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Peligrosa Seducción - Capítulo 9

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9: Un pequeño momento 9: Un pequeño momento Para Ernesto el sexo con “L” sin duda lo ponía loco, ella lograba hacer que el pidiera más y más al punto de no querer soltarla, de ser uno con ella eso pasaba cada vez que se veían, la culpa lo invadía después de terminar, pero no se explicaba que tenía ella que lo ponía así de delirante y frenético, hacer el amor con su esposa ya no era igual le faltaba lo que ella le daba haciendo que añore su piel, su olor, su sudor.

Paso poco tiempo para que las cosas fueran casi normales en la vida de Amelia, después de que Ernesto se despidió de ella con un beso y un fuerte abrazo, volvió a sentir esa cosa extraña en el estómago, como si su intuición le dijera que algo no estaba bien, pero sin saber que era, no tenía forma de desconfiar de su esposo, un mensaje, una llamada hace años no eran suficientes para dudar de su amor.

Cerro la puerta y se tropezó con la mirada de Anna, quien no decía nada, pero con los ojos lo decía todo; su hermana le contaba todo, hasta la idea más loca que pase por su cabeza y siempre le decía que algo pasaba con Ernesto, pero ella se refugiaba en que su trabajo lo consumía, en la noche ya con Matt en cama, invito a su hermana a beber algo en la sala.

– Tú y yo con una botella de tequila me suena a mal plan.

– Tranquila niña quien dice que tenemos que embriagarnos.

– Entonces para que beber si no vas a embriagarte.

– Solo vamos a charlar, quiero contarte algo que me paso hace unas semanas atrás.

El relato que le dio a su hermana era más crudo, no omitió nada, Anna se quedó en silencio y apenas termino, la abrazo y lloro, le dijo lo mucho que lamentaba lo sucedido, le dolía el que no se lo haya contado en seguida, pero comprendió su decisión.

– Lo sabe Ernesto.

– Si!

– Y que dijo.

– Que se sentía terrible e impotente de no haber podido estar aquí ese día, que odiaba el hecho de que tuvo que trabajar y que algo en su interior le decía que algo está pasando pero que nunca imagino que fuera por mí.

– ¿Que dijo sobre Chris?

– Que estaba en deuda con él y que apenas pueda lo invitaría a cenar.

– Es en serio, va a invitar al hombre que te mira como si fueras carne en palito.

– Anna!…

entre Chris y yo no ha pasado nada, somos amigos, él sabe que estoy casada.

– Haber explícame como es que Ernesto no se molestó porque estabas en un bar con Chris y Katte.

– Supongo que creyó que Chris estaba ahí por Katte y yo solo fui hacerle la pata a mi amiga, además Ernesto sabe cómo es Katte.

– Y tú no le aclaraste esa parte, verdad.

– Repito entre él y yo no hubo nada, no hay nada y no habrá nada.

– Si tú lo dices.

– Mejor hablemos de ti, cuéntame ya en un mes entras a clases, ¿cómo te sientes?

Anna se quedó en silencio, tomo un shot de tequila y empezó hablar de sus temores, de las altas expectativas que tenia de sí misma para su futuro de sus planes y anhelos, de lo insegura que se sentía de su cuerpo de que las chicas a su edad ya perdieron la virginidad y ella es anticuada y prefiere esperar, de que los pocos chicos que ha besado han sido idiotas y superficiales, tenía miedo al fracaso a no encajar a no encontrar el amor, su hermana la miro con ternura y calmo sus miedos, que sin importar las decisiones que ella tome siempre la apoyaría y estaría para ella cuando lo necesite.

Aunque calmo sus miedos hacia el futuro, había algo que inquietaba a Anna tenía más que ver con lo corporal, el tema le causaba un cosquilleo en el vientre, el sexo para ella era un planeta sin explorar ningún texto superaría la práctica y como empezar a conocer lo que le gustaba, como aprender a dar placer y recibir placer, tenía que contar con lo que estaba a su alcance su imaginación y su cuerpo; busco en internet videos de masturbación, aunque en su mayoría eran de todas las formas posibles depravados, decidió usar su instinto.

Se recostó en la cama desnuda, se vendo los ojos y acaricio sus pechos, con la yema de los dedos recorrió sus pezones y los apretó un poco esto hizo que se estremeciera y un pequeño gemido salió de su boca, recorrió su abdomen hasta sus caderas descubrió que le daba cosquillas rozar sus dedos contra su piel, subió sus muslos y los arqueo, acaricio sus entrepiernas hasta donde pudieron llegar sus manos, estaba excitada sentía que quemaba, una de sus manos subió a su seno y apretó con suavidad su pezón la otra se abrió paso con sus dedos por la mitad de sus labios mayores y toco su clítoris con suavidad lo rozo una y otra vez hasta que se puso duro, su gemido era más profundo quería que la penetraran sus dedos quisieron hacerlo pero su himen no lo permitió, rozo con sus dedos su clítoris lo más rápido que su mano pudo, hasta que sintió como algo se desprendió de su interior, solo sintió placer y sus gemidos los ahogo mordiéndose los labios; se descubrió sudada y temblorosa, sí así se sentía estando sola como seria con la penetración completa y todo lo que conllevaba el acto sexual, de eso se estaba perdiendo del placer que te hace querer más.

Ernesto enviaba mensajes ocasionales a su esposa, un saludo o un te extraño era lo más común que escribía, en su trabajo todos sabían que estaba casado y más de uno elogiaba a su hermosa esposa, lo que pocos sabían era de su romance furtivo.

Aunque su trabajo lo consumía al punto de tocar la cama y dormir profundamente siempre estaba pendiente de una llamada o un mensaje y en sus momentos libres se la pasaba mirando unas fotos de su celular, el fin de semana después de enterarse lo que vivió Amelia invito a un compañero que consideraba un amigo, era curioso Ernesto no era de considerar amigos a la ligera, pero esta persona le daba confianza y salieron a beber a un bar.

Sentados en la barra Ernesto no pudo más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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