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Ojos Del Vacío-Camino del Invencible - Capítulo 7

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  3. Capítulo 7 - 7 CAPÍTULO 7 LOS OJOS QUE VEN DEMASIADO
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7: CAPÍTULO 7: LOS OJOS QUE VEN DEMASIADO 7: CAPÍTULO 7: LOS OJOS QUE VEN DEMASIADO La primera vez que Wei Wugen utilizó conscientemente sus ojos como arma fue dos semanas después de alcanzar el Primer Estadio.

No fue planificado.

Estaba en el mercado de Lincheng recogiendo un pedido del Boticario Chen —tres paquetes de hierba seca para un cliente habitual— cuando escuchó el tipo de conmoción que en los mercados siempre tiene una geometría específica: la gente moviéndose rápido en una dirección, el silencio sustituyendo al ruido general de golpe.

Un joven cultivador de dieciséis años, con la túnica de la Secta del Dragón Carmesí, había decidido que un vendedor de telas le había cobrado de más.

La forma en que lo había decidido era empujando el puesto del vendedor hasta voltearlo, lo que había derramado tres meses de mercancía en el barro.

El vendedor era un anciano de setenta años.

Se había caído al suelo con el puesto.

Nadie intervenía.

Wei se detuvo.

Calculó la situación en segundos: el joven cultivador estaba en el Segundo Estadio del Despertar, posiblemente el Tercero —tenía el tipo de presencia física que acompaña al Qi básico controlado.

Cuatro veces más fuerte que un mortal.

Wei estaba en el Primero —acababa de abrirlo.

Su Qi era apenas funcional, sin aplicaciones de combate todavía.

En términos de poder de cultivo, no había comparación.

El joven cultivador podía aplastarlo sin esfuerzo.

Lo que Wei tenía era diferente.

Se acercó.

—Hermano cultivador —dijo, con una voz que no era confrontacional pero tampoco era la voz de alguien que se disculpa por existir.

—El señor Liu ha vendido en este puesto durante veinte años.

Su sistema de precios está en ese tablero de madera.

—Señaló.

—Si revisa el precio de la seda gris de tercera calidad, verá que el cargo es correcto.

El joven cultivador se giró hacia Wei con la expresión específica de alguien que acaba de ver algo que no debería haber hablado.

—¿Quién eres tú, mortal?

—Alguien que observa.

—Wei mantuvo el contacto visual.

Sus ojos —esos ojos plateados que calculaban— se posaron en el joven cultivador con una calidad que era difícil de describir.

No amenazante.

No sumisa.

Simplemente…

evaluadora.

Como ser examinado por algo que sabe exactamente lo que está viendo.

El joven cultivador sintió algo incómodo.

No podía nombrarlo.

Era como ser analizado.

—Este asunto no te concierne.

—El señor Liu cayó al suelo.

Tiene setenta años.

—Wei no levantó la voz.

—Le costará levantarse.

Hubo un momento de quietud.

El joven cultivador miró a Wei, luego al viejo en el suelo, luego de regreso a Wei.

Entonces hizo algo que nadie esperaba: soltó una risita algo tensa, giró sobre su talón, y se fue.

No porque tuviera miedo de Wei —eso era absurdo, era cuatro veces más poderoso que él en términos de cultivo.

Sino porque algo en la forma en que Wei lo había mirado lo había hecho sentir como si todos sus movimientos hubieran sido catalogados, y esa sensación era más incómoda de lo que estaba dispuesto a admitir.

Wei ayudó al señor Liu a levantarse.

Recogió algunos de los rollos de tela del barro.

Luego continuó su camino.

— Esa noche escribió en el libro: *”Observación: mis ojos tienen un efecto en personas que va más allá del simple cálculo.

La cualidad evaluadora parece comunicarse de alguna forma.

Hipótesis: el Qi que está siendo condicionado a través de mis ojos crea una emanación mínima pero perceptible que las personas —especialmente cultivadores con mayor sensibilidad al Qi— pueden sentir aunque no identificar.

Es un efecto no intencional.

Puede ser útil.

Debe ser explorado con cuidado.”* — Un mes después de esa entrada, llegó la persona que cambiaría el siguiente capítulo de la vida de Wei Wugen.

Era una chica.

Tenía catorce años —un año mayor que él— y llegó al almacén del Boticario Chen en una tarde ordinaria de martes con la compostura de alguien que ha sido entrenado desde pequeño para que la compostura sea invisible y natural.

Wei estaba ordenando el inventario cuando entró.

Escuchó la puerta, catalogó el peso del paso —ligero, controlado, buen equilibrio— y continuó con lo que hacía.

—Disculpe.

Busco al señor Chen.

Me dijeron que podría ayudarme con medicamentos de herbología específica.

