Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Novia Sacrificial para el Temido Lord Hastings - Capítulo 193

  1. Inicio
  2. Novia Sacrificial para el Temido Lord Hastings
  3. Capítulo 193 - Capítulo 193: Cambio de poder (3)
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 193: Cambio de poder (3)

—No soy una mujer fácil —dijo Freya, rechazando la oferta de Sebastián.

—¿Debo recordarte que viniste a mi alcoba y te ofreciste a mí? Estás aquí por tus acciones. Si quieres seguir con vida, más te vale que sigas entreteniéndome. No me gusta tener cerca a gente que no me es de utilidad —dijo Sebastián.

—¿Y si me quedo embarazada? ¿Le harías daño al niño como quieres hacérselo a tus hermanos?

—Eso es diferente. Mis bastardos me serán de alguna utilidad. No me importan los bastardos que esa mujer le dio a mi padre. ¿Acaso no me estabas escuchando? Solo te concedo este día para que me satisfagas antes de pasar a otra mujer. Si no te visito, caerás en el olvido —dijo Sebastián.

—No puedo confiar en ti —confesó Freya.

—Y no deberías. Cuando estés en el palacio, confía solo en ti misma. Nadie aquí es tu amigo ni tu familia, aunque compartáis sangre. Todos velamos por nuestros propios intereses. Cada día hay una nueva conspiración y estás a punto de quedarte atrás. Sé la mujer desalmada de la que tanto he oído hablar.

—Quiero vengarme de la gente que me menosprecia. Quiero que el sacerdote y todos los sirvientes que lo ayudaron sean castigados. Quiero ver a la reina tratada como menos que una criada, pero debes prometerme que nunca le harás daño a mi padre. Todavía lo quiero —dijo Freya, tendiéndole la mano a Sebastián para sellar el trato.

Sebastián estrechó la mano de Freya sin problemas por dos razones. La primera, que no tenía por qué cumplir sus promesas; y la segunda, que no sería él quien matara a Lord Valthorn. Nigel debía de estar ocupándose de ese asunto.

—¿Puedes deshacerte de Giselle y Ofelia? Las desprecio a ambas —dijo Freya, ansiosa por ver caer a las dos mujeres—. Giselle tuvo el descaro de menospreciarme cuando mi padre me abandonó. Jamás me ha caído bien.

—Qué lástima. A tu hermano parece gustarle Lady Valthorn, y no quiero arrebatarle su felicidad —dijo Sebastián.

—No lo entiendes. No es a Giselle a quien desea, sino a Ofelia. Siempre ha estado obsesionado con ella, y yo he visto cómo Ofelia lo disfruta —espetó Freya, soltando una mentira—. Es una mujer pecaminosa que codiciaba a mi hermano por su estatus. Es lo que su madre le enseñó.

—No son familia, así que, ¿por qué iba a ser pecaminoso? Empiezo a sentir curiosidad por esa tal Ofelia. Cada vez que sale su nombre, hay celos o deseo. Me pregunto qué la hace tan especial. También parece que Dante se ha enamorado de ella…

—¡Imposible! —gritó Freya, negándose a creerlo—. Ella salió de la nada. Solo se la conoce porque mi padre los acogió. Te aseguro que no sabe nada sobre cómo ser una dama. No sabe leer —se rio.

—Se le puede enseñar. Aunque tuvo unos orígenes humildes, no es Lady Hastings mientras tú estás aquí. Una de vosotras hizo un mejor trabajo asegurándose el futuro. El problema con las damas como tú es que no te das cuenta de lo lejos que pueden llegar las mujeres que no tienen nada para conseguir lo que desean —dijo Sebastián.

—Siempre estás esperando que te tiendan una mano en lugar de usar lo que tienes para llegar más lejos en la vida. Hace tiempo que podrías haber calentado mi cama durante más noches y haber recibido poder de mi parte. Podría haber conseguido que nadie te insultara, pero prefieres quedarte de morros —dijo Sebastián, negando con la cabeza.

—Parecías un hombre que preferiría una dama obediente y callada. Alguien que no alterara tus días —dijo Freya.

Sebastián asintió con lentitud. —Eso es casi cierto. Prefiero una mujer que no me venga con sus problemas con otras damas y que sepa cuál es su lugar. Aunque sí me gusta que me entretengan de vez en cuando, sobre todo si te metes con alguien que me desagrada. Te insto a que me entretengas.

—Entonces —dijo Freya, acercándose a Sebastián—, si voy a por Althea, ¿me respaldarás?

—Puedo ofrecerte sirvientes para que te ayuden, pero no voy a estar ahí para guiarte.

—Acepto. Y una cosa más. ¿Serías tan amable de no permitir que tu esposa me moleste? Como bien dices, puedes tener a tantas mujeres como quieras de tu lado, así que ella no debería importunarme. Deberíamos llevarnos bien —dijo Freya, preocupada por tener que enfrentarse a otra Althea.

—Ella no se meterá en el tiempo que paso contigo. Mi prometida sabe cómo comportarse. Eres tú la que dudo que se mantenga a raya. Ahora que te he dado lo que querías, ¿no deberías ocuparte de mí a cambio? —preguntó Sebastián, deseando obtener aquello por lo que había venido—. No he venido a visitarte solo para descansar.

—¿Solo has venido a mí porque no hay otra mujer que te divierta? —preguntó Freya, tratando de convencerse de que era especial.

Solo así podía Freya olvidar su rabia por no convertirse en la futura reina.

—He venido porque nadie vendrá a buscarme aquí. Parece que he hablado demasiado pronto —dijo Sebastián al oírse un golpe en la puerta—. Abre.

—¡Adelante! —ordenó Freya al visitante.

Las puertas se abrieron para el visitante y, para sorpresa de Freya, Althea había venido a verla.

A Althea le desagradó encontrar a Sebastián recostado en la cama de Freya. —Príncipe heredero, ¿no deberías estar con tu futura familia política? Podrían disgustarse si supieran que estás aquí con otra mujer.

—¿No deberías estar tú al lado de mi padre, cumpliendo tu papel de esposa devota? ¿Por qué has venido a ver a Freya en lugar de estar con él? ¿Acaso quieres acostarte con ella? —preguntó Sebastián, disfrutando de la reacción de asco de Althea.

—Deberías tener más cuidado con tus palabras. Estás actuando en el lugar de tu padre y, como tal, tienes muchos deberes. A esto te enfrentarás un día, cuando seas el rey. Te sugiero que no te relajes ahora. Ya tendrás tiempo para putas más adelante —dijo Althea, ignorando la mirada ofendida de Freya.

—¿Puta? —rio Sebastián por lo bajo—. Ella ostenta el título de la mujer del príncipe. Las putas son las mujeres que se encuentran fuera del palacio. Es lo que eras tú antes de que mi padre te comprara y te trajera aquí.

Freya se cubrió la boca con la mano mientras soltaba una risita.

Después de todo, Althea no era tan poderosa.

Althea sabía que no debía molestarse en discutir con Sebastián, pero no le hizo ninguna gracia que Freya se riera de ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo