PENTRIX "El camino del heroe" - Capítulo 24
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24: Capítulo 48.
El precio del heroísmo 24: Capítulo 48.
El precio del heroísmo En la ciudad, dentro de un vehículo policial, el radio crepita: —Hay disturbios en la calle 6A.
Un grupo de civiles sigue a una persona, al parecer un héroe.
La patrulla arranca y se dirige hacia la zona del conflicto.
En las calles, se ve a un héroe desconocido, golpeado, corriendo desesperadamente.
Su uniforme está rasgado, manchado con pintura y restos de comida.
Detrás de él, una turba de ciudadanos lo persigue con furia.
De pronto, un vehículo le corta el paso.
Cuatro sujetos armados con bates y tubos metálicos descienden.
El héroe retrocede, solo para encontrarse con la multitud cerrándole el camino.
Atrapado, suplica: —Por favor, no hagan esto.
Yo no causé ningún daño a ese negocio.
Uno de los hombres, con un bate en la mano, le responde con frialdad: —A nadie le importa lo que digas.
Estamos cansados de ustedes y de sus actitudes.
El héroe, comprendiendo que será inútil convencerlos, se pone en guardia.
El atacante del bate avanza de forma amenazante, balanceando su arma.
Se abalanza sobre él, lanzando un golpe directo a la cabeza, pero el héroe se agacha con agilidad, esquivando el ataque por puro instinto.
Los demás, al ver que ha evadido el golpe, se lanzan contra él.
Uno intenta golpearlo con un tubo metálico, pero el héroe lo intercepta, logra arrebatárselo de un tirón y empuja al agresor con el hombro, haciéndolo retroceder varios metros.
En ese momento, el hombre del bate grita hacia la turba: —¡Miren cómo este héroe ataca a ciudadanos indefensos!
La multitud estalla en gritos.
Alguien saca un teléfono y comienza a grabar.
El héroe, consciente del peligro de esa nueva batalla, suelta el tubo, que cae al suelo con un estruendo metálico.
Uno de los atacantes aprovecha el instante y logra golpearlo, derribándolo pesadamente.
Los demás se abalanzan sobre él y comienzan a golpearlo sin piedad.
El héroe apenas puede cubrirse con los brazos, mientras los impactos caen brutalmente sobre su cuerpo.
En ese instante, la patrulla de policía llega, pero la turba, al ver el vehículo, comienza a arrojar objetos contra él.
Los oficiales se ven obligados a retroceder.
Dentro del auto, el Oficial Ibáñez pide refuerzos por radio: —Aquí, Oficial Ibáñez.
Necesitamos apoyo.
La situación es demasiado hostil, hay demasiadas personas.
Un objeto golpea y estrella el parabrisas del vehículo policial, demostrando que la situación se ha vuelto inmanejable.
La patrulla retrocede, buscando un lugar fuera del alcance de la multitud.
De repente, aparece una maltratada camioneta Vanette que, curiosamente, se dirige directamente hacia la turba.
Los ciudadanos voltean a ver el peculiar vehículo.
La camioneta se detiene, bloqueando su camino, y de ella desciende Bigbrain.
En sus manos sostiene un dispositivo esférico, metálico, del tamaño de una pelota de mano.
Lo lanza hacia la multitud: el objeto rueda por el suelo y se detiene justo a los pies de las personas.
La esfera se abre y libera un potente destello luminoso.
La turba, ahora presa del pánico, comienza a correr en dirección contraria.
Bigbrain saca otras esferas y las arroja; cada una se abre, liberando más destellos que aturden a la gente.
Los cuatro atacantes del héroe observan el caos, paralizados por la sorpresa.
El pobre héroe yace en el suelo, completamente herido.
Sangra por el rostro, con un ojo hinchado, aún consciente, pero su cuerpo tiembla tras la brutal paliza recibida.
Bigbrain se acerca a los cuatro sujetos.
De su ropa extrae un arma extraña, más parecida a un juguete que a un dispositivo serio.
Dispara, y una especie de resina sale proyectada, pegándose al primer hombre y expandiéndose hasta envolverlo por completo.
Luego apunta al segundo, con el mismo resultado.
Los otros dos, al ver a sus compañeros incapacitados, huyen despavoridos.
El villano se inclina hacia el héroe malherido y, con desprecio, pronuncia: —He aquí el precio de tu sacrificio.
He aquí la recompensa de tu heroísmo.
Sin más, se da la vuelta, sube a su camioneta y se marcha.
Finalmente, los refuerzos de la policía llegan a la escena, encontrando a los dos hombres atrapados en la extraña resina.
Pero sus miradas se desvían rápidamente hacia el héroe.
El Oficial Ibáñez se acerca y exclama: —¡Santo Dios!
De inmediato toma su radio y llama con urgencia: —Central, necesitamos equipos de emergencia.
Hay un héroe herido, envíen ayuda urgente.
Repito, urgente.
La radio responde: —Copiado.
La ayuda ya está en camino.
Ibáñez se arrodilla junto al héroe, que aún permanece consciente.
—Tranquilo, la ayuda ya viene.
No te muevas.
Saca un pañuelo y comienza a limpiar con cuidado el rostro ensangrentado del héroe.
Su compañero se acerca también y, con la voz llena de ira, dice: —Malditos imbéciles, ¿cómo se atrevieron a hacerle esto?
—Si Dios viera esto, jamás nos perdonaría —responde Ibáñez con el rostro serio.
La conversación se interrumpe cuando una ambulancia llega.
Un par de paramédicos descienden y comienzan a atender al héroe herido.
A kilómetros de distancia, la noche cae.
Quikshot (Rain) camina sola por las calles de la nueva ciudad, intentando conocer el lugar al que han llegado.
Vestida con ropa común, procura pasar desapercibida.
Recorre varias calles, observando negocios y transeúntes que caminan con tranquilidad, sin prestarle atención.
Más adelante, dos hombres rapados y de aspecto hostil discuten con el dueño de una tienda.
Uno comienza a tirar la mercancía exhibida en la acera.
Quikshot se acerca para intentar calmar la situación.
—Hey, tranquilízate —le dice al tipo rapado.
El hombre se voltea, la mira y responde con desdén: —No te metas en mis asuntos.
Continúa arrojando mercancía, mientras el dueño intenta recogerla desesperadamente.
El otro sujeto llega y patea lo que el comerciante había logrado juntar.
Cansada de la escena, la heroína lanza una fuerte patada a uno de ellos, estrellándolo contra la pared.
El otro se abalanza de inmediato, pero ella lo somete con facilidad.
Sin darle tiempo a reaccionar, le propina un puñetazo en la quijada, dejándolo inconsciente al instante.
El dueño de la tienda le agradece, y Quikshot sigue su camino.
De regreso, va pensativa, recorriendo las calles de la nueva ciudad.
De pronto, un robusto vehículo se interpone en su camino.
Varios hombres descienden y la rodean.
Son cazadores-recolectores.
—¿Seguro que quieren hacer esto?
—pregunta ella, con una sonrisa fría.
Corre hacia ellos, demostrando su increíble habilidad en combate.
Derriba a varios con rapidez.
Pero, de repente, su frente es aprisionada por una corona neuro-restrictora que se activa, deshabilitando sus poderes.
Ella comprende la situación de inmediato: intenta usar una de sus armas, pero descubre que no puede activarla.
La deja caer al suelo.
Se queda pensativa un instante, mientras más cazadores la rodean.
—Bien —dice con calma, sacando un cuchillo militar que llevaba consigo.
A pesar del halo anulador, sus habilidades cuerpo a cuerpo son suficientes para abatir a varios más.
Sin embargo, alguien la sorprende por detrás, colocando un bastón eléctrico en su nuca y haciéndola caer.
Rápidamente, la suben al camión y se alejan del lugar, dejando atrás a varios cazadores sin vida.
✦ Fin de capítulo ✦