PENTRIX "El camino del villano" - Capítulo 24
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24: Capítulo 23.
El golpe de la corporación 24: Capítulo 23.
El golpe de la corporación El cuarto miembro de la Ordo Benedictorum, Philippus Benedictus IV, un anciano de mirada sagaz y rostro severo, se aferra a su bastón mientras permanece sentado en una oficina que refleja su poder y jerarquía.
El lugar es amplio y elegantemente decorado: pinturas abstractas, estatuas, columnas de estilo griego y ventanales que ofrecen una vista panorámica de la ciudad.
El anciano observa la pantalla sobre su escritorio, donde se despliega un informe de los recientes daños ocasionados por las acciones de villanos, héroes y, en última instancia, del enigmático “EL”.
Las pérdidas de sucursales, personal y recursos son cuantiosas.
El estado de shock del líder de la Ordo, junto con la incapacidad de Iacobus Benedictus II y Ioahnnes Benedictus III, los miembros fundadores, para resolver la crisis, resulta evidente.
Philippus decide que ha llegado el momento de tomar el control.
Llama a un ejecutivo llamado Marco, quien entra con paso rápido y se detiene frente al escritorio.
—Aquí, señor, atendiendo a su llamado —dice con voz cargada de respeto y sumisión.
El anciano lo mira con firmeza.
—Convoca una junta con el equipo cuatro.
—¿Solo el equipo cuatro?
—pregunta Marco, sorprendido.
—Sí, únicamente ellos —responde Philippus.
Su voz no deja lugar a dudas: la decisión está tomada y el plan está en marcha.
El anciano se incorpora, sujetando con firmeza su bastón con una mano enguantada.
Abandona la amplia oficina y desciende por el elevador privado hacia lo que parece un sótano: una sala de operaciones iluminada por pantallas parpadeantes, donde el personal se mueve con precisión y propósito.
Al verlo llegar, parte de su staff de élite se abre para darle paso con un respeto casi militar.
—Hemos perdido demasiados recursos —declara el anciano, su voz retumba con autoridad—.
El equipo reunido escucha con atención las palabras de su líder.
—Los dos miembros de más alta jerarquía de nuestra amada organización no han entregado resultados claros de lo ocurrido —añade, con un tono que revela una frustración apenas contenida—.
Necesitamos reunir un grupo de cazadores y un ejército.
Daremos un mensaje a quienes nos atacan.
Eso nos dará tiempo para reorganizarnos en medio de este caos generado por “ÉL”.
Marco, el ejecutivo que lo acompaña, interviene con cautela: —¿Qué pasará con “ÉL”?
El anciano responde con desdén: —Por ahora no es importante.
Además, desconocemos su ubicación; es como una sombra que se oculta en la oscuridad.
Rastrearlo ahora resultaría inútil.
En ese instante, un oficinista llega corriendo, jadeante, y entrega lo que parecen expedientes clasificados.
Philippus los toma con brusquedad, los coloca sobre una mesa táctica y los distribuye.
En ellos figuran nombres de facciones de villanos independientes, los héroes Xtreme y una organización desconocida.
Su mano se desliza sobre los documentos y, como jugando al azar, selecciona uno: El Frente Unido.
Para la Corporación, más allá de su nombre, no son más que simples villanos y terroristas.
Philippus alza la mirada y su voz se convierte en un mandato inquebrantable: —Ya saben qué hacer.
Directriz de limpieza.
Inicien la operación.
En la base del Frente Unido (F.U.), todo parece en calma.
Las personas van y vienen mientras la rutina diaria fluye con normalidad.
Víctor permanece concentrado en su computadora, ajeno al bullicio del lobby.
Anya entra en la oficina de su padre con una expresión de reproche en el rostro.
—No me incluyeron en la misión que Pentrix y otros miembros están realizando —dice, cruzándose de brazos.
Víctor la observa y sonríe.
Sabe que su hija ha cambiado y que ahora ansía la acción.
—Era una misión sencilla, no requería tantos integrantes —responde con tono burlón—.
¿No será que Pastelito extraña a Pempi?
Anya le contesta con una sonrisa; su frustración se disipa ante la broma.
—¡Padre!
Qué cosas dices —exclama en un tono de falsa indignación.
