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Peligrosa Seducción - Capítulo 2

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2: Otra vez tú 2: Otra vez tú Ernesto hacia las maletas y guardaba todo lo que iba a necesitar, ropa limpia, zapatos, uniformes.

Lo observa sin decir palabra alguna, pero ella estaba más distante de lo que él pensaba sus ideas y pensamientos estaban en Chris, ahora que su esposo no iba a estar, podría, no quiso ni siquiera terminar la oración en su cabeza.

Miro a su esposo y por fin habló.

-Por cuanto tiempo estarás lejos de casa.

-No estoy muy seguro, hasta que me informe bien preferiría no especular, pero calculo unos 3 meses hasta que llegue el siguiente relevó.

– Tanto tiempo.

Ernesto se marchó a primera hora la mañana siguiente, lo despidió con un beso y un fuerte abrazo, no entendía porque sonreía al ver a su esposo marcharse por muy terrible que suene sintió una especie de alivio con tristeza, sabía que el volvería pronto y eso la reconfortaba.

Como se había vuelto habitual despertarse temprano para atender a su esposo ahora que ya no estaba, no sabía qué hacer con su pérdida de sueño, espero a que sean las 5:30 y salió al parque esta vez segura de encontrarse con Chris, pero este no llego sino hasta las 6, tuvo tiempo de hacer su rutina y cuando estaba por irse Chris la saludó.

-Buenos días desconocida.

-Buenos días y chao.

-Pero, te vas tan pronto, acabo de llegar.

-Porque llegas es que me voy.

-Auch!

por lo menos dime tu nombre.

-Con eso va a dejar de molestarme.

– Probablemente.

– Amelia Ferrer.

-Mucho gusto Señora de Ferrer, mi nombre es Christopher Daniels.

Se estrecharon la mano y Chris acarició su mano con el pulgar, ella lo soltó de inmediato.

-Bueno me tengo que ir.

– Te veré mañana.

– Espero que no -aunque quiso decir que sí-.

– Bueno espero no verte-sonrió-.

Llegando a casa se dio cuenta de lo rápido que latía su corazón, observó su mano y recordó la sensación de la caricia de Chris, que tenía ese hombre que la ponía tan nerviosa y para ocultarlo era tajante en sus palabras.

Se ducho como de costumbre y espero a que Matt despierte, su día empezó con ese “ataque al corazón”, dejo a Matt en la escuela y se dirigió a la universidad, tenía asuntos urgentes que atender, se aproximaba la inscripción para la carrera que llevaba tiempo postergando y estaba decidida a terminarla esta vez.

Para su suerte había cupos, pero en la noche, no hubo más opción y se matriculó.

De regreso a casa pensó en el sacrificio que tendría que hacer, dejar a su hijo al cuidado de su hermana mientras estudiaba, Ernesto nunca estuvo en contra de que lo hiciera, pero ella sentía que aún no era el momento, pero ya habían pasado años Matt estaba grande y lograría comprender su ausencia.

Semanas después…

Había dejado de ir al parque por no ver a Chris, prefirió hacerlo así, no había razón ni motivo para que se suscitará un encuentro con dicho hombre.

En su lugar dedico sus horas mañaneras a releer sus antiguos libros y recordando sus materias, aunque se encontraba un poco triste debido a los años de ausencia la bajaron de semestre y tuvo que prácticamente empezar de cero, pero no se desanimó de hecho todo lo contrario la motivo aún más.

Llego el gran día, dejo a Matt con su hermana Anna, se despidió dándole un beso y le explicó que solo serían unas horas y que al igual que él asiste a la escuela ella debe de hacerlo también, le partió el corazón verlo llorar, pero sabía que lo superaría pronto esa es una de las habilidades de los niños.

Llego a las seis en punto y típico primeros días de clase no hay nadie, busco su nombre en el tablero de asignación y camino hacia su salón, la facultad no había cambiado mucho, todo seguía prácticamente igual salvo por unos letreros que señalaban que era prohibido fumar en el interior, camino por el pasillo buscando el nombre del salón ” Iván Pávlov” , no era ninguno de la planta baja, subió las escaleras hasta el segundo piso pensando que si era en el primero solo bajaría, después de dar un par de vueltas encontró el salón 304 “Iván Pávlov”.

Había una persona sentada en la cuarta mesa junto a la puerta de entrada, saludó al entrar, pero esta persona no respondió, se acercó para poder ver mejor y su sorpresa fue grande cuando vio que era su antigua compañera Kate.

– ¡Amelia!

¿Como estas?, ¿cómo así por aquí?

-Pues asumo que lo mismo que tú.

-Retomaras la carrera, que emoción volveremos a estar juntas.

-Hay tanto que contar, no supe nada de ti, desde mi embarazo.

-Lo sé, perdón por no responder tus mensajes, estaba pasando una situación difícil.

-En serio, no sabía, porque no dijiste nada.

-Supongo que por vergüenza me dijiste tantas veces que Carlos me era infiel y no te quise escuchar y bueno estamos divorciados.

-No sabes cuánto lo siento, nunca fue mi intención hacerte daño.

-Todo lo contrario, amiga, si no hubiera sido por ti, ese maldito me seguiría viendo la cara.

– ¿Y los niños?

-Les pasa la pensión y visita los fines de semana.

Fue un poco difícil para ellos, pero con el tiempo se adaptaron.

-Siempre es difícil para ellos.

Kate se limpió las lágrimas que corrían por su rostro.

– ¿Aún lo amas?

-Nunca dejé de amarlo, siempre me pregunto que hice mal, ¿Por qué se enamoró de esa mujer?

-No pienses en eso, no te hagas más daño.

-Y tú como has estado ¿Cómo está tu esposo y tu hijo?

-En lo que cabe bien, mi hijo tiene 4 años es muy inquieto pero inteligente y Ernesto pues…hace semanas se fue a otro reparto está en otra ciudad, hablamos a diario, aunque solo son mensajes cortos.

-Lo extrañas.

– ¡Claro!

Es mi esposo lo amo, aunque….

-Aunque…qué.

Se sonrojo e intento desviar el tema para su suerte, Kate, llevaba años conociéndola y no dejo de preguntar porque esa interrogante.

Se abrió la puerta y entro un hombre muy elegante, traía puesto un traje estilo italiano color gris, camisa rosa claro y una corbata rosa oscuro, no lo observo enseguida se distrajo guardando unas chucherías que había en la mesa, el misterioso hombre se dirigió a la pizarra y empezó a escribir, Kate se inclinó hacia ella susurrando.

– ¿Qué pasó?, dímelo ahora no me dejes con la intriga.

– Conocí un hombre.

– ¿Qué?

El sonido fue tan fuerte que el hombre parado en el pizarrón dejó de escribir, pero sin voltearse.

Kate se disculpó y el hombre continuó escribiendo.

– ¿Quién es?

¿Cómo se llama?

-Su nombre es Chris lo conocí en el parque de mi casa, no me deja en paz.

-Te gusta.

-No…digo sí…aunque es muy atractivo…

para ser sincera no lo quiero volver a ver nunca más.

El hombre deja de escribir y se presenta, saca un cuaderno de su mochila y su sangre se le va a los pies cuando escuchar esa voz.

-Buenas noches, estudiantes, mi nombre es Christopher Daniels y seré su profesor de Derechos Humanos.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Racuminpoeta Have some idea about my story?

Comment it and let me know.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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