OBLIGADOS A SOBREVIVIR - Capítulo 40
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Capítulo 40: Capítulo 40: Lo que nadie debía saber
La mañana terminó de asentarse sobre el colegio del Distrito 8 con una calma engañosa. Afuera aún flotaba humo en el aire y el olor a fuego seguía entrando por la entrada principal, mezclado con algo más pesado, sangre, metal caliente y restos de una batalla que casi nadie había visto directamente.
Los primeros en salir fueron algunos de los encargados de vigilancia, todavía tensos, mirando alrededor con cautela. Detrás llegaron Kael, Darien, Nora, Zarek, Raggie y varios más. Todos esperaban encontrar señales de combate.
Lo que encontraron fue otra cosa.
El exterior estaba destruido.
Cuerpos esparcidos frente al portón, manchas negras sobre el suelo, zonas aún humeando, fragmentos de vidrio por todas partes, marcas de pelea alrededor de la entrada y varios rastros de sangre que se extendían entre los caídos.
Silencio.
Pesado.
Nadie habló durante unos segundos.
Darien fue el primero en romperlo.
“…¿Qué demonios pasó aquí?” -dijo
Kael miró a los lados con el ceño fruncido.
“No fue una pelea normal” -dijo
Raggie caminó entre los cuerpos, observando heridas, posiciones, marcas en paredes y suelo. Su expresión se endureció más con cada paso.
“Esto no lo hizo un grupo completo” -dijo
Zarek giró hacia él.
“¿Cómo lo sabes?” -dijo
Raggie señaló alrededor.
“Muchos murieron por las trampas, sí… pero el resto cayó cerca de la entrada, concentrados, golpeados después” -dijo
Pausa breve.
“Alguien remató lo que quedó” -dijo
Nora miró el cuerpo del líder tendido más adelante, enorme incluso muerto.
“Y ese alguien peleó con él” -dijo
El ambiente se tensó.
Todos entendían lo que eso significaba.
Darien tragó saliva.
“…No me gusta cómo suena eso” -dijo
Kael miró hacia el interior del colegio.
“¿Dónde está Raidis?” -dijo
Nadie respondió.
Porque recién en ese momento varios notaron que no lo habían visto desde antes del amanecer.
Lía permanecía algo más atrás, observando en silencio. Sus ojos no estaban en los cuerpos.
Estaban en otra cosa.
En una línea de sangre que se alejaba del acceso y desaparecía hacia uno de los pasillos laterales internos.
Su respiración cambió.
No dijo nada.
Se apartó lentamente del grupo mientras los demás seguían revisando el desastre exterior y entró al edificio.
El pasillo lateral estaba más silencioso que el resto. La luz entraba apenas por ventanas altas, dibujando sombras largas en el piso. La mancha de sangre continuaba en pequeñas gotas espaciadas.
Una.
Luego otra.
Luego otra más.
Lía sintió un nudo en el estómago.
Siguió avanzando.
Llegó frente a un salón apartado cuya puerta estaba cerrada.
Del otro lado no se escuchaba nada.
Respiró hondo.
Apoyó la mano en la perilla.
La abrió lentamente.
La puerta chirrió apenas.
Y lo vio.
Raidis estaba recostado contra la pared, sin camisa, con vendas improvisadas a medio poner, el brazo izquierdo cubierto de sangre fresca y seca, el rostro golpeado, la ceja abierta, el labio roto y marcas claras de pelea por todo el cuerpo. A su lado había tela manchada, agua y materiales tirados en el suelo.
Por un segundo Lía se quedó inmóvil.
El susto le vació el aire.
“¡Raidis!” -dijo acercándose de inmediato
Él abrió un ojo lentamente.
“…Hola” -Raidis dijo
Lía se arrodilló frente a él.
“¿Estás loco?” -dijo
“Debatible” -Raidis dijo
Ella miró las heridas, luego su expresión.
“¿Fuiste tú?” -preguntó en voz baja
Raidis sostuvo su mirada unos segundos.
“Sí” -Raidis dijo
No presumía.
No dramatizaba.
Solo lo dijo.
Lía miró la sangre otra vez.
