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Nunca Fue un Juego - Capítulo 57

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Capítulo 57: Capítulo 57: Entrenamiento y Límite

Los días siguientes al despertar de Sophia fueron de un descanso profundo y necesario en Lunareth. La ciudad élfica parecía respirar más tranquila, como si el regreso de Owen y el grupo hubiera traído un poco de luz después de la oscuridad de los farsantes. Las calles de madera y raíces vivas se llenaban de risas infantiles por las mañanas, y el aroma de pan recién horneado y hierbas medicinales flotaba en el aire. Erika había insistido en que todos se quedaran en su casa grande, rodeada de un jardín que parecía sacado de un sueño: flores que brillaban suavemente por la noche y árboles cuyas hojas susurraban melodías cuando el viento las tocaba.

Owen se despertaba cada mañana con una sensación extraña de paz. Ya no había batallas inmediatas, ni juegos mortales, ni la presión constante de la vida o muerte. Solo el sonido de los pájaros, el calor del sol filtrándose por las ventanas y el grupo reunido alrededor de la mesa del desayuno. Luminary —que seguía usando el nombre de Charlotte para no alarmar a nadie— se había adaptado sorprendentemente bien. Se sentaba con elegancia, probaba la comida con curiosidad y hacía preguntas que provocaban risas constantes.

—Los elfos ponen flores en todos lados —comentó una mañana mientras mordía un trozo de pan con miel—. ¿No temen que atraigan bestias?

Erika rio suavemente, sirviéndole más té.

—Las flores son parte de nuestra protección. Su aroma calma a las bestias menores y refuerza nuestras barreras naturales.

Sophia, todavía recuperándose, comía poco a poco. Su rostro había recuperado color, pero sus ojos dorados seguían mostrando un cansancio profundo. Cada vez que intentaba moverse demasiado rápido, Erika la regañaba con cariño, y el grupo entero se unía para cuidarla. Era un contraste hermoso con todo lo que habían vivido.

Los entrenamientos se volvieron parte de la rutina diaria, pero eran suaves, casi terapéuticos. Por las mañanas, Henry y Jacob salían al bosque cercano con Sophia para practicar control básico de su poder. Ava se quedaba en la casa, usando su curación para ayudar a Sophia a recuperar fuerzas. Elara y Owen entrenaban juntos en el jardín trasero, combinando sus habilidades de forma más coordinada.

Una tarde, mientras el sol caía, Owen y Elara practicaban en el claro detrás de la casa. Owen activó Slow Perception y esquivó una bola de fuego controlada que Elara le lanzó. Luego contraatacó con un Void Strike suave, creando una onda de vacío que cortó el aire sin dañar nada.

—Estás mejorando —dijo Elara, jadeando pero sonriendo—. Tus movimientos son más fluidos.

Owen se limpió el sudor de la frente y le devolvió la sonrisa.

—Tú también. Tus llamas ya no solo queman… ahora curan mientras atacan. Es increíble.

Riku, en su mente, soltó una risa burlona:

—Miren a los dos tortolitos entrenando. Si siguen así, Luminary va a pedir que le enseñen cómo ser “humana” de verdad.

Luminary estaba sentada en un banco cercano, observando con curiosidad. De vez en cuando hacía comentarios que provocaban risas:

—Los humanos sudan mucho cuando entrenan. ¿Es necesario?

Elara rio y le lanzó una pequeña bola de fuego inofensiva que Luminary detuvo con un dedo, congelándola al instante.

—Para mejorar, sí. ¿Quieres probar?

Luminary inclinó la cabeza y, por primera vez, aceptó. Se levantó y caminó hacia ellos. Su presencia era imponente incluso con el aura suprimida, pero el grupo ya se había acostumbrado.

—Muéstrenme cómo se hace —dijo con una sonrisa juguetona.

Los entrenamientos se volvieron más ligeros y divertidos. Luminary intentaba imitar los movimientos humanos, pero su poder era tan grande que a veces congelaba el suelo sin querer. Las risas llenaban el jardín, y por un momento parecía que eran solo un grupo de amigos practicando, no un equipo que había sobrevivido a la muerte.

Por las tardes, el foco se centraba en Sophia. Erika había preparado un área segura en el bosque cercano, donde podían cazar monstruos menores para entrenar. Sophia quería probar su poder de Sello Absoluto. Todos la acompañaban, preocupados pero apoyándola.

