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Nos Encontramos en el Momento Equivocado - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 Esta vez soy yo
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15: Esta vez soy yo 15: Esta vez soy yo Alya no durmió esa noche.

Otra vez.

Pero esta vez no fue por confusión.

Fue por decisión.

Se sentó en la cama, mirando el vacío frente a ella mientras las palabras de Raka seguían repitiéndose en su cabeza.

“Ya entendí.” “No hace falta.” “Lo siento.” Alya cerró los ojos con fuerza.

—No… no entiendes nada… Su voz tembló ligeramente.

Y en ese momento… lo supo.

No podía dejarlo así.

No quería dejarlo ir.

No después de todo.

Se levantó de la cama de golpe.

—Tengo que verlo.

No importaba cómo.

No importaba cuándo.

Pero iba a encontrarlo.

— A la mañana siguiente… Alya llegó a la cafetería mucho antes de que abriera.

El lugar estaba cerrado.

Las luces apagadas.

Y el silencio… demasiado fuerte.

Se quedó ahí.

De pie.

Esperando.

Como nunca antes lo había hecho por nadie.

—Va a venir… Se repitió.

Aunque no estaba segura.

Los minutos pasaron lentamente.

Luego— La puerta se abrió.

Pero no era él.

Era el barista.

—¿Estás esperando a alguien?

Alya dudó.

—Sí.

—Aún no ha llegado nadie.

—Lo sé.

El barista la miró con curiosidad, pero no dijo nada más.

Alya entró.

Se sentó en la misma mesa.

La misma de siempre.

Pidió lo mismo.

Y esperó.

— Una hora.

Dos.

Nada.

El café se enfrió.

Otra vez.

Pero Alya no se movió.

—No me voy a rendir… Murmuró.

Porque esta vez… no iba a ser ella quien se fuera.

— Mientras tanto… Raka caminaba por una calle distinta.

Más lejos.

Más vacía.

Intentando no pensar.

Intentando no recordar.

Pero no funcionaba.

—Debería dejarlo así… Se dijo.

Pero algo dentro de él… no estaba de acuerdo.

Suspiró.

—Solo fue un error… Pero no sonaba convencido.

Porque no lo era.

— De vuelta en la cafetería… Alya finalmente se levantó.

No porque quisiera.

Sino porque tenía que hacerlo.

—Tal vez no viene hoy… Pero eso no significaba que no volvería.

Se giró hacia la salida.

Y entonces— La puerta se abrió.

El sonido de la campanilla llenó el lugar.

Alya se congeló.

Su corazón se detuvo por un segundo.

No necesitaba girarse.

Lo sabía.

Era él.

Giró lentamente.

Y ahí estaba.

Raka.

Pero cuando sus miradas se encontraron… algo fue diferente.

No sorpresa.

No alivio.

Solo… distancia.

—Hola —dijo Alya, en voz baja.

Raka asintió levemente.

—Hola.

Silencio.

Pesado.

Incómodo.

—¿Vienes seguido?

—preguntó él, como si nada.

Alya frunció ligeramente el ceño.

—Sabes que sí.

—Claro.

Otra vez ese tono.

Frío.

Lejano.

Alya dio un paso hacia él.

—Raka… necesito hablar contigo.

—No es necesario.

—Sí lo es.

—No.

—Por favor.

Esa palabra lo detuvo.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Raka cerró los ojos un momento.

—Alya… —Déjame explicar.

Silencio.

—Solo un minuto.

Raka dudó.

Se notaba.

Pero al final… —Está bien.

Alya sintió un pequeño alivio.

Pero sabía que no sería fácil.

Se sentaron.

Frente a frente.

Como antes.

Pero nada era igual.

—Lo que dije… —empezó Alya— no era lo que sentía.

Raka no respondió.

Solo escuchaba.

—Dije “nada”… porque tenía miedo.

Sus manos temblaban ligeramente.

Pero no se detuvo.

—Miedo de equivocarme.

Miedo de repetir lo mismo.

Miedo de… Se quedó en silencio.

—¿De qué?

—preguntó él.

Alya levantó la mirada.

—De que me importaras más de lo que debería.

El silencio se hizo más profundo.

Raka la miró.

Por primera vez… sin distancia.

—Eso no sonó como “nada” —dijo en voz baja.

Alya negó con la cabeza.

—Porque no lo era.

—Entonces, ¿qué es?

Esa pregunta… era todo.

Alya respiró hondo.

—No lo sé.

Silencio.

—Pero sé que no quiero que te vayas.

Esa frase cambió algo.

Se sintió.

Se notó.

Raka bajó la mirada.

—Es tarde.

Dos palabras.

Otra vez.

Pero esta vez… Alya no se quedó callada.

—No lo es.

—Para mí sí.

—Entonces mírame y dime que no te importa.

Silencio.

Raka no respondió.

Alya se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Dímelo.

El aire se tensó.

El momento volvió.

Como antes.

—No puedo —dijo Raka finalmente.

Su voz era baja.

Honesta.

Alya cerró los ojos un segundo.

Alivio.

Dolor.

Todo al mismo tiempo.

—Entonces no te vayas.

Silencio.

Largo.

Pesado.

Raka la miró.

Y por un segundo… pareció que todo podía arreglarse.

Pero luego— —No es tan fácil.

Esa frase… lo complicó todo otra vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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