“¿Tú solo hiciste eso allá afuera?” -dijo
“Con algo de ayuda química” -Raidis dijo
Ella casi se ríe por el absurdo, pero la preocupación ganó.
Tomó una venda limpia y empezó a revisar su brazo.
“Esto está abierto horrible” -dijo
“Lo noté cuando empezó a sangrar” -Raidis dijo
Lía negó con la cabeza y comenzó a limpiarlo con cuidado.
Raidis apretó la mandíbula.
“¿Por qué lo hiciste solo?” -preguntó ella sin dejar de trabajar
Él tardó un momento en responder.
“No quería que salieran lastimados” -Raidis dijo
Pausa breve.
“Si peleábamos todos de frente, muchos caían” -dijo
Lía levantó la mirada hacia él.
“Y preferiste arriesgarte tú” -dijo
Raidis desvió los ojos un instante.
“También había otra razón” -Raidis dijo
“¿Cuál?” -preguntó
“Si todos saben que fui yo…” -Raidis dijo
Pausa.
“Me convierto en el blanco principal” -dijo
El salón quedó en silencio.
Lía entendió rápido.
No era ego.
Era lógica.
Si corría la voz de que él había detenido solo al Distrito 7, cualquier enemigo futuro lo marcaría primero.
Ella terminó de ajustar la venda y suspiró.
“Está bien” -dijo
Raidis la miró.
“¿Qué cosa?” -dijo
Lía sonrió apenas.
“Diremos que fui yo” -dijo
Raidis parpadeó una vez.
Luego otra.
“¿Perdón?” -Raidis dijo
“Que fui yo” -repitió Lía con naturalidad
Pausa breve.
“Yo hice trampas, yo peleé, yo destruí un distrito completo antes del desayuno” -dijo
Raidis la observó unos segundos.
Después soltó una risa corta que terminó en queja de dolor.
“Eso dolió” -Raidis dijo llevándose la mano al costado
Lía no pudo evitar reírse también.
“Te lo mereces” -dijo
Él negó apenas.
“No tienes que hacer eso” -Raidis dijo
“Sí tengo” -Lía respondió
Pausa.
“Confío en ti” -dijo él
Las palabras la tomaron por sorpresa.
Raidis continuó con tono tranquilo.
“Y si algo te pasa por esto…” -Raidis dijo
“La voy a pagar yo. Te protegeré” -dijo
Lía lo miró fijo un segundo.
Luego sonrió con una ceja levantada.
“Eso sonó muy romántico” -dijo
Raidis frunció el ceño.
“No dije nada coqueto” -Raidis dijo
“Sonó bastante coqueto” -Lía dijo
“No fue coqueto, fue estratégico” -Raidis dijo
“Claro, estratega” -Lía dijo riéndose
Raidis intentó incorporarse para protestar y el dolor en las costillas lo hizo cerrar los ojos.
“Ah…” -Raidis dijo
Lía soltó una carcajada.
“Ni te muevas” -dijo
Se acercó más y comenzó a vendarle el torso con cuidado.
“Sabes…” -dijo ella mientras trabajaba
“¿Qué?” -Raidis dijo
“Cuando salga diré que fue difícil” -dijo
“Lo fue” -Raidis respondió
“Y que casi muero luchando contra el líder” -dijo
Raidis la miró de lado.
“Eso sí pasó” -dijo
Lía sonrió.
“Y que me veía increíble haciéndolo” -dijo
Raidis cerró los ojos cansado.
“Ya te emocionaste” -dijo
Ella siguió riendo mientras terminaba la venda.
Afuera se escuchaban pasos lejanos y voces preguntando qué había ocurrido.
Adentro, en ese salón escondido, solo estaban ellos dos, uno herido hasta el límite y la otra cubriéndolo sin que nadie lo supiera.
Lía terminó el último nudo y se sentó a su lado.
“Descansa cinco minutos, no sabía que podías hacer eso solo, al menos a esa edad, eso lo aprendiste de seguro en tu vida de adulto” -dijo
“Luego salimos y me vuelvo leyenda” -dijo
Raidis soltó una pequeña risa.
Esta vez también le dolió.
Pero no le importó tanto.
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