Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 44
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Capítulo 44: capitulo 43
― ¿Lo crees? ― nadie hizo la pregunta en la hora siguiente pero la señora Smoked no era de las que se andaban con rodeos.
― No lo sé ― sin ahondar mucho Sombra Asesina era el líder no declarado ― no miente en cuanto a la ayuda que quiere ofrecer. Es más una cuestión de si le permitirán ofrecerla, nadie sabe exactamente de dónde. Venimos, podría muy bien estar solo apaciguando las aguas.
La mirada de todos era semejante, nadie en esta realidad era tan honesto o decididamente malvado, no podían juzgar la traición como antaño, solo tenían unos sentidos limitados y cada vez eran menos. Por momentos la luz dejaba de brillar, la comida ya no tenía sabor, al menos los que estaban vivos tuvieron tiempo de adaptarse a sus cuerpos, algunos testimonios indicaban que sólo alcanzaron a tener una epifanía antes de ser aplastados, mutilados o desaparecidos por las fuerzas que le negaban al mundo la existencia de los retornados. Sin decir algo el estómago de Rudeus, un hombre enorme dejó escuchar su ayuno.
― ¿Comeremos hoy? Revisando el correo un suspiro escapa de la sombra
― Sí, ya hay recursos, pero debemos conseguir la información oculta en una bodega remota ― no era necesario saber dónde o por qué, les estaban pagando.
― ¿Quién dirigirá ahora? ― no era una cuestión de autoridad, todos se respetaban como los inmortales que fueron pero sus viajes los habían llevado por todo el mundo, muchos murieron en el proceso, al menos las últimas peticiones eran sobre lugares que alguno de ellos tenía por familiar.
― La zona es conocida por dos personas… Bueno una.
― Entonces ¿Es mi turno? ― la señora todavía no logra reconciliar su yo reprimido con la vida que quiere llevar ― ojalá que hubiera aprendido la técnica de contorsión, nos faltaba tan poco para llegar.
― Todos lo sabemos, es habilidad pero también suerte ― cada uno tuvo su despertar completo; escapó de las garras de la armada eterna, integrada por gente como ellos, pero no saben que están dormidos, pelean viven y mueren sin saber, sin salir de su mentira.
― Este tipo de cosas terminarán. La información que vamos a recabar es sobre el origen de nuestras carcasas. Es un negocio horrendo que hace rituales con no natos, les implantan un alma, vendiéndola al mejor postor, esta vez no solo vamos por la información… Derribaremos todo, ladrillo por ladrillo.
Todos estaban furiosos, el alma era sagrada, incluso los que tenían cultos diabólicos consideraban el alma como una mercancía valiosa, no una suerte de pila que pones y quitas de acuerdo a tus deseos malsanos. La señora Smoked acabó de realizar el pedido de varios kilos de arroz al vapor con vegetales y algunos platillos de cerdo; cortó la comunicación de su pulsera y zanjó la cuestión.
― ¡Vamos a entrar entonces a los Campos de Partenón, Dios o el Diablo me deben esta oportunidad de saber, las muertes podrán ser suyas pero la información, su pasado es mío!
Mientras se resguardan del frío en una esquina todos se mantienen agradecidos a su benefactor, sin los avisos muchos habrían muerto, sin contar que los mantenía, era claro que tenía agenda oculta, pero desde el momento que los ayudaba nada importaba. Si los trataba de traicionar, ese TIC sabría lo que es enfrentar la furia de quien no tiene nada que perder.
Aunque no tiene reloj, la esposa de Sifuentes sabe que es hora de dormir. No tiene idea de cuándo comenzó pero fue fácil en el momento que vio que el niño que tenía de frente era capaz de organizarse.
Por la mañana era fácil, se comenzaba a estirar, como felino, como gato, como seguro había animales exóticos de dónde fuera que venían. Ahí seguía. Ella lo imitó un par de veces, pero fuera de ser un poco más elástica normalmente el dolor podía más, de pronto entraba en la ducha, Susana Fuentes aprovechaba esos preciados minutos para bañarse. Sabía que era poco probable que él la observara o la juzgara, sin embargo no quería sentir que traicionaba sus convicciones básicas.
El trabajo era menos cansado, en sus asientos utracómodos ella mantenía la cintura un poco levantada, por segundos al principio, ahora un par de minutos, mientras escribía esas cosas aborrecibles, podía al fin concentrarse en cualquier otra cosa.Los alimentos los tenía que consumir en el recinto. Intentó que se los llevaran a la celda, así podría comer al mismo tiempo que ese niño, acaso un poco menos de indiferencia que la estúpida insistencia de odio que los de su trabajo ejercían sobre ella todas las veces que salían a comer… pero cuando vieron que estaba menos ansiosa, la regresaron a la cafetería.
Su regreso siempre comenzaba con escuchar a lo lejos los impactos apagados, el entrenamiento no se detenía. Nadie podría negar que sonaban aterradores, no por la potencia, por la consistencia, recubrimientos exclusivos para personas esquizofrénicas comenzaban a mostrar signos de un desgaste severo, eso y la sangre, que no paraba de manchar las paredes, sangre de pies y manos, prueba de que ese no era un niño, que había que temerle.