De repente, ambos perciben el sonido inconfundible de helicópteros que se aproximan con rapidez.
Ella, confundida, pregunta a su padre: —¿Esperas a alguien?
Víctor se pone de pie de golpe; su expresión se endurece mientras observa las aeronaves acercarse.
—¡Evacuen a todos del edificio!
—Ordena con voz firme—.
¡Esos son helicópteros de la Corporación!
Anya toma un comunicador que está en el escritorio sin perder tiempo y da órdenes con urgencia: —¡Becca, Bum, Bum, evacuen a todos del edificio, es una emergencia!
Una explosión ensordecedora sacude los pisos superiores, justo donde Víctor tiene su oficina.
La onda expansiva los aturde momentáneamente y los lanza contra la pared.
Entre el humo y los escombros que caen, se escuchan las pisadas rítmicas y pesadas de un comando fuertemente armado con rifles de plasma.
El líder del comando los distingue entre la nube gris, señala a Anya y ordena: —¡Inmovilícenla, rápido!
Otro soldado se aproxima con velocidad, pero Anya se incorpora con dificultad y activa su poder.
Una ráfaga de energía eléctrica impacta al atacante, dejándolo incapacitado al instante.
La joven adopta una posición de combate y responde con desafío: —Se equivocaron al venir aquí, idiotas.
En las plantas inferiores comienzan a escucharse explosiones en cadena, mientras comandos de la Corporación irrumpen por distintos pisos mediante cuerdas y rápel, desatando un caos tremendo.
Sin embargo, Becca y Bum Bum reaccionan con rapidez: sus habilidades de lucha, precisas y demoledoras, logran neutralizar a los cazadores y comandos que se cruzan en su camino.
Una vez que los militares de la Corporación son reducidos, la gente es dirigida hacia los niveles más bajos, mientras columnas de humo emergen por las ventanas del edificio.
Becca encabeza la evacuación con una determinación inquebrantable.
Da órdenes con voz firme: —¡Rápido, bajen!
No suelten a los niños, no se retrasen y ayuden a los mayores.
Nosotros nos encargaremos de los agentes de la Corporación.
Otros evos y Neoevos, en los diferentes pisos, al reconocer que los invasores son los temidos cazadores recolectores de la Corporación, no dudan en unirse a la defensa, combatiendo con fiereza y permitiendo que más personas evacuen el edificio.
Un equipo de cinco soldados abate a un evo con ráfagas de plasma, pero esa resistencia, aunque dolorosa, logra ganar tiempo para continuar la evacuación del resto de las personas.
La base del Frente Unido se ha transformado en un auténtico campo de batalla.
Mientras tanto, en el viejo barracón que sirve de base a los héroes Xtream, el coronel Soul, con una sonrisa de satisfacción en el rostro, observa cómo sus muchachos entrenan en el amplio patio.
El desempeño es impecable, y se siente orgulloso de la disciplina y la fuerza de su equipo.
De pronto, algo vibra en su bolsillo.
El coronel extrae su dispositivo móvil y lee un mensaje devastador en la pantalla: “Ataque inminente a MIND (Víctor)”.
La noticia lo golpea como una ráfaga de viento helado.
El aparato se le resbala de la mano y cae al suelo con un golpe seco.
Los jóvenes, al ver la reacción de su líder, detienen el entrenamiento y fijan la mirada en él.
Lia (Elektrobyte), con voz cargada de preocupación, pregunta: —¿Qué ocurre, Coronel?
Mientras tanto, Anya, con la respiración agitada y el corazón latiendo a tope, ha derrotado a todos los comandos en el último piso del edificio, dejando tras de sí un rastro de soldados incapacitados.
Ayuda a su padre a levantarse; un fragmento de metralla lo ha alcanzado y sangra ligeramente en el hombro.
—Resiste, papá, saldremos de aquí —dice ella, mientras lo sostiene y lo guía hacia las escaleras de emergencia.
Víctor, con el dolor visible en su rostro, responde con firmeza: —Estoy bien… salgamos de aquí.
Descienden piso por piso, mientras el estruendo de la batalla continúa resonando desde las plantas inferiores.
De pronto, se topan con un soldado que les apunta directamente con su arma de plasma.
—¡Alto ahí!
