Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Novia Sacrificial para el Temido Lord Hastings - Capítulo 192

  1. Inicio
  2. Novia Sacrificial para el Temido Lord Hastings
  3. Capítulo 192 - Capítulo 192: Cambio de poder (2)
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 192: Cambio de poder (2)

—A pesar de lo que tu padre o tus sirvientes te hayan podido decir, no eres especial. Hay muchísimas caras bonitas por todo el reino. Otras están haciendo fila para meterse en mi cama, así que no creas que puedes seguir con tus desplantes por mucho tiempo sin que yo haga nada —dijo Sebastián.

Sebastián quería que el palacio estuviera a su gusto, y aquellos que no pudieran adaptarse tendrían que marcharse o morir.

—Mi hermano nunca te perdonaría si me haces daño —dijo Freya, sabiendo que Sebastián no podía permitirse perder a Nigel.

La risa de Sebastián llenó la alcoba. —¿De verdad eres una niña mimada que no sabe nada del mundo? Te tomé como mi amante y tu hermano no dijo ni una palabra. ¿Sabes por qué?

Sebastián se recostó de lado para mirar a Freya. A pesar de sus numeritos, Freya era una mujer hermosa.

Freya no respondió.

—Estoy de buen humor, así que seré bueno contigo. Tu hermano no se enfadó conmigo porque conoce su lugar y me entiende. Nos hemos llevado tan bien porque no cuestiona mis planes. Deberías ser una buena hermanita y no arruinarle su amistad —dijo Sebastián.

—En lugar de ver lo de ser mi amante como algo tan horrible, ¿por qué no le sacas provecho? Puedes estar a mi lado en el palacio y asistir a las reuniones en nombre de la familia real. La única pega es que no puedes llamarte a ti misma mi reina —dijo Sebastián.

—He alardeado de que un día me convertiría en reina. Ir por ahí proclamándome tu amante sería vergonzoso. No permitiré que se rían de mí damas de inferior categoría —dijo Freya, enfurecida solo de pensarlo.

—Entonces castígalas. No voy a molestarme en involucrarme en asuntos de mujeres, pero no me gusta que se insulte lo que es mío. ¿Vas a vivir el resto de tu vida dejando que los demás te pisoteen?

—No. Si sabías que me estaban tratando así, ¿por qué no viniste antes? ¿Por qué no me salvaste de Althea cuando envió al sacerdote? Eres igual que los demás —dijo Freya, sin fiarse ni una palabra de Sebastián.

—Creí que me sorprenderías y harías algo con respecto a esa mujer. Me has decepcionado, Freya. Tenía grandes esperanzas puestas en ti —dijo Sebastián, perdiendo el interés poco a poco.

—¿No te agrada la reina? —preguntó Freya, sorprendida.

—¿Por qué debería? No es mi madre. Es una zorra que mi padre eligió para que fuera su reina. Althea tiene esa forma de darse aires de grandeza, ¿a que sí?

—Así es. No me agrada. Me engañó —dijo Freya, molesta por haber considerado a Althea su amiga—. Es su hijo quien debería estar enfadado, no ella. Me gustaría verla castigada. ¿Puedes hacerlo?

A Sebastián le gustó el deseo en los ojos de Freya. —¿Qué querrías que hiciera?

—Castígala como creas conveniente. Ha estado ordenando a un sacerdote que rece por mí mientras me sumergen en agua fría. Ella también debería sentirlo —dijo Freya, deseosa de que Althea probara de su propia medicina.

—¿Por qué no la matamos sin más, a ella y a todos sus bastardos? —sugirió Sebastián.

—¿Qué? —Freya frunció el ceño—. No podemos matar a miembros de la realeza.

—Podemos, si ya no sirve para nada. Si mi padre fallece, ¿por qué iba a mantener cerca a su zorra y a todos sus bastardos? No necesitaré a una reina vieja y a sus hijos. El palacio será solo mío —dijo Sebastián.

—Pero son de la realeza. Son tus hermanos —dijo Freya, perpleja de que Sebastián pudiera pensar en matar a sus propios hermanos.

—Solo tengo un hermano, y es el que salió del vientre de mi madre. Los demás no son importantes ni necesarios. Me temo que echarlos del palacio no es suficiente. Su madre intentaría traerlos de vuelta para reclamar el trono. Tengo las manos atadas —dijo Sebastián, haciéndose el inocente.

Freya pensó en lo joven que era la princesa. ¿Tenía que morir solo porque a Sebastián no le agradaba Althea?

—¿Por qué pones esa cara? ¿No odias a los hijos que Lady Valthorn trajo a tu familia?

—Eso es diferente. No comparto ni una gota de sangre con esos dos. El tercer príncipe y la princesa son tus hermanastros. Deberías deshacerte solo de Althea —sugirió Freya.

Sebastián se rio, divertido una vez más por Freya. —Ay, mi pequeña ingenua. Te crees que el palacio es todo arcoíris y vestidos de lujo. Esto es lo que pasa aquí. Nos matamos unos a otros para conseguir lo que queremos. Igual que tú torturaste a Lady Hastings, esta es mi forma de divertirme.

—No te muestres tan sorprendida —dijo Sebastián, incorporándose—. Hablo con tu hermano a menudo y me entero de las cosas que haces. Tienes el mismo odio en tu corazón que yo, así que no te quedes ahí parada como si fueras una santa. Deberías estar agradecida de que no te hayan casado con un príncipe que se va a morir.

—Olvídate de tu hermano. Con quien deberías estar enfadada es con tu padre. No luchó por llevarte con él. ¿No te gustaría verle suplicarte un poco? —preguntó Sebastián, curioso por saber si Freya se desharía de Joel.

Freya negó con la cabeza. —Estoy enfadada con él, pero no quiero hacerle daño. Creo que deberías marcharte.

—Y yo que pensaba que serías lo bastante lista como para pensar en tu futuro. Mientras Ofelia está aprovechando al máximo el futuro que le han servido en bandeja, tú te quedas sentada sin hacer nada, cayendo en el olvido. Creía que aceptarías mi ayuda, pero estás resultando ser un completo aburrimiento —dijo Sebastián, mientras su interés por Freya se desvanecía.

—Debería entregarte a un hombre que me sea leal —sopesó Sebastián.

—¡No! —exclamó Freya, aterrada ante la idea de acabar con un hombre peor que Sebastián.

Sebastián le tendió la mano a Freya y dijo: —Entonces, entretenme. Demuéstrame que me equivoco contigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo