Nunca Fue un Juego - Capítulo 53
- Inicio
- Nunca Fue un Juego
- Capítulo 53 - Capítulo 53: Capítulo 53: La Hija del Rey Demonio y el Descanso Merecido
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 53: Capítulo 53: La Hija del Rey Demonio y el Descanso Merecido
El camino de regreso a Cristalys fue más largo de lo que Owen recordaba. El sol ya comenzaba a bajar, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados que se reflejaban en las torres lejanas de la ciudad. Owen, Elara y Luminary, avanzaban en silencio al principio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Los caballos que habían alquilado en Cristalys trotaba con paso cansado, pero firme.
Owen sentía un peso extraño en el pecho. Habían sobrevivido al juego mortal de Luminary, habían obtenido el cristal y, de alguna forma imposible, ahora viajaban con una diosa dragón que se había sometido a él. Todo parecía un sueño febril. Miró de reojo a Elara, que cabalgaba a su lado con la mirada baja. Sabía que ella estaba exhausta, no solo físicamente. El llanto que había tenido horas antes aún le pesaba.
—Elara… —dijo Owen en voz baja, rompiendo el silencio—. ¿Estás bien?
Ella levantó la vista y le dedicó una sonrisa cansada pero sincera.
—Estoy… viva. Eso ya es mucho. Solo… sigo procesando todo. Hace unas horas estaba convencida de que íbamos a morir. Y ahora estamos aquí, con una dragón elemental caminando a nuestro lado como si nada.
Luminary soltó una risita suave desde atrás.
—No soy tan aterradora cuando bajo mi aura, ¿verdad? Además, Owen me pidió que me comportara. Y yo cumplo lo que prometo.
Owen suspiró, pero no pudo evitar sonreír. La situación era absurda, pero también era un alivio. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que no estaba solo cargando con todo.
Mientras avanzaban, Owen les volvió a repetir todo con más detalle de lo que había pasado desde el principio. Les habló de Lunareth, de los farsantes impostores, de la batalla donde había perdido el control en Modo Automático Matanza, de cómo Sophia lo había salvado quedando atrapada en un sueño profundo, y de cómo la Flor de Luna era la única esperanza para despertarla.
Elara escuchaba con los ojos muy abiertos, una mezcla de preocupación y admiración en su rostro.
—Entonces… todo esto empezó porque querías salvar a una chica que apenas conocías —murmuró—. Eres un idiota valiente, Owen.
Luminary, en cambio, parecía fascinada.
—Un modo automático… interesante. Y una elfa que usó un poder desconocido para salvarte. Los humanos y los elfos siempre encuentran formas creativas de complicarse la vida.
Owen sonrió con cansancio.
—Solo quiero llegar a Lunareth lo antes posible. Sophia ya ha esperado demasiado.
Llegaron a las puertas de Cristalys cuando el sol ya estaba casi oculto. Los guardias revisaron sus brazaletes del gremio y les permitieron entrar sin problemas. Luminary, sin embargo, no tenía identificación. No le preocupó. Con un movimiento casi imperceptible para el ojo humano —incluso para Owen—, desapareció un segundo y reapareció dentro de la ciudad, como si siempre hubiera estado allí.
—Listo —dijo con una sonrisa inocente—. Nadie me vio.
Owen sacudió la cabeza, impresionado y un poco asustado por lo fácil que era para ella.
Entraron los tres juntos y se dirigieron directamente al Gremio de los Susurros Eternos. El edificio seguía tan imponente y ordenado como lo recordaban. Al acercarse al mostrador, Luke Harlan levantó la vista y sonrió ampliamente.
—¡Vaya, pero si son nuestros nuevos aventureros! ¡Felicidades por cumplir la misión! No debe haberles costado mucho, ¿verdad?
Owen y Elara se miraron con cara de agotamiento absoluto. Una risa débil escapó de los labios de Owen.
—Sí… no fue mucho problema —dijo con sarcasmo evidente.
Luke rio, pero luego miró con curiosidad a la mujer que estaba detrás de ellos.
—¿Y quién es su amiga? No la había visto antes.
Owen volteó y vio a Luminary parada con una expresión tranquila y elegante. Rápidamente inventó un nombre.
—Ella es Charlotte. Una… compañera de viaje que se unió a nosotros.
—Mucho gusto, Charlotte —dijo Luke con su habitual tono bromista—. Bienvenida al gremio.
