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Por fin el villano descubre el poder de la amistad - Capítulo 28

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Capítulo 28: XXVIII

Era de madrugada, y yo estaba solo y con las luces apagadas. Casi siempre las dejaba prendidas para hacerle saber a los contras que los estaba esperando y también porque me cuesta más trabajo dormirme así. Pero en esos días las apagaba porque, como la policía nos andaba buscando, no quería llamar la atención.

Yo estaba sentado en la cama y ya me estaba quedando dormido, cuando de repente sentí un aura muy pequeña acercándose más y más hasta que llegó a la puerta. Giró la perilla muy lento y oí cómo se abrió el seguro. Yo me paré, me acerqué sin hacer ruido y me puse a un lado de la puerta, del lado donde están las bisagras. Yo preparé un hechizo y esperé. La puerta se abrió muy, muy lento y oí cómo entraba alguien. Apenas se alcanzó a meter sin hacer ruido, cerró la puerta y caminó por el cuarto sin prender la luz. Yo estaba detrás de él y me acerqué muy lento a donde estaba el interruptor. Le puse más magia a mi hechizo y prendí la luz.

Y estuve a punto de aventarle el hechizo, pero en chinga lo disipé porque esa persona era Katya, que se asustó y se volteó a verme.

—¿Qué te pasa? Me asustaste —la muy cínica me reclamó.

—Estás en mi cuarto —le dije.

—Es que perdí la llave del mío —me dijo. Ella quería que saliéramos de noche casi siempre, y a mí a veces me daba hueva y me quedaba en el hotel mientras ella se iba sola—. Y aparte ¿por qué me andabas esperando?

—No te esperaba a ti —le dije.

—¿Entonces a quién, Miguel? ¿A una puta? —ella se me acercó, me agarró la cara y con un dedo me levantó la nariz —Marrano. Eres un marrano.

—Callese, pinche niña chiquiada —le dije y me la quité de encima porque ya andaba peda.

Ella se acostó en el piso y se me quedó viendo.

—¿A quién esperas, pues?

—A nadie —me senté en el sillón.

—Ya dime, Miguel —ella se paró y me empezó a picar el pecho y la cara y me agarraba los brazos para hacerme llaves de lucha.

—Qué pedo. Ya déjame —me la quitaba de encima, pero ella regresaba.

—¿Te ligaste a alguien? ¿A quién esperas?

—A nadie, pero tengo que estar al pendiente —le dije—. El que se duerme se muere.

Ella entonces me tocó mi ojera.

—Pero ni modo que nunca duermas.

—Dormitas y ya, pero siempre estás al pendiente. Así es esto.

Ella se me quedó viendo y después se sentó en mi pierna, se acurrucó sobre mí y me tapó el ojo con la mano.

—Duérmete —me dijo.

—¿Qué?

—No le vamos a abrir a tu puta, Miguel. Ya duérmete —ella me jalaba el párpado hacia abajo para que ya me durmiera, pero como no me iba a dormir, me agarró el parche y trató de ponérmelo sobre mi ojo bueno.

—¡¿Qué pedo?! —le dije.

—Yo te protejo —me respondió.

Yo casi me reí en su cara. ¿Ella protegiéndome a mí? Yo era Dark, el líder de Muerte. Si no fuera por el pendejo ese de Herobert, nadie podría detenerme. Sin su pinche poder de la amistad, no había nada más poderoso que yo. Yo había estado en cientos de enfrentamientos y había visto a miles morir. Yo me había chingado a tantas pandillas que había perdido la cuenta. No existe nadie que sepa ni la mitad de los hechizos que yo. Y aun así ella tuvo los huevos para decirme que ella me protegía, como si todo eso valiera verga, como si yo, a pesar de todo lo que había hecho y vivido, fuera un pendejo que no puede proteger nada.

Qué puta broma.

Qué pinche puta broma.

Pero no le dije nada porque sí estaba cansado, y también estaba muy a gusto ahí. Nomás cerré un poco el ojo porque me calaba la luz, y de repente todo estaba oscuro, y Katya ya no estaba.

Me paré del sillón y miré hacia todos lados, pero todo estaba oscuro.

El que se duerme se muere, y eso es lo que había pasado.

Saqué mi teléfono y vi la hora. 8:25 pm. Me tapé la cara con las manos y estuve a punto de gritar.

Katya había llegado a mi cuarto como a las 5 am. Fueron un chingo de horas que me quedé dormido. ¿Cómo no me di cuenta? Chequé si tenía llamadas perdidas o algo, pero nada. Si alguien había venido y se había llevado a Katya, ¿por qué no me había matado a mí? Era el momento perfecto para matarme o para atraparme. Pero ahora ¿qué? ¿Me chingaba una a una las pandillas que había ahí para encontrar a Katya? Aunque a esa hora, ya podía estar en cualquier parte del mundo. Puta madre. Puta madre. ¿Cómo la pude cagar así? Lo único que tenía que hacer era no dormirme.

—¿Todo bien? —oí la voz de Katya, y me volteé. Ahí estaba ella, mirándome como si estuviera loco.

—¿Dónde chingados estabas? —le reclamé.

—En el baño —me dijo como si nada.

—¿Con la luz apagada? —le pregunté porque, si la hubiera prendido, la hubiera visto salir por debajo de la puerta.

—Es que no te quería despertar. Y ¿cómo amaneciste?

Me senté en el sillón.

Ella se volvió a sentar en mi pierna.

—¿Quieres que te proteja otra vez?

—¿De qué? Si yo andaba al pendiente.

—Ay sí. Andabas bien dormidote. De seguro andabas soñando con tus putas, marrano.

—Yo nomás dormitaba. Yo siempre estoy al pendiente por si alguien viene.

—Ay sí, ay sí. Va a venir el coco a llevarse a Don Importante —ella se acurrucó sobre mí y me tapó el ojo con la mano.

—Pues más le vale que no —le dije y dejé que se durmiera. Podía sentir cómo me respiraba en mi cuello.

Al principio estaba al pendiente de cualquier ruido, cualquier aura que se acercara, pero con el tiempo me sentía más y más cansado. Trataba de pensar en cualquier cosa para mantenerme despierto. A veces creía escuchar patrullas de policía o muchas pisadas acercarse, pero se oían muy quedito y luego luego desaparecían.

Ella aún tenía la mano sobre mi ojo, por lo que no podía ver nada. Hasta a veces se me olvidaba si lo tenía abierto o cerrado. La mano de Katya era muy chiquita y suavecita. Ella era cálida.

En ese momento pensé que, si me quedaba dormido ahí y los contras o los policías me encontraban, a lo mejor no sería tan malo. Si ellos llegaban sin que me diera cuenta y me daban un balazo en la cabeza, no sería la peor forma de morir. Hasta me gustaría que ese fuera mi último recuerdo, lo último que hice en mi vida.

Pero sabía que los criminales como yo nunca mueren así. Nosotros no vivimos en paz, y por eso no la merecemos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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