Un día, salieron a cazar un monstruo de nivel medio: una bestia de escarcha que habitaba en una zona boscosa cercana. Era fuerte, pero no letal para el grupo. Sophia se colocó frente a él, con las manos extendidas. Su cuerpo se envolvió en un aura dorada brillante, hermosa y poderosa.

—Voy a intentarlo —dijo con determinación.

El aura dorada se intensificó. Sophia cerró los ojos y canalizó su poder. El monstruo rugió y cargó contra ella, pero el sello comenzó a formarse: una luz dorada que intentaba encerrarlo.

De pronto, Sophia jadeó. El aura dorada tembló violentamente. Sus rodillas se doblaron y cayó al suelo, respirando con dificultad. El sello se disipó antes de completarse. El monstruo, desorientado, fue rápidamente neutralizado por Henry y Jacob.

—¡Sophia! —gritó Erika, corriendo hacia ella.

Owen se arrodilló a su lado, sosteniéndola.

—¿Estás bien? ¿Qué pasó?

Sophia respiraba con dificultad, con el rostro pálido y sudoroso.

—Necesita… demasiado mana. Sentí que mi alma se estiraba demasiado. No pude… no pude terminar el sello.

Elara se acercó rápidamente y usó su poder curativo para aliviar el cansancio de Sophia.

—Tranquila. No fue tu culpa. Ese poder es nuevo y enorme. Vamos a encontrar la forma de que tengas más mana. Entrenaremos juntas, poco a poco.

El grupo se reunió alrededor de Sophia. Henry le dio agua, Ava la curó, Jacob creó una pequeña barrera protectora para que descansara. Erika abrazó a su hija con fuerza, con lágrimas en los ojos.

—No te fuerces, mi niña. Ese poder es peligroso. No quiero perderte de nuevo.

Sophia, todavía jadeando, sonrió débilmente.

—Lo sé… pero tengo que aprender a controlarlo. No quiero ser una carga.

Owen sintió una punzada de culpa y emoción al mismo tiempo. Se arrodilló frente a ella y le tomó las manos.

—No eres una carga. Nunca lo has sido. Vamos a encontrar la forma. Quizás con artefactos, o entrenando tu mana poco a poco, o incluso usando el cristal que tenemos. No estás sola en esto.

Luminary observaba en silencio. Su expresión era pensativa. En su mente, la fascinación crecía:

«Un poder de sellado tan puro… pero el costo es alto. Esta chica podría sellar incluso a mí si crece lo suficiente. Interesante. Muy interesante.»

El resto de la tarde fue de descanso y conversación. Se sentaron en el jardín de la casa, compartiendo historias y planes. Sophia descansaba en una silla larga, envuelta en una manta. El grupo hablaba de cómo mejorar el mana de Sophia: Erika propuso rituales élficos antiguos, Ava sugirió combinar su curación con ejercicios de respiración, Luminary mencionó que en su territorio había cristales que podían amplificar el mana, pero que serían difíciles de obtener.

Owen escuchaba todo, sintiendo una emoción profunda. Ver al grupo unido, apoyándose mutuamente, le llenaba el corazón. Por primera vez en mucho tiempo, no se sentía solo con el peso del mundo.

Cuando el sol comenzó a bajar, el grupo se reunió para cenar. La mesa estaba llena de comida sencilla pero reconfortante. Risas, bromas y momentos de silencio cómodo llenaron la noche. Luminary hizo una pregunta inocente sobre por qué los humanos se abrazaban tanto, y el grupo entero rio con ganas. Elara bromeó diciendo que Luminary debería probar un abrazo grupal, y para sorpresa de todos, la diosa dragón aceptó. El abrazo colectivo fue torpe pero lleno de calidez.

—Esto es… extraño —dijo Luminary, con una sonrisa genuina—. Pero me gusta.

Owen miró a todos y sintió una oleada de gratitud.

—Gracias a todos. Por estar aquí. Por no rendirse. Por ser mi familia.

Elara le apretó el hombro.

—Siempre, Owen.

Sophia levantó su taza.

—Por los nuevos comienzos.

Todos brindaron. La noche se llenó de risas, historias y momentos de silencio cómodo.

Pero en el fondo, Owen sabía que el descanso no duraría para siempre. Y aunque ahora tenían un momento de paz, el futuro seguía lleno de incógnitas.

El verdadero descanso había llegado.

Y con él, la oportunidad de fortalecerse juntos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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