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Nunca Fue un Juego - Capítulo 54

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Capítulo 54: Capítulo 54: El Regreso y el Reencuentro

Owen abrió los ojos antes del amanecer. La habitación de la posada en Crystalis estaba en penumbras, solo iluminada por la luz suave que se filtraba a través de las cortinas. Se sentó en la cama con cuidado, sintiendo aún el cansancio acumulado en los huesos. A su lado, Luminary ya estaba despierta, sentada con la espalda recta y mirando por la ventana como si llevara horas contemplando la ciudad dormida. Sus ojos celestes brillaban con una calma que contrastaba con todo lo que habían vivido el día anterior.

—Buenos días —murmuró Owen en voz baja.

Luminary giró la cabeza y le dedicó una sonrisa pequeña, casi tierna.

—Los humanos duermen mucho. Es curioso.

Owen sonrió con cansancio y se levantó. Tenían que partir pronto hacia Lunareth, pero antes debían hablar con Elara. No quería dejarla atrás sin explicarle, aunque sabía que sería difícil.

Se acercó a la cama donde Elara dormía profundamente. Su rostro aún mostraba rastros de agotamiento y lágrimas secas de la noche anterior. Owen la sacudió suavemente por el hombro.

—Elara… despierta. Tenemos que hablar.

Elara abrió los ojos con lentitud. Al ver a Owen y a Luminary de pie, listos para salir, su expresión cambió de somnolienta a alerta en un segundo.

—¿Ya se van? —preguntó, incorporándose rápidamente.

Owen asintió, con la voz llena de culpa y determinación.

—Sí. Vamos a Lunareth. Tengo que llevarle la Flor de Luna a Sophia lo antes posible. No quiero que sigas arriesgándote más. Tú querías una vida normal, tranquila… y conmigo las cosas solo se complican. No es justo para ti.

Elara se quedó en silencio unos segundos. Luego suspiró profundamente, mirando sus manos.

—Eso está bien… —dijo con voz baja—. Pero también quiero explorar mucho. Quiero ver más de este mundo, ayudar a la gente, vivir aventuras de verdad. Así que… decidí ir contigo.

Owen se quedó sin palabras. La determinación en los ojos de Elara era clara. No era una decisión impulsiva; era algo que había estado pensando durante la noche.

—¿Estás segura? —preguntó él, con la voz cargada de emoción—. Después de todo lo que pasó… el juego, las muertes, Luminary… ¿aún quieres seguir?

Elara se levantó de la cama y lo miró directamente a los ojos.

—Estoy segura. No voy a dejarte solo en esto. Además… ya somos un equipo. No pienso abandonarte ahora.

Luminary observaba la escena con una sonrisa sutil, sin intervenir. Por primera vez, parecía realmente interesada en las emociones humanas.

Owen sintió un nudo en la garganta. Extendió la mano y tomó la de Elara.

—Gracias… de verdad.

Los tres se prepararon rápidamente. Bajaron a la recepción, pagaron la habitación y compraron provisiones para el viaje. Esta vez adquirieron tres caballos fuertes y resistentes, además de comida, agua y algunos artefactos básicos de exploración. Salieron de Crystalis por la puerta principal cuando el sol apenas comenzaba a salir, tiñendo las torres de la ciudad con tonos dorados.

El viaje hacia Lunareth duró varias horas. Impulsaban a los caballos con su propio poder para avanzar más rápido, pero el trayecto fue sorprendentemente tranquilo. Ningún monstruo se acercó. Luminary cabalgaba con elegancia, su aura reducida al mínimo, pero incluso así parecía emanar una presencia que hacía que las bestias del bosque se mantuvieran alejadas. El silencio del camino permitió que Owen y Elara hablaran más sobre lo que habían vivido y sobre lo que esperaban encontrar en Lunareth.

Cuando las murallas élficas de Lunareth aparecieron en el horizonte, Owen sintió una mezcla intensa de nervios, esperanza y culpa. Detuvo su caballo frente a la puerta principal y gritó con voz fuerte y clara:

—¡Abran! ¡Tengo la forma de despertar a Sophia!

