata saliva.

—No puedo estar contigo, estoy maldito. Si te acercas demasiado a mí morirás.

—Entiendo…— le da un beso en los labios. —Asumiré el riesgo.

Por un momento él se aleja y observa su rostro algo rojizo por un ligero sonrojo.

—Te ves preciosa cuando te sonrojas— le vuelve a besar.

Siguen besándose y ella se lanza sobre él, tumbándole. Vibra el teléfono de él pero ninguno de los dos lo escucha y siguen a lo suyo.

El teléfono sigue vibrando, mostrando una notificación de Hats diciendo 《Tenemos que hablar, Astaroth quiere verte》.

Al día siguiente, Andrew despierta en una gran habitación, acostado sin camiseta sobre la cama. Observa a Alex durmiendo a su lado. Coge su teléfono ve que tiene varios mensajes de Hats.

—¿Qué habrá estado haciendo este tiempo?— piensa.

Arropa a Alex y se pone en pie. Se pone la camisa y abre un portal al Infierno, llegando a un lugar rocoso con grandes montañas en forma de estalactitas; el aire es espeso con partículas de ceniza y el cielo es de un tono rojizo intenso. Camina en línea recta pero de repente empieza a toser por las partículas de ceniza. Se cubre el rostro con la manga y sigue caminando.

—¡Hats, ¿dónde estás?— repite múltiples veces.

Una gran silueta en forma de torre se ve al horizonte y se mueve lentamente a una dirección. Corre a gran velocidad para acercarse y ve una colosal pata cubierta por un gran pelaje.

—Es enorme, no alcanzo a ver qué es esta criatura— piensa.

Una bandada de cuervos le rodean y se acercan tanto a él que le cubren por completo. Los cuervos se separan, mostrando que Andrew ha desaparecido.

—Te has tomado tu tiempo— dice una voz familiar.

Andrew abre los ojos, viendo que está frente a Hats en un pasillo pero él tiene múltiples heridas leves por todo el cuerpo.

—¿Dónde te habías metido?— inspecciona sus heridas. —¿Fue Ifrit? Ahora está muerto.

—No fue él— señala a la puerta tras él. —Al parecer ya no tengo ningún poder sobre este reino. Seguro que a ti sí te escuchan.

—Como sea quien yo creo…

Abre la puerta y entra en la sala, estando en una sala con una larga mesa. Astaroth está sentado en el final de la mesa, esperando con las piernas cruzadas.

—Era hora de su llegada, Sr Valack.

—Entonces tú eras de aquel que he escuchado tanto. Tú mandaste a Lucy y Beelzebub para matarme pero usar a Ifrit… ahí te pasaste un poco.

—Solo fueron peones que seguían a su dirigente. No me diga que usted no haría cualquier cosa para conseguir sus objetivos, Olethros— Andrew se abalanza sobre él pero se detiene a pocos centímetros de distancia. —Somos iguales, su majestad, solo que usted no lo quiere admitir.

Andrew le lanza un puñetazo pero roza su rostro. Astaroth le da una patada que le echa atrás.

—¿Por qué no le di?— piensa Andrew mirando ligeramente su mano.

Le lanza una bola de fuego pero Astaroth desaparece de su rango de visión y aparece de la nada con una daga en mano, abalanzándose sobre él con intención de matarle. Andrew se echa atrás pero la daga está apunto de alcanzarle. Usa la mano para bloquearlo, clavándoselo.

—¿Tan desesperado estás para ser el nuevo rey?

—Solo pienso en nuestro pueblo— le corta la palma de la mano y le conecta un gancho en el abdomen para asestar una patada. —No espero que lo entiendas.

Andrew choca contra la pared. Ve su mano destrozada y adopta una posición defensiva, adelantando su otra mano. Astaroth lame el cuchillo y suelta una pequeña sonrisa. Los ojos de Andrew se vuelven rojos y espera al ataque.

Un estallido resuena en la sala y Hats entra, viendo cómo ambos se mueven a gran velocidad. Andrew esquiva y huye de los ataques de Astaroth mientras éste le persigue, intentando cortarle.

—¿Y esa daga de demonita? Seguro que Val le ganará— piensa Hats.

La daga alcanza a Andrew y le hace un ligero corte en el pecho. Él le da un jab pero recibe derechazo que le hace sangrar.

—Vaya, no es de extrañar que me seguirías el ritmo. Por algo ellos seguían tus órdenes— intenta recuperar el aliento.

—¿Debería sentirme elogiado?

El cuerpo de Andrew se empieza a calentar y sus venas se empiezan a marcar. Levanta la cabeza y le mira fijamente, expulsando una pequeña luz por un ojo. Astaroth se asombra un poco al ver su ojo totalmente negro con símbolos entrelazados que combina líneas rectas, círculos y formas geométricas rojas.

—Ahora que lo pienso, ¿tú no fuiste el ángel más débil… Astarté?

—¡Ya no respondo a ese nombre!— dice furioso.

Unas alas negras salen de su espalda y vuela hacia él pero en cuestión de instantes la daga se parte en trozos y heridas con forma de puños se manifiestan en su pecho, haciendo que tosa sangre y caiga sobre una rodilla.

—Así me gusta, bien arrodillado ante… — tose sangre y su ojo empieza a sangrar.

Hats alza sus brazos y de ellos salen unas sombras que se vuelven cuervos que le cubren a él y a Andrew.

Aparecen en la Tierra, en la azotea de un edificio y Andrew se desploma en el suelo.

—Vaya, me siento extraño. Hace tiempo que no me siento así— su ojo vuelve a ser naranja. —¿Cómo están tus heridas?

—Je, creo que deberías preocuparte por tus propias heridas.

—Bueno, creo que me voy a casa— crea un portal.

—Está bien, ya nos vemos.

Andrew atraviesa el portal, volviendo a su habitación. Ve que la cama está vacía.

—¡¿Alex?!

—¡Estoy en la ducha!

—¡Está bien!— se quita la camisa y se mira en el espejo.

Observa el arañazo de su pecho y se queda en shock al ver que no tiene el símbolo.

—¿Q-Qué ha pasado?— piensa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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