Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 33
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33: capitulo 32 33: capitulo 32 El comandante de policía, cargo soñado por todos, pues incluía toneladas de beneficios, una simple palabra podía llenar a todos con miedo o gratitud, pero en este preciso instante, no ocurría ninguna.
Alfredo Reyes estaba ahí, parado frente a un centenar de manifestantes, ¿Acaso fueron adónde las instituciones les podrían responder?
¡No!
¿Alguno hizo un llamamiento para acelerar los procesos de adopción?
La misma respuesta, con una valía moral increíble.
Sobre todo por ir acompañada de tremenda caradura, la gente estaba reunida fuera del cuartel general, por algo que probablemente pasaba, pero que no estaba dispuesto a admitir.
― “¡Son niños!…
¡Son niñas!…
¡Infancias robadas!…
¡Pecados de ayer!…
Evidencias del hoy… Venganza… del mañana” ― ¿Quiénes están gritando?… ¿Los de siempre?
― La pregunta por cínica que suene no carece de motivos ― No creo ver las pañoletas de cada asociación.
― Estos son nuevos ― La mano retorció un poco la tela suelta de su uniforme ― Todos los demás grupos están tranquilos como se acordó.
― ¿Entonces?
― Son los familiares biológicos.
Lo ridículo de esta mención lo rebasó como en sueños, se dirigió a la sala de prensa, en su mente solo las memorias de todos los hogares temporales, del desprecio social de quien no tiene un pasado y quizás un futuro, las mujeres que le buscaron solo para dejarlo cuando lo consideraron “necesitado de cariño”.
Solo su carrera en la fuerza policial lo mantenía con un sueldo honroso, mismo que le daba algún despliegue ocasional sin más problemas que donar algún servicio comunitario.
La sala de juntas no fue diseñada para este tipo de juntas.
Era un lugar de reflexión, silencioso, con un par de dispensadores de bebidas y snacks, con sus mesas y sillas acolchadas era ejemplo claro de lo mucho que el Ayuntamiento valoraba sus esfuerzos por mantener la sociedad en paz, solo que no era hoy el caso, sin fijar mucho la mirada podía ver personas que venían en franco disgusto, algunas que estaban solo para subir estos feeds a sus canales y ganar un poco de dinero por la publicidad, también estaban los que acudirían a cualquier evento, gritando consignas ― después de aprender cuáles eran ― con chamarras o gabardinas a las cuales hábilmente les instalaron sifones y bolsas largas.
Ahí pararían todos los refrigerios, toda bebida, al final se marcharían antes de que los asistentes notaran que pasaba.
En un principio fueron aprendidos, pero sabían gritar, clamaban violencia policial.
Es más, podían sentirse agredidos ― en palabras de las fuerzas armadas ― si no había bocadillos sin gluten.
― “Liberen a los niños”.
― Señores…
― “Muerte a los que lastiman a los menores.” ― No sufrieron daños.
― “Maldito quien dañe la inocencia de un niño”.
― ¿Qué hay de las niñas?
¡Misógino!?
― “Trato de explicarles…” ― “Soy profesor de lenguas, su argumento es estúpido.” ― ¡Cállense o serán sacados de la sala!
― En el breve instante que dura la amenaza, el jefe de policía habla en velocidades que hasta a él mismo sorprende pero es necesario, de lo contrario las voces volverán a alzarse ― La gente que violente a los menores será castigada ― Sin dar tiempo ― Dado que no hay visitas por parte del Sistema para el Desarrollo Integral del Menor, también se procederá contra ellos.
― “¡Pero fueron maltratados!” ― “¡Sí, sus derechos fueron pisoteados!” ― No podremos saberlo con certeza ― Menos ustedes que nunca se preocuparon de sus hijos y los dejaron ahí para tener dinero y conseguir un boleto de ida a otro plano ― Solo sabemos que las personas involucradas serán identificadas y detenidas.
― “¡Atrapen a los malditos!” ― “¡Pena capital!” ― Alfredo sonrió tranquilo, aunque sería difícil atrapar a un movimiento con tanto poder y respaldo ― Nadie haría esto tan cerca de la ciudad y menos sin quien limpie sus huellas ― Pero ver a la gente volcar su odio a los que cometieron el crimen le daría ese tiempo y paz que tanto busca su jefe.
― ¿¡Dónde está mi hijo!?
― Este, sí, señor… Sifuentes, aún estamos en investigaciones.
― ¿Ve esto?
― Un holograma desplegado con un simple escudo de líneas entrelazadas que se fusionan al final, enmarcado en tonos azules para determinar su rango ― Ahora no me hagas repetir la pregunta.
― Esto…
― Una gota resbaló por su frente.
Tenía la certeza de que había cosas peores que una multitud idiota, un inteligente e influyente padre furioso, por ejemplo.
― No sé.
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