Ojos Del Vacío-Camino del Invencible - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 CAPÍTULO 8 SANGRE EN EL CAMINO NORTE
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8: CAPÍTULO 8: SANGRE EN EL CAMINO NORTE 8: CAPÍTULO 8: SANGRE EN EL CAMINO NORTE Había una regla no escrita en Lincheng que todos los residentes conocían: las rutas comerciales al norte de la ciudad tenían momentos seguros y momentos que no lo eran, y esa diferencia la determinaba la Banda del Viento Rojo.
No eran cultivadores —eran bandidos organizados con el suficiente entrenamiento físico y el suficiente número para que atacar a viajeros individuales o grupos pequeños fuera un negocio rentable.
Operaban en el bosque entre Lincheng y el siguiente pueblo, Caoping, a ocho li al norte.
El Boticario Chen necesitaba que un envío llegara a Caoping.
Nadie de sus empleados regulares estaba disponible —todos tenían excusas que Wei sospechaba que estaban relacionadas con la reputación de la ruta norte.
El boticario lo contrató a él con el doble de la tarifa habitual y la nota de que “si había problemas, no valía la pena pelear con ellos, simplemente entregar lo que pedían”.
Wei aceptó, recogió el paquete sellado, y salió al amanecer.
— Lo encontraron a cuatro li del inicio del camino del bosque.
Eran seis.
Bloquearon el camino con la eficiencia de personas que han hecho esto suficientes veces para tener un protocolo: dos al frente, dos flanqueando por cada lado, apareciendo de entre los árboles con la sincronización de alguien que ha practicado.
Wei se detuvo.
Los evaluó.
Seis hombres adultos, el más joven de unos veinte años, el mayor quizás treinta y cinco.
Armas básicas —cuchillos largos, un par de palos reforzados.
Sin Qi visible.
No eran cultivadores.
Ventaja física aplastante en términos de masa y número.
Cero Qi.
Desventaja propia: catorce años, delgado, con un Primer Estadio de cultivo que apenas funcionaba para percepción, sin técnicas de combate espiritual desarrolladas.
El líder de los seis —un hombre con cicatriz en la mandíbula— hizo el gesto universal del asaltante: extendió la mano.
—El paquete y lo que lleves encima.
Sin complicaciones y sigues tu camino.
Wei miró la mano extendida.
Luego al hombre.
Luego a los otros cinco, catalogando posiciones y distancias.
—¿Cuánto cobran para dejar pasar un paquete?
—preguntó.
El líder frunció el ceño.
No era la reacción que esperaba de un chico solo.
—¿Qué?
—¿Tienen tarifa de peaje?
Muchos grupos en estas rutas operan así —cobran tarifa de paso fija.
Es más sostenible que robar todo a cada viajero porque los viajeros dejan de usar la ruta.
—Wei lo dijo con la misma neutralidad con que hablaría de precios de mercado.
—¿Cuánto cobran?
El líder de la banda miró a sus hombres.
Uno de ellos soltó una carcajada.
—¿Este chico está negociando?
—¿Cuánto lleva ese paquete?
—preguntó el líder, volviendo al guión.
—No lo sé.
Está sellado y es trabajo del cliente que llega intacto.
—Wei acomodó el paquete.
—Pero tengo doce monedas de plata propias que están pagadas por este viaje.
Las dividen entre seis y cada uno lleva dos.
Más eficiente que abrir el paquete y no saber lo que hay adentro.
Otro silencio.
El hombre de la cicatriz en la mandíbula lo miró con una expresión que contenía múltiples emociones procesándose simultáneamente.
—¿Cuántos años tienes?
—Trece.
—¿Eres cultivador?
—Tengo el primer nivel del Despertar.
—Lo dijo sin importancia.
—Que es completamente irrelevante porque seis contra uno con esa diferencia de tamaño y experiencia es matemática, no cultivo.
El líder se acercó dos pasos.
Sus ojos —los de un hombre que había aprendido a leer personas para sobrevivir— estudiaron a Wei.
—¿Por qué no intentas correr?
—Porque calculé que no llegaría a veinte metros antes de que los dos flancos me cortaran.
Y porque huir es perder el paquete, que es perder el pago, que es el punto entero del ejercicio.
Una pausa larga.
—¿Y si tomamos tus doce monedas *y* el paquete?
