Nos Encontramos en el Momento Equivocado - Capítulo 3
- Inicio
- Nos Encontramos en el Momento Equivocado
- Capítulo 3 - 3 La razón para quedarse
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
3: La razón para quedarse 3: La razón para quedarse La lluvia no se detuvo.
Alya caminaba con pasos rápidos por la acera mojada, sosteniendo su bolso con fuerza contra su pecho.
El sonido de sus tacones se mezclaba con el murmullo constante del agua cayendo.
No debía haberse detenido.
No debía haber mirado atrás.
Y definitivamente… no debía estar pensando en él.
—Es solo un desconocido —murmuró para sí misma.
Pero algo en su pecho no estaba de acuerdo.
Siguió caminando, intentando ignorar esa sensación extraña que no sabía cómo explicar.
Hasta que— —¿Siempre te vas así de rápido?
Alya se detuvo en seco.
Esa voz.
Cerró los ojos por un segundo antes de girarse lentamente.
Raka estaba ahí, a unos pocos pasos de ella, ligeramente mojado por la lluvia, con esa misma sonrisa tranquila que parecía no cambiar nunca.
—¿Me estás siguiendo?
—preguntó Alya, cruzándose de brazos.
—Podría preguntarte lo mismo —respondió él con calma.
Alya suspiró.
—Tu parada no era aquí.
—No.
—Entonces, ¿por qué bajaste?
Raka se encogió de hombros.
—Quería hacerlo.
Alya lo miró fijamente, como intentando encontrar una explicación lógica a algo que claramente no la tenía.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
El silencio cayó entre ellos, pero no era incómodo.
Era… diferente.
La lluvia seguía cayendo, más suave ahora.
—Te vas a enfermar —dijo Alya finalmente.
—¿Eso es preocupación?
—Es sentido común.
Raka sonrió.
—Suena igual.
Alya rodó los ojos.
—Deberías volver a casa.
—¿Y tú?
—Eso es lo que estoy haciendo.
Raka dio un paso más cerca.
—No parece.
Alya frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Parece que estás huyendo.
—No estoy huyendo.
—Entonces quédate.
Esa simple frase la tomó por sorpresa.
Alya parpadeó, confundida.
—¿Quedarme?
—Sí.
—Raka señaló alrededor—.
Solo un momento.
Alya miró a su alrededor.
La calle estaba casi vacía, iluminada por luces amarillas que se reflejaban en el suelo mojado.
No tenía sentido quedarse.
No había razón.
Y aun así… —Solo cinco minutos —dijo finalmente.
Raka sonrió, como si ya supiera que diría eso.
Se acercaron a una pequeña cafetería con un techo que los protegía de la lluvia.
No entraron.
Solo se quedaron afuera.
El sonido de la lluvia era más suave ahí.
—¿Siempre haces esto?
—preguntó Alya.
—¿Qué cosa?
—Bajarte del autobús por alguien que acabas de conocer.
Raka pensó unos segundos.
—No.
—¿Entonces?
—Supongo que hoy es una excepción.
Alya lo miró en silencio.
—No deberías hacer eso.
—¿Por qué?
—Porque no sabes nada de mí.
Raka sonrió ligeramente.
—Sé lo suficiente.
—No sabes nada.
—Sé que te molesta perder el control.
Sé que te gusta que todo salga perfecto.
Y sé que… —la miró— no eres tan fría como intentas parecer.
Alya se quedó sin palabras.
No esperaba eso.
—Te equivocas.
—Tal vez.
Pero su voz no sonaba convencida.
El silencio volvió.
Esta vez… más pesado.
—¿Por qué eres así?
—preguntó Alya en voz baja.
—¿Así cómo?
—Como si todo fuera fácil.
Raka bajó la mirada por un momento.
Esa fue la primera vez que su expresión cambió.
—Porque complicarlo no cambia nada.
Alya lo observó.
Había algo detrás de esa respuesta.
Algo que él no estaba diciendo.
—A veces sí cambia —respondió ella.
Raka negó suavemente con la cabeza.
—No cuando ya es demasiado tarde.
Esa frase se quedó en el aire.
Alya sintió algo extraño en el pecho.
—¿Qué significa eso?
Raka levantó la mirada y volvió a sonreír, como si nada hubiera pasado.
—Nada importante.
Alya no insistió.
Pero sabía que sí lo era.
La lluvia comenzó a disminuir.
El silencio se volvió más tranquilo.
Más… cómodo.
—Deberías irte —dijo Alya después de un rato.
—Lo sé.
Pero ninguno se movió.
Pasaron unos segundos más.
—Gracias —dijo Raka de repente.
Alya lo miró, confundida.
—¿Por qué?
—Por quedarte.
Ella desvió la mirada.
—Solo fueron cinco minutos.
—Aun así.
Alya no respondió.
Porque, en el fondo… sabía que no se había quedado solo cinco minutos.
Se había quedado más de lo que debía.
Mucho más.
Finalmente, dio un paso atrás.
—Ahora sí me voy.
Raka asintió.
—Está bien.
Alya dudó un segundo.
—Adiós.
—Hasta luego —respondió él.
Ella no corrigió eso.
No dijo que no volverían a verse.
Solo se dio la vuelta y comenzó a caminar.
Esta vez… sin detenerse.
Pero con cada paso… la sensación en su pecho se hacía más fuerte.
Y por primera vez en mucho tiempo… Alya no sabía qué hacer con lo que sentía.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com