Nunca Fue un Juego - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Capítulo 27 El Mes de la Reconstrucción
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27: Capítulo 27: El Mes de la Reconstrucción 27: Capítulo 27: El Mes de la Reconstrucción Los días siguientes a la caída de Tanaka y Kuroda transcurrieron con una mezcla extraña de calma y actividad frenética en la ciudad de Tokio.
Owen despertó temprano en su habitación del sector este.
La luz del sol entraba por la ventana, iluminando los pétalos de sakura que aún caían suavemente.
Se sentó en el borde de la cama y se miró las manos.
Las heridas de la batalla ya casi habían desaparecido, pero el recuerdo del odio frío seguía latente en su pecho.
Isuki Riku habló en su mente con su habitual tono burlón pero más suave: —Buenos días, héroe de la ciudad.
¿Dormiste bien o seguiste soñando con demonios de cuatro brazos?
Porque si es lo segundo, te recomiendo que dejes de hacer eso.
Es malo para la salud mental.
Owen soltó una risa seca y se levantó.
—Dormí mejor de lo esperado.
Aunque sigo sintiendo que algo no encaja.
Destruimos el artefacto, pero todavía no sabemos nada realmente importante.
—Claro que no —respondió Isuki Riku—.
Este mundo es mucho más grande que una sola ciudad.
La entidad de alas blancas, el portal, el verdadero motivo por el que estamos aquí… todo eso sigue ahí afuera.
Pero admítelo: te estás encariñando con este lugar.
Con el grupo… y con Hinata.
Owen no lo negó.
Se vistió en silencio y salió de la habitación.
Esa misma mañana fue a buscar a Hinata.
La encontró en la biblioteca central, revisando documentos antiguos.
Cuando ella lo vio, sonrió con cansancio pero genuina.
—Owen.
Me alegra verte.
¿Cómo te sientes?
—Dolorido, pero vivo —respondió él—.
Hinata… he estado pensando.
Me voy a quedar un mes.
Quiero ayudar a estabilizar la ciudad, entrenar al grupo y recuperar fuerzas.
Pero después de ese mes… voy a salir a buscar respuestas.
Quiero saber la verdad de este mundo y si hay una forma de volver.
Hinata lo miró en silencio unos segundos.
Luego suspiró y asintió lentamente.
—Entiendo.
Un mes es razonable.
La ciudad todavía está frágil.
Si te vas ahora, todo lo que reconstruimos podría derrumbarse.
Yo… me quedaré aquí.
Quiero volver al mundo real tanto como tú, pero no puedo abandonar a toda esta gente.
Ellos confían en mí ahora.
Si me voy, muchos se sentirían perdidos y tendrían miedo de lo que pueda pasar afuera.
Owen lo comprendió.
No era una decisión fácil para ella.
—¿Crees que el grupo con el que estoy me acompañe?
—preguntó.
Tu ciudad es hermosa y tranquila para descansar, nosé si ellos quedran ir conmigo.
Hinata sonrió con suavidad.
—Esa decisión es de cada uno.
Habla con ellos.
Esa tarde, Owen reunió al grupo en el pequeño patio de entrenamiento.
Les explicó su plan con honestidad.
—Me quedaré un mes para ayudar a la ciudad y prepararnos.
Después saldré y partiré.
Quiero descubrir la verdad y, si es posible, encontrar una forma de volver.
No voy a obligar a nadie.
Cada uno decide libremente.
Henry fue el primero en hablar.
Su expresión era firme.
—Yo me voy contigo.
Tengo una hermana menor esperándome.
No puedo quedarme aquí para siempre sabiendo que ella está sola.
Si hay una posibilidad de volver, quiero tomarla.
Ava dudó un momento, mirando al suelo.
—Yo… también quiero volver.
Mi madre me necesita.
Pero me da miedo dejar la ciudad ahora que apenas está estabilizándose.
Aun así… confío en ti, Owen.
Iré contigo.
Jacob se quedó callado unos segundos.
Sus manos temblaban ligeramente.
—Tengo miedo —admitió—.
Mucho miedo.
Pero… ustedes se han convertido en lo más parecido a una familia que tengo aquí.
No quiero quedarme solo.
Iré con ustedes.
Owen sintió un nudo en el pecho.
No esperaba que todos decidieran acompañarlo tan claramente.
—Gracias —dijo simplemente—.
Entonces nos preparamos juntos estos treinta días.
Durante el mes siguiente, la rutina se estableció con naturalidad.
Owen entrenaba con el grupo por las mañanas.
Henry le enseñaba técnicas con hacha y le contaba más sobre su hermana.
Ava y Owen tenían conversaciones tranquilas mientras ella lo curaba; ella le hablaba de su madre y de lo mucho que la extrañaba.
Jacob practicaba su telequinesis con más confianza y, aunque seguía rompiendo cosas, cada vez lo hacía con menos miedo.
Hinata y Owen revisaban documentos antiguos en la biblioteca.
Una tarde encontraron un mapa desgastado que mencionaba “Las Torres del Portal” y “El Núcleo del Mundo”.
Era una pista pequeña, pero real.
Por las noches, Isuki Riku hablaba con Owen.
A veces lo molestaba suavemente (“¿Otra vez sudando con el hacha?
Qué romántico”), pero también tenía conversaciones más profundas.
—Te estás encariñando —le dijo una noche—.
Y está bien.
Pero no olvides tu objetivo.
—No lo olvido —respondió Owen—.
Un mes.
Solo un mes.
Al final del mes, la ciudad estaba mucho más estable.
Hinata había ganado la confianza de la mayoría.
El grupo había mejorado notablemente sus habilidades.
La noche antes de la partida, Owen se reunió con Hinata en la plaza central, bajo un árbol de sakura.
—Gracias por todo —le dijo ella—.
La ciudad te debe mucho.
Cuando encuentres lo que buscas… espero que nos envíes noticias.
Owen asintió.
—Volveremos.
Lo prometo.
Hinata sonrió con calidez, aunque sus ojos mostraban tristeza.
—Cuídate, Owen.
Y cuida de ellos.
Al día siguiente, el grupo se reunió en las puertas principales de Tokio.
Hinata estaba allí para despedirlos.
Henry abrazó a Hinata brevemente.
—Gracias por darnos un lugar donde descansar.
Ava le tomó las manos.
—Cuídate mucho.
Jacob, con voz emocionada: —Gracias por todo.
Owen miró a Hinata por última vez.
—Nos veremos de nuevo.
Hinata sonrió.
—Buen viaje.
El grupo salió por las puertas.
Detrás de ellos, la ciudad de los sakura se hacía más pequeña.
Owen miró hacia el horizonte norte, donde las Torres del Portal los esperaban.
Isuki Riku habló en su mente con tono calmado pero emocionado: —Un mes pasó rápido, ¿verdad?
Ahora sí… vamos a buscar la verdad.
Owen apretó el paso.
El verdadero viaje acababa de comenzar.
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