Obsesión y pecado - Capítulo 44
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44: El despertar del ejército en la sombra 44: El despertar del ejército en la sombra El aserradero quedó sumido en un silencio gélido, solo interrumpido por el goteo de la nieve fundiéndose sobre el metal caliente de las armas.
Alessio guardó su pistola con un movimiento mecánico y preciso, mientras Val se mantenía de pie, con la mirada fija en la puerta, dejando que la adrenalina se asentara en sus venas.
Ya no era la mujer que huía.
Alessio sacó su teléfono satelital personal, el único que su padre nunca había podido rastrear, y marcó el código de encriptación que solo él y una persona más conocían Al segundo tono, una voz seca y profesional respondió.
No hubo saludos, solo la disposición de quien vive para la guerra.
—Señor.
Estoy a la espera —dijo Enzo.
—Vittorio ha huido, Enzo —sentenció Alessio, su voz resonando en las vigas del aserradero como un trueno—.
Se ha llevado a sus leales al búnker de la costa.
Cree que los muros de piedra y el mar lo protegerán de lo que viene.
Hubo una pausa al otro lado de la línea.
Enzo conocía ese búnker; era una fortaleza diseñada para resistir asedios militares, el último refugio de la familia Volkov.
—Es un suicidio intentar entrar por la fuerza con un grupo pequeño, señor —advirtió Enzo—.
Pero los hombres están hablando.
La noticia de que Vittorio puso precio a la cabeza de la mujer que usted eligió no ha sentado bien en las bases.
Muchos de los jóvenes capitanes ven en usted al líder que no sacrifica a los suyos por paranoia.
Alessio miró a Val.
Ella se acercó y puso una mano sobre su brazo, dándole una fuerza silenciosa que Vittorio nunca entendería.
—No quiero un asedio, Enzo.
Quiero una revolución —dijo Alessio, con una sonrisa oscura—.
Contacta a los capitanes de Madrid, Marsella y los que quedan en Sicilia.
Dile que el heredero ha vuelto, pero no para pedir el trono, sino para reclamarlo por derecho de sangre.
Dile que el viejo ha perdido el juicio y que el imperio se desmoronará si seguimos sus órdenes dementes.
—Entendido, señor —respondió Enzo, y se podía sentir el respeto en su tono—.
¿Qué necesita de mí ahora mismo?
—Necesito armamento pesado, transporte discreto y que Soraya sea puesta a salvo en un piso franco.
Ella tiene información sobre las cuentas de mi padre que vamos a necesitar para asfixiarlo financieramente antes de llegar a la costa.
Reúne a los diez hombres más leales, los que estuvieron conmigo en los almacenes.
Nos vemos en el punto de encuentro “Delta” en seis horas.
—Se hará como pide, señor.
El ejército en la sombra está listo.
Alessio colgó y miró a Val.
La paz de la cabaña en la montaña ahora parecía un sueño lejano, casi irreal.
Lo que tenían delante era fuego y acero.
—Va a ser una carnicería, Val —le advirtió él, tomándole el rostro con ambas manos—.
Una vez que crucemos esa línea, no hay vuelta atrás.
Seremos los reyes o seremos ceniza.
Val no parpadeó.
Tomó la mano de Alessio y la apretó contra su mejilla.
—Ya morí una vez en ese despacho de Madrid, Alessio.
La mujer que soy ahora solo tiene miedo de una cosa: de vivir sin ti.
Vamos a buscar a tu padre.
Vamos a terminar con esto.
Salieron del aserradero mientras el sol empezaba a caer, dejando atrás el pasado y encaminándose hacia el enfrentamiento final.
Vittorio creía que el búnker era su salvación, pero no sabía que Enzo ya estaba moviendo las piezas en el tablero y que su propio hijo conocía cada grieta de sus muros.
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