Nunca Fue un Juego - Capítulo 36
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36: Capítulo 36: Modo Matanza 36: Capítulo 36: Modo Matanza El grupo de Owen corría desesperado hacia él.
Henry gritaba con rabia, Ava extendía las manos para lanzar fuego y Jacob intentaba crear un campo de fuerza telequinético para abrirse paso.
Pero el farsante que se enfrentaba a ellos levantó una mano y un muro de llamas rosadas surgió del suelo, alto e impenetrable, separándolos por completo de Owen.
—¡No!
—gritó Ava, lanzando bolas de fuego contra el muro.
Las llamas chocaron y se disiparon sin efecto.
Henry golpeó el muro con su hacha a velocidad triple, pero las llamas rosadas solo absorbieron el impacto y se reforzaron.
Jacob, con lágrimas de frustración, intentó levantar el muro con telequinesis, pero la energía rosa resistía como si tuviera voluntad propia.
Desde el otro lado de las llamas, veían a Owen arrodillado en el suelo, sangrando abundantemente por el abdomen.
Su mirada estaba completamente vacía, como si el alma hubiera abandonado su cuerpo.
Delante de él, el farsante sonreía con arrogancia, levantando la mano envuelta en energía oscura, listo para lanzar el golpe final que terminaría con su vida.
Owen no veía nada.
Todo se había vuelto negro.
El dolor del abdomen era un eco lejano.
En esa oscuridad absoluta, una luz suave apareció frente a él.
Era una chica flotando, envuelta en una luz blanca pura.
Su rostro no se veía, solo sus labios, que se movieron con una voz suave y etérea: —Todavía no debes morir.
Déjame ayudarte un poco.
La luz se expandió y lo envolvió todo.
Luego desapareció.
En la realidad, Owen seguía arrodillado, sangrando.
Pero una ventana oscura, de un negro puro y profundo, apareció frente a sus ojos.
[Peligro.
Activando Riku Automatizado] Isuki Riku gritó en su mente, con voz llena de pánico: —¡Noo!
El cuerpo de Owen se envolvió en una oscuridad densa, con chispas violetas que crepitaban como relámpagos negros.
Sus ojos se volvieron completamente negros, con pupilas de un morado brillante y siniestro.
El sistema había tomado el control.
Modo Automático Matanza activado.
El farsante que estaba a punto de matarlo sintió un terror instintivo.
Su sonrisa arrogante desapareció y su cuerpo comenzó a temblar.
El aura que emanaba de Owen era abrumadora, como un vacío que devoraba la luz.
El sistema, a través de Owen, actuó primero.
Una regeneración mejorada —exclusiva de este modo— cerró la herida del abdomen en segundos.
La sangre dejó de brotar.
Owen se levantó con un movimiento fluido, como si el dolor nunca hubiera existido.
Saltó hacia el otro farsante que estaba luchando contra el grupo.
Con una velocidad imperceptible para todos los presentes, agarró al impostor de la cara con una sola mano.
El farsante solo pudo ver la mano de Owen cubriendo su rostro.
Owen corrió a una velocidad que nadie podía seguir, arrastrando al hombre por el suelo y luego soltándolo de golpe.
El cuerpo del farsante salió volando varios metros, estrellándose contra una pared.
Owen no se detuvo.
Siguió el cuerpo en el aire y le dio una patada brutal en el abdomen.
El impacto fue tan fuerte que el farsante vomitó sangre y se dobló en el aire.
Owen lo remató con una serie de golpes precisos y violentos, usando la oscuridad que lo envolvía.
El cuerpo del impostor cayó al suelo, destrozado de forma horrible: huesos rotos, carne desgarrada y un charco de sangre que se expandía rápidamente.
El farsante restante, el que había herido a Owen, retrocedió con terror en los ojos.
—¿Qué… qué eres tú?
—balbuceó.
Owen (bajo control del sistema) no respondió.
Solo lo miró con esos ojos negros y morados.
El aura oscura crepitaba a su alrededor, haciendo que el aire se sintiera pesado y frío.
El grupo, separado por el muro de llamas rosadas, veía todo con horror y fascinación.
Henry golpeaba el muro con furia, Ava intentaba quemarlo, Jacob trataba de levantarlo con telequinesis.
Pero el muro resistía.
Owen se dirigió hacia el último farsante con pasos lentos y deliberados.
El enemigo, aterrorizado, lanzó un ataque desesperado: una bola de energía oscura que voló hacia él.
Owen la esquivó sin esfuerzo y, en un movimiento fluido, apareció frente al farsante.
Lo agarró del cuello con una mano y lo levantó del suelo.
El farsante pataleaba, intentando liberarse, pero la fuerza de Owen era abrumadora.
Con un movimiento brutal, Owen lo estrelló contra el suelo, creando un cráter.
Luego, usando la oscuridad que lo envolvía, golpeó repetidamente, rompiendo huesos y desgarrando carne.
El farsante gritaba de dolor, pero Owen no se detenía.
El sistema lo controlaba completamente, matándolo de forma metódica y cruel.
El último golpe fue un puñetazo directo al pecho, que atravesó el torso del farsante y lo dejó inmóvil.
Owen se levantó lentamente.
La oscuridad y las chispas violetas seguían envolviéndolo.
Su mirada vacía y negra se dirigió hacia el muro de llamas rosadas, donde su grupo lo observaba con horror.
El farsante que había herido a Owen yacía muerto a sus pies, destrozado de forma horrible.
La plaza quedó en silencio absoluto.
El sistema había tomado el control.
Y Owen, bajo el Modo Automático Matanza, todavía no había terminado.
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