Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Nunca Fue un Juego - Capítulo 56

  1. Inicio
  2. Nunca Fue un Juego
  3. Capítulo 56 - Capítulo 56: Capítulo 56: Descanso y Revelaciones
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 56: Capítulo 56: Descanso y Revelaciones

La habitación de Sophia estaba llena de una luz cálida y suave que entraba por las ventanas de cristal élfico. El sol de la tarde bañaba las raíces vivas de las paredes, creando patrones dorados que se movían lentamente con la brisa. El aroma de hierbas medicinales y flores frescas flotaba en el aire, mezclado con el olor a té recién preparado que Erika había traído. Después del intenso reencuentro y el momento en que Sophia despertó, el grupo había decidido quedarse en Lunareth por un tiempo. No había prisa inmediata. Sophia necesitaba recuperarse, y todos ellos necesitaban un respiro después de tanto caos.

Owen estaba sentado en el borde de la cama de Sophia, con una taza de té en las manos. Su cuerpo aún sentía el cansancio acumulado de las últimas semanas, pero por primera vez en mucho tiempo había una sensación de paz. Sophia, todavía un poco pálida pero con los ojos brillantes, sonreía mientras escuchaba a Ava contarle anécdotas divertidas de las batallas pasadas. Henry estaba recostado contra la pared, limpiando su hacha con movimientos lentos y relajados. Jacob jugaba con una pequeña esfera de telequinesis, haciendo que flotara en el aire como un juguete. Elara estaba sentada junto a la ventana, mirando el bosque élfico con una expresión tranquila, como si estuviera absorbiendo la calma del lugar.

Luminary —que seguía usando el nombre de Charlotte para no llamar la atención— estaba de pie en un rincón, observando todo con una curiosidad casi infantil. Aunque su aura estaba completamente suprimida, su presencia seguía siendo imponente. De vez en cuando tomaba un sorbo de té y hacía comentarios que provocaban risas o miradas extrañadas.

—Los humanos son fascinantes —dijo Luminary de pronto, con una sonrisa—. Se emocionan tanto por cosas tan pequeñas como un té caliente o un abrazo. En mi territorio, nadie se abraza después de una batalla… simplemente sobreviven.

Elara soltó una risa suave.

—Pues aquí abrazarse es importante. Sobre todo después de haber pasado por tanto.

Sophia miró a Luminary con curiosidad. Aún no sabía toda la verdad sobre ella, pero sentía que había algo diferente.

—Charlotte… gracias por ayudar a Owen. Sin ti, no sé si hubiéramos conseguido la Flor de Luna.

Luminary inclinó la cabeza con elegancia.

—No fue nada. Owen me pidió que lo acompañara. Y yo cumplo lo que prometo.

Owen sintió que era el momento. Respiró hondo y miró a todos los presentes. Erika estaba sentada al lado de su hija, sosteniendo su mano. El grupo completo —Henry, Ava, Jacob, Elara y Sophia— lo observaba con atención.

—Hay algo que debo decirles —comenzó Owen con voz seria pero llena de emoción—. Charlotte no es exactamente… humana. Ni élfica. Ella es Luminary. Un dragón antiguo. Un Dragón Elemental del Hielo.

El silencio que siguió fue absoluto. Erika abrió mucho los ojos. Sophia parpadeó, confundida. Henry dejó de limpiar su hacha. Ava se llevó una mano a la boca. Jacob dejó caer la esfera de telequinesis, que flotó un segundo antes de caer al suelo.

—¿Un… dragón? —preguntó Erika con voz temblorosa—. En los textos antiguos de los elfos se habla de dragones. Grandes bestias que dominaron el mundo hace miles de años. Pero nunca escuché de “dragones elementales”. Si es un dragón antiguo… ¿es uno de los cuatro dragones del caos?

Luminary soltó una risa suave, casi melancólica.

—Ese título ya no debería existir. Mejor que lo hablemos sin títulos. Ninguno de los dragones nos gusta ese nombre. Solo que nos llamen por nuestros propios nombres.

Erika se quedó callada un momento, procesando la información. Su expresión pasó de shock a una curiosidad profunda.

—Entonces… eres Luminary. La que controla el hielo. En los antiguos pergaminos se habla de ti, pero siempre como una leyenda lejana. Nunca pensé que llegaría a conocer a una de los cuatro… perdón, a una de los dragones elementales.

Luminary sonrió con una mezcla de diversión y nostalgia.

—Los elfos siempre han sido buenos guardando secretos. Pero sí, soy yo. Y ahora estoy aquí, bajo las órdenes de Owen. No es algo que esperaba… pero es interesante.

