Nunca Fue un Juego - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Capítulo 26 La Calma Después de la Tormenta
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26: Capítulo 26: La Calma Después de la Tormenta 26: Capítulo 26: La Calma Después de la Tormenta La mañana siguiente a la gran revelación de Hinata amaneció tranquila sobre la ciudad de Tokio.
Los pétalos de sakura seguían cayendo como una lluvia suave y constante, pero el ambiente en las calles ya no era el mismo.
La gente hablaba en grupos pequeños, algunos con alivio, otros con miedo, y muchos con una mezcla de esperanza y desconfianza.
Owen despertó en su pequeña habitación del sector este.
El cuerpo todavía le dolía, especialmente el hombro y las costillas, pero las heridas ya no sangraban.
Se sentó en el borde de la cama y se miró las manos.
Todavía sentía el eco del odio frío que había sentido durante la pelea, pero ahora estaba más controlado, como una brasa que no se apagaba.
Isuki Riku habló en su mente, con un tono más suave de lo habitual, casi reflexivo: —Dormiste poco.
¿Estás pensando en lo de anoche?
Owen suspiró y se pasó una mano por el cabello.
—Un poco.
Destruimos el artefacto.
Matamos a Tanaka y Kuroda.
Pero… todavía no sabemos nada realmente importante.
Quién era esa entidad de alas blancas, por qué nos trajeron aquí, cómo volver… Nada.
Isuki Riku se quedó callada unos segundos antes de responder.
—Te entiendo.
Pero anoche salvaste a muchas personas.
Eso también cuenta.
No todo tiene que resolverse en un día, mironcito.
Owen soltó una risa seca.
—Otra vez con “mironcito”.
Creí que después de casi morir ya me habrías ascendido de apodo.
—Ja.
Sueña.
Ese apodo te queda perfecto.
Owen se levantó y se vistió con ropa limpia que le habían dado.
Salió de la habitación y caminó hacia la plaza central.
El aire olía a flores y a pan recién horneado.
La ciudad intentaba volver a la normalidad.
Encontró a Hinata cerca del edificio principal, hablando con varios ciudadanos.
Cuando ella lo vio, sonrió con cansancio pero genuina.
—Owen.
Me alegra verte de pie.
¿Cómo te sientes?
—Dolorido, pero vivo —respondió él—.
¿Cómo está la ciudad?
Hinata suspiró.
—Dividida.
Algunos me agradecen.
Otros tienen miedo de que todo se derrumbe sin Tanaka y Kuroda.
Hay rumores de que otros demonios podrían venir.
Pero… por ahora, la gente está dispuesta a darme una oportunidad.
Owen asintió.
Miró alrededor y vio a Henry entrenando con su hacha en un patio cercano, Ava curando a un niño herido, y Jacob practicando telequinesis con una piedra (que terminó volando hacia una ventana y rompiéndola, provocando risas y quejas).
—Ellos también están ayudando —dijo Owen—.
Creo… que me voy a quedar un tiempo.
Hinata levantó una ceja, sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí.
Al menos unas semanas.
Necesito recuperarme, conseguir mejor equipo y… entender mejor este mundo.
Además, no quiero dejar al grupo solo ahora.
Se han convertido en algo más que compañeros de supervivencia.
Hinata sonrió con calidez.
—Me alegra escucharlo.
Yo también quiero que te quedes.
Necesitamos gente como tú.
Y te prometo que te ayudaré a investigar cómo volver.
Hay archivos antiguos en la biblioteca central y algunos prisioneros que escaparon del Centro de Procesamiento antes.
Tal vez ellos sepan algo.
Owen miró hacia el horizonte.
—Un mes.
Me quedo un mes para ayudar a estabilizar la ciudad y prepararnos.
Después… saldremos todos juntos.
Quiero descubrir la verdad del mundo.
Y si hay una forma de volver, la encontraremos.
Hinata asintió con respeto.
—Trato hecho.
Durante las siguientes horas, Owen caminó por la ciudad con el grupo.
Visitaron la clínica donde Ava trabajaba, el área de entrenamiento donde Henry enseñaba a usar armas pesadas, y el pequeño parque donde Jacob practicaba su telequinesis (y seguía rompiendo cosas).
Hubo momentos ligeros y cómicos: Jacob intentando mover una mesa y terminando lanzándola contra un árbol, Henry presumiendo de su nueva velocidad y chocando accidentalmente contra una pared, Ava curando a un gato callejero que luego se negó a irse.
Owen observaba todo en silencio, pero con una pequeña sonrisa.
Por primera vez desde que llegó a este mundo, sentía que tenía un lugar donde podía bajar un poco la guardia.
Esa tarde, Isuki Riku habló de nuevo en su mente, con tono más serio pero todavía con su toque juguetón: —Te estás encariñando, ¿verdad?
Con el grupo… y con Hinata.
Owen no lo negó.
—Un poco.
Son buenas personas.
No quiero dejarlos atrás.
—Entiendo —respondió ella—.
Pero recuerda tu objetivo principal.
Este mundo tiene secretos mucho más grandes que esta ciudad.
La entidad de alas blancas, el portal dimensional, el verdadero propósito de todo esto… Todo eso sigue ahí afuera.
—Lo sé —dijo Owen en voz baja—.
Por eso me quedo solo un mes.
Luego nos iremos todos.
Juntos.
Isuki Riku soltó una risa suave.
—Bien.
Me gusta ese plan.
Aunque… si te encariñas demasiado, voy a tener que recordarte que soy la única que vive dentro de tu cabeza.
No voy a compartirte tan fácil.
Owen sonrió.
—Eres imposible.
—Gracias.
Lo intento.
Al caer la tarde, el grupo se reunió en un pequeño restaurante que Hinata había reservado para ellos.
Comieron juntos, hablaron de la batalla, se rieron de los momentos torpes de Jacob con su telequinesis y planearon cómo ayudar a la ciudad en las próximas semanas.
Owen miró a sus compañeros mientras comían y reían.
Henry contando historias exageradas, Ava sonriendo con calidez, Jacob más animado que nunca, Hinata escuchando con atención.
Por un momento, el peso del mundo se sintió un poco más ligero.
Isuki Riku habló suavemente en su mente: —Disfruta esto, Owen.
Te lo mereces.
hoy, solo come y respira.
Owen tomó un sorbo de té y asintió en silencio.
Un mes.
Se quedaría un mes.
Luego, saldría a buscar la verdad.
Y quien sabe… tal vez, al final del camino, podrían encontrar también una forma de volver a casa.
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