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Nos Encontramos en el Momento Equivocado - Capítulo 2

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  3. Capítulo 2 - 2 El mismo autobús
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2: El mismo autobús 2: El mismo autobús El autobús llegó finalmente después de una espera que, para Alya, se sintió eterna.

Las puertas se abrieron con un sonido pesado, y varias personas comenzaron a subir apresuradamente, intentando escapar de la lluvia que ahora caía con más fuerza.

Alya ajustó su bolso contra su hombro y subió sin mirar atrás.

No le gustaba la sensación de perder el control.

Y ese día… claramente no estaba saliendo como lo había planeado.

Avanzó por el pasillo del autobús, observando los asientos ocupados.

Encontró uno libre cerca de la ventana y caminó hacia él, aliviada.

Pero cuando estuvo a punto de sentarse… se detuvo.

Alguien ya estaba ahí.

—¿Otra vez tú?

—dijo, frunciendo el ceño.

El chico levantó la mirada lentamente, como si ya supiera que ella aparecería.

—Parece que el destino insiste —respondió con una leve sonrisa.

Alya soltó un suspiro, cruzándose de brazos por un segundo.

—O tal vez solo es mala suerte.

—Entonces hoy tienes mucha suerte… o muy mala, depende de cómo lo veas —contestó él.

Alya dudó.

Miró alrededor.

No había muchos asientos disponibles.

Finalmente, se sentó a su lado.

—No estoy huyendo —dijo, acomodándose.

—Claro —respondió él con tranquilidad—.

Solo estás evitando.

Alya lo miró con molestia, pero no respondió.

No tenía ganas de discutir… no con un desconocido.

El autobús comenzó a moverse lentamente, dejando atrás la parada y la lluvia que golpeaba los vidrios.

Durante unos minutos, ninguno dijo nada.

Alya sacó su teléfono, intentando concentrarse en cualquier cosa que no fuera la presencia del chico a su lado.

Pero era difícil.

Había algo en él… algo que no encajaba con su mundo.

—¿Siempre eres tan seria?

—preguntó él de repente.

Alya ni siquiera levantó la mirada.

—¿Siempre hablas con desconocidos?

—Solo cuando parecen interesantes.

Eso hizo que Alya levantara la vista.

—¿Interesante?

—Sí.

—la miró—.

No cualquiera se molesta tanto por diez minutos de retraso.

Alya frunció el ceño.

—No es por el retraso.

—Entonces, ¿por qué?

Ella dudó.

No solía explicar su forma de ser.

No a nadie.

—Porque tenía un plan —dijo finalmente—.

Y ahora está arruinado.

El chico asintió, como si entendiera perfectamente.

—Los planes están sobrevalorados.

—No lo están.

—Sí lo están.

—miró por la ventana—.

Nunca salen exactamente como quieres.

—Eso depende de la persona.

—No.

—la miró de nuevo—.

Depende de la vida.

Alya guardó silencio.

No le gustaba esa respuesta.

No le gustaba no tener razón.

—¿Y tú?

—preguntó ella después de unos segundos—.

¿No tienes planes?

Él sonrió.

—Tengo ideas.

—No es lo mismo.

—Lo sé.

El autobús giró en una esquina, y por un momento, el silencio volvió a instalarse entre ellos.

Pero esta vez… no era incómodo.

Alya miró por la ventana.

Las gotas de lluvia corrían lentamente por el vidrio, distorsionando las luces de la ciudad.

—¿A dónde vas?

—preguntó él.

—A casa.

—Eso no es un lugar.

—Para mí sí.

El chico la observó por unos segundos.

—Interesante.

Alya rodó los ojos.

—Deja de decir eso.

—¿Qué cosa?

—Que soy interesante.

—Pero lo eres.

Ella no respondió.

No sabía qué decir.

—¿Y tú?

—preguntó ella—.

¿A dónde vas?

Él se encogió de hombros.

—A donde llegue el autobús.

Alya lo miró, confundida.

—¿Hablas en serio?

—Sí.

—Eso no tiene sentido.

—Para ti no.

Ella negó con la cabeza.

—Eres imposible.

—Y tú demasiado estructurada.

—Al menos sé lo que hago.

—¿De verdad?

Esa pregunta la tomó por sorpresa.

Alya lo miró, pero esta vez no con molestia… sino con algo más cercano a la duda.

—Claro que sí.

El chico no respondió.

Solo sonrió levemente y volvió a mirar por la ventana.

El autobús siguió avanzando.

Las luces de la ciudad comenzaron a encenderse una a una, reflejándose en el vidrio mojado.

Alya miró su reloj.

Había dejado de hacerlo durante varios minutos.

Eso era raro.

Muy raro.

—¿Te diste cuenta?

—dijo él de repente.

—¿De qué?

—No has mirado el reloj en un rato.

Alya se quedó en silencio.

Tenía razón.

—Solo fue un momento.

—Claro —respondió él—.

Siempre empieza así.

Alya frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

—Dejar de controlar todo.

Ella lo miró fijamente.

—Eso no va a pasar.

Él sonrió.

—Ya está pasando.

El autobús comenzó a reducir la velocidad.

—Mi parada —dijo Alya rápidamente, levantándose.

Tomó su bolso y evitó mirarlo directamente.

—Entonces… —dijo él—, ¿nos veremos otra vez?

Alya dudó.

Por alguna razón, esa pregunta se sintió diferente.

Más importante de lo que debería.

—No lo creo —respondió.

Pero su voz no sonó tan segura.

El autobús se detuvo.

Las puertas se abrieron.

Alya bajó sin mirar atrás.

Pero cuando caminó unos pasos bajo la lluvia… se detuvo.

No sabía por qué.

No era su estilo.

No era ella.

Pero aun así… giró ligeramente la cabeza.

El autobús seguía ahí.

Y detrás del vidrio… él la estaba mirando.

Raka sonrió.

Y esta vez… Alya no pudo evitar devolverle una pequeña sonrisa.

Aunque solo fuera por un segundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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