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Peligrosa Seducción - Capítulo 1

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  3. Capítulo 1 - 1 Y te conocí
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1: Y te conocí 1: Y te conocí Todos los días Amelia se despertaba a las 5 a.m., le preparaba el desayuno a su esposo, guardaba su almuerzo, se despedía de él y se acostaba a escuchar las noticias de la mañana, revisaba su celular esperando algo interesante que ver en redes sociales hasta que le daban las 8 a.m.

y despertaba su hijo.

– ¡Buenos días, mi amor, ya despertaste!

-Aún tengo sueño mamá -Ya es tarde, a lavarte los dientes y cámbiate el pijama.

Ambos bajaban a la sala y mientras ella preparaba el desayuno, su hijo veía dibujos en Netflix, le escribía un mensaje a su esposo deseando que haya llegado bien a su trabajo.

Todos los días eran iguales, todos, pero este día en especial paso algo que ella no vio venir.

Como cada tarde llevaba a su hijo al parque que estaba cruzando la calle, lo vigilaba como un halcón, sentada en la banca frente al columpio y fue ahí donde percibió un perfume muy agradable y al girar su mirada buscando de dónde provenía tan exquisita fragancia se topó con un hombre.

A primera vista era atractivo, llevaba zapatos y ropa deportiva, Amelia no presto mayor atención y volvió a observar a su hijo, quien ya no estaba donde lo había dejado.

Asustada se levantó de un golpe y lo llamó, él no contestó, el parque estaba desierto lo volvió a llamar.

– ¡aquí estoy mamá!

– ¡No escuchaste que te llame la primera vez, donde estabas me asustaste!!

-Estaba acá atrás viendo unas hormigas que llevaban unas hojitas a su casita.

-No te vuelvas alejar sin decirme, está bien.

– Esta bien mamá.

El hombre que hasta ahora solo la había observado, se giró y le dijo.

-Niños he, hacen que uno se vuelva loco en segundos.

-Sí – ¿Cuántos años tiene tu hijo?

-Tiene 6 años.

El hombre se cambió de lugar y se sentó en la misma banca junto a ella, Amelia se alejó un poco para darle espacio, tenía un acento extranjero, ya teniéndolo tan cerca era inevitable no verlo, su cara tenía facciones delicadas pero tenía una barba muy varonil con un hoyito en la mitad, sus ojos color marrón claro no llamaban la atención como sus largas y encorvada pestañas, sus cejas espesas pero perfiladas, su fina nariz y sus labios carnosos.

Por alguna extraña razón al ver sus labios sintió un cosquilleo en su entrepierna, así que alejo la mirada.

– ¿Usted es nuevo en el barrio?

-Sí y no – ¿Cómo es eso?

-Vivo a unas cuadras de aquí, pero paso mayor tiempo viajando por mi trabajo y el tiempo no me da para salir, llego a mi casa a dormir y salir nuevamente.

– ¿y qué trabajo es ese, que lo consume tanto?

-Soy abogado y la mayoría de mis casos, están fuera de la ciudad o del país.

-Debe de ser, divertido que te paguen por pelear.

-Ja, ja, ja, sí, pero no es tan divertido cuando pierdo la pelea.

Ya habían pasado unas horas y se había hecho de noche, Amelia llamó a su hijo y le indicó que ya era hora de irse a casa.

-Un gusto haberlo conocido ¿señor…?

-Christopher, pero mis amigos me dicen Chris.

-Ok, Sr.

Christopher -Dime Chris, Por favor.

-De acuerdo, Chris un gusto conocerlo.

-El gusto fue mío.

Amelia tomo a su hijo de la mano y se fueron caminando.

Chris pegó un grito.

– ¡No me has dicho tu nombre!

-Nunca lo preguntaste.

Chris sonrió y se volvió a sentar en aquel banco.

Una vez en casa Amelia se percató de que estaba la mochila de su esposo en el sofá, subió a su cuarto y lo vio dormido, no lo despertó.

Se quedó intrigada con el hombre que acaba de conocer, un abogado atractivo, el cual hizo que algo en su interior se estremezca.

Pasaron semanas de aquel encuentro, Amelia seguía su rutina como todos los días, pero una mañana decidió que era momento de ponerse en forma y porque no, usar el parque que no estaba nada lejos de su casa.

Después de que su esposo se fue al trabajo, se puso ropa deportiva, verificó que su hijo seguía durmiendo y salió al parque, eran las 5:45 y no había nadie, salvo por los guardias y una persona que trotaba alrededor de la piscina.

Se estiró, calentó y empezó a caminar, en su mente estaba haciendo notas de todo lo que tenía que hacer ese día.

Lavar la ropa, ir al mercado, coser unas prendas rotas y terminar de leer ese libro que llevaba semanas posponiendo.

Su caminata mañanera tomó un rumbo no pensado cuando se detuvo un hombre frente a ella, llevaba capucha y no podía ver muy bien su rostro, solo se fijó en lo alto que era, sintió un poco de miedo.

-Hay algún problema.

El hombre descubre su rostro y sonríe.

-Buenos días desconocida.

Amelia soltó un suspiro y se llevó la mano al pecho.

– ¡Chris!

Casi me mata del susto.

-No sabía que venía a caminar tan temprano.