Sophia miró a Owen con una mezcla de sorpresa y admiración.

—¿Ella es un dragón… y está de nuestro lado? Owen, ¿cómo lograste eso?

Owen se rascó la nuca, avergonzado pero honesto.

—Es… complicado. Le revelé algo que ella no quería que nadie supiera. Y le pedí que fuera mi compañera. Ella aceptó. Ahora estamos juntos en esto.

Elara soltó una risa nerviosa.

—Esto es una locura. Primero casi muero en un juego mortal, y ahora viajo con una dragón elemental que se llama Charlotte para disimular. Mi vida normal se fue por la ventana hace mucho.

El grupo rio. La tensión se rompió un poco, y el ambiente se volvió más ligero. Henry dio una palmada en la espalda de Owen.

—Solo tú puedes convencer a un dragón para que sea tu compañera. Eres un caso perdido, amigo.

Ava, todavía con lágrimas en los ojos por la emoción del reencuentro, miró a Luminary con respeto.

—Gracias por protegerlo. Y por estar aquí. Aunque sea raro… me alegra que estés con nosotros.

Luminary inclinó la cabeza, genuinamente sorprendida por la calidez del grupo.

—Los humanos y los elfos son… extraños. Se emocionan tanto por cosas tan simples. Pero me gusta. Es diferente a mi territorio.

El resto de la tarde fue de descanso verdadero. Erika preparó una comida abundante: frutas frescas del bosque, panes recién horneados, guisos de verduras y carnes suaves que reconfortaban el cuerpo y el alma. Se sentaron alrededor de una mesa grande en el centro de la casa, compartiendo historias, risas y momentos de silencio cómodo.

Sophia, todavía débil, comía poco a poco, pero su sonrisa era cada vez más grande. Contó pequeños recuerdos de su sueño: sensaciones de calor y luz, como si alguien la hubiera llamado desde lejos. Owen le contó con más detalle todo lo que había pasado, incluyendo el juego de Luminary. Sophia escuchaba con los ojos muy abiertos, pero sin miedo. Al contrario, parecía fascinada.

—Entonces… sellé algo dentro de mí —murmuró Sophia, mirando sus manos—. Siento que hay algo grande ahí. Como si pudiera contener el mundo entero… pero también siento que podría romperme si no tengo cuidado.

Erika le apretó la mano.

—Vamos a entrenar juntas. Poco a poco. No tienes que usar ese poder hasta que estés lista.

Mientras tanto, Luminary observaba todo con curiosidad. De vez en cuando hacía preguntas que provocaban risas: cómo funcionaban los abrazos humanos, por qué los elfos plantaban flores en lugar de construir murallas más altas, o por qué Owen se ponía rojo cuando Elara lo miraba demasiado tiempo.

Riku, en la mente de Owen, no paraba de hacer comentarios sarcásticos:

—Esto parece una reunión familiar. Un dragón elemental, una elfa con poder de sellado, una aventurera que quería vida normal… y tú en medio de todo. Nunca pensé que vería algo así.

Owen sonrió para sí mismo. Por primera vez en mucho tiempo, sentía paz. No había batallas, no había enemigos inmediatos. Solo el grupo, la comida, las historias y la esperanza de un futuro mejor.

Cuando la tarde dio paso a la noche, se sentaron en el jardín trasero de la casa. Las estrellas brillaban sobre Lunareth, y el bosque susurraba con el viento. Sophia se recostó en una silla larga, envuelta en una manta. Erika le cantaba una melodía élfica antigua en voz baja. Henry y Jacob jugaban a un juego simple con piedras, riendo cuando uno perdía. Ava y Elara hablaban en voz baja sobre sus sueños: Ava quería abrir una pequeña clínica de curación, Elara seguía soñando con su casa tranquila y su jardín.

Luminary se sentó junto a Owen, mirando las estrellas.

—Nunca pensé que estaría en un lugar como este —dijo en voz baja—. Tan… pacífico. Tan lleno de emociones pequeñas pero fuertes.

Owen la miró.

—¿Te arrepientes de haber aceptado?

Luminary negó con la cabeza, con una sonrisa genuina.

—No. Es… diferente. Y me gusta.

Owen sintió una emoción profunda. Miró al grupo y se dio cuenta de que, a pesar de todo lo que habían pasado, habían formado algo real. Una familia improvisada, unida por el peligro y por la esperanza.

—Gracias a todos —dijo Owen en voz alta, con la voz cargada de sentimiento—. Por estar aquí. Por no rendirse. Por confiar en mí.

Elara sonrió con lágrimas en los ojos.

—Siempre, Owen.

Sophia levantó su taza de té.

