Nunca Fue un Juego - Capítulo 37
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37: Capítulo 37: El Descontrol 37: Capítulo 37: El Descontrol Owen seguía en modo automático, con los ojos completamente negros y pupilas de un morado brillante y siniestro.
La oscuridad que lo envolvía crepitaba con chispas violetas, y su aura era tan densa que el aire a su alrededor se sentía pesado y frío.
No reconocía aliados ni enemigos.
Para el sistema que lo controlaba, todo lo que se movía era una amenaza que debía eliminar.
Su mirada vacía se posó en su propio grupo, al otro lado del muro de llamas rosadas.
Sin una sola palabra, se lanzó hacia ellos con velocidad imperceptible.
El Modo Automático Matanza no distinguía.
Solo veía objetivos.
Antes de que pudiera llegar al muro, Erika, la madre de Sophia, actuó.
Extendió ambas manos y una habilidad poderosa brotó del suelo.
Cadenas doradas surgieron de la tierra como raíces vivas, envolviendo todo el cuerpo de Owen en un instante.
Las cadenas se apretaron con fuerza, intentando contenerlo por completo.
Erika gritó con voz desesperada y temblorosa: —¡Detente!
¡Ya terminó!
¡Ya mataste a los impostores!
No esperaba que esto pasara… solo quería detenerlos o hacer que se marcharan.
Pero debido a este tú que nadie conoce, ni tu grupo, ahora estás descontrolado.
¡Por favor, cálmate!
Erika extendió más sus manos, reforzando las cadenas doradas para que se apretaran aún más y Owen no pudiera moverse.
Las cadenas brillaban con una luz sagrada, intentando contener la oscuridad que emanaba de él.
Pero el Modo Automático parecía ser más fuerte que las cadenas.
Owen movió el brazo bruscamente, rompiendo una de las cadenas con un sonido metálico seco.
Las chispas violetas crepitaron con más intensidad.
Erika palideció, aterrorizada.
—Por favor, detente… No hagas cosas de las que te arrepentirás… Owen forcejeaba con furia silenciosa.
Cada movimiento rompía más cadenas.
El modo automático estaba aumentando su poder.
El aura oscura se expandía como una tormenta, tan pesada que hacía que su propio grupo se arrodillara.
Henry cayó de rodillas, sujetando su hacha con manos temblorosas.
Ava se apoyó en el suelo, respirando con dificultad.
Jacob se dobló, con los ojos llenos de miedo.
De pronto, Sophia apareció.
Ella no era una jugadora, pero una ventana del sistema brilló frente a sus ojos: [Despertar de Poder Latente] Misión: Dormir a Owen.
Sophia se acercó a Owen sin dudar.
El aura de Owen era como un viento que cortaba la carne, rasgando la ropa y dejando marcas en la piel de cualquiera que se acercara.
Pero Sophia parecía inmune, como si estuviera protegida por un campo de fuerza invisible.
Su poder latente la envolvía, permitiéndole avanzar sin daño.
Se detuvo frente a Owen y, con ambas manos, agarró su cara con firmeza.
Sus ojos se encontraron con los negros y morados de él.
—Duerme de una vez —susurró.
Su voz, aunque suave como un susurro, resonó por toda la plaza como un eco poderoso que llegó a todos los presentes.
Owen se quedó inmóvil por un segundo.
Luego, sus ojos se cerraron y cayó al suelo como si le hubieran cortado los hilos que lo sostenían.
El Modo Automático se desactivó al instante.
La oscuridad y las chispas violetas desaparecieron, dejando solo a Owen inconsciente en el suelo.
Sophia también cayó de rodillas, sangrando por la nariz.
El uso de esa habilidad desconocida le había costado un precio alto.
Su cuerpo temblaba por el esfuerzo.
El muro de llamas rosadas se disipó al mismo tiempo.
Henry, Ava y Jacob pudieron acercarse por fin, con temor en los ojos.
Se acercaron a Owen con cautela, pensando que si se despertaba podría matarlos a todos.
Erika, todavía temblando, se acercó a Sophia y la cargó en sus brazos con cuidado.
—Llevémosla a un lugar donde pueda descansar —dijo con voz temblorosa.
Antes de irse, miró a los guardias de la ciudad que habían llegado corriendo.
—Algunos guardias, traigan a Owen y encadenadlo.
Su grupo, quédense cerca, pero no se acerquen demasiado.
Debido a lo que hizo… tal vez eso sea lo correcto por ahora.
Henry, Ava y Jacob se miraron confundidos.
Sabían que Owen había salvado la ciudad, pero también habían visto lo que el Modo Automático había hecho.
El poder que había desatado era aterrador.
Si se despertaba en ese estado otra vez, podría destruir todo.
Erika se alejó con Sophia en brazos, dejando al grupo con una mezcla de gratitud y miedo.
Owen yacía inconsciente en el suelo, rodeado de guardias que lo encadenaban con cadenas élficas reforzadas.
Su rostro estaba pálido, pero su respiración era estable.
El sistema lo había protegido, pero el precio había sido alto.
El grupo se quedó allí, mirando a su compañero encadenado.
Henry apretó los puños.
—Él nos salvó… pero ¿qué fue eso?
Ava se arrodilló cerca, con lágrimas en los ojos.
—No lo sé… pero no podemos dejarlo así.
Jacob murmuró con voz rota: —Era como si no nos reconociera… La plaza quedó en silencio.
La ciudad de Lunareth había sido salvada de los farsantes, pero ahora enfrentaba una nueva amenaza: el poder descontrolado que Owen había desatado.
Y mientras los guardias se llevaban a Owen encadenado, el grupo se preguntaba si su compañero volvería a ser el mismo… o si el Modo Automático lo había cambiado para siempre.
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