Desde las murallas, varios arqueros élficos con arcos imbuidos de magia apuntaron directamente hacia ellos. Las flechas brillaban con energía lista para ser liberada.

—¡Qué valentía regresar después de abandonar a la señorita Sophia y a tus propios compañeros! —gritó uno de los guardias con tono acusador.

Owen levantó las manos en señal de paz, aunque su corazón latía con fuerza.

—¡No! Yo no abandoné a nadie. Solo… tenía que hacer esto solo. No podía poner a nadie más en riesgo. Yo…

Fue interrumpido por una voz femenina firme desde lo alto de la muralla. Era Erika, la madre de Sophia. Su expresión era una mezcla de cansancio, enojo y una chispa de esperanza.

—Dime la verdad, Owen. ¿Por qué volviste después de abandonar a tus compañeros?

Owen respiró hondo, mirando directamente hacia ella.

—Como ya dije, yo no abandoné a nadie. Estoy aquí porque lo conseguí. Conseguí algo que puede despertar a Sophia.

Erika se quedó en silencio unos segundos. Sus ojos se abrieron con interés. Suspiró profundamente y les hizo un gesto a los guardias.

—Dejenlos pasar.

Los guardias murmuraron con reproche, pero obedecieron. Las puertas se abrieron con un sonido pesado.

Owen, Elara y Luminary entraron a la ciudad. Apenas cruzaron las murallas, el primer grupo de Owen —Henry, Ava y Jacob— los estaba esperando. Sus rostros mostraban una mezcla de alivio, enojo y alegría contenida.

Owen sintió que las piernas le fallaban. Se arrodilló frente a ellos, con la cabeza baja y la voz quebrada por la emoción.

—Perdónenme… No estaba huyendo. Solo buscaba una forma de ayudar. No quería ponerlos en peligro. Lo siento mucho…

Henry fue el primero en moverse. Se acercó y lo levantó del suelo con un abrazo fuerte.

—Idiota… eso ya lo sabemos. Después de todo el tiempo que compartimos juntos, ya conocemos cómo actúas.

Ava y Jacob se unieron al abrazo. Los cuatro se quedaron así un largo momento, con los ojos húmedos. Owen sintió las lágrimas correr por sus mejillas. El alivio era tan grande que casi le dolía.

Elara, parada a un lado, tenía los ojos húmedos también. Se limpió una lágrima y murmuró con voz temblorosa:

—Qué momento más hermoso y reconciliador…

Luminary observaba la escena con una expresión entre curiosa y divertida.

—Infantiles… —dijo en voz baja, pero sin malicia.

Después del abrazo, Owen se separó ligeramente y preguntó con la voz todavía emocionada:

—¿Dónde está Sophia?

Erika se acercó y le hizo un gesto para que la siguieran.

—Está por acá.

Owen, Elara, Luminary y el grupo caminaron juntos hacia la habitación donde Sophia yacía dormida. El aire dentro de la casa élfica era fresco y olía a hierbas medicinales. Cuando entraron en la habitación, el corazón de Owen se apretó al ver a Sophia inmóvil en la cama, con el rostro pálido pero sereno.

Se acercó lentamente, sacó con cuidado una de las Flores de Luna que había recogido en el territorio de Luminary y la colocó sobre el pecho de Sophia. La flor brilló suavemente, liberando una luz azul suave que envolvió el cuerpo de la elfa.

Todos contuvieron la respiración.

Owen tomó la mano de Sophia con delicadeza y susurró:

—Despierta… por favor.

todos los presentes observaban en silencio, llenos de esperanza y emoción, mientras la luz de la Flor de Luna comenzaba a actuar.

La habitación donde Sophia yacía dormida estaba envuelta en un silencio casi sagrado. La luz tenue de las lámparas élficas bañaba las paredes de madera viva y raíces entrelazadas, creando sombras suaves que danzaban como si respiraran. Todos los presentes —Owen, Elara, Luminary (bajo el nombre de Charlotte), Erika, Henry, Ava y Jacob— se encontraban alrededor de la cama, conteniendo la respiración. El aire olía a hierbas medicinales y a la fragancia dulce y fresca de la Flor de Luna que Owen había colocado con cuidado sobre el pecho de Sophia.