—Por los nuevos comienzos.

Todos brindaron. La noche se llenó de risas, historias y momentos de silencio cómodo. Luminary, por primera vez, parecía relajada. Erika cantaba más fuerte. Henry y Jacob seguían jugando, pero ahora incluían a todos en las bromas.

Owen se recostó y miró las estrellas. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que podía respirar. El descanso era necesario. La evolución vendría después. Pero esta noche, solo existía el grupo, la paz y la promesa de un mañana mejor.

El verdadero descanso acababa de comenzar.

Y con él, la oportunidad de fortalecerse juntos.

Los días siguientes al despertar de Sophia fueron de un descanso profundo y necesario en Lunareth. La ciudad élfica parecía respirar más tranquila, como si el regreso de Owen y el grupo hubiera traído un poco de luz después de la oscuridad de los farsantes. Las calles de madera y raíces vivas se llenaban de risas infantiles por las mañanas, y el aroma de pan recién horneado y hierbas medicinales flotaba en el aire. Erika había insistido en que todos se quedaran en su casa grande, rodeada de un jardín que parecía sacado de un sueño: flores que brillaban suavemente por la noche y árboles cuyas hojas susurraban melodías cuando el viento las tocaba.

Owen se despertaba cada mañana con una sensación extraña de paz. Ya no había batallas inmediatas, ni juegos mortales, ni la presión constante de la vida o muerte. Solo el sonido de los pájaros, el calor del sol filtrándose por las ventanas y el grupo reunido alrededor de la mesa del desayuno. Luminary —que seguía usando el nombre de Charlotte para no alarmar a nadie— se había adaptado sorprendentemente bien. Se sentaba con elegancia, probaba la comida con curiosidad y hacía preguntas que provocaban risas constantes.

—Los elfos ponen flores en todos lados —comentó una mañana mientras mordía un trozo de pan con miel—. ¿No temen que atraigan bestias?

Erika rio suavemente, sirviéndole más té.

—Las flores son parte de nuestra protección. Su aroma calma a las bestias menores y refuerza nuestras barreras naturales.

Sophia, todavía recuperándose, comía poco a poco. Su rostro había recuperado color, pero sus ojos dorados seguían mostrando un cansancio profundo. Cada vez que intentaba moverse demasiado rápido, Erika la regañaba con cariño, y el grupo entero se unía para cuidarla. Era un contraste hermoso con todo lo que habían vivido.

Los entrenamientos se volvieron parte de la rutina diaria, pero eran suaves, casi terapéuticos. Por las mañanas, Henry y Jacob salían al bosque cercano con Sophia para practicar control básico de su poder. Ava se quedaba en la casa, usando su curación para ayudar a Sophia a recuperar fuerzas. Elara y Owen entrenaban juntos en el jardín trasero, combinando sus habilidades de forma más coordinada.

Una tarde, mientras el sol caía, Owen y Elara practicaban en el claro detrás de la casa. Owen activó Slow Perception y esquivó una bola de fuego controlada que Elara le lanzó. Luego contraatacó con un Void Strike suave, creando una onda de vacío que cortó el aire sin dañar nada.

—Estás mejorando —dijo Elara, jadeando pero sonriendo—. Tus movimientos son más fluidos.

Owen se limpió el sudor de la frente y le devolvió la sonrisa.

—Tú también. Tus llamas ya no solo queman… ahora curan mientras atacan. Es increíble.

Riku, en su mente, soltó una risa burlona:

—Miren a los dos tortolitos entrenando. Si siguen así, Luminary va a pedir que le enseñen cómo ser “humana” de verdad.

Luminary estaba sentada en un banco cercano, observando con curiosidad. De vez en cuando hacía comentarios que provocaban risas:

—Los humanos sudan mucho cuando entrenan. ¿Es necesario?

Elara rio y le lanzó una pequeña bola de fuego inofensiva que Luminary detuvo con un dedo, congelándola al instante.

—Para mejorar, sí. ¿Quieres probar?

Luminary inclinó la cabeza y, por primera vez, aceptó. Se levantó y caminó hacia ellos. Su presencia era imponente incluso con el aura suprimida, pero el grupo ya se había acostumbrado.

—Muéstrenme cómo se hace —dijo con una sonrisa juguetona.

Los entrenamientos se volvieron más ligeros y divertidos. Luminary intentaba imitar los movimientos humanos, pero su poder era tan grande que a veces congelaba el suelo sin querer. Las risas llenaban el jardín, y por un momento parecía que eran solo un grupo de amigos practicando, no un equipo que había sobrevivido a la muerte.