― ¿Cómo estuvo tu día? ― Movimiento de cabeza ― el mío fue difícil, pero casi consigo los cinco minutos en posición suspendida sobre el asiento.
Susana estaba segura que los ojos del niño se abrieron un poco.
― ¿Esperas crecer con esos movimientos? Es peligroso ― ¡Ahora sí encogió los hombros!
Los diálogos eran así, no había sonido ― el nivel de insonorización era específico para que no pudieras platicar con otro habitante de las celdas ― pero la voz de Fuentes salía y se mezclaba con sus propios pensamientos. Era lo único que podía hacer para enfrentar la soledad. Tenía la sensación de que era escuchada, tal vez no respetada pero sí había una comunicación de por medio.
Al atardecer, cuando las luces comenzaban su vaivén, los sonidos su intento de desquiciarla, ella enfocaba sus ojos en una espalda que meditaba en el caos, casi podía sentir el latido del corazón, lento, ayudándola a relajar la mente, así dormía, siguiendo la respiración de quien entró con cinco años. Ahora menos personas vienen a interrogarlo, nadie quiere estar ahí, pero no debería de salir, los golpes de un lado y de otro, primero se veía superado por dos personas que hicieron a Susana olvidar sus votos e insultar a todo volumen, días sí y noches también lloró por quien se levantaba, lavaba las heridas con un trozo de sábana empapado en la única fuente de agua que les daban.
Justo cuando pensó en rendirse pasó lo que nadie esperaba: la primera vez fue un diente, el interrogador se acercó demasiado a sus manos, la segunda fue una loca que usaba ganchos, la gente de la borregada dice que nunca volverá a usar los ojos, de ahí fueron tres y ahora ni cuatro se meten… al principio Fuentes no dejaba de pensar en por qué no lo mataban. Hasta que recordó que la vigilancia de esta época era sobre los menores maltratados y si en algún momento aparecía su rastro ellos dejarían de operar en uno de los pocos sitios donde su incongruencia les permitía operar sin demostrar el procedimiento ni lo que hacían para conseguir esos resultados.
Tendría que ser el mes 20 desde la captura, Susana dormía pero el intenso ruido la despertó. Guardias que jamás había visto entraron manejando armas cortas, hasta ahí llegaba el conocimiento de la ex-respetada ex-jefa de uno de los mayores conglomerados del mundo, comenzaron a gritar ¡Los sacarían de ahí!
― Debo cuidar de su cuerpo ― el grito la desconcertó hasta a ella, lo había visto y compartió simbólicamente el entrenamiento y las dificultades pero no lo conocía ― está aún herido.
― Zatknis’ idiot!
― ¡Pero es solo un niño!
― Eliminó muchos débiles para llegar aquí, no le tengo odio, pero que me diga que necesita cuidado da risa шлюха.
A jalones levantan al menor, el cual se distingue agotado, al fondo había una figura, no se movía y sangraba mucho.
― ¡Vámonos!
Sin saber por qué la mujer que durante décadas usó a los abogados y litigios, demandas y cartas de desestimación sacó los dientes.
― ¡Suka!
― ¡Maldito! ― la mejilla sintió el frío, no sabía qué pasó pero fue determinante, las explosiones se escuchaban lejos ― ¡Morirás sin dejar descendencia!
― Tengo mil hijos con doscientas esposas, debo regresarte o no podré ir a verlos ― Los demás actuaban sin hablar, no era necesario, todos tenían motivos para regresar ― solo tú debes volver entera, si no quieres que él regrese sin brazos.
No tenía que amenazar mucho, un par de clavas mostraban que no bromeaba. El corazón se le hundió; se levantó sin ayuda, pero antes de que pudieran hacer algo se lanzó sobre quien la amenazó; no había motivos no tenía por qué, en ese momento ella sabía que debía hacer algo, así fuera lo último ¡Ese niño debía vivir! Sintió una quemadura en la espalda, aún cuando sus uñas seguían enterradas en los ojos del hombre, el resto del cuerpo comenzaba a sentirse sin fuerzas, húmedo en toda la espalda, no importaba. Ella solo veía sus manos en el rostro de un malnacido, deseando que sus dedos pudieran cavar más profundo… pero sus sentidos la abandonaban poco a poco, no sentía los cortes en la espalda, los golpes, solo algo que le llenó los ojos de lágrimas.
― ¡Eomeoni!!!
― ¡No llores, vive! ― era lo único que Susana repetía. No sabía qué idioma hablaba. La voz tampoco sonaba muy infantil, pero sabía a quién pertenecía. Pero al inicio de su carrera hizo panfletos para todo el mundo, ahí estaba la palabra clave, la que generó millones de ventas en Corea, solo había una respuesta a eso ― ¡Vive, hijo! adeul-i domang…
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