Nunca Fue un Juego - Capítulo 60
- Inicio
- Nunca Fue un Juego
- Capítulo 60 - Capítulo 60: Capítulo 60: Reencuentros y la Sombra del Coliseo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 60: Capítulo 60: Reencuentros y la Sombra del Coliseo
Owen, Elara y Luminary (Charlotte) avanzaban a un ritmo constante por el camino principal que llevaba hacia Aetherion, la ciudad central del continente. El paisaje había cambiado gradualmente: los bosques densos de Lunareth dieron paso a colinas onduladas cubiertas de hierba alta y flores silvestres que se mecían con el viento. El sol del mediodía calentaba sus espaldas, pero el aire seguía siendo fresco, cargado del aroma de tierra húmeda y libertad. Los caballos trotaban con energía, impulsados ocasionalmente por pequeñas inyecciones de mana de sus jinetes.
Habían pasado varias horas desde que salieron de Lunareth. El silencio entre los tres era cómodo, roto solo por el sonido de los cascos y el viento. Owen cabalgaba en el centro, con Elara a su izquierda y Luminary a su derecha. De vez en cuando, Elara comentaba algo sobre el paisaje o compartía una anécdota ligera para mantener el ánimo alto. Luminary observaba todo con esa curiosidad serena que la caracterizaba, haciendo preguntas inocentes que provocaban sonrisas.
De pronto, en la distancia, una figura familiar apareció en el camino. Una mujer de cabello negro largo y ropa práctica de viajera cabalgaba hacia ellos. Cuando se acercó lo suficiente, Owen reconoció su rostro al instante.
—¡Hinata! —exclamó, deteniendo su caballo.
Hinata también frenó su montura. Sus ojos se abrieron con sorpresa y alegría. Bajó del caballo con agilidad y Owen hizo lo mismo. Se encontraron en el medio del camino y se dieron un abrazo fuerte, de esos que hablan de reencuentros largamente esperados.
—¡Owen! ¡No puedo creer que seas tú! —dijo Hinata, riendo mientras lo apretaba—. Han pasado meses… o al menos eso parece. ¿Cómo estás? ¿Qué haces por aquí?
Owen se separó un poco, con una sonrisa amplia y sincera.
—Estamos de camino a Aetherion. Hay un coliseo y… bueno, es complicado. ¿Y tú? ¿Qué haces tan lejos de Tokio?
Hinata soltó una risa ligera, casi cómica.
—Después de todo lo que pasó en la ciudad, decidí viajar. Quería ver más del mundo, ayudar donde pudiera. Tokio está estable ahora, gracias a ti y a tu grupo. Pero escuché rumores sobre el coliseo y pensé que podría ser interesante… o peligroso. Ya sabes, como siempre.
Luminary observaba la escena con curiosidad, pero se mantuvo un paso atrás, dejando que el reencuentro fluyera.
Hinata miró a Elara y a Charlotte con interés.
—¿Y ellas? ¿Nuevas compañeras de viaje?
Owen asintió.
—Elara es una gran amiga y compañera de aventuras. Y Charlotte… es alguien muy especial que se unió a nosotros.
Hinata levantó una ceja con una sonrisa burlona.
— “Muy especial”. Suena a que hay una historia ahí. Pero bueno, no voy a preguntar ahora. ¿Vamos juntos hacia Aetherion? El camino es largo y siempre es mejor viajar en grupo.
Owen miró a Elara y a Luminary. Ambas asintieron.
—Claro —dijo Owen—. Será bueno tenerte con nosotros.
Los cuatro continuaron el camino, ahora con Hinata integrada al grupo. La conversación se volvió ligera y cómica. Hinata bromeó sobre cómo Owen siempre terminaba metido en problemas grandes, y Owen respondió que ella no se quedaba atrás. Elara rio con ganas cuando Hinata contó una anécdota de cómo había negociado con un mercader tramposo en un pueblo lejano, y Luminary hizo un comentario seco sobre cómo los humanos siempre complicaban las cosas simples.
—Los humanos y sus abrazos… y sus problemas —dijo Luminary con tono juguetón—. Es fascinante.
Hinata la miró con curiosidad.
—Charlotte parece… diferente. ¿De dónde eres?
Luminary sonrió con elegancia.
