Nunca Fue un Juego - Capítulo 59
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Capítulo 59: Capítulo 59: La Llamada del Coliseo
La noche en Lunareth era tranquila y fresca. El grupo seguía reunido alrededor de la fogata en el jardín trasero de la casa de Erika. Las llamas crepitaban suavemente, proyectando sombras danzantes sobre los rostros de todos. Sophia descansaba en una silla larga, envuelta en una manta suave, con una taza de té caliente entre las manos. Erika estaba sentada a su lado, vigilándola con esa mezcla de amor maternal y preocupación constante que no había desaparecido desde el despertar de su hija. Henry y Jacob jugaban a un juego simple con piedras, riendo cuando uno perdía. Ava curaba un pequeño rasguño en el brazo de Elara con su toque suave y verde. Luminary (Charlotte) observaba todo con una curiosidad serena, tomando sorbos de té como si estuviera estudiando una nueva especie.
Owen estaba sentado un poco apartado, mirando las estrellas que brillaban sobre la ciudad élfica. Sentía una paz profunda en el pecho, pero también una inquietud latente. El descanso había sido necesario, pero sabía que no podía durar para siempre. El mundo seguía moviéndose ahí afuera, y ellos no podían quedarse eternamente en esta burbuja de calma.
De pronto, un mensajero élfico llegó corriendo al jardín. Llevaba un pergamino sellado con el emblema oficial de Lunareth y respiraba agitado.
—Mensaje urgente para todos los aventureros y residentes —anunció con voz clara pero cansada—. Acaba de llegar información de la Ciudad Central del Continente, Aetherion. Hay un anuncio oficial: se ha abierto un gran Coliseo en el corazón de la ciudad. Buscan personas fuertes que quieran probar su poder y fuerza en combates y pruebas. La recompensa principal es un Espíritu Antiguo prisionero, uno de gran poder y valor. Se dice que quien gane las pruebas finales podrá reclamarlo.
El mensajero entregó copias del anuncio a todos los presentes y se marchó rápidamente hacia otras casas.
El grupo se quedó en silencio unos segundos, procesando la noticia. Owen tomó el pergamino y lo leyó con atención. Sus ojos se detuvieron en la parte de la recompensa: “un Espíritu Antiguo prisionero”.
Elara fue la primera en hablar, con voz baja pero cargada de emoción.
—Un Espíritu Antiguo… prisionero. Eso no suena bien. Los espíritus antiguos son seres sagrados, no trofeos para un coliseo.
Sophia se incorporó en su silla, con los ojos dorados brillando con preocupación.
—He leído sobre ellos en los textos antiguos. Son guardianes de conocimiento y poder. Si alguien los tiene como premio… significa que los están usando o explotando. No podemos permitirlo.
Henry apretó los puños, con una expresión seria.
—Ir a un coliseo así es peligroso. Pero si hay un espíritu prisionero… tenemos que hacer algo.
Ava miró a Owen, con la voz temblorosa por la emoción.
—Owen… tú siempre has querido proteger a los que no pueden defenderse. Esto parece algo que no podemos ignorar.
Luminary (Charlotte) observaba el pergamino con una sonrisa sutil, pero sus ojos celestes mostraban un interés profundo.
—Un Espíritu Antiguo… interesante. Esos seres son antiguos incluso para mí. Si está prisionero, significa que alguien poderoso lo capturó. Ir allí podría darnos información valiosa… y una oportunidad de liberarlo.
Owen sintió un nudo en el estómago. La idea de un ser antiguo siendo usado como premio le generaba una rabia profunda y una determinación feroz. Miró a su grupo y vio en sus rostros la misma mezcla de emociones: preocupación, empatía y la voluntad de actuar.
—No podemos quedarnos aquí sabiendo que hay un espíritu prisionero —dijo Owen con voz firme pero llena de emoción—. Vamos a ir a Aetherion. Vamos a participar en ese coliseo y vamos a rescatar a ese espíritu. No sé cómo lo haremos todavía, pero no podemos ignorarlo.
Elara asintió, con los ojos brillantes por la determinación.
—Estoy de acuerdo. No podemos permitir que usen a un ser antiguo como trofeo. Además… esto podría ser una oportunidad para conseguir más información sobre el mundo y sobre los poderes que están despertando.
Sophia apretó los labios, claramente frustrada por no poder ir.
—Quisiera ir con ustedes… pero sé que aún no estoy lista. Mi poder todavía es inestable. Iré cuando pueda ayudar de verdad.
Erika miró a Owen con una mezcla de orgullo y preocupación maternal.
—Cuídense. Y regresen sanos. Lunareth los esperará.
Henry, Ava y Jacob se miraron y asintieron al unísono.
—Nosotros nos quedamos a proteger la ciudad —dijo Henry—. Pero si necesitan refuerzos, avísennos. No duden en llamarnos.
El grupo pasó el resto de la noche planeando el viaje. Prepararon provisiones, revisaron mapas y hablaron de estrategias. Owen sentía una emoción profunda: gratitud por tener un equipo que lo apoyaba, miedo por lo desconocido que les esperaba en Aetherion, y una determinación ardiente por rescatar al espíritu prisionero.
