PENTRIX "El camino del villano" - Capítulo 1
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1: Prólogo 1: Prólogo Es de noche, en el parque de alguna comunidad iluminada por las farolas amarillas.
Llueve ligeramente; el cielo se ilumina por algunos tenues relámpagos que dejan ver, por momentos, las grises nubes.
El aire hace sentir el ambiente más frío y melancólico.
Un villano está sentado en un columpio.
Su mirada perdida acompaña el vaivén suave del movimiento, mientras el metal rechina con cada mecida.
A sus pies, en el césped mojado, yace una bola de cristal, cubierta por las gotas de lluvia que escurren como lágrimas.
El silencio se rompe con el aullido de un vehículo policial y las voces distorsionadas que emergen de los radios, cortadas por el ruido blanco.
Las luces parpadeantes en azul y rojo saturan el lugar.
Del vehículo emerger un par de oficiales, pistola en mano, rodean al villano, que permanece inmóvil en el columpio.
—¡Tira tus armas!
¡No te muevas o te dispararemos!
—grita uno de ellos.
El villano, empapado, solo los observa sin pronunciar palabra.
Sus manos están llenas de sangre, que se mezcla con el agua y cae al suelo.
De su boca brota un murmullo: —Ya no hay escapatoria.
Ha comenzado, y ninguno de nosotros tiene perdón.
El policía que se acerca pregunta con voz tensa: —¿De qué hablas?
No cometas ninguna locura, ¿me escuchaste?
El hombre herido replica una vez más: —Lo he visto… He visto el oscuro futuro que se viene, que nos viene encima.
El oficial se aproxima y toma una de sus manos, pero al hacerlo descubre horrorizado que la sangre fluye de ambas.
—¡Santo Dios!
—exclama, mientras toma su radio con desesperación—.
Aquí el oficial Newman, manden una ambulancia urgente al parque familiar.
El hombre cae al suelo, débil.
Su líquido vital, mezclado con el agua de lluvia, avanza lentamente hasta alcanzar la bola de cristal, que parece tornarse roja.
El oficial intenta ayudarlo: —Tranquilo, hombre… No te duermas, la ayuda viene en camino.
El villano alcanza a decir, con voz entrecortada: —No hay ayuda que pueda salvarnos de nuestros pecados.
Nuestro fin está cerca… es inevitable.
El policía corta trozos de la ropa del villano y con ellos improvisa torniquetes, pero el flujo rojo no se detiene.
Alza la mirada y clama al aire: —¡No, por favor… Dios, ayúdanos!
El villano, con su último aliento, responde: —Él ya no nos escuchará.
Lo hemos decepcionado… Nos hemos burlado de lo más sagrado.
El equilibrio se ha roto.
¿Quieres escuchar un secreto?
Con un gesto débil, toma la nuca del policía y lo acerca para susurrarle al oído.
En ese instante, su mano cae al suelo y su cuerpo queda inmóvil.
El oficial se incorpora, incrédulo, viendo cómo se ha ido.
Su compañero se acerca, curioso, y al notar la expresión en su rostro pregunta: —¿Qué fue lo que te dijo?
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