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Obsesión y pecado - Capítulo 38

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38: El precio de un nombre 38: El precio de un nombre Alessio no pegó el ojo en toda la noche.

Se mantuvo sentado en un rincón de la cabaña, con la espalda apoyada en la madera fría y la mirada perdida en las brasas que se consumían lentamente.

En su regazo descansaba su arma cargada, un recordatorio constante de que la paz era ahora un lujo que no se podían permitir.

A media mañana, el silencio del bosque se rompió con el zumbido de un teléfono satelital que Alessio guardaba en una caja metálica para evitar rastreos.

Era Enzo.

​—Habla —ordenó Alessio, con una voz que parecía salir de una tumba.

​—Señor, las cosas están peor de lo que pensábamos —la voz de Enzo llegaba con estática—.

Vittorio ha movido todas sus piezas.

Ha puesto una recompensa de cinco millones por la cabeza de la chica.

Ha corrido la voz de que ella te ha secuestrado o que te tiene bajo algún tipo de coacción.

Quiere a Valeriana muerta antes de que termine la semana.

​Alessio apretó el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos crujieron.

—¿Y sobre mí?

​—A usted lo quiere vivo, señor.

El mensaje para todos los mercenarios y capitanes es el mismo: “Traigan a mi hijo ileso.

Es el único heredero del imperio Volkov.

Pero a la mujer…

no quiero verla ni en fotos”.

Su padre está convencido de que, una vez que ella desaparezca, usted no tendrá más remedio que volver al redil y aceptar su destino.

​Alessio colgó sin decir palabra.

Miró hacia la pequeña cocina, donde Val intentaba preparar un café con las manos todavía temblorosas.

Ella lo miró, y aunque él intentó ocultar la rabia, Val leyó la verdad en sus ojos.

​—Es por mí, ¿verdad?

—preguntó ella, dejando la taza sobre la mesa de madera—.

Tu padre no se va a detener hasta que yo sea solo un cadáver.

​Alessio se levantó y caminó hacia ella, tomándola por el rostro con una mezcla de ferocidad y ternura.

—Él cree que eres mi debilidad, Val.

Cree que matándote me devolverá la ambición.

Lo que ese viejo estúpido no entiende es que tú eres mi única razón para no quemar el mundo entero.

No va a tocarte.

Antes de que un solo mercenario ponga un pie en esta montaña, yo habré vaciado mis cargadores.

​Val se abrazó a él, escondiendo el rostro en su pecho.

La realidad era cruda: Vittorio no odiaba a su hijo; lo amaba a su manera retorcida y posesiva.

Para el patriarca, Val era solo un “error de software” que debía ser eliminado para que la máquina Volkov siguiera funcionando.

​—Alessio…

si me entrego, tal vez él te perdone —susurró ella, aunque sabía que era una idea suicida.

​—¡Ni se te ocurra volver a decir eso!

—rugió él, obligándola a mirarlo—.

No eres una moneda de cambio.

Eres mi mujer.

Si él quiere su imperio, tendrá que pasar por encima de mi cadáver primero, heredero o no.

​Esa tarde, el aislamiento de la cabaña empezó a sentirse como una jaula.

Alessio comenzó a revisar el perímetro, instalando trampas rudimentarias y sensores que Enzo le había enviado a través de un punto de entrega oculto.

Sabía que, aunque el lugar era secreto, en el mundo de los Volkov, el dinero siempre terminaba comprando una lengua floja.

​Se prepararon para la primera noche de vigilancia real.

Alessio le entregó a Val un chaleco antibalas ligero y un cargador extra.

—Duerme un poco, Val.

Yo vigilaré.

Si escuchas tres silbidos, te escondes en el sótano bajo las tablas del suelo y no sales aunque escuches mi voz, ¿entendido?

​Ella asintió, sintiendo que el amor que los unía ahora estaba manchado por el precio que Vittorio había puesto sobre su cabeza.

Mientras se acurrucaba en la cama vieja, escuchó el sonido de Alessio limpiando su arma en el porche.

Sabía que la guerra real apenas comenzaba y que, en esta historia, el villano no era un extraño, sino el hombre que le dio la vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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