Procedió a llamar a la chica encapuchada para finalizar la misión y entregar el pago. Mientras esperaban, Owen, Elara y Charlotte se sentaron en una mesa cercana. El ambiente del gremio era el mismo de siempre: gente revisando misiones, conversaciones bajas, el olor a madera vieja y pergamino.
Después de un rato, la mujer encapuchada llegó. Se acercó con paso rápido y se sentó frente a ellos.
—¿Confirmaron si el cristal se encontraba en el lugar que les indiqué? —preguntó sin preámbulos.
Owen sonrió con cansancio y sacó el cristal del bolso. Lo colocó sobre la mesa con cuidado.
—Tenemos algo mejor. Lo tenemos con nosotros.
La mujer se quedó inmóvil. Lentamente se quitó la capucha. Era una chica pelirroja hermosa, de ojos rojos brillantes y expresión de pura sorpresa y alegría. Sus ojos se quedaron clavados en el cristal, como si estuviera viendo un tesoro perdido.
—Esto… esto es… —susurró.
Pagó inmediatamente a Owen y Elara la recompensa prometida —una suma generosa de monedas de oro— e incluso le dio una parte a Charlotte sin preguntar.
—Gracias… de verdad, muchas gracias —dijo con la voz temblando de emoción.
Owen, curioso, preguntó:
—¿Para qué quiere exactamente ese cristal?
La chica pelirroja sonrió con una mezcla de orgullo y determinación.
—Creo que ya lo saben. Voy a crear una barrera que pueda impedir el paso a los dragones y a los reyes demonios. Algo que proteja de verdad a esta ciudad y a la gente que vive aquí.
Charlotte (Luminary) se rio en silencio, casi sin hacer ruido. Owen notó la reacción y decidió no preguntar más.
—Ojalá así sea —dijo Owen—. Y que esa barrera sea lo suficientemente fuerte.
La chica pelirroja se levantó, visiblemente feliz, y se dispuso a marcharse. Antes de que saliera, Owen la detuvo.
—¿Cuál es su nombre?
Ella se giró y sonrió.
—Evelyn.
Y se marchó.
En cuanto la puerta se cerró, todo el gremio quedó en un silencio extraño. Varias personas murmuraban y miraban hacia la puerta con asombro.
Owen, confundido, se volvió hacia Luke Harlan.
—¿Qué pasó? ¿Por qué todos se asombraron tanto?
Luke suspiró y bajó la voz, pero su tono seguía siendo bromista.
—Ella es la hija del rey demonio Dante.
Owen y Elara se quedaron congelados. Incluso Charlotte levantó una ceja, interesada.
—¿Esta ciudad… es de un rey demonio? —preguntó Owen, con la voz llena de sorpresa y confusión.
Luke asintió.
—Sí. Pero no es como piensan. La ciudad es segura. La gente vive en paz. Por eso no lo decimos de entrada. Si les dijéramos “bienvenidos a la ciudad de un rey demonio” al llegar, nadie se quedaría. Preferimos que exploren, que disfruten y que se den cuenta por sí mismos que no es una amenaza.
Owen se quedó en silencio un momento. En su cabeza sabía que Luke tenía razón. Suspiró profundamente.
—Bueno… el día fue muy largo. Deberíamos tomar un descanso.
Owen, Elara y Charlotte salieron del gremio y buscaron un lugar para pasar la noche: una posada tranquila cerca del centro de Cristalys. La habitación era amplia, con dos camas grandes y una ventana que daba a las torres iluminadas de la ciudad.
Mientras se preparaban para dormir, Owen se sentó en el borde de la cama, mirando el cristal que ahora descansaba sobre una mesa. Elara se acercó y se sentó a su lado. Charlotte se quedó de pie junto a la ventana, observando la ciudad con curiosidad.
—Mañana ire a Lunareth —dijo Owen con voz cansada pero decidida—. Vay a curar a Sophia.
Elara apoyó la cabeza en su hombro.
—Después de todo lo que pasó… sigues pensando en ella. Eres un buen hombre, Owen.
Charlotte se giró y sonrió con suavidad.
—Los humanos y sus emociones… son fascinantes.
Owen miró a las dos mujeres que ahora lo acompañaban y sintió una mezcla extraña de gratitud y responsabilidad. El día había sido largo, lleno de revelaciones, miedos y nuevas alianzas.
Pero mañana comenzarían el verdadero viaje hacia Lunareth.
Y por primera vez, Owen sintió que tenía un equipo en el que podía confiar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com