—Eso depende de si les interesa más el dinero inmediato o la posibilidad de un acuerdo de paso regular.
—Wei los miró uno por uno.
—El Boticario Chen envía paquetes por esta ruta dos o tres veces al mes.
Si tienen una tarifa fija, él la pagará.
Es más predecible que el robo y elimina el riesgo de viajeros que sí son cultivadores de nivel serio.
El líder de la Banda del Viento Rojo tardó exactamente veinte segundos en decidir.
—Dos monedas de plata por paquete.
Sin distinción de contenido.
—Acordado.
—Wei sacó las dos monedas y las dejó en la mano extendida.
—Necesito que lo confirmen al Boticario Chen personalmente, con alguna forma de reconocimiento que él pueda verificar.
El líder lo miró durante un largo momento.
—¿Estás estableciendo un sistema de negocios con nosotros?
—Estoy resolviendo un problema de transporte de forma que funcione para todas las partes.
—Wei retomó el paquete y continuó su camino hacia el norte.
—Buenos días.
— Llegó a Caoping, entregó el paquete, y en el camino de regreso se detuvo en el lugar donde había encontrado a la Banda para dejarles saber que había confirmado con el destinatario y que la próxima vez llevaría la nota de acuerdo del boticario.
El líder de la banda lo miró como si estuviera intentando clasificarlo en alguna categoría existente y no encontrara ninguna que funcionara.
—¿Cómo te llamas?
—preguntó al final.
—Wei Wugen.
—Wei *Sin Raíz*.
—El líder reconoció el significado del apellido.
—¿Y cultivando de todas formas?
—Sí.
El hombre soltó una risa corta —no burlona sino algo más cercano a la apreciación por lo absurdo.
—Tienes instinto para los negocios, Sin Raíz.
Y para sobrevivir.
—Practico.
—Wei continuó su camino.
Cuando llegó a Lincheng y le reportó al Boticario Chen los detalles del acuerdo, el viejo lo miró sobre sus gafas de lectura durante un tiempo muy largo.
—Negociaste una tarifa de peaje con los Viento Rojo.
—Es más eficiente que el robo irregular.
—La mayoría de la gente simplemente acepta el robo o contrata guardias.
—El robo es impredecible.
Los guardias cuestan más que dos monedas de plata.
El Boticario Chen colocó sus gafas sobre el libro que estaba leyendo y miró a Wei con algo que Wei no supo identificar de inmediato.
Tardó un momento en reconocerlo, porque era una expresión que muy pocas personas le habían dirigido en su vida.
Era orgullo.
El tipo específico de orgullo que no viene de parentesco sino de reconocer a alguien que está haciendo exactamente lo que debería estar haciendo.
—¿Qué recursos necesitas para acelerar tu cultivo?
—preguntó el boticario directamente.
Wei parpadeó.
Era la primera vez que el boticario preguntaba directamente sobre su cultivo.
—Raíz de Niebla Fría en mayor cantidad.
Acceso a textos más completos sobre desarrollo de canales alternativos.
Y eventualmente, aunque todavía no es prioritario, alguna forma de acumular monedas de plata suficientes para comprar materiales de segunda refinación.
El boticario Chen asintió lentamente.
—En mi tienda hay una sección de textos que no está en el inventario visible.
Textos de investigación que compré hace décadas y que no vendo abiertamente porque algunos atraen la atención de las sectas.
—Se levantó del taburete.
—Mañana te muestro qué hay.
Wei lo siguió con los ojos mientras el viejo ordenaba sus papeles.
—¿Por qué?
—preguntó.
El boticario se detuvo.
—Porque tengo setenta y dos años y he pasado toda mi vida en los márgenes de un mundo que funciona por poder heredado.
—Hizo una pausa.
—Y porque hay algo que quiero ver si es posible, y tú eres el primer candidato en cuarenta años que no me parece que vaya a rendirse a mitad del camino.
Wei asintió.
No dijo gracias.
El boticario no lo esperaba.
Pero ambos sabían que algo había cambiado en el acuerdo entre ellos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Kamilo_gonz Gracias por acompañar esta historia.
Si disfrutas el viaje de nuestro protagonista, no olvides dejar tu Power Stone, comentar y seguir la novela.
Si llegamos a 100 Power Stones esta semana, subiré capítulos extra
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com