¡Ríndanse!
—exige con voz firme.
Antes de que pueda reaccionar, un evo corpulento y de aspecto intimidante sorprende al soldado, arrojándolo por una de las ventanas destrozadas del edificio.
El evo, visiblemente herido con una profunda lesión en el costado, se vuelve hacia Anya y Víctor.
—¡Salgan de aquí, yo me haré cargo!
—grita con el aliento entrecortado—.
No podré contener mi poder por mucho tiempo, no pierdan tiempo.
Anya y su padre se alejan, dejando al evo atrás.
Este, con la voz apenas un susurro, pronuncia unas palabras de gratitud antes de desplomarse, exhausto y gravemente herido: —Gracias, Víctor.
Hiciste mucho por mi familia, fuiste la única persona que nos tendió la mano cuando más lo necesitábamos.
Te lo debo a ti y a tu hija.
En ese momento, emergen tres soldados que encuentran al evo en el suelo, respirando con dificultad.
Se acercan con cautela, apuntando con sus armas, e intentan sujetarlo.
Pero uno de ellos hace una seña con la cabeza indicando “no”, y con su rifle de plasma apunta directamente a la herida del agonizante hombre.
Sin perder tiempo, lo dejan a su suerte y el escuadrón se dirige a las escaleras, intentando capturar a Anya y a su padre, quienes habían descendido instantes antes.
El evo, con un último y desesperado esfuerzo de voluntad, se incorpora.
Concentra su poder y provoca una explosión que colapsa el piso, acabando con el trío de soldados en el acto.
El estruendo sacude el edificio, sellando el destino de todos en ese nivel.
En los pisos inferiores, la explosión retumba con fuerza, haciendo caer a Anya y a su padre.
Ambos perciben que la estructura de los niveles superiores ha quedado seriamente debilitada.
Anya se incorpora de inmediato y carga a Víctor, continuando el descenso piso por piso.
Al llegar al penúltimo nivel, se encuentran con una barricada de soldados y agentes que les gritan: —¡Ríndanse!
¡No hay escapatoria!
Anya deja a su padre en el suelo y, con una mirada desafiante, declara: —Me haré cargo de todos ellos.
Víctor, exhausto y herido, la observa con preocupación: —Anya, vete… déjame aquí.
—¡No!
—responde ella con determinación inquebrantable—.
Esos imbéciles son míos.
Tomando un fragmento de concreto del suelo, Anya lo lanza contra una tubería de incendios.
El impacto rompe el metal y el agua comienza a salpicar a los cazadores y soldados, empapándolos por completo.
La joven concentra su poder; su cuerpo irradia energía y, con un grito de furia, dispara una potente descarga eléctrica hacia la corriente de agua que baña al enemigo.
La electricidad zumba y el lugar se ilumina con destellos cegadores.
Todos caen al mismo tiempo, electrocutados e inmovilizados por la descarga.
Víctor sonríe, a pesar del dolor: —¿Ves por qué elegí el nombre de Elektrizide?
Te queda bien —dice con un toque de orgullo en la voz.
Anya lo levanta con cuidado.
—Ya estamos cerca de la salida —afirma, guiándolo hacia la libertad—.
Solo resiste un poco más, papá.
Becca y Bum Bum han tenido éxito al poner a salvo a todas las personas y regresan al edificio tras haber logrado evacuar a la mayoría de los habitantes del refugio del Frente Unido.
Sin embargo, al acercarse, descubren que la estructura está completamente rodeada por cazadores y militares de la Corporación.
—¡Vamos por esos malditos, podremos acabarlos rápido!
—exclama Becca con una determinación feroz.
—Son demasiados —responde Bum Bum, mientras extrae un par de granadas de su cinturón y entrega una a Becca.
Ella la observa y comprende de inmediato lo que significa.
Él, quedándose con la otra, añade con una mirada sombría: —No dejes que te capturen… ya sabes lo que pasará si lo hacen.
Mientras tanto, a la distancia, Pentrix y sus acompañantes, que habían partido en misión, se aproximan rápidamente al edificio y distinguen el humo que se eleva de la estructura.
Por otro lado, el equipo de héroes Xtream también se dirige hacia el lugar en llamas, atraído por el caos.
✦ Fin de capítulo ✦
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