Era una voz bien modulada, sin el arrastre de acento regional de la mayoría de personas en Lincheng.

Educación formal o mucho contacto con personas de formación elevada.

—El señor Chen viene a las tardes.

Puedo tomar su pedido o decirle cuándo regresar.

—Wei no se giró de inmediato.

Terminó de colocar el frasco que tenía en la mano.

Luego se giró.

La chica tenía el cabello negro recogido con un pasador de jade pálido —jade, no vidrio pintado, Wei podía distinguirlos.

Su túnica era de seda de calidad media-alta pero sin emblema de clan visible.

Sus ojos eran de un gris azulado que Wei no había visto antes en nadie.

Y había algo más: una presencia de Qi que sus sentidos recién activados podían percibir.

No como la de los cultivadores que habían pasado por el mercado —más limpia, más fría, más estructurada.

Como agua de montaña comparada con agua de río.

Raíz de hielo.

Alta calidad.

Posiblemente excepcional.

Todo esto lo procesó en dos segundos mientras la chica lo miraba con una expresión levemente sorprendida —probablemente porque esperaba encontrar un empleado adulto del boticario, no un chico de trece años.

—¿Cuándo regresa el señor Chen?

—repitió.

—En dos horas, generalmente.

¿Qué tipo de medicamento busca?

—Wei tomó el libro de pedidos del mostrador.

—Si es para cultivo o refinamiento de Qi, puedo verificar si tenemos existencias y darle un precio preliminar.

Hubo una pequeña pausa.

—Es para un uso personal.

Una hierba que fortalece los canales de agua y hielo específicamente.

—Vaciló levemente.

—¿Conoce de herbología?

—Lo suficiente para el inventario.

—Fue hacia el segundo estante.

—¿Raíz de Jade Acuático, posiblemente?

¿O Pétalo de Loto de Invierno?

La expresión de la chica cambió levemente —una evaluación, similar a lo que Wei hacía pero más discreta.

—Pétalo de Loto de Invierno, sí.

¿Tienen?

—Un frasco de cuarenta granos.

Llegó hace tres semanas, calidad verificada.

Fue, sacó el frasco, lo puso en el mostrador entre los dos.

La chica lo examinó.

Luego levantó la vista hacia Wei con una expresión que era difícil de descifrar.

—Eres muy joven para este trabajo.

—Tengo trece años.

El señor Chen confía en mi juicio sobre el inventario.

—¿Eres cultivador?

La pregunta fue directa —lo suficientemente directa para ser ligeramente descortés en la lógica social usual del mercado, donde no se preguntaba sobre el nivel de cultivo de alguien directamente.

Wei la miró durante un momento.

—¿Por qué lo pregunta?

—Tus ojos.

—La chica lo dijo con la neutralidad de alguien describiendo un hecho.

—Tienen algo diferente.

Los he visto mirar el frasco de una forma que…

no es solo la mirada de alguien contando píldoras.

Wei no respondió de inmediato.

Era la primera persona que había identificado algo en sus ojos de forma articulada.

La mayoría de personas sentían algo inusual pero no podían nombrarlo.

—¿Y usted?

—preguntó en cambio.

—¿Es discípula de alguna secta?

Esta vez fue ella quien vaciló un segundo más de lo habitual.

—Soy de visita en la ciudad —dijo, lo que no respondía la pregunta de ninguna forma directa.

—Entendido.

—Wei anotó el pedido.

—El frasco son tres monedas de plata.

¿Lo lleva ahora o prefiere que el señor Chen lo reserve?

—Lo llevo ahora.

—Sacó las monedas con la naturalidad de alguien que no ha tenido que pensar en el costo de las cosas.

La transacción se completó.

La chica tomó el frasco, asintió brevemente —no exactamente un saludo formal, más el gesto de alguien que reconoce a otro como igual sin haberlo decidido conscientemente— y se fue.

Wei la vio salir.

Escribió el pedido en el libro de inventario.

Luego, debajo de los números, en un espacio que normalmente dejaba vacío: *”Comprador: mujer, ~14 años, Raíz de Agua/Hielo alta calidad.

Sin emblema clan visible pero comportamiento consistente con formación de familia principal.

Ojos gris-azul.

Ha notado algo en mis ojos.

Primera persona que lo articula directamente.

Nombre: desconocido.”* No sabía que volvería a verla.

No sabía que ella no era “de visita en la ciudad”.

Y no sabía que el pasador de jade en su cabello llevaba tallado, en la cara interior que miraba hacia el cabello, el símbolo del Clan Lian.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Kamilo_gonz Gracias por acompañar esta historia.

Si disfrutas el viaje de nuestro protagonista, no olvides dejar tu Power Stone, comentar y seguir la novela.

Si llegamos a 100 Power Stones esta semana, subiré capítulos extra

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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