A la mañana siguiente, Owen, Elara y Luminary se prepararon para partir. Los caballos estaban listos, las mochilas cargadas. El resto del grupo los acompañó hasta la puerta principal de Lunareth.
Sophia abrazó a Owen con fuerza, a pesar de su debilidad.
—Prométeme que volverás. Y que rescatarás a ese espíritu.
Owen la abrazó con cuidado, sintiendo un nudo en la garganta.
—Te lo prometo.
Erika abrazó a Elara y a Luminary, con lágrimas en los ojos.
—Cuídense mutuamente. Y regresen sanos.
Henry dio un golpe amistoso en el hombro de Owen.
—No hagas nada estúpido. Y cuida de las chicas.
Ava y Jacob se despidieron con abrazos y palabras de ánimo.
Cuando los tres montaron sus caballos y comenzaron a alejarse, Owen miró hacia atrás una última vez. Lunareth se veía pequeña en la distancia, pero el lazo que había formado con su gente era más fuerte que nunca.
Elara cabalgaba a su lado, con una determinación silenciosa en el rostro.
—Vamos a rescatar a ese espíritu —dijo con voz firme—. Cueste lo que cueste.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa.
—Esto va a ser interesante.
El camino hacia Aetherion, la ciudad central del continente, se extendía frente a ellos. La ciudad más grande que existía, ahora en plena celebración por el Coliseo, los esperaba.
Owen sentía una mezcla de emociones: esperanza por el rescate, miedo por lo desconocido, y una gratitud profunda por tener a Elara y a Luminary a su lado.
El viaje acababa de comenzar.
Y con él, un nuevo capítulo lleno de desafíos, alianzas inesperadas y peligros que apenas empezaban a revelarse.
Owen, Elara y Luminary (Charlotte) avanzaban a un ritmo constante por el camino principal que llevaba hacia Aetherion, la ciudad central del continente. El paisaje había cambiado gradualmente: los bosques densos de Lunareth dieron paso a colinas onduladas cubiertas de hierba alta y flores silvestres que se mecían con el viento. El sol del mediodía calentaba sus espaldas, pero el aire seguía siendo fresco, cargado del aroma de tierra húmeda y libertad. Los caballos trotaban con energía, impulsados ocasionalmente por pequeñas inyecciones de mana de sus jinetes.
Habían pasado varias horas desde que salieron de Lunareth. El silencio entre los tres era cómodo, roto solo por el sonido de los cascos y el viento. Owen cabalgaba en el centro, con Elara a su izquierda y Luminary a su derecha. De vez en cuando, Elara comentaba algo sobre el paisaje o compartía una anécdota ligera para mantener el ánimo alto. Luminary observaba todo con esa curiosidad serena que la caracterizaba, haciendo preguntas inocentes que provocaban sonrisas.
De pronto, en la distancia, una figura familiar apareció en el camino. Una mujer de cabello negro largo y ropa práctica de viajera cabalgaba hacia ellos. Cuando se acercó lo suficiente, Owen reconoció su rostro al instante.
—¡Hinata! —exclamó, deteniendo su caballo.
Hinata también frenó su montura. Sus ojos se abrieron con sorpresa y alegría. Bajó del caballo con agilidad y Owen hizo lo mismo. Se encontraron en el medio del camino y se dieron un abrazo fuerte, de esos que hablan de reencuentros largamente esperados.
—¡Owen! ¡No puedo creer que seas tú! —dijo Hinata, riendo mientras lo apretaba—. Han pasado meses… o al menos eso parece. ¿Cómo estás? ¿Qué haces por aquí?
Owen se separó un poco, con una sonrisa amplia y sincera.
—Estamos de camino a Aetherion. Hay un coliseo y… bueno, es complicado. ¿Y tú? ¿Qué haces tan lejos de Tokio?
Hinata soltó una risa ligera, casi cómica.
—Después de todo lo que pasó en la ciudad, decidí viajar. Quería ver más del mundo, ayudar donde pudiera. Tokio está estable ahora, gracias a ti y a tu grupo. Pero escuché rumores sobre el coliseo y pensé que podría ser interesante… o peligroso. Ya sabes, como siempre.
Luminary observaba la escena con curiosidad, pero se mantuvo un paso atrás, dejando que el reencuentro fluyera.
Hinata miró a Elara y a Charlotte con interés.
—¿Y ellas? ¿Nuevas compañeras de viaje?
Owen asintió.
—Elara es una gran amiga y compañera de aventuras. Y Charlotte… es alguien muy especial que se unió a nosotros.
Hinata levantó una ceja con una sonrisa burlona.
— “Muy especial”. Suena a que hay una historia ahí. Pero bueno, no voy a preguntar ahora. ¿Vamos juntos hacia Aetherion? El camino es largo y siempre es mejor viajar en grupo.
Owen miró a Elara y a Luminary. Ambas asintieron.
—Claro —dijo Owen—. Será bueno tenerte con nosotros.