La flor comenzó a brillar.

Al principio fue un resplandor suave, casi tímido, un azul profundo que iluminaba la piel pálida de Sophia. Luego se intensificó. La luz se expandió como ondas en un lago, envolviendo todo su cuerpo en un capullo de energía pura. Los pétalos se abrieron lentamente, liberando partículas brillantes que flotaban en el aire como pequeñas estrellas. El corazón de Owen latía con fuerza. Sus manos temblaban mientras observaba cómo la flor cumplía su promesa.

De pronto, Sophia movió los dedos de su mano derecha. Un movimiento pequeño, casi imperceptible, pero suficiente para que todos dieran un paso atrás por la sorpresa. Erika se llevó una mano a la boca, conteniendo un sollozo. Ava apretó el brazo de Henry, con los ojos llenos de lágrimas.

Entonces apareció el sistema.

Una ventana grande, brillante y de bordes dorados, se materializó flotando justo encima del cuerpo de Sophia. Era visible para todos en la habitación, no solo para Owen. Las letras flotaban en el aire con una claridad sobrenatural, como si el propio mundo estuviera revelando un secreto antiguo.

[Sistema Global – Análisis de Sophia]

Nombre: Sophia

Raza: Elfa Pura

Edad: 235 años

Nivel actual: ???

Características principales:

Afinidad natural con el mana del bosque

Resistencia alta a venenos y maldiciones

Potencial latente extremadamente alto

[Habilidad Latente Desbloqueada]

Nombre: Sello Absoluto

Requisitos necesarios completados.

Especificaciones:

Límite de Sellos

No puede sellar infinitamente.

Cada sello ocupa “espacio” en su alma.

Si supera el límite → los sellos se rompen o ella colapsa y desaparecerá.

Riesgo de Liberación

Los seres sellados siguen “vivos” dentro del sello.

Pueden intentar corromperla o escapar.

Esto traería conflictos internos al usuario.

Ejemplo: “¿Y si el Rey Demonio empieza a hablarle?”

La habitación quedó en un silencio absoluto. Nadie respiraba. Owen sintió que el mundo se detenía. Sus ojos recorrieron cada línea una y otra vez, como si no pudiera creer lo que estaba leyendo. Elara se tapó la boca con ambas manos, con los ojos muy abiertos por el shock. Henry murmuró un “Dios mío…” casi inaudible. Ava se acercó más a la cama, con lágrimas corriendo por sus mejillas. Erika, la madre de Sophia, se quedó paralizada, con una expresión de puro terror y esperanza mezclados.

Luminary (Charlotte) observaba la ventana con una sonrisa lenta y peligrosa. En su mente, los pensamientos corrían a toda velocidad:

«Esta chica… su potencial es muy grande. ¿Sellar a los seres más fuertes? Aunque el poder especifica que los que tengan un poder muy grande dañarán su mente y alma y ella desaparecería… Estar ahora en el bando de Owen es muy interesante y beneficioso. Esto de verdad me encanta. Todo lo que le pasa a Owen es increíble. No me equivoqué en convertirme en su súbdita.»

Owen, en cambio, estaba confundido y profundamente preocupado. El poder era inmenso, casi divino. Sellos absolutos. La capacidad de encerrar a cualquier ser dentro de su propia alma. Pero el costo… el límite, el riesgo de colapso, la posibilidad de que los sellados la corrompieran desde dentro. ¿Una chica tan joven, tan frágil, debería cargar con algo así? Su corazón se apretó. No quería que Sophia sufriera por ese poder. No después de todo lo que ya había pasado por salvarlo a él.

—Esto… esto es demasiado —susurró Owen, con la voz quebrada por la emoción—. ¿Por qué ella? ¿Por qué tiene que cargar con algo tan peligroso?

Elara se acercó y le tomó la mano, apretándola con fuerza. Sus ojos también estaban húmedos.

—Owen… mírala. Ella ya eligió salvarte una vez. Quizás este poder sea parte de eso. Pero sí… es aterrador.

De pronto, la habitación se iluminó con un color verde muy claro, casi etéreo. La luz provenía del propio cuerpo de Sophia. Su figura comenzó a levitar lentamente, flotando a unos centímetros de la cama. La Flor de Luna brillaba con más intensidad, sus pétalos se disolvieron en partículas de luz que se fundieron con ella.