—De un lugar muy frío y muy bonito. Pero ahora estoy aquí, con Owen.
La conversación siguió fluyendo, llena de risas y momentos de camaradería. El camino se hizo más corto gracias a eso.
Muchas horas después, cuando el sol ya comenzaba a bajar, llegaron a las afueras de Aetherion. La ciudad central del continente era imponente: murallas altas y blancas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista, torres que se alzaban hacia el cielo como agujas de cristal, y un bullicio constante que se sentía incluso desde lejos. Banderas coloridas ondeaban en las torres, y el sonido de música y voces alegres llegaba hasta ellos. La ciudad estaba en plena celebración por la apertura del Coliseo.
Pero antes de entrar, se toparon con otro rostro conocido.
Thomas estaba de pie junto a un puesto de provisiones, revisando un mapa. Cuando levantó la vista y vio a Owen, su rostro se iluminó con sorpresa y alegría.
—¡Owen! ¡No lo puedo creer!
Owen bajó del caballo y se acercó. Thomas había cambiado: su nivel era visiblemente más alto, su postura más segura, y su aura más controlada. Owen activó Basic Glance por instinto y confirmó que Thomas había evolucionado mucho desde su último encuentro.
—Thomas… has crecido —dijo Owen con una sonrisa sincera.
Thomas rio y le dio un abrazo fuerte.
—Tú también, amigo. Y traes compañía interesante.
Riku habló en la mente de Owen con tono burlón:
—Mira nada más. El chico del hielo ha subido de nivel. Y tú sigues coleccionando conocidos como si fueran trofeos.
Owen ignoró el comentario y presentó a todos. Hinata y Thomas se saludaron con curiosidad, y el grupo se completó con una charla ligera y cómica sobre cómo el mundo parecía pequeño.
Finalmente, llegaron frente al gran Coliseo. Era inmenso, una estructura colosal de piedra blanca y arcos dorados que dominaba el centro de Aetherion. Miles de personas se agolpaban alrededor: aventureros, mercaderes, curiosos y nobles. El ambiente era de celebración, con música, banderas y vendedores ofreciendo comida y recuerdos.
Pero también había tensión. Grupos de personas fuertes se reunían, hablando en voz baja. Owen reconoció a algunos rostros de su pasado: aventureros que habían sobrevivido a batallas anteriores, mercenarios conocidos y hasta algunos que habían estado en Tokio.
De pronto, una voz femenina se elevó por encima del bullicio, intentando controlar la situación. Era Evelyn, la hija del rey demonio Dante. Estaba de pie en una plataforma elevada, con su cabello pelirrojo brillando bajo el sol y una expresión de autoridad serena.
—Calma, por favor —decía con voz firme pero amable—. El Coliseo abrirá pronto. Todos tendrán su oportunidad de probar su fuerza. Recuerden las reglas: combates justos, nada de trampas fuera del ring.
Owen, Elara, Luminary, Hinata y Thomas se acercaron. Evelyn los vio y sus ojos se abrieron ligeramente con sorpresa al reconocer a Owen.
—Ustedes… —murmuró—. Los del cristal. Me alegra verlos aquí.
Owen asintió.
—Vinimos por la recompensa… y por el espíritu antiguo. No podemos dejar que lo usen como trofeo.
Evelyn sonrió con una mezcla de gratitud y determinación.
—Entonces estamos en el mismo lado. El Coliseo es grande y peligroso. Muchos competidores fuertes están aquí. Ninguno es débil.
El grupo miró alrededor. El ambiente era festivo, pero debajo de la celebración se sentía la tensión de los combates que vendrían. Owen sintió una emoción compleja: determinación por rescatar al espíritu, preocupación por sus compañeros, y una extraña excitación por lo que estaba por venir.
Elara le apretó el brazo.
—Vamos a hacerlo juntos. Como siempre.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa.
—Esto va a ser interesante.
Hinata rio.
—Parece que el mundo sigue poniéndonos en el mismo camino.
Thomas asintió.
—Entonces entremos. El Coliseo nos espera.
El grupo se dirigió hacia la entrada principal del gran Coliseo, rodeados de la multitud celebrante. El arco del nuevo desafío acababa de comenzar.
Y con él, la promesa de combates, alianzas y revelaciones que cambiarían todo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com