-Es la primera vez, tengo tiempo libre y decidí aprovecharlo.

-Que coincidencia, yo igual.

Amelia lo miro con los ojos entre cerrados y pensó, – si no fuera porque es la primera vez que sale a esa hora a caminar al parque diría que no es coincidencia-.

Pero qué posibilidad habría, de que un hombre que conoció hace semanas y vio solo una vez, coincida con ella y sin nadie que los interrumpa.

Un ligero viento soplo.

-Bueno Chris debo terminar mi caminata.

Siguió su camino, pero cuando se dio cuenta Chris la seguía y comenzó a hablar, intento ignóralo, no quería prestar mayor atención, pero él se empecino en arrancarle unas palabras, Amelia se detuvo, giro y lo miró fijamente.

-Que quiere.

-Solo ser su amigo.

-Soy una mujer casada.

-Y eso que tiene que ver, quiero ser amigo de usted no de su esposo.

Chris tenía ojos verdes con notas marrón, aunque le parecieron marrón la última vez, una barba de dos días sin rasurar y una encantadora sonrisa, la miraba fijamente como deseando algo en su interior, Chris la observo con detenimiento.

Cabello castaño, ojos cafés con largas pestañas, sus mejillas tenían un rosa pálido por el frío mañanero y sus labios, esos tentadores labios que por alguna razón no podía sacar de su mente desde que los vio, tenía el ceño fruncido y parecía molesta.

-Yo no quiero ser su amiga.

No entendía porque ese hombre se empeñó en hacerla hablar, ¿por qué?, ¿para qué?, solo sabía que era muy peligroso para ella tenerlo cerca y ahora él quería ser su amigo.

-Es una pena soy un excelente amigo, de hecho, soy el mejor amigo que podrías tener.

-Ha si!

-Por supuesto, pregúntale a cualquier vecino de mi cuadra o mejor dicho vecina, tengo un don con las mujeres.

Antes de que ella pudiera hacer un comentario sarcástico, sonó la alarma de su reloj eran siete con cuarenta y cinco en cualquier momento iba a despertar Matt, como se le pudo pasar el tiempo hablando con ese hombre.

-Me tengo que ir.

-Te acompaño -No, gracias Se alejó despidiéndose de los guardias, que se habían quedado observando por si ella necesitaba ayuda; cuando llegó a casa Matt seguía dormido, así que puso el agua a calentar en la cocina y se fue a duchar, mientras se lavaba el cabello pensó en la mirada de Chris, esos ojos verdes que la miraban fijamente y la hacían sentir desnuda ante él, sintió un cosquilleo en su entre pierna y alejo esos pensamientos.

El desayuno ya estaba listo, Matt se había despertado como siempre a las 8:00, después de pasarlo dejando en la escuela, paso por el supermercado recordando que hacía falta unos víveres en casa, llevo lo que pudo recordar, su mente divaga pensando en Chris, ¿quién era es hombre que de alguna manera despertó en ella una gran curiosidad?, una terrible tentación que jamás pensó en que algo así le pasara, ya en la caja se encontró con una conocida del barrio.

– ¡Hola!

Mamá de Charlotte, lo siento no recuerdo tu nombre.

Se saludaron con beso en la mejilla y sonrieron.

-No se preocupe me pasa igual, mi nombre es Carla.

-Carla, Carlita, ya no se me va a olvidar, mi nombre es Amelia la mamá de Matty.

-Si, Lo sé y como está Matt.

-Bien, inquieto como siempre, lo pasé dejando en la escuela.

-Así son los niños, Charlotte es igual.

La fila avanzó lentamente hasta que llegaron a la caja.

-Ya conociste al nuevo vecino, lo he visto trotando en la mañana en el parque, es muy atractivo y misterioso.

-Si, lo conocí hace unas semanas por casualidad.

– ¡De verdad!

Y como es él.

-Como todos los hombres, supongo.

– ¿Es casado?, ¿tiene hijos?, dicen que es abogado.

-No tengo idea, nos vemos otro día.

Pagó en la caja y salió a toda prisa, no entendía porque esa mujer la bombardeó de preguntas, porque tenía que hablar justo de él y más que todo porque le molestó tanto, las preguntas la agobiaban y se descubrió pensando en desear verlo.

Ya en casa su esposo había llegado del trabajo con la novedad de que lo habían trasladado de destacamento, se quedó pensando en si Chris tenía hijos o esposa, esas son preguntas que se hace por lo general cuando conoces a alguien, pero no las hizo en la segunda ocasión que vio a Chris, ¿por qué no las hizo?, no quería que el pensara que podría estar interesado en él.

Tantas preguntas sin respuestas, escucho la voz de su esposo a lo lejos.

-Y tú qué opinas, mi amor.

– ¿Qué?

– ¿Qué opinas del cambio de destacamento?

– ¿Qué?

¿Cómo te van a cambiar de destacamento?

-Sí, te estoy contando que me acaban de transferir al destacamento del condado vecino y estaré veintisiete días haya y siete días aquí en casa.

Lo sé es algo repentino, pero sabías que tendrían que transferirme en cualquier momento así es la vida militar.

Se quedó en silencio, en su mente retumbaba las palabras de su esposo, “transferir”.

……

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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