Todos contuvieron la respiración.

Sophia abrió los ojos.

Sus iris dorados, típicos de los elfos, brillaron con una claridad nueva, como si hubiera estado dormida durante siglos y ahora despertara a un mundo completamente distinto. Miró alrededor con confusión, parpadeando lentamente. Su mirada se posó primero en su madre, luego en Owen, y finalmente en el grupo entero.

—¿Owen…? —su voz era débil, pero clara—. ¿Qué… qué pasó? ¿Por qué todos me miran así?

Erika soltó un sollozo y corrió hacia su hija, abrazándola en el aire mientras Sophia descendía suavemente hasta tocar la cama de nuevo.

—Mi niña… estás despierta. Estás despierta…

Owen se acercó con pasos temblorosos. Sus ojos estaban húmedos. Se arrodilló al lado de la cama y tomó la mano de Sophia con delicadeza, como si temiera que se rompiera.

—Sophia… lo logramos. Conseguí la Flor de Luna. Estás aquí. Estás con nosotros.

Sophia miró la mano de Owen y luego al grupo. Una sonrisa débil apareció en sus labios, pero sus ojos mostraban una confusión profunda y un cansancio que no era solo físico.

—Recuerdo… el poder. Usé algo para ayudarte cuando perdiste el control. Y luego… oscuridad. Solo oscuridad.

Elara se acercó también, con lágrimas en los ojos.

Luminary observaba la escena desde un rincón, con una expresión indescifrable. En su mente, la fascinación crecía:

«Una habilidad de sellos absolutos… y apenas despierta ya muestra un control tan grande. Esta chica podría ser más peligrosa que muchos dragones. Y ahora está cerca de Owen. Esto se pone cada vez más interesante.»

Owen sintió una oleada de emociones contradictorias: alivio inmenso, alegría pura por ver a Sophia despierta, pero también un miedo profundo por el poder que ahora llevaba dentro. ¿Cuánto tiempo podría soportar ese “Sello Absoluto”? ¿Qué pasaría si intentaba sellar algo demasiado poderoso? La idea de que Sophia pudiera colapsar o ser corrompida desde dentro le apretaba el pecho como una garra.

—No quiero que sufras por esto —le susurró Owen, aún sosteniendo su mano—. Ese poder… es demasiado. No tienes que usarlo si no quieres.

Sophia lo miró con una sonrisa cansada pero decidida.

—Elegí salvarte una vez. Si este poder es el precio… lo acepto. Pero no estaré sola. Ahora tengo amigos. Tengo un grupo.

Henry, Ava y Jacob se acercaron también. El reencuentro se volvió un abrazo colectivo, lleno de lágrimas, risas nerviosas y promesas susurradas de que nunca más se separarían de esa forma. Elara se unió al abrazo, llorando abiertamente. Incluso Luminary dio un paso más cerca, aunque se mantuvo un poco apartada, observando todo con una curiosidad casi científica.

La habitación, que había estado llena de tensión y miedo durante días, ahora estaba llena de vida y esperanza. La luz verde de la Flor de Luna se disipó lentamente, dejando solo el brillo suave de las lámparas élficas.

Owen miró a Sophia a los ojos y, por primera vez en mucho tiempo, sintió que el peso en su corazón se aligeraba un poco.

—Bienvenida de nuevo —susurró.

Sophia apretó su mano con fuerza.

—Gracias… por no rendirte.

El grupo se quedó allí, hablando en voz baja, compartiendo historias de lo que había pasado mientras Sophia dormía. Luminary escuchaba en silencio, pero su mente no dejaba de analizar. El poder de sellos de Sophia, el Modo Automático de Owen, la lealtad de Elara… todo encajaba en un rompecabezas que la fascinaba cada vez más.

Fuera de la habitación, la ciudad de Lunareth comenzaba a despertar con la noticia de que Sophia había abierto los ojos. Pero dentro de esa habitación, el verdadero comienzo de algo mucho más grande acababa de tener lugar.

Un nuevo capítulo se abría para todos ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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