Por las tardes, el foco se centraba en Sophia. Erika había preparado un área segura en el bosque cercano, donde podían cazar monstruos menores para entrenar. Sophia quería probar su poder de Sello Absoluto. Todos la acompañaban, preocupados pero apoyándola.

Un día, salieron a cazar un monstruo de nivel medio: una bestia de escarcha que habitaba en una zona boscosa cercana. Era fuerte, pero no letal para el grupo. Sophia se colocó frente a él, con las manos extendidas. Su cuerpo se envolvió en un aura dorada brillante, hermosa y poderosa.

—Voy a intentarlo —dijo con determinación.

El aura dorada se intensificó. Sophia cerró los ojos y canalizó su poder. El monstruo rugió y cargó contra ella, pero el sello comenzó a formarse: una luz dorada que intentaba encerrarlo.

De pronto, Sophia jadeó. El aura dorada tembló violentamente. Sus rodillas se doblaron y cayó al suelo, respirando con dificultad. El sello se disipó antes de completarse. El monstruo, desorientado, fue rápidamente neutralizado por Henry y Jacob.

—¡Sophia! —gritó Erika, corriendo hacia ella.

Owen se arrodilló a su lado, sosteniéndola.

—¿Estás bien? ¿Qué pasó?

Sophia respiraba con dificultad, con el rostro pálido y sudoroso.

—Necesita… demasiado mana. Sentí que mi alma se estiraba demasiado. No pude… no pude terminar el sello.

Elara se acercó rápidamente y usó su poder curativo para aliviar el cansancio de Sophia.

—Tranquila. No fue tu culpa. Ese poder es nuevo y enorme. Vamos a encontrar la forma de que tengas más mana. Entrenaremos juntas, poco a poco.

El grupo se reunió alrededor de Sophia. Henry le dio agua, Ava la curó, Jacob creó una pequeña barrera protectora para que descansara. Erika abrazó a su hija con fuerza, con lágrimas en los ojos.

—No te fuerces, mi niña. Ese poder es peligroso. No quiero perderte de nuevo.

Sophia, todavía jadeando, sonrió débilmente.

—Lo sé… pero tengo que aprender a controlarlo. No quiero ser una carga.

Owen sintió una punzada de culpa y emoción al mismo tiempo. Se arrodilló frente a ella y le tomó las manos.

—No eres una carga. Nunca lo has sido. Vamos a encontrar la forma. Quizás con artefactos, o entrenando tu mana poco a poco, o incluso usando el cristal que tenemos. No estás sola en esto.

Luminary observaba en silencio. Su expresión era pensativa. En su mente, la fascinación crecía:

«Un poder de sellado tan puro… pero el costo es alto. Esta chica podría sellar incluso a mí si crece lo suficiente. Interesante. Muy interesante.»

El resto de la tarde fue de descanso y conversación. Se sentaron en el jardín de la casa, compartiendo historias y planes. Sophia descansaba en una silla larga, envuelta en una manta. El grupo hablaba de cómo mejorar el mana de Sophia: Erika propuso rituales élficos antiguos, Ava sugirió combinar su curación con ejercicios de respiración, Luminary mencionó que en su territorio había cristales que podían amplificar el mana, pero que serían difíciles de obtener.

Owen escuchaba todo, sintiendo una emoción profunda. Ver al grupo unido, apoyándose mutuamente, le llenaba el corazón. Por primera vez en mucho tiempo, no se sentía solo con el peso del mundo.

Cuando el sol comenzó a bajar, el grupo se reunió para cenar. La mesa estaba llena de comida sencilla pero reconfortante. Risas, bromas y momentos de silencio cómodo llenaron la noche. Luminary hizo una pregunta inocente sobre por qué los humanos se abrazaban tanto, y el grupo entero rio con ganas. Elara bromeó diciendo que Luminary debería probar un abrazo grupal, y para sorpresa de todos, la diosa dragón aceptó. El abrazo colectivo fue torpe pero lleno de calidez.

—Esto es… extraño —dijo Luminary, con una sonrisa genuina—. Pero me gusta.

Owen miró a todos y sintió una oleada de gratitud.

—Gracias a todos. Por estar aquí. Por no rendirse. Por ser mi familia.

Elara le apretó el hombro.

—Siempre, Owen.

Sophia levantó su taza.

—Por los nuevos comienzos.

Todos brindaron. La noche se llenó de risas, historias y momentos de silencio cómodo.

Pero en el fondo, Owen sabía que el descanso no duraría para siempre. Y aunque ahora tenían un momento de paz, el futuro seguía lleno de incógnitas.

El verdadero descanso había llegado.

Y con él, la oportunidad de fortalecerse juntos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo