Ouroboros "La reencarnación privatizada" - Capítulo 47
- Inicio
- Ouroboros "La reencarnación privatizada"
- Capítulo 47 - Capítulo 47: capitulo 46
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 47: capitulo 46
En este momento los dedos se agarrotaron. El mensaje, la imagen que proyecta la cámara es suficiente como para romperle el corazón, gota a gota la frustración se precipita al teclado, Luca sabe lo que ve. Su amigo, quien está pasando por todo en primera fila, ahí estaba frente a dos personas importantes, quizás no los amó. Acaso nunca los vio fuera de la realidad impuesta, pero en ese momento era un padre, un esposo, alguien que estaba bullendo, no tiene a quién usar, la policía lo deja prudentemente lejos de sí, ya no hay más que hacer, los cuerpos no tenían nada de especial: eran un menor y una mujer de cromosomas XX, múltiples fracturas, bastante daño en tejidos y órganos internos, un acto que no puede permitir ¡Luca no lo va a permitir!
― ¡Busquen!
― ¡Sí, señor!
― ¿Qué piensan buscar ¡idiotas!?
― ¡Díganos jefe!
― ¡Averigüen quiénes sobrevivieron!
Él no puede. No así. Aún tiene un poco de estómago, lleno de café y humo pero conserva algo. Haggard hace poco que volcó lo que le quedaba de bilis en el piso, justo después de ver las grabaciones, no las del ataque, las del período de cautiverio. Sumando todo: fueron dos años, increíble que para Luca le tomara tanto, pero no estuvo quieto, docenas de pagos para esos inadaptados casi lo meten en líos con Hacienda, aún así sus fondos eran abundantes, por lo que solo fue necesaria una fundación que asistiera a los pobres de algún modo y listo, unos seres apoyados por esta fundación buscaban rastros de los menores desaparecidos, pero fue en balde.
― ¡Sifuentes! Busca a los mandos medios, ellos tienen las claves de las cámaras ― mantente ocupado.
― Gente, si ya terminaron de vomitar… ¡busquen!
― Señor, fue Juanma, Desmond y Percal de una pequeña pesquería en las afueras de la ciudad.
― ¿?
― ¡No se enoje jefe, le juro que esos son!
― ¿Dónde más trabajaban?
― En ningún lugar adicional ― los codazos para que uno de los asistentes de las noticias sacuda sus cuerpos bofos ― ya buscamos, no tienen siquiera cuentas de “submersión”.
― ¡Entonces para qué usaban los implantes!
― ¿Cómo sabe que los tenían?
― Por que estaban hablando sandeces de inmortales y demás.
― Pero es cierto jefe. Puede ver sus dossiers, no tienen siquiera recursos como para comprarlos.
― ¿De-Dónde-Los-Sacaron?
― Fue por parte de la empresa donde trabajan, dijo ― revisando la grabación ― que usando estos módulos podrían recrear métodos de captura de la pesca sustentable, para prevenir… ¿No importa, verdad?
― No.
― Están en persecución, los agentes.
― ¡No son investigadores!
― Pero son fuertes. Estoy seguro de que encontrarán lo que el jefe busca.
― No, para eso estamos nosotros, ellos ejercen… venganza.
La cámara muestra un poco del control que tiene todavía Sifuentes sobre sus emociones, la ley estipulaba que tenía que llevar a su hija, de ese modo podrían determinar la veracidad de sus declaraciones. Las preguntas son breves, nadie quiere enojarlo más…
El teclado reanuda el repiqueteo, un buen teclado mecánico, de los que no existían desde la inclusión del sistema luminoso, muy práctico pero pobre en seguridad. Este clásico seguía preguntando, su programa respondía raudo, pero la información era enorme, volumen tras volumen de palabras clave en todos los servidores, no necesitaba la contraseña, incluso estaba seguro de que Haggard lo sabía pero no importaba. Darle algo que hacer era prioritario, además daba satisfacción verlo provocar chorros de miedo en los jefes menores que nada sabían y primero con un ego enorme y frágil, después con temblores de labios, cuerpo y esfínteres confesaban lo mínimo que sabían para después correr al lado de los oficiales, ser esposados y salir de ahí a buscar una prenda más seca.
― ¡Otousama!
― Dime pequeña… gomen, hai, watashi ni kiitekudasai ― su pronunciación había mejorado, pero su traductor no servía en expresiones largas.
― ¿Karera wa daredesuka?… ¿Quiénes ellos?
― Kazoku.
― ¿Familia? ¿Okāsan?
― Hai, tu mama ― señalando al otro ― tu onīsan.
― ¿Aete?
Él espera que Luca le responda. No debería de ser tan difícil rastrearlos, solo que lo es. No son de ningún modo personas violentas: eran pescadores que bebían los fines de semana y tenían varias acusaciones de usar música de mal gusto pero nada cercano al acto que realizaron. Lo peor es que no tenían ningún contacto con nadie antes de esto.
― ¡Más información! ― solo el silencio contestó.
― ¡Muchachos necesito respuestas! ― tan pronto como terminó la frase cambió el tono ― ¡Delta!
― ¡Epsilon!
* Fuck!
Activado
“Protocolo activo”
El ruido que siguió así como el aroma de ozono en el ambiente por las descargas lo encontraron tirado en el piso, todos los componentes estaban aislados, una cosa es defenderse y otra perder años de dedicación. Al levantarse puede ver a una pobre chica en el piso, sus estudiantes parecen estar noqueados, en ese momento entra corriendo la jefa nominal.
― ¿¡Qué pasó!?
― Estamos a merced de alguien ― le dice lo que pasó al micrófono, la niña aún espera respuesta, Sifuentes tiene una ― habla a la ambulancia…asegúrate que sea de esos locos creyentes que no usan implantes, por si las dudas.
― Musume, es un muerto que aún camina.
Mientras la conversación continúa en la empresa, Luca observa con desesperación a su jefe, ora como nunca, por que vendió su integridad para obtener un algo que esperaba fuera seguro. De otro modo había estado reportando todo al enemigo y no quería pensar eso, por una vez en su vida quería que su paranoia fuera una mentira.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com