Los cuatro continuaron el camino, ahora con Hinata integrada al grupo. La conversación se volvió ligera y cómica. Hinata bromeó sobre cómo Owen siempre terminaba metido en problemas grandes, y Owen respondió que ella no se quedaba atrás. Elara rio con ganas cuando Hinata contó una anécdota de cómo había negociado con un mercader tramposo en un pueblo lejano, y Luminary hizo un comentario seco sobre cómo los humanos siempre complicaban las cosas simples.
—Los humanos y sus abrazos… y sus problemas —dijo Luminary con tono juguetón—. Es fascinante.
Hinata la miró con curiosidad.
—Charlotte parece… diferente. ¿De dónde eres?
Luminary sonrió con elegancia.
—De un lugar muy frío y muy bonito. Pero ahora estoy aquí, con Owen.
La conversación siguió fluyendo, llena de risas y momentos de camaradería. El camino se hizo más corto gracias a eso.
Muchas horas después, cuando el sol ya comenzaba a bajar, llegaron a las afueras de Aetherion. La ciudad central del continente era imponente: murallas altas y blancas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista, torres que se alzaban hacia el cielo como agujas de cristal, y un bullicio constante que se sentía incluso desde lejos. Banderas coloridas ondeaban en las torres, y el sonido de música y voces alegres llegaba hasta ellos. La ciudad estaba en plena celebración por la apertura del Coliseo.
Pero antes de entrar, se toparon con otro rostro conocido.
Thomas estaba de pie junto a un puesto de provisiones, revisando un mapa. Cuando levantó la vista y vio a Owen, su rostro se iluminó con sorpresa y alegría.
—¡Owen! ¡No lo puedo creer!
Owen bajó del caballo y se acercó. Thomas había cambiado: su nivel era visiblemente más alto, su postura más segura, y su aura más controlada. Owen activó Basic Glance por instinto y confirmó que Thomas había evolucionado mucho desde su último encuentro.
—Thomas… has crecido —dijo Owen con una sonrisa sincera.
Thomas rio y le dio un abrazo fuerte.
—Tú también, amigo. Y traes compañía interesante.
Riku habló en la mente de Owen con tono burlón:
—Mira nada más. El chico del hielo ha subido de nivel. Y tú sigues coleccionando conocidos como si fueran trofeos.
Owen ignoró el comentario y presentó a todos. Hinata y Thomas se saludaron con curiosidad, y el grupo se completó con una charla ligera y cómica sobre cómo el mundo parecía pequeño.
Finalmente, llegaron frente al gran Coliseo. Era inmenso, una estructura colosal de piedra blanca y arcos dorados que dominaba el centro de Aetherion. Miles de personas se agolpaban alrededor: aventureros, mercaderes, curiosos y nobles. El ambiente era de celebración, con música, banderas y vendedores ofreciendo comida y recuerdos.
Pero también había tensión. Grupos de personas fuertes se reunían, hablando en voz baja. Owen reconoció a algunos rostros de su pasado: aventureros que habían sobrevivido a batallas anteriores, mercenarios conocidos y hasta algunos que habían estado en Tokio.
De pronto, una voz femenina se elevó por encima del bullicio, intentando controlar la situación. Era Evelyn, la hija del rey demonio Dante. Estaba de pie en una plataforma elevada, con su cabello pelirrojo brillando bajo el sol y una expresión de autoridad serena.
—Calma, por favor —decía con voz firme pero amable—. El Coliseo abrirá pronto. Todos tendrán su oportunidad de probar su fuerza. Recuerden las reglas: combates justos, nada de trampas fuera del ring.
Owen, Elara, Luminary, Hinata y Thomas se acercaron. Evelyn los vio y sus ojos se abrieron ligeramente con sorpresa al reconocer a Owen.
—Ustedes… —murmuró—. Los del cristal. Me alegra verlos aquí.
Owen asintió.
—Vinimos por la recompensa… y por el espíritu antiguo. No podemos dejar que lo usen como trofeo.
Evelyn sonrió con una mezcla de gratitud y determinación.
—Entonces estamos en el mismo lado. El Coliseo es grande y peligroso. Muchos competidores fuertes están aquí. Ninguno es débil.
El grupo miró alrededor. El ambiente era festivo, pero debajo de la celebración se sentía la tensión de los combates que vendrían. Owen sintió una emoción compleja: determinación por rescatar al espíritu, preocupación por sus compañeros, y una extraña excitación por lo que estaba por venir.
Elara le apretó el brazo.
—Vamos a hacerlo juntos. Como siempre.
Luminary sonrió con esa calma peligrosa.
—Esto va a ser interesante.
Hinata rio.
—Parece que el mundo sigue poniéndonos en el mismo camino.
Thomas asintió.
—Entonces entremos. El Coliseo nos espera.
El grupo se dirigió hacia la entrada principal del gran Coliseo, rodeados de la multitud celebrante. El arco del nuevo desafío acababa de comenzar.
Y con él, la promesa de combates, alianzas y revelaciones que cambiarían todo.
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